Tuesday, May 14, 2019

Leighs Acrees. Fort Myers. (3). El Doctor.



El Suave sabía que yo estaba en los Estados Unidos porque habíamos hablado por teléfono. Pero no sospechábamos que vendría tan pronto desde el Norte del país. No había llegado "para saludarme". Había llegado a Leighs Acrees "de paso". Y "de paso" aprovechaba para saludarme. Onel me había contado que su hermano no se podía adaptar a la vida en los Estados Unidos y que planeaba regresar a Cuba en cualquier momento. Por supuesto que él no le creía. Pero de un tipo como su hermano "cualquier cosa se podía esperar". Nos saludamos efusivamente, le conté mi Odisea a través de medio mundo y, como harían casi todos mas tarde, trató de ilustrarme acerca del "modo de vida americano". No dijo "american way of live" y ello me alegró. Porque detesto la afectación. En realidad no me hacían falta asesoramientos de esa índole. Pero yo seguía siendo un tipo disciplinado y siempre deseaba dar la impresión de que recibía cualquier ayuda de la manera mas bondadosa. Recuerdo que muy pronto me hizo algunos regalos relacionados con cosas de oficina y agregó una radiograbadora mediana que guardé en mi pieza. Como pensaba continuar el viaje esa misma tarde hasta Miami me invitó a que lo acompañara a Washington DC, a donde tenía que ir por unos papeles imprescindibles al Consulado Cubano. Iría en su carro y en verdad yo me moría por aceptar la invitación. Solo que ya teníamos otros compromisos y él no sabía cuando regresaría.  El Doctor en Medicina General Alcides Vega Chaviano venía dando rueda desde el Estado de Nebrasca en donde había trabajado en labores vinculadas con Mataderos Vacunos. Todavía tuvo tiempo de abundar en relación con una "pincha para esclavos" en una pequeña ciudad desolada casi en la frontera canadiense. Yo tenía información acerca de esos Mataderos - a donde solo se iba para "ganar y ahorrar" dinero - pero igual le dejé explayarse. Sus opiniones, por cierto, resultaban demasiado liberales. Tanto que tuve que decirle "coño, si se que vienes como miembro del G2 te hubiera quitado el puesto en la familia de Minito". Terminamos riendo. No creas, es en serio, es del carajo eso allá arriba - dijo -, de verdad que me voy para Cuba en los próximos días. Le recordé que tuviera cuidado con los tiempos permitidos y legales fuera de Estados Unidos por si acaso despues se arrepentía. Contestó que lo estaba teniendo. Onel no pudo contener la risa y medio en burla le pidió que me contara "la verdad" acerca del motivo real de su regreso a la patria. El Suave no le miró cuando me dijo "este comemierda cree que me voy detrás de una raja".
El Suave mantenía un affaire con una chica poco mas joven que él desde hacía cierto tiempo. El affaire marchaba muy bien. Solo que se trataba de un affaire suprateórico en donde la relación reptaba sobre cartas ardientes, llamadas telefónicas húmedas y promesas de fidelidad en ambos lados del Estrecho de La Florida. Sucedía que la muchacha - una guajira "cerrera" del Barrio Dolores - era Testigo de Jehová y era, además, confesa y conversa y no osaba violar los preceptos valóricos de su Cogregación par nada del mundo. Solo cuando el Suave firmara los papeles ella cedería el primer beso. El Suave estaba convencido de que tal estatus no iba a cambiar, de modo que como de todas maneras pensaba regresar a Cuba pues le daría el gusto. Onel volvió a sonreír. El Suave ni le prestó atención. No quiero saber nunca más de mi Carrera de Medicina ni de ningún trabajo renumerado por horas  - discurseó el Suave -. Voy a construírme una casa rústica en Lomavalla y me dedicaré a criar animales y a sembrar como todo un guajiro de verdad y en serio que no pienso relacionarme con casi nadie. Mi novia desea lo mismo. Pienso cogerle "dos partos" y después veremos. Onel me miró, dubitativo. No le ha tocado ni un dedo todavía, no dijo. No hizo un círculo sobre su oreja con su dedo índice pero pensé que lo pensó. Buen viaje y buena suerte - dijo. Muy bien, vale, lo apruebo - expresé. Si se trataba un plan bien pensado y planeado, por qué no - calculé. Este país no es para seres humanos - puntualizó el Suave. Unos pocos dólares de mierda no son suficientes - agregó. Entonces - pensé - para qué tanta lucha y tanto papeleo en Cuba buscando una salida para Usa a como diera lugar. El hombre es libre mas allá de los sistemas que gobiernan al mundo. El Suave era un profesional arrepentido de su Título de Doctor, completamente desvocacionado, y podía hacer con su vida lo que le diera la real gana. Si otro motivo para regresar a las raíces era una vagina virgen, enhorabuena. Nos despedimos después de charlar sobre los viejos tiempos y sobre la gente con la que habíamos compartido y prometimos mantenernos en contacto. El Suave era una de las personas con las que me había relacionado profundamente durante mis últimos años cubanos y nos considerábamos amigos de verdad. Tal vez fuera un tipo extraño. Pero ser un tipo extraño solo le da otra dimención al sentido de la vida. De todas formas decidí que solo iba a volver para casarse y que después trataría de traer a la señora devota eseguida que hubiera una oportunidad. Que su perreta sociopolítica se le pasaría. Está rematadamente loco - dijo Onel - ese no sabe lo que quiere, no le digo mas nada, allá él. Esa noche, después del partido de beisbol, me acosté pensando en la noticia que acababa de recibir del Doctor Alcides "El Suave" Vega Chaviano.
