Tomado de Nostalgias de Juventud.
Nadie nos traía periódicos al campo. Habían pasado los tiempos en que el enamorado de mi prima Milagros le tiraba cada día un ejemplar del diario provincial Vanguardia hacia el patio norte cuando pasaba en el carro de la prensa rumbo a Mayajigua. Solo cuando mi papá iba a Caibarién o a Yaguajay yo le encargaba el Granma o el Juventud Rebelde y generalmente la revista Bohemia de los viernes y la revista mensual Revolución y Cultura. De modo que eran la radio nacional, la radio de Miami y la emisora de Washington DC., La Voz de los Estados Unidos de América, quienes nos mantenían informados acerca de lo que estaba ocurriendo en la Embajada del Perú en La Habana. La radio nacional se convirtió en una Radio Eco. La versión oficialista aseguraba que cada uno de los que habían chocado el ómnibus contra la sede diplomática peruana - "asesinos" del custodio cubano - eran tipos de la misma calaña que el resto de los que entraron después cuando las puertas permanecieron abiertas y nadie podía controlar el caos. Las puertas se cerraron a la altura de una cifra que llegaba a los 10 000 soñadores emigrantes y solo cuando la situación se hizo insostenible. Si bien es cierto que una cantidad considerable de quienes habían penetrado en la Embajada del Perú saldrían en los próximos meses hacia diferentes países receptores nadie desconocía que el colimador de cada interesado en salir de Cuba estaba perfectamente centrado en Los Estados Unidos. Se trataba de una cuestión de precedentes servidos en la Mesa del Encontronazo. Mientras tanto la radio de Miami - generalmente anticastrista - se deshacía en loas para con los compatriotas que deseaban abandonar la "morada paradisíaca" que les había tratado de vender Fidel Castro y sus acólitos y comenzó, otra vez, a preparar condiciones para apoyarlos como había hecho durante el más grande éxodo de cubanos que recuerde la Historia de la nación. Porque la Gran Primera Estampida - 1959-1962 - estuvo ceñida a la Gran Burguesía y a los famosos niños Peter Pan que salieron a como diera lugar cuando desde los centros más recalcitrantes del Exilio Cubano en Estados Unidos se aseguró que era "cuestión de tiempo" para que sus padres perdieran "la patria potestad". Los buenos entendedores - sordos a toda voz que no llegara de "Allarriba" - traducían "perder" por "el comunismo les arrebatará a sus hijos para adoctrinarlos en los ideales del cáncer rojo que brota desde Moscú" Tres años después es la mediana burguesía quien hace las maletas y comienza a salir desde el puerto matancero de Camarioca en sus propios barcos y en cualquier tipo de embarcación que pudieran conseguir patrocinadores y familiares en Miami. Cuando las cifras amenazaban con llegar hasta 300 000 cubanos no quedó mas remedio que abrir los aeropuertos, en una Operación que se llamó Vuelos de la Libertad. Los aviones seguirían volando con cubanos emigrados legalmente hasta 1974. Pero los vuelos ya no serían tan urgentemente imprescindibles. Lyndon B. Jhonson no encontró mejor manera de premiar a los anticastristas cubanos que desearan contribuir al despoblamiento de Cuba que firmando una Ley mediante la cual "todo cubano que pisara suelo estadounidense, por la vía que fuera, tenía derecho a permanecer legal en el país y ser agraciado con la Residencia Definitiva después de haber vivido un año y un día dentro de sus fronteras". La susodicha Ley es de 1966 y se llama - se "llama", no se "llamó" - Ley de Ajuste Cubano. Podrá ser una Ley que ciertamente estimule el "tráfico de personas y las salidas ilegales" pero en la mentalidad de los halcones norteamericanos la Ley de Ajuste Cubano es un "mecanismo preferencial" dirigido hacia los cubanos por una razón muy simple: nadie en el continente es víctima de una dictadura comunista. Las demás dictaduras son quistes benignos en el concierto democrático y sus pueblos no pueden, "lamentablemente", aplicar para Leyes Especiales. Ustedes saben que gracias a tal mecanismo yo puedo tener status legal en los Estados Unidos. La Voz de los Estados Unidos América cubrió el Affaire de la Embajada del Perú con sus claroscuros de siempre y se cuidó mucho de emitir los sucesos con una relativa imparcialidad verdaderamente profesional.
En 1978 - y en vista de que no cesan las salidas ilegales, los secuestros de barcos y de aeronaves y de que no todos los presos políticos reciben visa de Washington y quienes sí lo logran no siempre pueden viajar con todos sus familiares - algunos prominentes miembros de la Comunidad Cubana en Estados Unidos sugieren un acercamiento con el régimen castrista para tratar de resolver una situación que hace tiempo se les ha ido de la mano a todas las partes interesadas. El Gobierno de los Estados Unidos aprueba la iniciativa y muy pronto los cubanos exiliados comienzan a viajar a la isla cargados con todas las bondades del mundo occidental, restregando ante los ojos desorbitados de sus deudos y compatriotas una riqueza falsa signada por las deudas y por la necesidad imperiosa de salir del subdesarrollo. El ala más radical de la diáspora miamense les nombra despectivamente "dialogueros" sin que ello impida que algunos comunitarios funjan como espías de alto rango aunque solo fuera para contrarrestar a las multitudes del G-2 que pululan por las calles del Exilio. Recuerdo especialmente a uno de los "dialogueros". El Reverendo Manuel Espinosa, en nombre de Dios y de la Libertad, recopiló suficiente información en ciertos cubículos de las altas esferas de La Habana como para poder pasarse semanas enteras locuteando comentarios espeluznantes en la Radio "comprometida" WQVA que yo oía paganamente en mi casa de Plateros en sus horarios estelares. Un año después llegaría de visita uno de los grandes amigos de mi papá, Virgilio Barrios, el hombre que jamás dejó de escribirle cartas correctamente redactadas a máquina y dirigidas "a Perico Lobatón", que yo le leía en las tardes tranquilas en el patio de la primera casa mientras él acariciaba la hoja de afeitar Gillete, acabada de deshojar, que nunca faltaba. Virgilo se había ido poco después del Gran Exodo de Camarioca, destrozado porque un Gobierno al que había "tendido la mano" cuando sus hombres duros de la época no eran más que un grupúsculo de soñadores en las montañas orientales le había intervenido el bar más importante del Central Victoria. Virgilio era tíoabuelo de Maggy P. Barrios y aunque yo no lo ví esa ocasión sí supe que el concierto de chíclets que animó en casa de su hermana Estela - mi tía política - le había lastimado el pelo amarillo a la rubia de las defensas soberanas.
