Sunday, July 26, 2015

BOLIVIA: EL MAR QUE NO ES.-




Si de Rómulo viene Roma, de Bolívar viene Bolivia.
Padre Manuel Martín Cruz, Diputado por Potosí, 1825.

Igualmente agradecido.
Simón Bolívar.



Te voy a regalar un libro que te interesará caleta, me dijo Blankita La Bella Otayza una medianoche invernal del año 2002 en que hablábamos webadas por teléfono. Nómbramelo, le pedí. Adiós al séptimo de línea, agregó. Hice silencio. Déjame pensar, expresé. Te dejaré hacerlo aunque sabemos muy bien que pensar no es tu fuerte, sonrió. Cuál es "mi fuerte", inquirí. Otras cosas, poh Luchito, a ver, qué sabís del libro. Jorge Inostrosa, cinco tomos, recreación de la Guerra del Pacífico mediante elementos realficticios e incluso semireales y semificticios. Wao, muy bien cubanito, qué más. Nada más, el resto es Historia Contemporánea de Chile y agregar que Inostrosa es un autor norteño que conoce la geografía de los hechos mejor que nadie. Si desearas un beso te lo enviaría. No te da verguenza ser tan bonita. Esa es una frase desesperanzadora. Tienes un par de apellidos italianos y viviste en Bolivia. Tienes un par de apellidos hispanos y vives en Chile. Adiós al último de línea es La guerra y la paz de ustedes. No exagerís, poh webón. Tolstoi dando latigazos en las espaldas encorvados de sus siervos antes de pedirles perdón y Jorge caminando sobre el desierto en busca de toda la verdad. Te llevaré los libros el fin de semana. Me parece fantastibuloso. Qué palabras, dios mío, tendrás que repararlos porque están viejitos y gastados y son cinco. De modo que tendré que hacer dos reparaciones. Pesado. No te da verguenza... Ser tan bonita.

Entonces el salitre era el oro blanco. Los nitratos de potasio y de sodio se expandían por el Salar de Ayuni en Bolivia y por el impacable norte de Chile. Desde las instalaciones salitreras los transportes partían cargados de ácidos nítricos, de ácidos sulfúricos, de fertilizantes y de dinamita. Las Guerras por la Independencia habían definido las fronteras de los hermanos americanos y Bolivia - la tierra eternamente agradecida al Libertador Simón Bolívar - disponía de unos 400 kilómetros de litoral en el Océano Pacífico. Allí estaba la rica ciudad portuaria de Antofagasta cubierta por polvo de salitre, compartiendo espacios con Chile Septentrional y viviendo sobre las tierras salitreras más ricas del mundo. La población de Antofagasta era mayoritariamente chilena y los capitales británicos y chilenos copaban gran parte del negocio del salitre. Bolivia adentro, Alemania y Estados Unidos eran los amos del negocio. Los Tratados Limítrofes de 1874 dejaron bien claro que en el futuro no habría agregados territoriales y La Paz se comprometió a no subir unos impuestos que ya estaban resultando demasiado onerosos después de la tasa de los diez centavos por quintal  de salitre exportado. Muy pronto el Presidente bolviano Hilarión Daza pisoteó su promesa y retiró la Licencia a la Compañía Chilena de Salitre y Ferrocarril de Antofagasta. De nada valieron las protestas de los dueños de la CCHSF ni las notas de advertencia del Gobierno de Santiago de Chile. Daza respondió embargando los bienes de la Cía y poniéndolos a remate. Entonces el Presidente de Chile, Aníbal Pinto, se considera libre de no seguir cumpliendo los acápites del Tratado Limítrofe de 1874 y ordena la ocupación militar de Antofagasta en Febrero de 1879. No existe una declaración formal de guerra pero ya la Guerra del Pacífico está en marcha. Solo después de la toma de Calama es que Pinto declara oficialmente la guerra a Bolivia y a Perú. Lima tenía un Tratado Secreto con La Paz y se ofreció a intervenir como mediador en el conflicto. De modo que no pudo permanecer neutral y no le quedó otra alternativa que entrar en guerra contra Chile. Un año después, tras la derrota en la Batalla de Tacna, Bolivia se retira de la contienda porque sabe que no tiene posibilidades de mantenarla y mucho menos de ganarla. Cuatro años más tarde Perú se rinde a las tropas chilenas después de una resistencia proverbial en Lima y en las estribaciones de Los Andes. La Guerra del Pacífico despojó a Perú de la ciudad de Arica y de la región de Tarapacá. A Bolivia de la ciudad de Antofagasta, de un litoral de mas de 400 kilómetros y de un territorio de 120 mil kilómetros cuadrados. La longitud de la costas chilenas se disparó. Desde entonces la rivalidad entre las dos naciones del Tratado Secreto y Chile no ha hecho mas que agravarse. Bolivia es incapaz de aceptar que una guerra como otra cualquiera le haya privado de tanto territorio y sobre todo de su salida al mar, sometiéndola a una mediterraneidad humillante. Tampoco se conforma con el colapso del guano ni del salitre en estado puro en favor del salitre sintético alrededor de 1920. Esperó pacientemente por un Tratado de Paz que definiera oficialmente cómo quedaría la historia después del colapso de 1879. Hasta 1904 que Santiago de Chile decidió sentarse a conversar. El Tratado se firmó bajo el nombre "de paz y de amistad". En verdad hay pocas guerras tan parecidas a una guerra imperialista.

