Sunday, September 6, 2015

EL NIÑO Y EL PADRE.-




Los frontiles estaban amarrados sobre la gasa de la coyunda al lado del tanque de cincuenta y cinco galones que descansaba su modorra en la esquina suroeste de la sala y el padre dejó que el niño los zafara. Se trataba de nudos ligeros y el niño los zafó sin dificultad. Juntó las dos soguitas y las apretó en su puño derecho y se los lanzó sobre su hombro izquierdo. El padre pensó preguntarle que por qué se cruzaba la mano sobre el pecho si podía colocárselos sobre el otro hombro pero no quiso escuchar "cada cual carga sus cosas como le de la gana". De modo que se puso el yugo habilitado debajo del sobaco y salió al patio detrás del niño cargador de frontiles sobre hombro. Desató los bueyes que estaban amarrados por los narigones y los precedió hasta el sitio en que colocaba la hamaca, debajo del gran gajo de mamey colorado que daba para el camino de Mikel. Los bueyes se dejaron conducir y el padre no tuvo ni siquiera que desatar los narigones porque ya se habían acostumbrado a la rutina de cada día e incluso cada quien conocía perfectamente el lado en que le tocaba colocarse. El niño observó cómo las grandes barrigas de Jovellanos y de Tumbaga se frotaban en medio de la respiración incontrolada y se preguntó que cómo era posible que los bueyes no protestaran cuando el padre les obligaba a bajar la cabeza para colocarles el yugo. No creas, algunos bueyes cerreros y jorocones tiran cabezazos y a veces hasta logran coger a alguien con los tarros, pero por suerte estos bueyes son muy mansitos, dijo el padre. Fuiste tú quién los domó o ya Florencio te los dio domados, el niño esperaba porque el padre diera las tres vueltas de coyunda sobre cada extremo del yugo antes de pedirle el primer frontil. No, ya los cogí domados, solo tuve que acostumbrarlos a mi manera de trabajar. Pero tú sí debes haber domado a otras parejas de bueyes. Claro, miles de veces, he domado a novillos que parecían tigres hambrientos, dame el frontil. El niño le tendio el frontil y el padre metió la gasa de la soguita en el tarugo que estaba sobre la sección del yugo que caía sobre la cabeza de Jovellanos. Ajustó el frontil sobre la frente del animal y pasó la coyunda por debajo del medio arco interior del yugo y la metió en la ranura que dividía al frontil en dos partes idénticas. Dio cuatro vueltas de coyunda sobre el extremo exterior del yugo y luego pasó la coyunda por el escaque semicircular trasero y dio otras cuatro vueltas sobre el extremo interior antes de poner la rodilla sobre el frontil y apretar muy fuerte antes de hacer el nudo final con el resto de la coyunda. Los frontiles también los hace Agustín de la Rosa, preguntó el niño. Mientras el padre repetía la liturgia del enyugamiento en la cabeza de Tumbaga dijo que Agustín era capaz de hacer  cualquier cosa que sirviera para trabajar con bueyes, incluso frontiles en caso de apuro, pero que generalmente los frontiles venían hechos de fábrica sobre todo ahora que era el Gobierno quien los repartía a los campesinos. El niño rozó los dos frontiles con las yemas de sus dedos y pulsó las coyundas. Es cuero de res, eh papi, inquirió. Claro, lo que pasa es que está curtido, o sea trabajado por los fabricantes, por eso es tan suavecito. Y qué carajo tienen adentro. Paja, guata y cualquier cosa que sirva como relleno. Y esas costuras en los bordes son hechas también con tiras de cuero, verdad. Si señor, tiras de piel como dicen los que los hacen, creo que los fabricantes se llaman talabarteros o algo así y creo que son los mismos que hacen también las polainas. El niño miró hacia las polainas del padre y se dio cuenta de que, efectivamente, el cuero azul grisáceo era muy parecido así como los cordones y le pareció muy elegante que los cordones de cuero pasaran por debajo de aquellas cositas de hierro en forma de grano de frijol ballito haciendo una costura en ve corta muy pareja en el lateral exterior de las polainas. Son de aceroníquel como los guardafangos de la bicicleta Tóper de Luxe de Leonardo, preguntó. No estoy seguro, a veces las orejitas son hasta de lata pero, no creas, duran bastante. Cuánto se demora Agustín haciendo un yugo, el niño sabía que ahora el padre se movería hacia al arado criollo que estaba recostado sobre el lado sur del tronco de la mata de mamey colorado, que lo trasladaría, arrastrándolo, hasta clocarlo de manera que pudiera