Tomado de Nostalgias de Juventud.
El Presidente Gonzalo - menos conocido como Abimael Guzmán - comenzó su largo camino hacia la fama desde las aulas filosóficas de la Universidad de San Cristóbal de Huamanga. En algún momento, como vaticinaban los especialistas en temas sociopolíticos domésticos, el Camarada Profesor perdió el control del mundo universitario y decidió tomarse un tiempo sabático. Enseguida "retocó" al Partido y le cercenó cada uno de los "istas" excepto el ista "mao". Después de tantos años bregando entre oficinas electorales, mítines obtusos y oníricas aspiraciones a Palacios de Gobierno, consideró que no valía la pena presentarse a las Elecciones de 1980 si de todas formas su Partido comenzaría a apellidarse "maoísta" y el porvenir de su lucha contra todas las Oligarquías habría de desplazarse hacia los campos desde donde se conquistarían las ciudades pervertidas por las derechas retrógradas. Exactamente como planteaba el otro Gran Timonel desde los Sudores Amarillos de su Gran Marcha. Ese mismo año el Ultimo Gran Inca, Abimael Guzmán, alias el Presidente Gonzalo, copó todas las cúspides de Sendero Luminoso y le ordenó a sus seguidores que desde ese instante la lucha comenzaba a llamarse "lucha armada". La Proclama fue lanzada en Ayachcho.
Mientras yo me carteaba con la limeña Techy Atachagua los campesinos peruanos de la Siera Central tuvieron que reunirse en sesión especial para tratar de interpretar las metodologías guerrilleras del Presidente Gonzalo. Porque aquel Robin Hood criollo, detrás de su verborrea filosóficamente barata, estaba desbaratando todo un prisma ancestral de cultura del campo basado en la moral y en la equidad y en la razón y en el respeto. Las hordas de Sendero Luminoso ajusticiaban a los ricos como si se tratara de un escarmiento de moscas obnubiladas por su luz falsa y no quedaba ni un solo representante del Estado con vida si es que tenían la mala suerte de caer en el centro de las mirillas de las armas senderistas. Los propios campesinos que no colaboraran o que al menos no se mantuvieran neutrales corrían la misma suerte. Todavía el Gobierno del Presidente Fernando Belaúnde Terry les consideraba un "grupúsculo de bisoños" despistados e ingenuos a las que no había que tomar en cuenta. Mientras una parte de la Policía Nacional les enfrentaba sin apoyo oficial el campesinado perdió la fe en el Gobierno Central y jamás acabó por adherirse a las doctrinas de Robin Guzmán y su Pandilla.
Las cartas de Techy Atachagua - letra diminuta cursiva sobre renglones impecables en hojas blancas con reminiscencias beige - comenzaron a hacerse más políticas después de que Sendero Luminoso atacó la Cárcel de Ayacucho. Los Luminosos lograron liberar a una buena hornada de sus legionarios y al fin ello sirvió para que el Gobierno de Lima reaccionara. Aliado con La Policía comenzaron a elaborar un contragolpe que no tardó en llamarse "cobrar ojo por ojo". Desde ese entonces Sendero Luminoso pasó a ser "una amenaza para el Estado" y el fuego oficialista se extendió hasta los confines de la Sierra en donde todos los campesinos "senderistas" pagaron con sus vidas la vocación revolucionaria de sus conciencias adoctrinadas. Los hombres y mujeres de las selvas montañosas supieron entonces que ahora tendrían que bregar con dos enemigos implacables y decidieron resguardar mucho mejor sus plantaciones legales de coca entre los coros rituales que pedían por la llegada de las ánimas salvadoras de Tupac Amaru, del más puro José Carlos Mariátegui y hasta del buen corazón del aprista Víctor Raúl Haya de la Torre. A veces yo pensaba que no sería mala idea que también pidieran por el regreso del Coronel Leoncio Prado, aquel egregio peruano que había peleado junto a sus hermanos cubanos por la independencia de Cuba durante las guerras del Siglo XIX. Solo que los muertos ilustres casi siempre mantienen su sordera de ataúdes sellados y los vivos desilustres, cuando son golpeados de verdad, reaccionan redoblando sus acciones malvadas.