Por los tiempos en que Onel y yo éramos compañeros de Equipo en Plateros desconocía que tuviera dos hermanos. Había visto al padre de manera ocasional. Un guajiro casi cetrino, hosco y siempre con un sombrero de guano ladeado y una vaina de machete colgando de su cintura por los laterales de la carretera. También desconocía que tuviera hermanas. Me empaté con Alcides cuando estaba terminando la carrera de Medicina en la Universidad Central de Villa Clara. Para entonces estaba emparejado con mi prima tercera Glaydel, hija de mi prima segunda Inés y tenían un hijo pequeño. Recuerdo que recién graduado - y cuando comenzó a trabajar en un Consultorio del Médico de la Familia en Caibarién - se mudó de la casa de la suegra para una pequeña vivienda al oeste de Avenida Alonso, por Calle Narciso López.  Pienso que era una propiedad prestada por el Estado aunque tal vez pagara arriendo. Allí mi hermana y yo le visitamos montones de veces. Por su parte casi todos los días iba por mi casa y mi madre le tomó un cariño sincero. Su Título nos garantizó determinados medicamentos que en cualquier otro caso hubieran requerido de recetas médicas. Alcides no tenía ninguna pasión por su profesión y la ejercía a regañadientes. Mas allá de las pésimas condiciones de trabajo, la falta de estímulos y la apatía que genera ser médico en un país como Cuba, donde Hipócrates es solo un nombre griego que se menciona cuando se habla de ética médica y muy pronto se tira al cajón de los desperdicios. Su matrimonio con Glaydel no funcionaba. Eran dos almas completamente yuxtapuestas. Glaydel estaba casada con un médico que no era médico y él estaba casado con una chica demasiado activa que tenía otros intereses. La pasión carnal no fue suficiente y terminaron por separarse. Muy pronto el Doctor Chaviano se juntaría con una enfermera sexi y pasarían a vivir en un miniapartamento del Reparto Pilar en el suroeste de la ciudad. No puedo precisar la manera en que habían accedido a la pieza, aunque posiblemente fuera de la chica. La enfermera era un amor y tenía un chico como de cinco años que era una fiera indomable y respetaba a Alcides como si fuera su padre. Enseguida me percaté de que este matrimonio tampoco iba a funcionar. Por motivos similares. Mi amigo Alcides necesitaba de una mujer sumisa, con ínfulas de madre y sin tantas proyecciones futuras. Que hablara poco. Que supiera cuales eran sus obligaciones. El "Sanitario" - uno de los apelativos que yo le endilgué cuando me di cuenta de que jamás seria un médico de verdad - hizo magníficas migas con mis amigos Ricardo - un Enfermero Superior, de Sagua la Grande, que estaba casado con una enfermera de Caibarién y vivía en el pueblo - y con Jóse, uno de mis grandes amigos y socio de la Pelota en todas sus variantes. Jóse era un Técnico Medio Petrolero que se dedicaba a vivir de los negocios ligeros, siempre viajando en su bicicleta distancias considerables. Teníamos larguísimas veladas en donde hablábamos de todo y bromeábamos hasta el paroxismo. Jamas incluíamos el tema  Medicina. Cuando al meeting se agregaba Brayan - el periodista deportivo de la Emisora Local CMHS - entonces el tópico inevitable era Beisbol. También  Beisbol de las Grandes Ligas.
