Friday, September 11, 2015

POR ENCARGO: VISION IN SITU.-


El siguiente texto es solo un borrador para ser traducido al inglés. Por tanto el lenguaje es lo más cinrcunstancial posible porque será expuesto en público y su exposición constituirá examen.

No se acaba hasta que no se acaba.
                                                    Yogi Berra.



Como buen cubano soy fanático del beisbol. En Cuba no le llamamos "beisbol". Le llamamos "pelota". Crecí en tiempos en que algunos beisbolistas decidieron abandonar a  sus equipos provinciales y probar suerte en el beisbol profesional de los Estados Unidos. Para el Gobierno cubano eso se llama "ser desertores". Para ellos se llama "probarse" en el mejor beisbol del mundo y recibir un salario de acuerdo a su talento y a su capacidad. Así que este último año he podido ver brillar a atletas del calibre de Joanis Céspedes, Pito Abréu y Yassiel Puig, por solo nombrar a tres compatriotas que "la están quemando" en el Gran Circo como decimos nosostros.Yo sabía que iba a vivir en una ciudad que tiene un equipo llamado Los Marlins que ha sido dos veces Campeón Mundial, un Stadium futurista y muchísimos fanáticos cubanos. Yo seguía el beisbol estadounidense en Cuba a través de la radio de Miami, a través de algunos videos que siempre alguien conseguía y a veces a través de las señales de tevé de Estados Unidos que entraban en los días claros. Yo vivía en el norte de la provincia de Matanzas.
Desde mi país yo conocía a un tipo llamado Giancarlo Stanton que era el cuarto bate de Los Marlins pero que a veces bateaba de tercero por su capacidad innata para conectar para todas las bandas y para golpear pelotas y llevarlas hasta distancias increíbles. Yo sabía que al tipo no le costaba ningún trabajo meter la pelota contra las pizarras ni contra la instalación artística que hay en el cénter field. Así que soñaba con poder verlo batear alguna noche y de paso verlo jugar al lado del short stop cubano Adeyny Echeverría. Digo "por la noche" porque también sabía que Marlins Park es una verdadera belleza detrás de sus lumínicos y no quería perderme eso por nada del mundo. Ni siquiera tuve necesidad de comprar una entrada para ver a Los Marlins jugando contra Los Bravos de Atlanta. Un amigo me regaló dos y de esa manera pude invitar a otro compañero que es tan fanático de "la pelota" como yo. No les voy a contar el juego ni lo que sentí dentro de ese stadium techado, solo pedirles que traten de imaginar a alguien acostumbrado a ir a los Stadiums cubanos en donde fuera de la pizarra stándar y de algún cartel político con fondo ligero de música instrumental no hay nada más.
Este año no ha sido el año de Los Marlins. Lesiones, malas rachas y transacciones inesperadas han lastimado al rendimiento óptimo del equipo. Espero que lo sea el próximo, ya con José Fernández listo, quizás con algunas caras nuevas y con un nuevo manager que le permita a Jenning volver a la Gerencia. Y con más tiempo para que yo pueda comprar mis propias entradas.
Nos veremos allí.


Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Septiembre 12 del 2015.

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