El famosísimo Asesor de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, Zbinew Brzezinki, le pide a su Presidente una y mil veces que agilice el tema de los presos políticos cubanos. Todavía La Habana técnicamente no objetaba el adjetivo "político" para los presos de las dos primeras décadas de La Revolución. Muy pronto les echaría a todos en el mismo saco y les catalogaría de "comunes". La burocracia del Capitolio tampoco responde al llamado del Asesor y Carter continúa pensando en otras cosas. Nadie detiene el secuestro reiterado de naves ni intenta parar el flujo de cualquier cosa cargada de cubanos que flote en el Estrecho de La Florida. Washington recibe a todos los isleños con los brazos abiertos porque son "anticastristas" que solo andan buscando la libertad que les niega el régimen comunista de Fidel Castro. La Gran Madriguera de Miami está de plácemes con los compatriotas que siguen llegando sin parar. La rutilancia engusanada de los comunitarios ha desbaratado la sencillez del cubano promedio en el ajíaco del diálogo. Cuando La Habana termina por colegir que nadie en Estados Unidos desea poner un stop al caos migratorio ilegal advierte que se está a las puertas de "otro Camarioca". Hasta que algunos cubanos elijen entrar a la Embajada de Venezuela en busca de asilo político y otro grupo más numeroso opta por la fuerza ante las herrerías de la Embajada del Perú. Las aguas corren revueltas y en medio de su corriente opaca el Primer Ministro de la Insula comienza a madurar un Plan en la redundancia de los anzuelos.
A "cambio" de la autorización de salida hacia los Estados Unidos de unos 3500 cubanos que están dentro de la Embajada del Perú Washington fija para el 8 de Mayo los Ejercicios Militares Solid Shield y designa como centro de maniobras a la Base Naval de Guantánamo. La parafernalia en la mar y en la tierra es colosal y de nuevo Cuba prepara a todo el "pueblo combatiente para la guerra total contra el imperialismo". Desde Washington brota una idea peregrina. La mejor solución para los acampados en los jardines de la sede peruana es trasladarlos hacia Costa Rica y no que vayan paulatinamente y de manera legal hacia países receptores como desea Cuba. La iniciativa norteamericana no cuenta con la venia de las autoridades cubanas. La Habana lo considera un dislate con doble lectura y una provocación sin ética y dice que solo se intenta "continuar" el show fuera de Cuba. Porque Castro no quiere que nadie le robe su propio show. El tiene su propia iniciativa para lo que tampoco cuenta con la venia de las altas esferas del gobierno de los Estados Unidos.
El 2 de Mayo la cónsul estadounidense que comanda a los diplomáticos en la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana, Zuzanne Lomanna, convoca a un grupo de ex presos políticos para explicarle la conveniencia de que salieran en pequeños grupos organizados hacia Miami. Tiene planeado decirles que la culpa de la demora en la resolución de sus expedientes la tiene La Habana porque La Habana es "criminalmente selectiva y sádica" con la gente que quiere irse del país. Mientras Zusanne conversa con los ex presos políticos, un gran grupo de unos 700 ciudadanos cubanos - evidentemente "enterados del meeting" que se estaba llevando a cabo dentro de la SINA - se presentan ante la puerta de la Oficina de Intereses. El grupo incluye a otros ex presos políticos y a civiles que no tienen por qué ser "escorias" de la sociedad como trata de calificarlos el Gobierno Cubano. Lo que no quiere decir que en medio de tanto potrero pisoteado no paste alguna vaca negra. El "pueblo combatiente" fue avisado con premura de lo que estaba ocurriendo y listos desde hacía rato para acudir a las convocatorias de su Líder se presenta de urgencia y comienzan la batalla contra los "gusanos antisociales". Cuando el rifirrafe se hace campal - es algo así como un conato teatral de Guerra Civil ante las narices de otro Estado - Zuzanne decide abrir las puertas de su "casa" para evitar "males mayores" y ello hace que unos 400 cubanos invadan los interiores de la legación extranjera. Desde Miami y desde Washington acusan a las turbas convocadas y a la Policía Roja de Castro de haber "vilipendiado a ciudadanos pacificos" que solo estaban tratando de hacer valer su derecho humano de querer salir de su país de origen hacia otro que le marque su conciencia. En tanto La Habana plantea que no puede "controlar al fervor del pueblo revolucionario" en contra de los enemigos "vendidos" al Imperio, que la SINA es un "nido de enemigos de La Revolución" a donde acuden los "vendepatrias" como hormigas al dulce y que la Policía Cubana lo que hizo fue "evitar males peores" con su "profilaxis de control" y por tanto "salvar" las instalaciones de la Sección de Intereses. Todo el mundo sabe que el pueblo fue convocado pero La Habana iniste en vender su teoría de la "espontaneidad". Nadie desconoce tampoco que cuando gran parte de los "revolucionarios escarmentadores de apátridas" regresan a sus casas inmediatamente comienzan a pensar en la manera de escapar también de las garras omnipresentes.