Mientras yo estaba entrevistando y recopilando información para redactar y enviar una carta a nombre de Minito Domínguez a la Oficina de Intereses de los Estados Unidos en La Habana me entero, mediante su esposa Verónica, de que Alcides se piensa casar con Taymy para tratar de "salir" como parte del nucleo familiar. En algún sitio de este Blog hablo ampliamente de todo lo que hice por montones de personas en ese sentido, gran parte de las cuales lograron ser aceptados durante las entrevistas para viajar como Presos Políticos hacia los Estados Unidos. Minito Domínguez - al que yo conocía solo de nombre y por cierta fama que tenía de ser un tipo duro de matar - era uno de esos expresos políticos con Número de Causa al que sus hijos habían convencido de "presentar" los papeles en la Oficina de Intereses. Uno de esos expresos que ya no pensaban viajar porque se sentían demasiado viejos para recomenzar la vida en una tierra extraña. No era difícil ser considerado preso político en los albores de la Revolución. Tampoco era necesario haber combatido con las armas en la mano  contra  Fidel Castro y sus secuaces. Bastaba con ser "colaborador" - en cualquiera de sus variantes - de los "alzados". Ello "garantizaba" determinada cantidad de años en las ergástulas esparcidas por todo el territorio nacional y si ocurría que no te "plantabas" y que te acogías a los "planes magnánimos de la Revolución" hasta podías salir libre en mucho menos tiempo del que decía tu sentencia. Minito Domínguez estaba en ese caso. De alguna manera se enteró de que yo había tenido mucha suerte con mis cartas y mis debates telefónicos y epistolares con los funcionarios norteamericanos y quiso conversar conmigo. Alcides no tuvo mada que ver con esta su petición. Recuerdo que una mañana cogí mi bicicleta y me fui a Yaguey. Entonces conocería a su esposa Verónica, a su hija Taymí y a su hijo Duviel. Vivían en una casa campesinamente destartalada a la izquiera de la carretera, a la sombra de una gran mata de mamey colorado. Muy cerca de  la de los padres de Alcides. Eran rematadamente pobres. Todavía Minito trabajaba con ganado, en una Empresa a la que llamaban Pecuaria. Sucedía que alguien le había redactado y enviado la famosa carta a la Oficina de Intereses y nunca habían contestado. Después otra persona reintentó y tampoco hubo respuesta. No lo dudaba. Conocía suficientemente bien el modo de trabajo de los funcionarios norteamericanos. Necesitaban una misiva bien escrita, correctamente documentada, profesional y seria, capaz de no hacer perder el tiempo a los diplomáticos para el instante de la posible entrevista. Cuando Minito me enseñá la planilla con el Número de su Causa no tuve dudas. Era un emigrante seguro. La SINA no deniega a expresos políticos. Una Causa con su Número basta. Cuando tuve todo listo redacté la carta y le pedí que la enviara, certificada. Estoy seguro, los aprobarán, le dije. Le entregué el borrador. Desde entonces me gradué de Rey en la Rústica Universidad de la Familia Domínguez.
Nunca dude de que tendrían una respuesta en cualquier momento.  Más temprano que tarde, como cantaba Pablito Milanés. Por entonces yo ocupaba mi tiempo en realizar trabajos ocasionales porque ya me habían propinado el último golpe y a veces me iba a casa de mis familiares y amigos en Plateros y Santa Rosa. Siempre llegaba a casa de "Los Minito". Me trataban como a un mago y generalmente Verónica insistía en regalarme algo. Sabría que Taymí  era madre soltera y que tenía un hijo como de seis años que necesitaba el permiso del padre pinareño en caso de que fueran aprobados. Duviel también era padre soltero y tenía una hija menor que el primo. Duviel tenía alma de hombre de negocios y regenteaba un pequeño taller de bicicletas casi en la cuneta de la carretera. Como era obligado estar casados con cierta retroactividad para que el esposo de la