Techy Atachagua enjuiciaba a sus compatriotas "asesinos" en sus cartas con caligrafía virreinal mientras intercalaba notas relacionadas con sus labores filantrópicas, su limpio corazón a prueba de ruindades y agregaba que andaba con sueños de estudiar Química Farmacéutica en una nación que seguramente no podría ofrecerle esta posibilidad por un asunto financiero. Cuando comenzaron a llegar sus postales del Puerto del Callao, de las viviendas atávicas de las geografías incaicas, de Iquitos la bella amazónica, de la majestuosidad aérea de la Gran Lima y las primeras imágenes de su rostro semiautóctono - ojos achinados sobre naríz y mandíbula celtíbera - yo riposté con adorables similitudes plásticas e incluí fotos de mi presente. Muy pronto las cartas hablaban de la tersura de su piel y del bellísimo collage de sus ojos ancestrales con el fondo de un rostro casi occidental. De mi pelo tupido y de mi barba poblada que le recordaban a algunas imágenes "del Che Guevara". De que éramos guapos en medio de una juventud explosionada. Un viernes por la noche, casi en la madrugada, regresé de la Escuela de Instructores de Arte en Sancti Spírutus y antes de comer nada abrí su carta. Techy me contaba de que se estaban diciendo cosas "fatales" de mis compatriotas en Lima - aquellos que habían asaltado y luego salido desde la Embajada Peruana en La Habana en 1980 - y de que algunos comentaristas de radio y televisión les estaban llamando "senderistas extranjeros" con apellidos "entes". Techy agregaba que muchos cubanos, sin embargo, eran gente linda e incluía una nota relacionada con el "Caso Uchuraccay". En algún sitio del sobre un par de fotos de cuerpo entero. Techy Atachagua con falda corta y blusa ligera sin mangas en una pose relativamente sexi. Y un rostro que en pocos meses había dejado de ser una cara de jovencita quiceañera. Porque Techy Atachagua andaba realmente por los veintitantos años. Al otro día respondí su misiva e inserté algunas fotos de cuerpo entero. Jeans de marca "doméstica" con el pulóver deportivo "de afuera" que había cambiado por una camisa de láster a un amigo durante mis años de Servicio Agropecuario, mocacines de tacón Hollywood y la cara "guevarista" de siempre. Para entonces - 1982 - 1983 - ya no tenía la bellísima foto de Maggy P. Barrios que le había devuelto en un ataque de discuciones sin sentido poco antes de que la rubia de los "también" ojos occidentales hubiera decidido terminar nuestra relación con una notica dejada en la casa de otra tía sin mayores abundancias explicativas.
La prensa cubana informó a su vez del Caso Uchuraccay. Había ocurrido que un grupo de periodistas de Lima viajaban ahacia la zona de conflicto con el fin de realizar su trabajo de rutina. A la altura de Huancavélica, los comuneros campesinos - versión primera - los confunden con senderistas y los masacran sin piedad. Porque la política de ojo por ojo no era prioridad de nadie. Finalmente los entierran en fosas comunes. Recuerdo que el escritor Mario Vargas Llosa - que para la época era un hombre de izquierda y estaba muy lejos todavía de vencer sus postgrados liberales que lo llevarían a romper con todos los conatos revolucionarios en América Latina y que ya era un novelista famoso enredado en los vericuetos del Boom de quien yo había leído, entre otras cosas, Pantaleón y las visitadoras y sabido de su golpe de nocáut mexicano a Gabo Márquez en la furia incestuosa de los celos inconclusos - encabezó la Investigación que siguió a la matanza de los periodistas. Vargas Llosa vio, escuchó y debió "coincidir" con el dictamen oficialista que encontró culpables a los campesinos comuneros. Quizás no porque la Prensa también fuera el cuarto poder en Perú. Sino porque la justicia por su mano no es válida en ninguna sociedad civilizada.