Contra la idea "enemiga" de enviar a los "residentes" en la Embajada de Perú hacia Costa Rica y contra el permiso de estancia de los "últimos antosociales" en la SINA - solo un Show Premeditado, insiste La Habana - Fidel Castro juega su penúltima carta. Si los imperialistas admiran tanto a los antisociales, si aman tanto a los enemigos de La Revolución, si quieren convivir con la escoria de nuestra sociedad, pues muy bien, llévenselos para allá, dice sin decirlo. Entonces quita el candado de todas las puertas y esconde la llave bajo cien lápidas secretas. Qué se vaya el que quiera. Qué se vaya cómo pueda. No habrá restricciones ni persecuciones. Es asunto de ustedes. Considerando que Estados Unidos nunca ha contado con él pues decide tomar la medida de manera unilateral. Y entonces se repantiga en su mecedera a esperar por la movida de Washington frente al inmenso tablero de ajedrés que es el Golfo de México. La Comunidad Cubana de Miami y de otras importantes ciudades esadounidense comienzan a preparar sus yates y convocan a patrocinadores y a iglesias que estén dispuestas a colaborar con la nueva diáspora que se avecina. Cada uno de los Jefes de Prisiones de Cuba recibe la orden de elaborar listas con los presos más recalcitrantes y con los reclusos con problemas neurológicos más connotados que tengan bajo su mando. Muchos de esos confinados están en las temidas ergástulas castristas por motivos fabricados en las mentes obtusas de los directores del orden interior cubano. Entonces cualquier ciudadano podía ser castigado con prisión mediante La Ley de La Vagancia o mediante la Ley de la Peligrosidad. Ser "vago" podía significar no tener un trabajo estable y vivir de labores ocasionales mientras los jóvenes se dejaban crecer el pelo, oían musica occidental y pasaban los fines de semanas en fiestas con sus chicas y amigos. Ser "peligroso" significaba pertenecer a la cofradía de cualquier ciudadano sospechoso de poseer otra mentalidad diferente a la oficial. Por supuesto que otra parte de la población penal cubana en 1980 estaba conformada por delincuentes comunes de altísima peligrosidad. Como en cualquier cárcel del mundo. Quienes también fueron incluidos, de manera priorizada, en la orden recibida por los Jefes de Prisiones. Algunos homosexuales que se desviaban de su "vocación" en aras del "diversionismo ideológico", a su vez aparecieron en las listas. Entre los detenidos, cortesía de la Ley de la Vagancia, había un primo mío y tres amigos de la infancia en una de las cárceles de la Provincia de Sancti Spíritus. Cuatro muchachos jodedores, incapaces de matar ni a una mosca.
Fidel Castro habilitó al Gran Puerto de Mariel para recibir a todo el que quisiera partir hacia los Estados Unidos. Jamás la palabra "todo" había tenido tanto sentido figurado. Muy pronto millares de cubanos de todas las razas y colores y de todos los credos y filosofías repletaron el puerto del oeste de La Habana para esperar a sus amigos y familiares que comenzaron a partir desde Miami en todo tipo de embarcaciones. Pero todo no era color de cotorra nacional. Cada embarcación llegada desde los Estados Unidos estaba literalmente obligada a compartir sus espacios con "escorias" que no tuvieran a nadie que viniera por ellos y con una pléyade "seleccionada" de emigrantes que el Gobierno tenía debajo de su manga verdeolivo. La rigurosa selección incluía a detenidos sin condena, víctimas de las Leyes de Peligrosidad y de Vagancia, a delincuentes grado máximo, a ciudadanos con gravísimos trastornos neurológicos y sobre todo a un selecto grupo de revolucionarios que llegarían a la Saguesera a trabajar como espías de La Revolución. Lo más interesante de la historia es que gran parte de este tipo de "antisociales" admitía ser revolucionarios y deseaba cumplir sus condenas en Cuba y reinsertarse en la sociedad después de la obtención de su libertad. Solo que la orden impartida a los custodios era la de expulsarlos a como diera lugar so pena de ser víctimas entonces de condenas nultiplicadas o de megacondenas para casos sencillamente desestimables. Los presos no tenían alternativas y finalmente firmaban un documento en donde estampaban que salían del país por "su propia voluntad". Es necesario dejarlo sentado definitivamente. Los cubanos nunca fueron un pueblo emigrante. Si Fidel Castro hubiera tenido la más pequeña posibilidad de preparar su "segundo asalto al cielo" dentro de las fronteras de Cuba jamás hubiera salido hacia México montado en los guiñapos oníricos de otro yate.
Mientras Playa Mosquitos no da abasto con toda la gente que sigue llegando desde los rincones más apartados de la nación, una parte considerable de los cubanos que desean partir por convicción son detenidos a las puertas de la libertad y regresados a sus lugares de origen porque no pueden "demostrar" que tienen problemas ideológicos o políticos. En los campos y ciudades se comienza a saber que "Mariel es selectivo" y que es el Gobierno Cubano quien está dictando las pautas ante la pasiva y sospechosa indiferencia de Jimmy Carter. De nada valen las amenazas del hombre que creció sembrando y cultivando maní en el infierno rural de Georgia porque las "flotillas de la libertad" siguen surcando el Estrecho de la Florida, peligrosamente sobrecargadas, entre miríadas de delfines juguetones, tiburones gigantes - olímpicos conocedores del sabor de la carne humana enfundada de sal - al acecho y olas que se desbocan cada vez que el alisio las acaricia en la dulzura falsa de la Gran Corriente. Las popas de las embarcaciones casi que se meten al Océano y los viajeros apenas pueden mirar el horizonte detrás de las espaldas de los Capitanes y de las proas empinadas en el Camino de Cayo Hueso. En la rada del Gran Cayo los cubanos se postran ante la estatua de José Martí antes de continuar viaje hacia Miami en donde todos los medios informativos esperan por la entrevista exclusiva y se disponen a publicar reportajes que piensan pueden proporcionarles un Pullitzer. Patrocinadores y mecenas aparecen por doquiera y las iglesias de todas las congregaciones abren sus puertas sagradas para que puedan alojarse los compatriotas que han logrado escapar del "monstruo ateo de Birán". Ciertamente el recibimiento no tiene el connotado caríz exclusivo de los recibimientos anteriores porque los cubanos de Miami y el propio Gobierno de los Estados Unidos comienzan a cobrar conciencia del otro cargamento humano que también le están enviando desde Cuba. Muy pronto algunos de los recién llegados son enviados a las cárceles estadounidenses de alta seguridad así como también otro grupo considerable debe ser trasladado a hospitales siquiátricos porque sus comportamientos no tienen nada que ver con la euforia real de los que han llegado a la tierra de promisión que les han seguido vendiendo a precio de liquidación desde el Norte.