Imagínate, Luchito, al marino y abogado y Comandante y esposo y padre enfrentando al monitor Huáscar en la Batalla Naval de Iquique en condiciones tan desventajosas. Más que imaginarlo, querida, puedo ver a Arturo Prat Chacón vistiéndose de gloria sobre la corbeta Esmeralda, ordenando que nadie se rinda mientras el espolón del Huáscar orada  su barco y él exige el abordaje para que sus hombres puedan combatir cuerpo a cuerpo contra los hombres del Almirante Manuel Grau. Chuta, cubanito, y esa bala que lo alcanza a quemarropa porque él sabía que se dirigía al suicidio. Yo puedo ver al insignie peruano Manuel Grau tomando respetuosamente cada uno de los despojos de Arturo Prat y guardándolos como tesoro indeleble en espera de devolverlos a su viuda e hijos y puedo sentirlo redactando palabras tan hermosas para retratar el heroísmo y la gallardía del Comandante Chileno. Porque mi querido Luchito, todavía había hombres que peleaban por honor. Adoro el honor. Lo sé, cubanito. Dime tú de la Batalla de Angamos. El Huáscar perdió allí y hoy descansa como  trofeo de guerra en la bahía de Talcahuano, dice. Fue el turno del "caballero de los mares", Manuel Grau, digo. Los chilenos ripostaron la gallardía del peruano y trataron a sus restos - un pedazo de pierna velluda y una bota militar - con la misma devoción que ellos trataron al cadáver de Prat, matizo. Espero verlo alguna vez aunque solo fuera para sentir los pasos de Arturo sobre su cubierta y mirar al fantasma del gran Grau calibrando su cuerpo en la ronda sagrada del honor, agrego. Viva Chile, carajo, estalla ella. Que vivan los peruanos de La Catedral, bonita. Que viva América, cubanito. Pasarían varios años antes de que yo visitara Talcahuano y pudiera mirar a la mole del Huáscar meciéndose en la Segunda Zona Naval, convertido en museo, sobre las aguas tranquilas de la bahía, a la vera de Concepción.