Mis últimos dos intentos reales de salir hacia los Estados Unidos después de los Meses Estériles que siguieron al Exodo del Mariel ocurrieron durante 1981. Mi Tío - el Tío de Miami que ustedes conocen - Píter Ele, se apareció un día en Plateros. Llegaba para hacer una visita normal a la familia. Tío Píter no era muy asiduo a las visitas familiares. Llevaba mucho tiempo viviendo en La Habana. De Tío Píter y esposa - su esposa de Miami que ustedes conocen y que es mi Tía Carnal - se sabía que habían sido simpatizantes de La Revolución, que se habían vestido de verde olivo y que se habían echado un fusil al hombro después del Triunfo en 1959 y que habían sido convencidos protagonistas de toda la parafernalia de los nuevos tiempos que había traído aparejado la irrupción desbordante de Fidel Castro y sus hombres de la Sierra. La familia de Caibarién y del campo los querían con la misma devoción pero habían colocado un asterisco rojo sobre su conducta inesperada. Píter Ele había venido a Plateros hacía unos cuantos años y recuerdo que se pasó como tres días en mi primera casa durante los que hizo un par de cosas. Nos ayudó a recoger el maíz seco con furia de campesino incansable y le fabricó a mi mamá una maquinita de madera de hacer cigarros con picadura y papel cebolla en tiempos en que hasta los cigarrillos escaceaban de manera lastimosa. Píter Ele y mi papá se morían de la risa recordando historias del pasado y el Tío comentaba de lo mucho que extrañaban a sus hijos cuando venían al campo durante sus vacaciones escolares. Mi padre y mi madre le hubieran recibido igual que siempre aunque Píter Ele no hubiera dejado traslucir que para entonces sus ideales políticos habían cambiado radicalmente y que se había equivocado cien por cien con "estos comunistas". De modo que para su visita de 1981 Píter Ele era un tío más al que yo apenas conocía y al que comparaba con Vargas Llosa con la diferencia de que el hombre de Pantaleón y las visitadoras todavía no se había equivocado con "estos comunistas". Píter Ele era, para la familia en 1981, un hombre que "decía" que ya no era comunista. Y nada más.
Píter Ele se moría por hablar del Asunto del Mariel. Porque su hijo mayor - que estudiaba una carrera técnica en la Universidad de la Habana- les había sorprendido metiéndose en problemas ideológicos e intentando colarse en Playa Mosquitos. Cuando cayó preso Píter Ele tuvo que acudir al calabozo y tratar de convencer a los gendarmes de que se trataba "de cosas de muchachos". Lo logró. Pero inmediatamente después de su liberación su vástago se fue al Puerto y terminaría en la rada de Cayo Hueso como un marielito más. La odisea de su hijo detenido y todo el tiempo empleado en tratar de salvarlo llevaron a encontronazos con la policía y con autoridades anexas y le hizo radicalizar su pensamiento si es que ya no estaba radicalizado del todo. La salida del hijo había dejado a la madre medio desquiciada y solo soñaba con unírsele en Estados Unidos. Sus otras dos hijas, muy jovencitas, tenían la mente puesta en Miami desde hacía varios años. Solo que él no creía que se volviera a repetir otro Mariel, por lo menos en el corto o mediano plazo, y estaba tratando de salir del país de manera ilegal. Tengo un motor ruso superpotente y si me ayudas a construir una balsa se lo ponemos y te llevo con nosotros, me dijo una noche de luna lunera cascabelera mientras charlábamos en el portal de la casa. "Nosotros" incluía a algunos de sus hermanos. Dale, respondí, puedo conseguir el sitio adecuado para que fabriques la balsa cuando quieras. Años después él me aseguraría que no le gustó para nada la mirada que le echó mi hermana cuando escuchó su proposición. Recuerdo que observé a mis padres y que puse la yagua antes de que cayera la gotera. Me coloqué el dedo índice derecho sobre los labios y la naríz. Mis padres interpretaron "silencio" e interpretaron además "esta vez no me corten los hilos porque tengo alguien con quien salir y alguien que me esperará".
Tío Píter regresó a La Habana y yo me encargué de hablar con el ex secretario del Capitán Gelacio - que estaba trabajando en Caibarién y que todavía vivía con sus padres en el alero de la costa - para pedirle que me sugiriera un sitio en el mar en donde se pudiera hacer una buena balsa. Luis Ese lo hizo. Pasarían meses sin noticias del Tío Píter. Nunca llegaron. Durante uno de mis viajes a la capital me diría - como dicen las personas a las que se le olvidan las cosas - que "el negocio se le había caído y que estaba tratando de salir de manera legal por Panamá". De modo que "el lugar en la costa" permaneció virgen de construcciones de balsas y yo vi como se me escapaba la "próxima oportunidad" de salir del infierno cubano.