terciar a los bueyes y colocarlo entre sus barrigas y que solo entonces se agacharía para cogerlo por la punta, levantarlo hasta el gran balsón de mecate de sogas del puerto que se deslizaba por los huecos en ele del centro del yugo, pasarlo por él y meter la chaveta en uno de los tres huecos que el arado criollo tenía en la punta y que evitaba que el arado se saliera del balsón. Eso depende de los encargos que tenga, Agustín es muy curioso pero más lento que una jicotea con reumatismo y casi siempre tiene dos o tres yugos entre manos, tal vez se demore un mes mas o menos. Y por qué Pepe Silverio no hace yugos para bueyes. Porque Pepe se ocupa de trabajos finos, para personas, aunque también ha hecho sus yuguitos, no creas, y le han quedado tan bonitos que parecen muebles. Y Antonio el Carpintero. Antonio el Chapucero debieras decir, hijo, ese isleño convierte en mierda todo lo que toquen sus manos, fíjate que una vez le hizo un yugo de ateje a Gaby y cuando Gaby fue a enyugar se dio cuenta que le faltaban las carrileras traseras y que los huecos del centro estaban sin acabar. Ñok, papi, y qué le dijo Gaby. Un domingo lo invitó a la comilona de un puerco asado y cuando llegó le señaló la hoguera debajo de la parrilla y allí estaba el yugo de ateje listo para ser quemado y convertido en combustible. Y qué hizo el chapucero comegofio sancochado. Nada, se quedó callado, dio media vuelta y se fue diciendo que el ateje seco no olía muy bien y que tenía tenia ganas de arrojar. Cuál es la mejor madera para hacer yugos. Cualquiera que sea dura, el juabán, el limón viejo, el dagame, la mierda de gallina. Papi, te me estás pareciendo un poco al Viejo Arenilla. No,  te digo que es la verdad, hijo, ese es el isleño más chapucero que han parido madres. Y este yugo lo hizo Agustín. No lo creo, es de Florencio y a él creo que se los hace Julio Leyva, otro carpintero casi del nivel de Pepe. Julio Leyva, repitió el niño, ese viejo no es el hermano de los medio hermanos de mami. Ese mismo, es hijo de la primera mujer de Ramón Leyva. Entonces salió a la madre. El padre sonrió. Tú que sabes, mocoso, y cállate la boca que Julio es un poco hermanastro de Laniña. Ah, entonces es un poco tiastro mío. Muchacho, le amenazó el padre. Si es "la verdad" papi. Qué sabe usted de verdades verdaderas, culicagao. Sé bastante, oye, esa gente de antes tenía hijos por chorreras y no esperaban mucho para volver a casarse cuando se les morían sus mujeres. Creo que estás escuchando demasiadas conversaciones por ahí. Oí "por ahí" que cuando se murió el papá de mami y de tíopito abuela era casi una niña y que un primo de abuelo fue el que le dijo a abuela que se casara otra vez porque era muy jovencita para criar a cuatro hijos y para atender una finca. Eso es verdad, y se casó con un chambergo que le llevaba como mil años. Qué milagro que abuela no se ha vuelto a casar. A lo mejor es porque ya no tiene que criar hijos ni atender una finca o porque dejaron de gustarle los viejos ahora que tiene unos kilitos ahorrados y porque los hombres jóvenes no están a su alcance. Oye, papi qué clase de lengua tú tienes. No tanto como la tuya, camaleón...si es "la verdad". El padre amarró las puntas de la guía en cada narigón y las lanzó sobre los lomos de los bueyes. Los bueyes sabían que el próximo paso era esperar a que el hombre acomodara el arado sobre la yerba y dijera "vamos, arriba", o chasqueara la lengua sobre el cielo de la boca haciendo "clak clak" a manera de orden. Pero el hombre se dirigió a la casa. Voy a tomarme un trago de zambumbión para prender un cigarro, dijo. Papi, me montarás en el arado ahora mismo. No, hay mucho sol, déjame dar a dos a o tres vueltas primero y entonces te llamo. No lo vayas a dejar para la tarde porque entonces el sol estará que raja las piedras. Descuida, te montaré en el arado, escarranchado como quieres. Sí, papi, que monte de lado esa que mami lleva en la barriga. Qué tú sabes si "esa" quiere saber de cosas de campo. Si es campesina pues tiene que querer. Buena lógica, muchacho, entre el talento de Eliseo y mis historias de Raúl Ferrer acabarás siendo un fenómeno. Y tus cosas, papi, pero no exageres. El padre del niño se tomó dos dedos de zambumbia que Laniña le vertió en una lata de leche condensada, encendió un Veguero y se dirigió a la sombra de la mata de mamey colorado. La leña recién traída del monte crepitaba en la zanja del fogón.