hija del expreso pudiera viajar con ellos hacía tiempo que Taymí y Alcides se habían casado. Pero de mentiritas - sonrió Taymí. Sabía que la posibilidad de que Alcides también fuera aceptado era suprior al noventa por ciento. Eran contemporáneos y se conocían al dedillo en caso de posibles cuestionarios capciosos en los tenebrosos cubículos de la SINA. Se lo dije y recuerdo que Verónica dijo "Ay ojalá, hijo, ese muchacho ya no cabe en este país". Cuando le dije a Alcides que me la tenía bien escondida me dijo "es que no se lo he dicho ni a mi mamá". Todavía hoy mismo pienso lo que pensé en el minuto justo en que Verónica me dijo que se habían casado para que Alcides pudiera salir legal. Era conmigo con la que debió casarse Taymí. Digo esto por lo que nos depararía el futuro a ambos. Tal vez la historia hubiera sido otra. Las posibilidades de que Alcides pudiera salir por otra vía eran superiores a mis posibilidades. Y ello incluye la gran dificultad en lograr ser liberado del trabajo médico por las Autoridades. Pero los hubiera - ya he dicho por ahí - no existen. Y en verdad a mí ni siquiera se me ocurrió cuando trabajaba en su documentación. De modo que me alegré por mi gran amigo El Sanitario y le aseguré "estás Arriba compadre, cien por ciento seguro". De mas está decir que la carta fue respondida, que hubo una entrevista - para entonces tuve que reconvertrirme en "asesor para entrevistados" - y que todo el núcleo familiar fue aprobado en la Benemérita Oficina de Intereses de los Estados Unidos de América en La Habana, Cuba. Los Domínguez salieron patrocinados por el Gobierno Norteamericano y terminaron por establecerse en la ciudad de Naples en la costa del Golfo de México. Desde donde alguna vez, poco mas tarde, hablaría con ellos por teléfono. Alcides no cumplió con sus "deberes" de esposo y se quedó en Miami. Pero primero se había tenido que quedar en Cuba hasta que las autoridades lo "liberaran". Recuerdo que lo hicieron con bastante rapidez. Cuando se cansó de esperar porque alguien le ayudara a encontrar un trabajo decente para comenzar a "pararse" se enteró de que en el estado norteño de Nebrasca había suficiente trabajo en los Mataderos Vacunos si lo que uno deseaba era ganar buen dinero y ahorrar lo suficiente como para intentar después dar el segundo paso en el sur del país. Malviviendo en efficiences compartidos, en albergues de ocasión, con temperaturas bajo cero en invierno, con patrones inclementes con el horario de trabajo, en la soledad mas espantosa en una ciudad relativamente mediana donde no había otra cosa que trabajo y más trabajo sobre cada una de las infinitas partes de un cuerpo de res. Como el ex doctor tampoco tenía vocación veterinaria se sintió explotado en los tremedales de Nebrasca. Pero aguantó lo necesario como para reunir una cantidad respetable de dólares con los que poder regresar a Cuba, casarse con su chica decente, cogerle un par de partos y construirse una casa en medio del bosque en donde nadie le molestara ni siquiera un segundo. Un ermitaño de nueva generación. Calculaba yo que para el instante en que se le acabara el dinero tendría que acudir a sus hermanos o volver a los Consultorios. En caso de que no tuviera un Plan B.
Sin embargo parece que el Suave hizo las cosas bien. Tremendamente bien. Y cumplió su palabra. Se casó con su chica, tuvo al menos un hijo, se construyó una casa en Dos Sierras - desconozco que frustó la locación planeada de Lomavalla, al sur de Dolores - y se cuidó mucho de regresar a los Estados Unidos en tiempo y forma para no perder la Residencia, seguir trabajando en Nebrasca y acceder al Employment en caso de desempleo. Durante mi penúltimo viaje a Naples Taymí me había contado tales novedades en ralación con sus "exesposo". Incluso me dio su número telefónico. Pensaba que estaba en Texas. Le llamé montones de veces y jamás contesto. 