Cada vez que un ciudadano o que una familia o que un grupo de amigos se presenta ante las autoridades cubanas para informar que "se van al Mariel" inmediatamente todas sus propiedades son confiscadas y las turbas convocadas comienzan su ronda de discursos e improperios, su cacareada cacofonía "escorias escorias antisociales antisociales gusanos gusanos que se vayan que se vayan" para inmediatamente después principiar con sus cargas innobles de huevos podridos y alguna que otra trompada en los rostros hastiados en medio de la catarsis colectiva. Ciudadanos correctos de la Patria caídos en el redil de las convocatorias oficiales disparaban los huevos que les tocaban por la cuota contra los cuerpos indefensos de hombre y de mujeres, de ancianos y de niños, sin miramiento alguno. Los "escorias vendepatrias" subían a los ómnibus destinados para los antisociales chorreando el amarillo de las yemas y chorreando el blanco maculado de las claras y tratando de zafarse los cascarones ensangrentados de sus ropas ajadas. Nunca faltó el valiente ecuánime que se paraba en la puerta de la guagua para gritarles "no tiren los huevos que alguna vez habrán de faltarles, malnacidos, ustedes son las escorias" con una carga profética de antología. Tampoco faltó el "revolucionario" fiel que se marchó una madrugada del pueblo de manera subrepticia y un día se encontró con la víctima de su poderoso brazo de lanzar huevos en la rada de Mariel. Cada día el diario oficial Granma publicaba la lista de los "antisociales que habían salido hacia Miami". Poco después la lista era telegrafiada a gran parte de los periódicos provinciales. La palabra "escoria" se convirtió en una palabra hedionda en las bocas de muchos cubanos porque las autoridades eran los dictadores de las pautas linguísticas. Ni siquiera los trabajadores de Antillana de Acero eran capaces de catalogar a nadie con vocablo tan peyorativo.
Jimmy Carter no puede - o no quiere - desatar sus manos del nudo que le ha tendido Fidel Castro, quien, descontando sus advertencias (falsas o no ) de lo que podría pasar si Washington no tomaba el asunto con toda la seriedad que se merecía, está ejecutando su propio Nudo Gordiano y librando una batalla gloriosa frente a la recalcitrancia de su enemigo de siempre. Castro está vaciando, legal y oficialmente, al país de casi todo lo que le estorba y sirviéndolo en bandeja de azúcar a una nación que ya tiene sus propios problemas de esa índole. Finalmente Carter parece dar muestras de una reacción civilizada. La avalancha de cubanos se está haciendo insostenible, prácticamente está cundiendo el pánico y hasta los balseros haitianos comienzan a quejarse por el trato preferencial que están recibiendo los cubanos en el mar y en tierra firme. Cuando el número de cubanos arribados a las costas de La Florida llega a la cifra de 10 000 el Presidente Demócrata decreta el "estado de emergencia". El "estado de emergencia" no significa que ordene parar el éxodo. Significa que se necesita dinero fresco para poder "ayudar a los ciudadanos honestos que se están librando del comunismo". De modo que destina 10 millones de usd para ello. Castro se apura porque sabe que parte de ese monto llegará de una u otra forma a sus quintas columnas en Miami que no demoran en darle uso en el continente y enviarlo a la isla tras una suigéneris manera de lavarlo. Muy pronto la cifra se llama 50 mil cubanos "marielitos" y entonces el Departamento del Estados convoca a Carter. Los Sistemas de Seguridad Nacional no se sienten vulnerables pero es hora de actuar.
Yo - que he abandonado la redacción de notas realmaravillosas destinadas a Maggy P. Barrios y que por supuesto he dejado de recibir las suyas art decó - hago mi propia convocatoria. Así que un atardecer reúno a mis padres y a mi hermana en la sala de la segunda casa para decirles que es muy problable que Jimmy Carter corte el éxodo de cubanos de un momentos a otro y que en ese caso seguramente Fidel Castro clausurará el puerto de Mariel. Les pido de favor que no sigan intentando cortarme los hilos ( la frase es de mi mamá), que no me repitan más que no desean que llegue solo a los Estados Unidos, que no sean pájaros de mal aguero con su redoble de tambores asegurando que puedo morir ahogado en el mar, catapultado desde la cubierta de esas bateas recargadas, que acaben de decirme está bien vete y ojalá que no te rechacen sin que me sigan jodiendo con eso de que yo puedo ser un anticomunista probado pero que todavía soy muy joven y no tengo un solo documento que me acredite como perseguido ideológico porque es hasta cierto punto verdad pero tengo que jugármela toda vez que probablemente no se presente otra oportunidad como esa en muchos años. Mis padres siguen haciendo silencio hasta que les digo que estoy seguro que se pasan la noche rezando porque cierren Mariel y yo tenga que quedarme como un comemierda en un país que no me dará nada si no doblo las radillas y que esa carrera de Derecho que tal vez me permitan cursar no me servirá para nada porque es imposible que tire por la borda el diseño con el que ellos me concibieron. El amor de padres y el silencio de mi hermana estaban pudiendo más que mi proyectos y que mis perretas. Coño, hijo, es que tendrías que viajar en una chalupa para diez personas que viaja con cien, es que nadie te está esperando allá porque no tengo contacto alguno con los pocos amigos que se han ido, porque Virgilio tiene otros compromisos y porque aunque tengas casi 24 años todavía te queda mucho por aprender, dijo mi padre en su cabecera de siempre, sentado frente a la mesa a la hora de la comida. Recuerdo que no agregué absolutamente nada y le pedí a Tery que me acompañara al patio. En ese instante llegó Peperramos a casa. Al fin me lo dijeron, dijo. Los cuatro sabíamos muy bien qué era lo que le habían dicho y quiénes se lo habían dicho. Mandaron a los cuatro para Mariel, gimió. Peperramos terminó la frase deshecho en lágrimas. Lágrimas nuevas después de tantas lágrimas viejas implorando a todas las autoridades para que le dijeran en dónde rayos estaba su hijo Guillermo y sus amigos Berto, Sergio y Bernardo. Seguro que ya están en Miami, Pepe, así que tranquilo, dijo mi mamá. Ojalá, Niña, ojalá, qué hijos de putas son todos estos comunistas de mierda, si no lo obligan sé que jamás se hubiera ido. Como Peperramos solamente vino a darnos la noticia se marchó enseguida para las otras casas con el mismo propósito. Mi papá me observó de reojo, respiró profundo y pegó sus hombros al espaldar del taburete pero no dijo nada. Los cuatro recordábamos las tantas veces que los Hermanos Cagatrillo se habían "burlado" de mí por querer "tumbar" a Fidel Castro. Volví a salir con mi hermana al patio. Pero cuando me preguntó que para qué quería que estuviéramos solos le dije "olvídalo".