Corrían los años en que cualquier joven cubano podía aplicar para estudiar carreras de técnico medio en los países "hermanos" del campo socialista. Solo se exigía un título de enseñanza secundaria vencido y "aptitudes revolucionarias". Algunos de mis amigos y primos ya estaban en Hungría, en Checoslovaquia y en Alemania Oriental haciéndose fresadores y torneros. Yo no me atrevía a presentar mis documentos por razones obvias. Hasta que se me ocurrió una salida. Mis récords pertenecían a Yaguajay y era allí en donde yo no no debía aplicar. Según las leyes cubanas uno podía tener sus papeles en regla en determinada ciudad y dejarlos allí en caso de que uno se mudara y solo deseara cambiar su dirección particular. Así que pasamos mi dirección para la casa de Tía Fela en Caibarién - mis padres y hermana ya no hacían objeción alguna a mis proyectos - y comencé a trabajar en la edificación de una gran Fábrica de Sorvetos que se estaba erigiendo en la Zona Industrial de la ciudad, en el mismo sitio en que unos años antes había sido Maestro y Obrero Involuntario tras mi expulsión de las aulas por motivos derivados de mi recurrente diversionismo ideológico. Estar trabajando y "ser" de la ciudad eran los requisitos exigidos para optar por alguno de los cursos que se impartirían en los países del Este de Europa. Excepcionalmente no se exigía ser miembro de la Juventud Comunista. Cuando la moda de los cursos en los países del Consejo de Ayuda Mutua Económica, CAME, se acabó, ya mis primos y amigos habían tomado sus primeras vacaciones o acabado Especialidades que, por cierto, casi ninguna tenía aplicación en la Cuba subdesarrollada. Habían regresado cargados de objetos materiales, tantos como los que traían los miembros de La Comunidad en los albores del Mariel y se enorgullecían de sus motos deportivas de factura estealemana y checa y de sus viajes en tren por media Europa Comunista para visitar a sus novias y amigos. La señora Ducina jamás me explicó por qué motivos mi Expediente no salía de los puestos de abajo de su estante "cursos en Europa Oriental" ni por qué pasaban los meses y todo el mundo partía hacia Praga, hacia Budapest y hacia Berlín excepto Luis Manuel González Fumero. La ocasión en que me informó que se había acabado la ventolera de los Cursos en Europa del Este me lo dijo de una manera calmada, asintiendo con su cabeza canosa y mordiéndose sus labios cansados. Yo quise interpretar "lo siento, tú sabes muchacho". Pero le dí la espalda en silencio, vuelto a derrotar por las fuerzas invencibles del mal. Otra vez Gander, Shannon y posiblemente Barajas se quedaron sin mi escala detenida en sus aposentos aeroportuarios.
En 1983, cuando yo estoy purgando mis "debilidades ideológicas" en los campos de caña privados de Plateros, Techy Atachagua me escribe que ha oído hablar de "ciertas facilidades y gratuidades que existen en las Universidades Cubanas" para estudiantes de todo el mundo. Le respondo que tiene mucha razón y enumero a varios países africanos que tienen a miles de sus estudiantes preparándose en Cuba, así como le cuento que sé también de que hay estudiantes latinoamericanos en las Altas Casas de Estudio cubanas. Techy enloquece con la noticia y le digo que haré las gestiones en Cuba para ver cómo sería el asunto para un caso como el suyo. Por suerte una de las carreras ofertadas por el Ministerio de Educación se llama Bioquímica Farmaceútica y seguramente estará entre los planes de la chica inca. La información que recibo de personas que saben de esas cosas es que es ella quien tiene que hacer la gestión en la Embajada Cubana en Lima, explicar su caso y sus anhelos y ver qué política educacional existe para con estudiantes peruanos y en caso de que exista ver de qué manera ella puede aplicar e insertarse. De modo que le hago una carta detallada y le cuento que ojalá pueda conseguir una beca en la Universidad Central por la cercanía a mi casa. Aún no le digo todavía lo hermoso que sería que coincidiéramos allí en donde yo pienso matricular Licenciatura en Historia Universal y que los fines de semana pudiera venir para mi casa de campo. Mi amigo Luis Ese me advierte con ironía "cuidado no tengas que recibir en tu casa a una mujer enamorada del Che Guevara". No, qué va, solo somos amigos, respondo, sabedor del riesgo cierto que estaba corriendo. La carta para Techy fue la primera que envié de una larga serie de cartas para amigos internacionales que jamás recibió respuesta. Para entonces muchas de mis cartas eran plegarias implorando por una Carta de Invitación que lograra sacarme de Cuba. Yo aseguraba que correría con todos los gastos de salida y de permanencia. Nunca supe si algunos de esos amigos hubieran tratado de solventar mis inquietudes. Las cartas de Techy, sus fotos y sus postales - posiblemente todas - y las cartas de Mercedes Guevara, de Cuernavaca, México, están en el DF en la casa de Fedex Mexicotom esperando por mi regreso, toda vez que nadie se decide a envíarmelas. Porque yo, con la esperanza de encontrar a las dos muchachas durante mi estancia en Chile, me había llevado sus récords. Jamás pregunté, jamás investigué, pero durante años toda mi correspondencia vinculada a personas residentes fuera de Cuba fue censurada. Ese año Sendero Luminoso hace sentir su presencia poderosa en sus áreas de influencia. Los actos de terror se nombran sabotajes, control mafioso de las ciudades y de las poblaciones, paralización de toda actividad socioeconómica, ataques y asesinatos de personalidades gubernamentales, de hombres y mujeres de Leyes, de religiosos de toda congregación, víctimas de sus prédicas contrarias al canon senderista y miembros de la Sociedad Civil. Para la fecha Sendero Luminoso contaba con armamento de guerra y era capaz de enfrentarse a potenciales competidores del calibre del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, MRTA, a las Bandas Campesinas Autónomas y al apoyo de las Fuerzas Armadas del Perú. Faltarían años para que el Camarada Profesor Abimael Guzmán también fuera bendecido con el culto a la personalidad y para que el maoísmo diera paso al marxismo maoísmo leninismo pensamiento Gonzalo y para que se ocupara a profundidad de la lucha contra los revisionistas marxistas.