El fin de la Guerra del Pacífico no trajo la paz inmediata sino solamente un tregua. En 1902 los presidentes José Manuel Pando, de Bolivia y el chileno  Germán Riesco se sientan a la mesa de negociaciones. El Tratado de Paz y Amistad estipulaba que Chile financiaría y construiría un ferrocarril que saliera desde la ciudad de Arica y llegara hasta La Paz amén de toda una serie de ramales que unieran a los dos países y que dieran acceso a Bolivia a otros puertos chilenos del Pacífico. Que Chile cancelaría gran parte de las deudas bolivianas y que ofrecería créditos frescos con bajos intereses. Que permitiría el libre tránsito de las mercancías bolivianas hacia puertos pacíficos y que Bolivia podría tener sus propios mecanismos aduaneros sin interferencia del Gobierno de Santiago de Chile. Que Chile compensaría la pérdida de tan vastos territorios con una suma millonaria en metálico. Para el caso en que aparecieran desacuerdos futuros el arbitraje estaría comandado por el Emperador Alemán Guillermo II. Muy pronto el Káiser renunciaría a tan alto honor y entonces el asunto pasó a La Haya, a la Corte Internacional de Arbritaje.
A pesar de que Chile cumplió el grueso de lo estipulado en el Tratado de 1904 Bolivia jamás estuvo conforme con el trato recibido y nunca pudo recuperarse del Síndrome de la Mediterraneidad. Los puertos del Pacífico estaban demasiado lejos porque no eran suyos y a La Paz no le gustaba la palabra "concesión" ni la combinación fonética "tratos preferenciales". Consideraba que estaba recibiendo migajas del vencedor. Y consideraba que tenía derecho legítimo a la recuperación de su litoral de 400 kilómetros que había heredado de la independencia en 1825 y de la magnanimidad del Libertador que había dado nombre a la nación en el mañana de Los Virreinatos. Dieceiséis años después intentó revisar el Tratado de 1904 en el marco de La Liga de las Naciones. Chile expresó que "no había nada que revisar" y el intento no prosperó. Veintiocho años mas tarde los países del hemisferio se reúnen en Bogotá en el marco de la IX Conferencia Interamericana y en base al Artículo 23 de la Carta de la OEA firman el Pacto de Bogotá, históricamente conocido como Pacto Americano de Soluciones Pacíficas. Todas las bondades del Pacto no fueron suficientes para contentar a la delegación boliviana. Por una simple razón: Bogotá no contemplaba resolver "cosas ya resueltas a través de tratados o pactos". Vale decir, el Pacto Americano de Soluciones Pacíficas no podía tener carácter retroactivo. Bolivia y Chile firmaron el Tratado con reparos.
Para colmo de males en 1962 Bolivia acusa a Chile de desviar el caudal de las aguas internacionales del Río Lauca. El Lauca nace en el Altiplano Chileno - Arica y Parinacota -, cruza Los Andes y termina su recorrido en tierras bolivianas. Desde los años treinta del siglo XX Chile había utilizado las aguas del río para irrigar el Valle de Azapa sin hacer caso de las protestas bolivianas que insistían en la internacionalidad del río. Chile basaba sus argumentos en que no estaba desviando las aguas del río sino solo utilizando estuarios y humedales de su curso. El conflicto alcanzó su clímax en 1962 cuando el Presidente de Bolivia, Víctor Paz Estensoro rompe relacionas diplomáticas con Santiago de Chile. Entre líneas era muy fácil apreciar el tono de la ruptura "no pueden apoderarse de todas nuestras aguas". Los humoristas chilenos se ceban con sus "hermanos bolivianos". Nace un chiste de antología. Un showmnan pregunta a su auditorio "cómo un militar ordena en Bolivia que se de inicio a la marcha de sus soldados". El showman espera una respuesta que sabe no llegará y entonces dice "de frente.....tierra". La mitad de sus fans aplauden con desenfreno, La otra mitad apenas sonríe y siente que no es honorable burlarse de quienes se han quedado apenas con algunos ríos en la vertiente occidental y con un lago con nombre de pollito hediondo en donde solo pueden navegar chalupas de la prehistoria. Finalmente el humorista dice "na que ver, es solo una broma para los hermanos bolivianos".

Aparte de la todavía mediterraneidad de Bolivia nos quedan dos cosas en el escenario de la Guerra del Pacífico, no lo olvides cubanito. En cuál de los vastísimos escenarios, pregunto. En el Desierto de Atacama. Seguramente te refieres a las Oficinas Salitreras, a Humberstone y a Santa Laura, diserto para demostrar que sé de verdad sobre la historia de su país. Sí, poh, y que son Patrimonio de la Humanidad. Aún yo no conocía a Pamela Ayala de Calama ni estaba fichando información para mi cuento Hijo del salitre. Cuál es la otra cosa, le pregunto. Como dices tú, el Movimiento Obrero. Huelga Nacional en 1907, digo. Masacre obrera en la Escuela Santa María de Iquique, dice. Luis Emilio Recabarrén, agrego. Fundador del Partido Socialista Obrero de Chile, apunta. Semilla del actual Partido Comunista, defino. 