El padre del niño había terminado cuatro embergas el dia anterior y cuando comenzó la sexta ya estaba debajo del fondo oeste del cocal. Le dio tres vueltas a la guía sobre el mango del arado y se dirigió a la casa porque tenía sed. El sol estaba casi en el cénit y el hombre sudaba a mares. Le pareció que el agua estaba bomba como un caldo de gallina sin condimentar, de modo que cogió el cubo número ocho del banco de la pared norte de la cocina y se fue hasta el pozo de Mikel por agua fresca. Se tomó casi una lata de pera y le dijo al niño "vamos". El niño se había pasado media mañana esperando por la invitación. A ver, cruza la pata sobre el arado, escuchó. Así que se apoyó en el brazo del padre y cruzó la pierna derecha sobre el palo del arado. Pon tu pata izquierda sobre el borde de afuera de la reja y la derecha sobre el fleje interior y apoya las dos manos bien fuerte en el palo del arado y no mires para la tierra  porque te puedes marear y caerte, tienes que mirar siempre para el culo de los bueyes. Está bien, papi, arréalos ya. El padre levantó la vara del aguijón y eso bastó para que los bueyes se movieran. El niño sabía que uno de los bueyes tenía que caminar sobre el último surco roturado y que el otro lo hacía por el terreno virgen y que cuando el padre gritaba "bajaaa bueeeey" se estaba refiriendo a que el animal se había desviado hacia el lado del compañero y tenía que volver al surco para que no quedaran mentiras en el terreno. Igual pasaba cuando sus pasos se desviaban hacia el terreno arado y entonces la orden era "subeee bueeeey". La tierra estaba muy dura después de tantas semanas de sequía y de tanto ajetreo de los muchachos con la caza de palomas con casillos y los bueyes tenían que hacer mucho esfuerzo para poder halar al arado y cuando el niño desobedecía la sugerencia del padre y miraba hacia la tierra los terrones saltaban como sacos de leña delante de la reja de hierro del arado en forma de aleta de pescado y el arado se movía de manera violenta y el padre decía "aguántate bien y no te menees sobre el palo del arado porque los calzos de hierro te pueden joder el culo". Los calzos de hierro eran dos y el niño había observado que se trataba de dos barras de hierro, una más larga que la otra y que una tenía como entradas tipo peine y sabía que eran para graduar la altura con la que el padre deseaba que trabajara el arado dentro de la tierra. Cuando se estaba acabando el surco Tumbaga comenzó a cagar. El niño se preguntaba por qué motivos siempre que uno de los bueyes comenzaba a cagar inmediatamente lo hacía el otro. La mierda se deslizaba por el cuero de sus cuartos traseros y caía sobre la tierra en forma de diarrea semiblanda y hacía un ruido como el que hacían los pasos del padre sobre la yerba cuando regresaba por la noche de la casa de Gucende. Se convierte en abono, le había dicho el padre cuando él le había preguntado que por qué los frijoles, el maíz y el cardosanto no nacían con peste a mierda de buey, y el abono animal, había agregado, no apesta cuando se ha mezclado con la tierra. El niño sabía que al final del surco el hombre decía "viiiira bueeeey" y que los bueyes sabían lo que tenían que hacer. El buey que trabajaba sobre la tierra sin arar era el que tenía que ejecutar la orden de virar porque las embergas se araban en contra de las manecillas del reloj y el otro lo seguía hasta donde comenzaba el surco de vuelta y entonces se repetía la rutina sin que el hombre tuviera que dar órdenes extra la mayoría de las veces porque los bueyes se sabían el asunto de memoria. Pero el padre detuvo a la yunta antes de que se acabara el surco. Jou Jou, gritó. En ocasiones gritaba Jou Jou pero otras solo pronunciaba Ohuj Ohuj. Cuando los bueyes se pararon el niño miró hacia atrás. Le parecía que un surco era demasiado poco si lo que pretendía el padre era detener la montada. Esperaba