En Abril de 1984 muere mi padre sorpresivamente después de una corta agonía provocada por un cáncer fulminante de pulmón. Siento como que el mundo me aplasta y se me acaba y apenas colijo que debo comandar a la familia destrozada. Mi hermana estudia Ingeniería en Riego y Drenaje en la ISACA de Ciego de Avila. Sin mi padre no deseo vivir ni trabajar en la vieja finca porque aunque me siento campesino ciento por ciento desgraciadamente mis proyectos están totalmente distanciados de la vida campesina. Las leyes no me permiten vender la finca a ningún particular y los trámites para que la compre el Estado a precio de liquidación - uno de los abusos Top 10 de la Revolución - son tan engorrosos y asquerosamente burocráticos que desisto del empeño de momento. De todas formas el dinero de la venta, compartido con mi Tío Neno, no me hubiera alcanzado ni para comprar un rancho destartalado en Caibarién. Así que pospongo mi Plan de estudiar Historia Universal en la UC - mis proyectos para hacerme abogado se habían estrellado tres años antes porque "llegué tarde a la matrícula" -, engaveto mis montones de fichas y mi inmensa colección de borradores amateurs, rechazo por segunda vez a Maggy P. Barrios que regresa de nuevo para hacerme la pregunta de siempre "todavía estás enamorado de mi" con una respuesta novelesca "sí, pero no" y entonces ella se marcha definitivamente dispuesta a "no ponerse vieja para no tener que quedarse cuidando sobrinos".
Cuando el año 1984 se va en retirada no soy más que un campesino joven que ha tenido que quedarse al frente de la finca de su padre y que ha detenido cada uno de sus proyectos. Entonces un amigo de los tiempos del Pre me dice que van a inaugurar una Emisora de Radio en Caibarién y que preparan un casting para elegir a toda la plantilla. El amigo sabe que fui estudiante de Dirección Teatral y que por tanto tengo algunas horas de voz y dicción. Finalmente me convence y me apunto para la prueba de locución. Que se hace una tarde de verano en el Cine Teatro Cervantes. Apenas me voy recuperando del deceso de mi padre y creo que posiblemente pueda "trabajar" con mi voz de siempre, con una dicción correcta lastrada por la velocidad verbal de los villareños y con un mínimo de vocación para los micrófonos abiertos. Mientras me acerco al Cervantes puedo ver a Manolín Alvarez inaugurando la CMHS debutante allá por los años veinte ganándose la categoría de pionero de la radio en Cuba y le pido a los orishas agnósticos que nadie interfiera mi prueba porque aunque mis papeles históricos pertenezcan al pueblo de Yaguajay y a la provincia de Sancti Spíritus las malas famas ideológicas se esparcen muy pronto por doquiera delante de las brisas de sureste.
Tengo casi 28 años.
Y aún no he vendido ni una escoba.
Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Agosto 9 del 2015.