La asombrosa cifra de 50 000 cubanos arribados a las costas de los Estados Unidos de manera semilegal y barcodirigidos por Fidel Castro desde que consideró que en materia de shows él no tenía por que ser el perdedor llevó a Jimmy Carter a lanzar su famoso Plan de los 5 Puntos. Los 5 puntos del plan establecían estabilizar la inmigración con ciertas preferencias obvias, eliminar todos los viajes por mar so pena de confiscación de las embarcaciones, de multas e incluso de prisión, devolución de los indeseables a La Habana y aceptación de la buena voluntad de algunos países latinoamericanos para aceptar asaltadores de embajadas y marielitos sin patrocinadores cercanos en Estados Unidos. Antes de que los cinco puntos del manicero cobraran vigencia salieron desde Mariel mas de 70 mil cubanos que elevarían la cifra en números redondos hasta los 120 000 . Todavía Carter no consideraba a Fidel Castro su "amigo" pero lo tenía en Agenda para el futuro. La pragmática de Jimmy jamás le permitió asumir que Castro le había tendido un puente sobre su propio Rubicón por donde pasaron sus enviados de la manera y a la hora en que él quiso. La pragmática de Carter le hizo creer que él sólo había tenido la oportunidad histórica de acoger a más de 100 mil ciudadanos "esclavos del comunismo" que decidieron jugarse la vida antes de continuar viviendo y padeciendo bajo la bota comunista de los Hermanos Castro, y que no le habia escurrido el bulto. La praxis de Fidel no existe. Porque Fidel no tiene agallas. Fidel solo calcula y a veces la ecuación le resulta. Gran parte de la bancada republicana en el Congreso lamentó que este segundo éxodo también hubiera ocurrido a costa de otro Presidente Demócrata y algunos agoreros estuvieron seguros de que no sería el último. Hablando de praxis y de agallas no es vacuo destacar que solo cuando se den a la luz todos los documentos del período es que podremos atenernos a todas las verdades oficiales. Pídanle a Dios los religiosos y pídanle a la Diosa Verdad los ateos que ello ocurra antes de que las tumbas infalibles se hayan llevado al manicero que terminó por ir a visitar a su "amigo Fidel" y al pichón de capitán general que expresó algunas palabrejas sobre la "honestidad" del demócrata.
Poco después de mi cumpleaños 24 y cuando Maggy P. Barrios se estaba cansando de leer y de redactar noticas insulsas sin que se vislumbraran cuadraturas de rombo, las mismas que se habían espaciado lo suficiente como para que ella se preguntara cosas, una tarde de verano se apareció de sorpresa en mi casa. Hacía mucho tiempo que no la veía. Entiéndase tiempo en el sentido de más de tres años. Recuerdo que los contactos se reavivaron después de que una tía política había coincidido con ella en Caibarién y la rubia había preguntado por mí de una manera tan desenfadada que mi tía pasó primero por mi casa para contarme del encuentro. Yo había estado en su casa durante mi convalecencia del trauma craneal pero esa ocasión no estaba - su tía abuela Luz Marina, con la que vivía, me recordaría siempre que aquel día yo empecé a "pretenderla" - y no había podido verla. Cuando ella devolvió la primera visita con urgencia de post adolescente ya yo había regresado al Batallón. Después la relación notidirigida se mantuvo estable a través del concierto de folios manuscritos que trasladaba mi hermana. Las notas incluyeron un par de fotos. Su cara preciosa debajo del pelo melocoton y sobre el cuello regio y su sonrisa perfecta aliviaron siempre el sopor de mis ojos en las noches articas y solitarias del campamento. Una semana después, en un domingo de playa, nos comprometimos desde fondo de las salivas debutantes. Solo con una condición, no le dije. Cuál, no preguntó. No podré serte fiel nunca, amo demasiado a la señorita libertad, no importa que de momento me haya rechazado.
Los sucesos de la Embajada del Perú y la Estampida del Mariel tuvieron suficiente competencia en la prensa nacional como para que no pasara desapercibida ante mis ojos vocacionales. El tercer acontecimiento del año llegaba también desde Perú. Lo protagonizaba un Grupo Revolucionario de orientación marxista-leninista que se había atrevido a incluir la palabra "maoísta" en el fondo de sus apellidos. Como quiera que La Habana era el núcleo de los Movimientos Revolucionarios en América Latina, la irrupción de un nuevo grupo guerrillero que comenzaba a luchar contra "la oligarquía con las armas en la mano" era una bendición atea para el Movimiento Revolucionario Internacional. La suspicacia del Gobieno Cubano para con la palabra maoísta se contrarrestaba con las palabras marxista y leninista y por el hecho de que los combatientes peruanos habían elegido una frase del gran comunista doméstico, José Carlos Mariátegui, para nombrar a su Organización. Mariátegui había fundado el Partido Comunista de Perú en 1928 y había expresado que "el marxismo-leninismo abrirá el Sendero Luminoso hacia la revolución". La Habana estaba encantada con el jugador novato recién integrado en el Equipo de la Internacional Comunista y comenzó a guiñar sus ojos sin intermitencia en dirección al Occidente de Suramérica hasta que el filósofo en bancarrota Abimael Guzmán dijo que Cuba era un "satélite de Moscú". Solo entonces el genial profeta Fidel Castro cayó en la cuenta de que Sendero Luminoso era una organización terrorista.