pasarse toda la emberga de doce pasos montado sobre el arado, escarranchado como un hombrecito. Bájate, le pidió el padre. Por qué papi. Porque no serás una señorita pero la única manera segura de montar en un arado en movimiento es hacerlo de lado y sujetándose del mango, así que si no quieres regresar de esa manera pues tírate del palo y que no se hable nada más del asunto. El niño lo pensó un minuto pero finalmente decidió volver como lo hacían las señoritas. Entonces pudo observar mejor a las garzas blancas picoteando bichos detrás del padre, a los caracoles destrozados debajo del arado y a los rabos de los bueyes abanicando sin parar espantándose moscas y guasasas de sus culos cagados. Y pudo escuchar, como cada temporada de romper la tierra, la voz cantarina del padre voceando "jeje jejeje ou ou ou o lalalee lou" maldiciendo cuando estimaba que los bueyes habían disminuido el paso "me cago en la que canta y no pone" o cagándose en Dios cuando le parecía que la yunta se estaba distrayendo en la emberga y no andaban por el camino correcto. Papi, tú dices un remandingo de cosas cuando estás arando que me vuelven loco pero lo que menos entiendo es eso de la que canta y no pone. De verdad, Sí. A ver, cuando una gallina pone su huevo, qué es lo primero que hace. Cacarear. Cacarear o cantar, no. Bueno, sí, es lo mismo. No señor, no es lo mismo, cacarear es su manera de hacer algarabía o avisar que está lista para ser pisada por un gallo y cantar es satisfacción por haber puesto un huevo.  Oye, tú no serás un gallo con todo eso que sabes de bichos con plumas .Y tú no serás un pollito acabado de salir del cascarón si es que no sabes ni un carajo de "eso". No pinches a Jovellanos. Es solo un pinchacito para que no se haga el bobo, si le meto el aguijón en el muslo con todas mis fuerzas el brinco que dará será vigueta y tú vas a salir como un volador de a peso por arriba de los bueyes. El niño sabía que una vara de aguijón era algo de lo que no podía prescindir ningún campesino que trabajara con bueyes. La vara del padre era de dagame, derechita como una vela, de unos tres metros de largo y tenía un enrollado de alambre en la punta que apretaba la lezna puntiaguda con que eran castigados los bueyes que se hacían los remolones. A veces los bueyes trabajaban con los cuartos traseros llenos de mierda seca y chorreando sangre por tanto aguijonazo. Ellos sabían lo que significaba el pincho de la vara y solo con ver sobre la tierra a la sombra del hombre levantando la mano arrancaban como alma que lleva el diablo. Tú sabes, le preguntó el hombre, qué le dijo un buey a un gato mientras estaban tomando agua en un río. El niño lo miró, perplejo. Un gato tomando agua en un río, pregunto, en serio, papi. Bueno, está bien muchacho, mientras el buey tomaba agua y el gato pasaba por allí. Qué le dijo. El buey se tiró una risita socarrona, le enseñó sus dientes embarrados de yerba de guinea y le dijo "eh, tan chiquito y con bigote". Y qué respondió el gato."Eh, y tú tan grande y con el culo cagao". El niño comenzó a reírse con carcajadas cortadas y terminó desternillado de la risa porque pensaba que lo más lógico hubiera sido que el buey tuviera bigotes por ser más grande y que el gato fuera el culicagao por ser más pequeño. Entonces algunos animales hablan, dijo. Claro, como tú. Entonces ya somos cuatro. Ñok, pensó el hombre, qué carajo tendrá este muchacho en la mente, es más rápido que Neno con la pelota en la mano. Oye, papi, el enrollado de la punta de la vara de aguijón también lo hace Agustín. Sí, a veces, es un trabajo fácil, pero te digo, él es el rey de los curiosos. Pero el alambre no es alambre normal de cerca, eh. No, es un alambre fino, especial, dicen que es un tipo de alambre de cobre con el que se enrolla algo que tienen los motores de los carros. Y Agustín cobra por hacer esas cosas. Claro que cobra, hijo.