Mis últimos dos intentos reales de salir hacia los Estados Unidos después de los Meses Estériles que siguieron al Exodo del Mariel ocurrieron durante 1981. Mi Tío - el Tío de Miami que ustedes conocen - Píter Ele, se apareció un día en Plateros. Llegaba para hacer una visita normal a la familia. Tío Píter no era muy asiduo a las visitas familiares. Llevaba mucho tiempo viviendo en La Habana. De Tío Píter y esposa - su esposa de Miami que ustedes conocen y que es mi Tía Carnal - se sabía que habían sido simpatizantes de La Revolución, que se habían vestido de verde olivo y que se habían echado un fusil al hombro después del Triunfo en 1959 y que habían sido convencidos protagonistas de toda la parafernalia de los nuevos tiempos que había traído aparejado la irrupción desbordante de Fidel Castro y sus hombres de la Sierra. La familia de Caibarién y del campo los querían con la misma devoción pero habían colocado un asterisco rojo sobre su conducta inesperada. Píter Ele había venido a Plateros hacía unos cuantos años y recuerdo que se pasó como tres días en mi primera casa durante los que hizo un par de cosas. Nos ayudó a recoger el maíz seco con furia de campesino incansable y le fabricó a mi mamá una maquinita de madera de hacer cigarros con picadura y papel cebolla en tiempos en que hasta los cigarrillos escaceaban de manera lastimosa. Píter Ele y mi papá se morían de la risa recordando historias del pasado y el Tío comentaba de lo mucho que extrañaban a sus hijos cuando venían al campo durante sus vacaciones escolares. Mi padre y mi madre le hubieran recibido igual que siempre aunque Píter Ele no hubiera dejado traslucir que para entonces sus ideales políticos habían cambiado radicalmente y que se había equivocado cien por cien con "estos comunistas". De modo que para su visita de 1981 Píter Ele era un tío más al que yo apenas conocía y al que comparaba con Vargas Llosa con la diferencia de que el hombre de Pantaleón y las visitadoras todavía no se había equivocado con "estos comunistas". Píter Ele era, para la familia en 1981, un hombre que "decía" que ya no era comunista. Y nada más.
Píter Ele se moría por hablar del Asunto del Mariel. Porque su hijo mayor - que estudiaba una carrera técnica en la Universidad de la Habana- les había sorprendido metiéndose en problemas ideológicos e intentando colarse en Playa Mosquitos. Cuando cayó preso Píter Ele tuvo que acudir al calabozo y tratar de convencer a los gendarmes de que se trataba "de cosas de muchachos". Lo logró. Pero inmediatamente después de su liberación su vástago se fue al Puerto y terminaría en la rada de Cayo Hueso como un marielito más. La odisea de su hijo detenido y todo el tiempo empleado en tratar de salvarlo llevaron a encontronazos con la policía y con autoridades anexas y le hizo radicalizar su pensamiento si es que ya no estaba radicalizado del todo. La salida del hijo había dejado a la madre medio desquiciada y solo soñaba con unírsele en Estados Unidos. Sus otras dos hijas, muy jovencitas, tenían la mente puesta en Miami desde hacía varios años. Solo que él no creía que se volviera a repetir otro Mariel, por lo menos en el corto o mediano plazo, y estaba tratando de salir del país de manera ilegal. Tengo un motor ruso superpotente y si me ayudas a construir una balsa se lo ponemos y te llevo con nosotros, me dijo una noche de luna lunera cascabelera mientras charlábamos en el portal de la casa. "Nosotros" incluía a algunos de sus hermanos. Dale, respondí, puedo conseguir el sitio adecuado para que fabriques la balsa cuando quieras. Años después él me aseguraría que no le gustó para nada la mirada que le echó mi hermana cuando escuchó su proposición. Recuerdo que observé a mis padres y que puse la yagua antes de que cayera la gotera. Me coloqué el dedo índice derecho sobre los labios y la naríz. Mis padres interpretaron "silencio" e interpretaron además "esta vez no me corten los hilos porque tengo alguien con quien salir y alguien que me esperará".
Tío Píter regresó a La Habana y yo me encargué de hablar con el ex secretario del Capitán Gelacio - que estaba trabajando en Caibarién y que todavía vivía con sus padres en el alero de la costa - para pedirle que me sugiriera un sitio en el mar en donde se pudiera hacer una buena balsa. Luis Ese lo hizo. Pasarían meses sin noticias del Tío Píter. Nunca llegaron. Durante uno de mis viajes a la capital me diría - como dicen las personas a las que se le olvidan las cosas - que "el negocio se le había caído y que estaba tratando de salir de manera legal por Panamá". De modo que "el lugar en la costa" permaneció virgen de construcciones de balsas y yo vi como se me escapaba la "próxima oportunidad" de salir del infierno cubano.