Finalmente tuve que asumir que se me había escapado la gran aventura del Mariel y que no me quedaba otra alternativa que esperar una segunda oportunidad. Para entonces mis oídos respetuosos se cerrarían al coro de la sangre del clan y solo habrían de escuchar el grito de mi conciencia. Retomé el intercambio epistolar con algunas amigas que había conocido a través de la Radio Internacional y un día me llegó una carta de Lima firmada por una chica llamada Ester Techy Bernuí Atachagua.
Nada, que inobjetablemente era el año de Peru en el cachumbambé de mi vida.
Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Agosto 4 del 2015.
Fidel Castro habilitó al Gran Puerto de Mariel para recibir a todo el que quisiera partir hacia los Estados Unidos. Jamás la palabra "todo" había tenido tanto sentido figurado. Muy pronto millares de cubanos de todas las razas y colores y de todos los credos y filosofías repletaron el puerto del oeste de La Habana para esperar a sus amigos y familiares que comenzaron a partir desde Miami en todo tipo de embarcaciones. Pero todo no era color de cotorra nacional. Cada embarcación llegada desde los Estados Unidos estaba literalmente obligada a compartir sus espacios con "escorias" que no tuvieran a nadie que viniera por ellos y con una pléyade "seleccionada" de emigrantes que el Gobierno tenía debajo de su manga verdeolivo. La rigurosa selección incluía a detenidos sin condena, víctimas de las Leyes de Peligrosidad y de Vagancia, a delincuentes grado máximo, a ciudadanos con gravísimos trastornos neurológicos y sobre todo a un selecto grupo de revolucionarios que llegarían a la Saguesera a trabajar como espías de La Revolución. Lo más interesante de la historia es que gran parte de este tipo de "antisociales" admitía ser revolucionarios y deseaba cumplir sus condenas en Cuba y reinsertarse en la sociedad después de la obtención de su libertad. Solo que la orden impartida a los custodios era la de expulsarlos a como diera lugar so pena de ser víctimas entonces de condenas nultiplicadas o de megacondenas para casos sencillamente desestimables. Los presos no tenían alternativas y finalmente firmaban un documento en donde estampaban que salían del país por "su propia voluntad". Es necesario dejarlo sentado definitivamente. Los cubanos nunca fueron un pueblo emigrante. Si Fidel Castro hubiera tenido la más pequeña posibilidad de preparar su "segundo asalto al cielo" dentro de las fronteras de Cuba jamás hubiera salido hacia México montado en los guiñapos oníricos de otro yate.
Mientras Playa Mosquitos no da abasto con toda la gente que sigue llegando desde los rincones más apartados de la nación, una parte considerable de los cubanos que desean partir por convicción son detenidos a las puertas de la libertad y regresados a sus lugares de origen porque no pueden "demostrar" que tienen problemas ideológicos o políticos. En los campos y ciudades se comienza a saber que "Mariel es selectivo" y que es el Gobierno Cubano quien está dictando las pautas ante la pasiva y sospechosa indiferencia de Jimmy Carter. De nada valen las amenazas del hombre que creció sembrando y cultivando maní en el infierno rural de Georgia porque las "flotillas de la libertad" siguen surcando el Estrecho de la Florida, peligrosamente sobrecargadas, entre miríadas de delfines juguetones, tiburones gigantes - olímpicos conocedores del sabor de la carne humana enfundada de sal - al acecho y olas que se desbocan cada vez que el alisio las acaricia en la dulzura falsa de la Gran Corriente. Las popas de las embarcaciones casi que se meten al Océano y los viajeros apenas pueden mirar el horizonte detrás de las espaldas de los Capitanes y de las proas empinadas en el Camino de Cayo Hueso. En la rada del Gran Cayo los cubanos se postran ante la estatua de José Martí antes de continuar viaje hacia Miami en donde todos los medios informativos esperan por la entrevista exclusiva y se disponen a publicar reportajes que piensan pueden proporcionarles un Pullitzer. Patrocinadores y mecenas aparecen por doquiera y las iglesias de todas las congregaciones abren sus puertas sagradas para que puedan alojarse los compatriotas que han logrado escapar del "monstruo ateo de Birán". Ciertamente el recibimiento no tiene el connotado caríz exclusivo de los recibimientos anteriores porque los cubanos de Miami y el propio Gobierno de los Estados Unidos comienzan a cobrar conciencia del otro cargamento humano que también le están enviando desde Cuba. Muy pronto algunos de los recién llegados son enviados a las cárceles estadounidenses de alta seguridad así como también otro grupo considerable debe ser trasladado a hospitales siquiátricos porque sus comportamientos no tienen nada que ver con la euforia real de los que han llegado a la tierra de promisión que les han seguido vendiendo a precio de liquidación desde el Norte.