El padre le dijo que se desmontara del arado porque con una vuelta tenía y porque ya pensaba soltar. Tenía un hambre atroz y tenía que ver en dónde amarraba los bueyes porque con tanta seca no había ni yerba decente para dos elefantes sin trompa que se comían un cordel de tierra en menos de lo que cantaba un  gallo. Amárralos al lado del almácigo en donde la cerca de Gucende está floja para que metan la cabeza en el potrero y se coman la poquita de yerba que queda allí, dijo el niño. No seas malo, advirtió el padre, no se toca lo que no es de uno. Papi, si nosotros no vamos a "tocar" nada, son los bueyes los que "tocarán" la yerba y lo que alcanzarán con sus bocas será una chinguita. No, que todavía queda alguna yerba bruja en el río. El padre marcó la próxima emberga y el surco sobre la tierra virgen cayó a la altura la esquina noroeste de la casa. Detuvo a los bueyes y sacó la chaveta del balsón y dejó el arado enterrado en la tierra. Cuando terminó de desenyugar el niño pasaba por el camino de Mikel y el padre se dio cuenta de que llevaba un machete viejo en la mano. Eh, eh, animal con ropa, no son horas de estar haciendo casillos, le dijo. No voy a cortar palos para hacer casillos, papi. Y qué coño piensas que vas a hacer con ese quimbo. A cortar un gajito de bienvestido que tenga horqueta para hacer un arado criollo. Está bien entonces, cuidado no te cortes, te ayudaré a engancharlo de los pomos de yodotánico. El niño se dio cuenta de que el padre conducía a los bueyes con rumbo al almácigo de la cerca de Gucende. No los ibas a amarrar en el río, preguntó. Sí, los bajaré por la vereda que está antes de llegar al jaguey, allí es donde más yerba bruja queda todavía. Papi, cuándo es cuando pasarás grada. No sé, hay que esperar a que la yerba se pudra, dos semanas mas o menos. En la grada sí puedo dar más de una vuelta. Sí,  cómo no, puedes dar como vuelta y media. Te voy a velar. A mí, si no me he muerto. Te voy a velar para ver en dónde amarras los bueyes. Los amarraré de algún bienvestido, desde allí alcanzarán el río. En serio, sonrió el niño. Laniña salió de la casa. A dónde vas con ese machete, Luisín. Dice que va a cortar un arado de bienvestido. Córtaselo tú, Rafael, no quiero ni pensar verlo con algo que tenga filo. No pasará nada, ya es grandecito y estoy seguro de que no ha olvidado los tiempos en que casi se corta la picha. No lo tomes en broma, hombre. Lo digo en serio, no veo ningún durmiente debajo de la cerca y además no cortará sentado. Está bien, yo me encargo. Cuando la madre se acercaba el niño la vio por el rabo del ojo. Hizo un corte rápido a la rama más baja y botó el machete expresando "este machete de mierda no sirve para nada". Entra a la casa, niño, que te vas a aterrillar al resistero del sol. Durante media hora la madre buscó al machete pero no lo encontró. Cansada regresó a la casa. Qué se te perdió mami. A mí, nada, estaba buscando un nidal y no encontré ni pío. Me cago en la que canta y no pone, dijo el niño. Qué gracioso.
Mientras Laniña no trajo el caldero con el potaje de frijoles negros el comedor no olía a nada único. Cuando ella se sentó a la mesa el amigo de Caibarién tocó en la pared norte a manera de aviso de que había llegado. El padre se levantó para darle la mano y lo invitó a pasar. Ya almorzaste, le preguntó el niño.
Sí, ayer, dijo el hombre.


Glosario mínimo.

# Frontil.....Especie de almohada hecha con cuero de res y rellenada con guata y paja que se coloca en la frente de los bueyes para pasar la coyunda de soga y protegerlos.
# Polaina..... Pedazo de piel que se cierra con broches y que se usa para proteger el pantalón y las piernas del campesino de la rodilla hacia abajo. 
# Frijol ballito.....Frijol grande, de color naranja pálido, con una especie de rayitas negras. Son fáciles de ablandar pero son considerados "frijoles de pobre".
# Chaveta.....Pedazo de madera redonda, de unos treinta centímetros, con una corniza más ancha que el cuerpo, que se usa para evitar que el arado se salga del balsón de soga que cuelga del yugo.
# Arrojar......Vomitar.
# Guía......Soga que sirve para detener a los bueyes y para hacerlos girar o virar  en el campo e incluso para hacerlos marchar por donde el arador desea. Va amarrada a los dos narigones que penden de la naríz de los bueyes y está atada al mango del arado.
#  Emberga..... Espacio de doce pasos en el campo que el padre del niño marcaba como meta.
# Remandingo....Caos, desorden.
# Grada.....Apero de hierro de forma triangular con chavetas de hierro que se usa para recoger la yerba podrida y cualquier residuo quedado después de la aradura. La grada alisa el terreno.



Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Septiembre 6 del 2015.


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