Corrían los años en que cualquier joven cubano podía aplicar para estudiar carreras de técnico medio en los países "hermanos" del campo socialista. Solo se exigía un título de enseñanza secundaria vencido y "aptitudes revolucionarias". Algunos de mis amigos y primos ya estaban en Hungría, en Checoslovaquia y en Alemania Oriental haciéndose fresadores y torneros. Yo no me atrevía a presentar mis documentos por razones obvias. Hasta que se me ocurrió una salida. Mis récords pertenecían a Yaguajay y era allí en donde yo no no debía aplicar. Según las leyes cubanas uno podía tener sus papeles en regla en determinada ciudad y dejarlos allí en caso de que uno se mudara y solo deseara cambiar su dirección particular. Así que pasamos mi dirección para la casa de Tía Fela en Caibarién - mis padres y hermana ya no hacían objeción alguna a mis proyectos - y comencé a trabajar en la edificación de una gran Fábrica de Sorvetos que se estaba erigiendo en la Zona Industrial de la ciudad, en el mismo sitio en que unos años antes había sido Maestro y Obrero Involuntario tras mi expulsión de las aulas por motivos derivados de mi recurrente diversionismo ideológico. Estar trabajando y "ser" de la ciudad eran los requisitos exigidos para optar por alguno de los cursos que se impartirían en los países del Este de Europa. Excepcionalmente no se exigía ser miembro de la Juventud Comunista. Cuando la moda de los cursos en los países del Consejo de Ayuda Mutua Económica, CAME, se acabó, ya mis primos y amigos habían tomado sus primeras vacaciones o acabado Especialidades que, por cierto, casi ninguna tenía aplicación en la Cuba subdesarrollada. Habían regresado cargados de objetos materiales, tantos como los que traían los miembros de La Comunidad en los albores del Mariel y se enorgullecían de sus motos deportivas de factura estealemana y checa y de sus viajes en tren por media Europa Comunista para visitar a sus novias y amigos. La señora Ducina jamás me explicó por qué motivos mi Expediente no salía de los puestos de abajo de su estante "cursos en Europa Oriental" ni por qué pasaban los meses y todo el mundo partía hacia Praga, hacia Budapest y hacia Berlín excepto Luis Manuel González Fumero. La ocasión en que me informó que se había acabado la ventolera de los Cursos en Europa del Este me lo dijo de una manera calmada, asintiendo con su cabeza canosa y mordiéndose sus labios cansados. Yo quise interpretar "lo siento, tú sabes muchacho". Pero le dí la espalda en silencio, vuelto a derrotar por las fuerzas invencibles del mal. Otra vez Gander, Shannon y posiblemente Barajas se quedaron sin mi escala detenida en sus aposentos aeroportuarios.
En 1983, cuando yo estoy purgando mis "debilidades ideológicas" en los campos de caña privados de Plateros, Techy Atachagua me escribe que ha oído hablar de "ciertas facilidades y gratuidades que existen en las Universidades Cubanas" para estudiantes de todo el mundo. Le respondo que tiene mucha razón y enumero a varios países africanos que tienen a miles de sus estudiantes preparándose en Cuba, así como le cuento que sé también de que hay estudiantes latinoamericanos en las Altas Casas de Estudio cubanas. Techy enloquece con la noticia y le digo que haré las gestiones en Cuba para ver cómo sería el asunto para un caso como el suyo. Por suerte una de las carreras ofertadas por el Ministerio de Educación se llama Bioquímica Farmaceútica y seguramente estará entre los planes de la chica inca. La información que recibo de personas que saben de esas cosas es que es ella quien tiene que hacer la gestión en la Embajada Cubana en Lima, explicar su caso y sus anhelos y ver qué política educacional existe para con estudiantes peruanos y en caso de que exista ver de qué manera ella puede aplicar e insertarse. De modo que le hago una carta detallada y le cuento que ojalá pueda conseguir una beca en la Universidad Central por la cercanía a mi casa. Aún no le digo todavía lo hermoso que sería que coincidiéramos allí en donde yo pienso matricular Licenciatura en Historia Universal y que los fines de semana pudiera venir para mi casa de campo. Mi amigo Luis Ese me advierte con ironía "cuidado no tengas que recibir en tu casa a una mujer enamorada del Che Guevara". No, qué va, solo somos amigos, respondo, sabedor del riesgo cierto que estaba corriendo. La carta para Techy fue la primera que envié de una larga serie de cartas para amigos internacionales que jamás recibió respuesta. Para entonces muchas de mis cartas eran plegarias implorando por una Carta de Invitación que lograra