Cada vez que un ciudadano o que una familia o que un grupo de amigos se presenta ante las autoridades cubanas para informar que "se van al Mariel" inmediatamente todas sus propiedades son confiscadas y las turbas convocadas comienzan su ronda de discursos e improperios, su cacareada cacofonía "escorias escorias antisociales antisociales gusanos gusanos que se vayan que se vayan" para inmediatamente después principiar con sus cargas innobles de huevos podridos y alguna que otra trompada en los rostros hastiados en medio de la catarsis colectiva. Ciudadanos correctos de la Patria caídos en el redil de las convocatorias oficiales disparaban los huevos que les tocaban por la cuota contra los cuerpos indefensos de hombre y de mujeres, de ancianos y de niños, sin miramiento alguno. Los "escorias vendepatrias" subían a los ómnibus destinados para los antisociales chorreando el amarillo de las yemas y chorreando el blanco maculado de las claras y tratando de zafarse los cascarones ensangrentados de sus ropas ajadas. Nunca faltó el valiente ecuánime que se paraba en la puerta de la guagua para gritarles "no tiren los huevos que alguna vez habrán de faltarles, malnacidos, ustedes son las escorias" con una carga profética de antología. Tampoco faltó el "revolucionario" fiel que se marchó una madrugada del pueblo de manera subrepticia y un día se encontró con la víctima de su poderoso brazo de lanzar huevos en la rada de Mariel. Cada día el diario oficial Granma publicaba la lista de los "antisociales que habían salido hacia Miami". Poco después la lista era telegrafiada a gran parte de los periódicos provinciales. La palabra "escoria" se convirtió en una palabra hedionda en las bocas de muchos cubanos porque las autoridades eran los dictadores de las pautas linguísticas. Ni siquiera los trabajadores de Antillana de Acero eran capaces de catalogar a nadie con vocablo tan peyorativo.
Jimmy Carter no puede - o no quiere - desatar sus manos del nudo que le ha tendido Fidel Castro, quien, descontando sus advertencias (falsas o no ) de lo que podría pasar si Washington no tomaba el asunto con toda la seriedad que se merecía, está ejecutando su propio Nudo Gordiano y librando una batalla gloriosa frente a la recalcitrancia de su enemigo de siempre. Castro está vaciando, legal y oficialmente, al país de casi todo lo que le estorba y sirviéndolo en bandeja de azúcar a una nación que ya tiene sus propios problemas de esa índole. Finalmente Carter parece dar muestras de una reacción civilizada. La avalancha de cubanos se está haciendo insostenible, prácticamente está cundiendo el pánico y hasta los balseros haitianos comienzan a quejarse por el trato preferencial que están recibiendo los cubanos en el mar y en tierra firme. Cuando el número de cubanos arribados a las costas de La Florida llega a la cifra de 10 000 el Presidente Demócrata decreta el "estado de emergencia". El "estado de emergencia" no significa que ordene parar el éxodo. Significa que se necesita dinero fresco para poder "ayudar a los ciudadanos honestos que se están librando del comunismo". De modo que destina 10 millones de usd para ello. Castro se apura porque sabe que parte de ese monto llegará de una u otra forma a sus quintas columnas en Miami que no demoran en darle uso en el continente y enviarlo a la isla tras una suigéneris manera de lavarlo. Muy pronto la cifra se llama 50 mil cubanos "marielitos" y entonces el Departamento del Estados convoca a Carter. Los Sistemas de Seguridad Nacional no se sienten vulnerables pero es hora de actuar.
Yo - que he abandonado la redacción de notas realmaravillosas destinadas a Maggy P. Barrios y que por supuesto he dejado de recibir las suyas art decó - hago mi propia convocatoria. Así que un atardecer reúno a mis padres y a mi hermana en la sala de la segunda casa para decirles que es muy problable que Jimmy Carter corte el éxodo de cubanos de un momentos a otro y que en ese caso seguramente Fidel Castro clausurará el puerto de Mariel. Les pido de favor que no sigan intentando cortarme los hilos ( la frase es de mi mamá), que no me repitan más que no desean que llegue solo a los Estados Unidos, que no sean pájaros de mal aguero con su redoble de tambores asegurando que puedo morir ahogado en el mar, catapultado desde la cubierta de esas bateas recargadas, que acaben de decirme está bien vete y ojalá que no te rechacen sin que me sigan jodiendo con eso de que yo puedo ser un anticomunista probado pero que todavía soy muy joven y no tengo un solo documento que me acredite como perseguido ideológico porque es hasta cierto punto verdad pero tengo que jugármela toda vez que probablemente no se presente otra oportunidad como esa en muchos años. Mis padres siguen haciendo silencio hasta que les digo que estoy seguro que se pasan la noche rezando porque cierren Mariel y yo tenga que quedarme como un comemierda en un país que no me dará nada si no doblo las radillas y que esa carrera de Derecho que tal vez me permitan cursar no me servirá para nada porque es imposible que tire por la borda el diseño con el que ellos me concibieron. El amor de padres y el silencio de mi hermana estaban pudiendo más que mi proyectos y que mis perretas. Coño, hijo, es que tendrías que viajar en una chalupa para diez personas que viaja con cien, es que nadie te está esperando allá porque no tengo contacto alguno con los pocos amigos que se han ido, porque Virgilio tiene otros compromisos y porque aunque tengas casi 24 años todavía te queda mucho por aprender, dijo mi padre en su cabecera de siempre, sentado frente a la mesa a la hora de la comida. Recuerdo que no agregué absolutamente nada y le pedí a Tery que me acompañara al patio. En ese instante llegó Peperramos a casa. Al fin me lo dijeron, dijo. Los cuatro sabíamos muy bien qué era lo que le habían dicho y quiénes se lo habían dicho. Mandaron a los cuatro para Mariel, gimió. Peperramos terminó la frase deshecho en lágrimas. Lágrimas nuevas después de tantas lágrimas viejas implorando a todas las autoridades para que le dijeran en dónde rayos estaba su hijo Guillermo y sus amigos Berto, Sergio y Bernardo. Seguro que ya están en Miami, Pepe, así que tranquilo, dijo mi mamá. Ojalá, Niña, ojalá, qué hijos de putas son todos estos comunistas de mierda, si no lo obligan sé que jamás se hubiera ido. Como Peperramos solamente vino a darnos la noticia se marchó enseguida para las otras casas con el mismo propósito. Mi papá me observó de reojo, respiró profundo y pegó sus hombros al espaldar del taburete pero no dijo nada. Los cuatro recordábamos las tantas veces que los Hermanos Cagatrillo se habían "burlado" de mí por querer "tumbar" a Fidel Castro. Volví a salir con mi hermana al patio. Pero cuando me preguntó que para qué quería que estuviéramos solos le dije "olvídalo".