Nunca pude verlo durante mis cuatro viajes a Cuba desde el año 2012. Por varios motivos. La primera vez solo estuve de paso en Plateros y aunque no hubiera podido visitarlo desconocía en donde vivía mas allá de la posibilidad de que lo hiciera en un lugar llamado Lomavalla. La segunda y la tercera vez Plateros no estuvo incluido en mi Organigrama de Viaje por otros detalles. Durante la cuarta ocasión visité a mi prima segunda - su exsuegra - y pude saludar a su hijo, ahora todo un hombre, con el gen Chaviano a flor de piel. Nos hicimos una foto y le pedí que le dijera a su padre que estaba en Cuba y que tratara de pasar por mi casa porque no pensaba ir a Plateros. Entonces me enteré que la famosa residencia no estaba en medio del bosque en Lomavalla. Sino en el llano, muy cerca de la casa familiar de Yaguey. En un sitio llamado Dos Sierras, en lo que todavía supongo es la finca de los herederos de Crecencio Aguilar. A escasos dos kilómetros y fracción de  mi antigua casa de Plateros. Dos Sierras es un pequeño valle al suroeste de la Loma de Ramón Gordo, parte de la "isla" montañosa que interrunpe el valle de los ríos Plateros y Fortún en su camino hacia el encuentro con el Río Yaguey y  con el mar. Se trata de un paisaje hermoso. La loma de unos cincuenta metros sobre el nivel del mar al norte, la finca de Chelo Larriba al sur y el barrio de Yaguey al Oeste. Un pequeño golfo con costas de montaña en el norte y potreros y barrios habitados en el resto de los puntos cardinales. Donde yo corté caña cuando fui machetero forzado y a donde yo miraba, obnubilado, cuando íbamos a comer anoncillos a la gran mata de Gabrielito Aguilar. Ahí estaba la residencia. Nadie sabía en que estilo fue construida ni si era un palacio de verdad. Solo se decía que era una verdadera mansión. Alcides no vino por mi casa. Recuerdo que mi hermana - medio en broma, medio en serio -estaba muy molesta con él. Porque el Doctor "nunca había regresado a la casa después que yo me fui para Chile" ni mucho menos "cuando viajaba de visita a a Cuba". Ni siquiera conoce al niño, me decía. Dieciocho años mas tarde aún no lo conocía. A principios de Mayo de este año recibo una llamada telefónica de alguien cuya voz no reconozco. Se lo digo y le cuento que debo salir del Cooler porque, además, la señal es pésima. La voz me dice que es "Chita, el hijo del Burro de Plateros". No se me parece a la voz de Chita aunque jamás la haya escuchdo por teléfono. Sé que el "Burro de Plateros" es el difunto Alfredo Navarro, su tío, uno de los personajes mas emblemáticos del Barrio Le prgunto que desde cuando está en Miami y él se ríe. Entonces lo descubro. Es la voz del Doctor Vega Chaviano. Acaba de regresar de Nebrasca y está a punto de volar para Cuba. Vino a "cobrar el Employment". Apenas tenemos tiempo para charlar. Pero me dice que nunca estuvo en Texas, que jamás recibió mis llamadas, que su hijo tampoco le avisó de mi recado y me pidió que acabara de "sacar la Licencia de Conducción" y consideró que ya yo debía ser "un experto en mi profesión de florero". Me despidió con el "cuídate" clásico de los nuevos cubanos y se esfumó en el éter. Tuve que sonreír. Este Doctor es un bestia, pensé. Vive en los dos lugares, trabaja en los dos lugares y cuando se queda sin trabajo cobra Employment aquí. Wao. Sin comentarios. No me dio tiempo de prometerle que para mi próximo viaje estaré, con toda seguridad, todo un día en su mansión de Dos Sierras.
Le apreté la mano que me tendió desde el interior de su "carrito de medio palo", me deseó "suerte en este país de mierda" y prometimos hablar antes de que se fuera para Cuba. Por supuesto que ello no ocurrió. Esa noche no vimos televisión. Me ocupé en tratar de jugar con el gran perro que jamás podía entrar a la casa y que pasaba gran parte de su tiempo en el patio Este. Ya te conoce, dijo Mirelia. Los animales se entienden, agregó Onel. Envidio, por tanto, la magnífica pareja que hacen ustedes, concluí. Pero era un chiste demasiado técnico y ambos dijeron "gracias". Entonces recordé que al otro día iríamos a "reparar el camión". Y recordé también otro episodio de mi vida en Chile que incluyó al Doctor Vega Chaviano. Porque la información que me dio mi hermana por teléfono desde la Funeraria de Caibarién en donde se velaba a mi madre aquel Abril del 2002 apenas contenía unas pocas palabras vacías. "Se le complicó un problema renal, pero no sufrió, qué querías, que durara toda la vida". Jamás pude obtener otros detalles de la efermedad que la mató poco después de cumplir ochenta años. De modo que no me quedó otra alternativa que pedir a Alcides que me hiciera un resumen médico del Caso pues él había estado vinculado, de una u otra manera, al mismo. Alcides me respondió con una carta larga, con letra de médico - que era como redactar con letra de Alcides - en la que me decía lo mismo que me había dicho Tere por teléfono. Porque mi hermana continúa con el mismo slogan de siempre "a los muertos hay que dejarlos en paz". Solo turba su silencio mortal cuando soy yo el que quiere interferir en su paz por los motivos que fueran.
Entonces me dormí debajo del sonido de los carros que pasaban, de tarde en tarde, hacia Fort Myers y hacia el entronque de la Autopista que llevaba a Miami y a Naples.

Glosario minimo.

+Cerrera....Campesina indomable, plantada en sus trece.
+Lomavalla...Parte de la Cordillera Norte, frente a Dolores, al sur.


Sweetwater, Miami.
Usa.
Luis Eme Gonzalez.




No comments:

Post a Comment