sacarme de Cuba. Yo aseguraba que correría con todos los gastos de salida y de permanencia. Nunca supe si algunos de esos amigos hubieran tratado de solventar mis inquietudes. Las cartas de Techy, sus fotos y sus postales - posiblemente todas - y las cartas de Mercedes Guevara, de Cuernavaca, México, están en el DF en la casa de Fedex Mexicotom esperando por mi regreso, toda vez que nadie se decide a envíarmelas. Porque yo, con la esperanza de encontrar a las dos muchachas durante mi estancia en Chile, me había llevado sus récords. Jamás pregunté, jamás investigué, pero durante años toda mi correspondencia vinculada a personas residentes fuera de Cuba fue censurada. Ese año Sendero Luminoso hace sentir su presencia poderosa en sus áreas de influencia. Los actos de terror se nombran sabotajes, control mafioso de las ciudades y de las poblaciones, paralización de toda actividad socioeconómica, ataques y asesinatos de personalidades gubernamentales, de hombres y mujeres de Leyes, de religiosos de toda congregación, víctimas de sus prédicas contrarias al canon senderista y miembros de la Sociedad Civil. Para la fecha Sendero Luminoso contaba con armamento de guerra y era capaz de enfrentarse a potenciales competidores del calibre del Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, MRTA, a las Bandas Campesinas Autónomas y al apoyo de las Fuerzas Armadas del Perú. Faltarían años para que el Camarada Profesor Abimael Guzmán también fuera bendecido con el culto a la personalidad y para que el maoísmo diera paso al marxismo maoísmo leninismo pensamiento Gonzalo y para que se ocupara a profundidad de la lucha contra los revisionistas marxistas.
En Abril de 1984 muere mi padre sorpresivamente después de una corta agonía provocada por un cáncer fulminante de pulmón. Siento como que el mundo me aplasta y se me acaba y apenas colijo que debo comandar a la familia destrozada. Mi hermana estudia Ingeniería en Riego y Drenaje en la ISACA de Ciego de Avila. Sin mi padre no deseo vivir ni trabajar en la vieja finca porque aunque me siento campesino ciento por ciento desgraciadamente mis proyectos están totalmente distanciados de la vida campesina. Las leyes no me permiten vender la finca a ningún particular y los trámites para que la compre el Estado a precio de liquidación - uno de los abusos Top 10 de la Revolución - son tan engorrosos y asquerosamente burocráticos que desisto del empeño de momento. De todas formas el dinero de la venta, compartido con mi Tío Neno, no me hubiera alcanzado ni para comprar un rancho destartalado en Caibarién. Así que pospongo mi Plan de estudiar Historia Universal en la UC - mis proyectos para hacerme abogado se habían estrellado tres años antes porque "llegué tarde a la matrícula" -, engaveto mis montones de fichas y mi inmensa colección de borradores amateurs, rechazo por segunda vez a Maggy P. Barrios que regresa de nuevo para hacerme la pregunta de siempre "todavía estás enamorado de mi" con una respuesta novelesca "sí, pero no" y entonces ella se marcha definitivamente dispuesta a "no ponerse vieja para no tener que quedarse cuidando sobrinos".
Cuando el año 1984 se va en retirada no soy más que un campesino joven que ha tenido que quedarse al frente de la finca de su padre y que ha detenido cada uno de sus proyectos. Entonces un amigo de los tiempos del Pre me dice que van a inaugurar una Emisora de Radio en Caibarién y que preparan un casting para elegir a toda la plantilla. El amigo sabe que fui estudiante de Dirección Teatral y que por tanto tengo algunas horas de voz y dicción. Finalmente me convence y me apunto para la prueba de locución. Que se hace una tarde de verano en el Cine Teatro Cervantes. Apenas me voy recuperando del deceso de mi padre y creo que posiblemente pueda "trabajar" con mi voz de siempre, con una dicción correcta lastrada por la velocidad verbal de los villareños y con un mínimo de vocación para los micrófonos abiertos. Mientras me acerco al Cervantes puedo ver a Manolín Alvarez inaugurando la CMHS debutante allá por los años veinte ganándose la categoría de pionero de la radio en Cuba y le pido a los orishas agnósticos que nadie interfiera mi prueba porque aunque mis papeles históricos pertenezcan al pueblo de Yaguajay y a la provincia de Sancti Spíritus las malas famas ideológicas se esparcen muy pronto por doquiera delante de las brisas de sureste.
Tengo casi 28 años.
Y aún no he vendido ni una escoba.
Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Agosto 9 del 2015.
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