La asombrosa cifra de 50 000 cubanos arribados a las costas de los Estados Unidos de manera semilegal y barcodirigidos por Fidel Castro desde que consideró que en materia de shows él no tenía por que ser el perdedor llevó a Jimmy Carter a lanzar su famoso Plan de los 5 Puntos. Los 5 puntos del plan establecían estabilizar la inmigración con ciertas preferencias obvias, eliminar todos los viajes por mar so pena de confiscación de las embarcaciones, de multas e incluso de prisión, devolución de los indeseables a La Habana y aceptación de la buena voluntad de algunos países latinoamericanos para aceptar asaltadores de embajadas y marielitos sin patrocinadores cercanos en Estados Unidos. Antes de que los cinco puntos del manicero cobraran vigencia salieron desde Mariel mas de 70 mil cubanos que elevarían la cifra en números redondos hasta los 120 000 . Todavía Carter no consideraba a Fidel Castro su "amigo" pero lo tenía en Agenda para el futuro. La pragmática de Jimmy jamás le permitió asumir que Castro le había tendido un puente sobre su propio Rubicón por donde pasaron sus enviados de la manera y a la hora en que él quiso. La pragmática de Carter le hizo creer que él sólo había tenido la oportunidad histórica de acoger a más de 100 mil ciudadanos "esclavos del comunismo" que decidieron jugarse la vida antes de continuar viviendo y padeciendo bajo la bota comunista de los Hermanos Castro, y que no le habia escurrido el bulto. La praxis de Fidel no existe. Porque Fidel no tiene agallas. Fidel solo calcula y a veces la ecuación le resulta. Gran parte de la bancada republicana en el Congreso lamentó que este segundo éxodo también hubiera ocurrido a costa de otro Presidente Demócrata y algunos agoreros estuvieron seguros de que no sería el último. Hablando de praxis y de agallas no es vacuo destacar que solo cuando se den a la luz todos los documentos del período es que podremos atenernos a todas las verdades oficiales. Pídanle a Dios los religiosos y pídanle a la Diosa Verdad los ateos que ello ocurra antes de que las tumbas infalibles se hayan llevado al manicero que terminó por ir a visitar a su "amigo Fidel" y al pichón de capitán general que expresó algunas palabrejas sobre la "honestidad" del demócrata.
Poco después de mi cumpleaños 24 y cuando Maggy P. Barrios se estaba cansando de leer y de redactar noticas insulsas sin que se vislumbraran cuadraturas de rombo, las mismas que se habían espaciado lo suficiente como para que ella se preguntara cosas, una tarde de verano se apareció de sorpresa en mi casa. Hacía mucho tiempo que no la veía. Entiéndase tiempo en el sentido de más de tres años. Recuerdo que los contactos se reavivaron después de que una tía política había coincidido con ella en Caibarién y la rubia había preguntado por mí de una manera tan desenfadada que mi tía pasó primero por mi casa para contarme del encuentro. Yo había estado en su casa durante mi convalecencia del trauma craneal pero esa ocasión no estaba - su tía abuela Luz Marina, con la que vivía, me recordaría siempre que aquel día yo empecé a "pretenderla" - y no había podido verla. Cuando ella devolvió la primera visita con urgencia de post adolescente ya yo había regresado al Batallón. Después la relación notidirigida se mantuvo estable a través del concierto de folios manuscritos que trasladaba mi hermana. Las notas incluyeron un par de fotos. Su cara preciosa debajo del pelo melocoton y sobre el cuello regio y su sonrisa perfecta aliviaron siempre el sopor de mis ojos en las noches articas y solitarias del campamento. Una semana después, en un domingo de playa, nos comprometimos desde fondo de las salivas debutantes. Solo con una condición, no le dije. Cuál, no preguntó. No podré serte fiel nunca, amo demasiado a la señorita libertad, no importa que de momento me haya rechazado.
Los sucesos de la Embajada del Perú y la Estampida del Mariel tuvieron suficiente competencia en la prensa nacional como para que no pasara desapercibida ante mis ojos vocacionales. El tercer acontecimiento del año llegaba también desde Perú. Lo protagonizaba un Grupo Revolucionario de orientación marxista-leninista que se había atrevido a incluir la palabra "maoísta" en el fondo de sus apellidos. Como quiera que La Habana era el núcleo de los Movimientos Revolucionarios en América Latina, la irrupción de un nuevo grupo guerrillero que comenzaba a luchar contra "la oligarquía con las armas en la mano" era una bendición atea para el Movimiento Revolucionario Internacional. La suspicacia del Gobieno Cubano para con la palabra maoísta se contrarrestaba con las palabras marxista y leninista y por el hecho de que los combatientes peruanos habían elegido una frase del gran comunista doméstico, José Carlos Mariátegui, para nombrar a su Organización. Mariátegui había fundado el Partido Comunista de Perú en 1928 y había expresado que "el marxismo-leninismo abrirá el Sendero Luminoso hacia la revolución". La Habana estaba encantada con el jugador novato recién integrado en el Equipo de la Internacional Comunista y comenzó a guiñar sus ojos sin intermitencia en dirección al Occidente de Suramérica hasta que el filósofo en bancarrota Abimael Guzmán dijo que Cuba era un "satélite de Moscú". Solo entonces el genial profeta Fidel Castro cayó en la cuenta de que Sendero Luminoso era una organización terrorista.
Finalmente tuve que asumir que se me había escapado la gran aventura del Mariel y que no me quedaba otra alternativa que esperar una segunda oportunidad. Para entonces mis oídos respetuosos se cerrarían al coro de la sangre del clan y solo habrían de escuchar el grito de mi conciencia. Retomé el intercambio epistolar con algunas amigas que había conocido a través de la Radio Internacional y un día me llegó una carta de Lima firmada por una chica llamada Ester Techy Bernuí Atachagua.
Nada, que inobjetablemente era el año de Peru en el cachumbambé de mi vida.
Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Agosto 4 del 2015.
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