1975 es un año en que las Dictocracias están de plácemes en muchos países de America Latina. La guerra a muerte contra el comunismo y contra todo foco revolucionario no se detiene al sur del Río Bravo. Los zoológicos y las selvas se vacían de gorilas y las fábricas de la muerte trabajan a tiempo completo desde sus laboratorios secretos. En Chile Augusto Pinochet manda desde 1973 por sobre el aldabonaso de Salvador Allende en el día aciago de La Moneda y en La Paz lo hace Hugo Bánzer desde 1971 después del golpe artero contra Juan José Torres. Si tantos gobernantes civiles no han podido ponerse de acuerdo para tratar de resolver el problema de la mediterraneidad de Bolivia y terminar de revisar de una vez por todas el Tratado de 1904 entonces tendrán que hacerlo las nuevas hornadas de estadistas que han salido de la Escuela de las Américas y de los socavones más retógrados de la indignidad humana. Pinochet y Bánzer se citan en la estación de ferrocarril de Charaña el 8 de Febrero de 1975. Las charlas entre colegas no están exentas de suspicacia y habrán de durar tres años en medio de la reanudación de relaciones diplomáticas. A cambio de entregar terrenos a Bolivia para que pueda salir al mar, Chile desea una franja de tierra en su frontera norte con Perú, extendida desde el Pacífico hasta su frontera con Bolivia. Lima - que desea fronterizar con su antiguo aliado de guerra y que no olvida que nunca fue consultada a raíz del Tratado Territorial de 1929 - no está interesada en seguir teniendo a los vecinos buscaguerra debajo del paralelo divisional. De modo que responde no al requerimiento de Santiago de Chile y de esta manera el posible acuerdo no prospera. En 1978 vuelven a desbaratarse las relaciones diplomáticas. La aviación oficial no da abasto con tanto diplomático que hace las maletas en ambos lados de La Cordillera. El archifamoso Abrazo de Charaña entre el de par colegas del cono sur no pasó de ser un ligero apretón de pectorales y posiblemente de unas palmaditas falsas en las clavículas autogalonadas.
Mientras la "Agenda Chile" y "Nuestra Mediterraneidad" permanecen en las gavetas priorizadas de la mesas del Gobierno en La Paz Bolivia explora otros horizontes. En 1990 firma un Acuerdo con Brasilia mediante el cual Brasil le garantizaría una salida al Océano Atlántico a través del Gran Puerto  de  Paranaguá en el Estado de Paraná. Sin embargo el Documento no fue enviado a la Cámara de los Diputados y Bolivia se cansó de esperar por la promesa de sus hermanos orientales. Dos años mas tarde los presidentes Jorge Paz Zamora, de Bolivia, y Alberto Fujimori, de Perú, acuerdan que Bolivia salga al Pacífico a través del puerto de Ilo. Pese a toda la infraestructura portuaria  y a los esfuerzos de los dos países porque el proyecto fructifique el asunto no acaba de despegar. Parece que solo con la recuperación de aquellos 400 kilómetros de litoral es que cualquier proyecto marítimo boliviano tendrá razón de ser. Y cuando parecía que el socialista Ricardo Lagos iba a colaborar seriamente con Gonzalo Sánchez de Lozada en el traslado y comercialización de parte de las inmensas reservas de gas natural descubiertas en Bolivia a través de puertos chilenos, Sánchez de Lozada renuncia al Poder y huye del país. Lagos considera que no hay nadie con quién mantener una conversación seria en La Paz y otra vez se cierran todas las puertas. Los chilenos lamentan el fracaso de las conversaciones porque el gas boliviano podría haber llegado más barato al mercado chileno, toda vez que Chile estaba dependiendo de las fluctuaciones, a veces caprichosas, del gas argentino. Para entonces yo estaba en Chile y asistí a las diatribas de parte de la prensa nacional y de los empresarios energéticos contra los proveedores argentinos. Porque en verdad se urgía de proveedores confiables y de precios estabilizados en pro de la demanda en una nación que estaba creciendo como nunca antes.
Entonces el futbolista amateur de poncho multicolor y ancestros aymaras llegó al Palacio de Gobierno en La Paz. El mundo sabía qué pasaría con Evo Morales. También lo sabía la Gordy Bachelet. Dos mandatarios sufridos, populares y con el colimador centrado en el corazón de sus pueblos podrían dar el toque definitivo al affaire del mar. En el principio se trató de una Agenda de trece puntos que intentaría resolver el atávico diferendo y para solaz de las partes el diálogo arrancó con buenos pies en ambas capitales. Era el año 2006 y todavía Evo hablaba de integración y no de reivindicación. Exactamente lo que siempre había deseado Santiago de Chile. Que jamás compartió las tesis bolivianas de la "discriminación de todo estamento nacional en las carreteras, ferrocarriles y puertos chilenos". Cuando Chile negaba las acusaciones parecía recordar "no olviden que se trata de jurisdicción y no de soberanía y no podemos controlarlo todo". Entonces el aymara del pelo partido al medio comenzó con sus "reformas" en La Paz, meduzas extrapoladas de los misterios del ALBA y del Eje del "Bien".  Presentó otra Carta Magna y en ella podía leerse que "la reivindicación marítima de Bolivia es constitucional". He endurecido mi discurso porque el diálogo está estancado, diría en el 2011. Un año después - en medio de un crecimiento país alucinante, de una popularidad voluble y de una aparente integración con sus hermanos de causa - amenaza con demandar al Gobierno de Chile  ante el Tribunal Internacional de La Haya. Porque Evo Morales está envalentonado desde que en el 2008 Perú logro llevar al Gobierno de Santiago de Chile ante el Tribunal de Naciones Unidas buscando delimitar fronteras marítimas imprecisas en el Océano Pacífico y el Tribunal había fallado en favor de Perú y Chile debió acatar la decisión con la consiguiente pérdida de una riquísima franja de mar en la frontera norte de 38 000 kilómetros cuadrados, hecha efectiva en el 2014. En el 2013 el Reformador de Constituciones y el Elegido para la Eternidad da por cesado el Tratado de 1904. Los agregados militares chilenos en el exterior y los compradores de metralla del Ministerio de Relaciones Exteriores comienzan a solicitar los nuevos catálogos de las grandes fábricas de la muerte. Porque habrá que apertrecharse mejor que en 1879. No importa que Ecuador tenga su propio diferendo con Perú. Los Ejes se entienden y se complementan en los momentos álgidos.
Evo Morales nunca pudo explicarse por qué motivos si la relación de La Paz con los Gobiernos Brasileños siempre fue, al menos, aparentemente correcta, el Acuerdo de 1990 no fue enviado a la Cámara de Diputados hasta el año 2005. Nadie hizo nada por darle curso. Ni Fernando Collor de Mello ni su amigo Lula ni su amiga Dilma. Pero lo mas curioso, pensaba Evo, era que tuvieron que pasar diez años más antes de que al fin el Senado lo ratificara en Junio pasado y que el trámite hubiera demorado ahora solamente dos semanas. Sus analistas diplomáticos no habían encontrado nada parecido en toda la historia de Bolivia y sus relaciones internacionales. Para entonces - y metido de lleno en el Asunto del Mar con Chile - Evo casi que se había olvidado de que Bolivia tenía una vertiente oriental vecina en donde había ríos portentosos que desembocaban en el Atlántico y en donde había una ciudad obtusa y rebelde llamada Santa Cruz de la Sierra que, por suerte, había bajado un poco sus decibeles de ciudad "occidental" y se estaba integrando paso a paso al gran concierto nacional.
El Acuerdo de 1990 - que debería llamarse ahora "del 2015" - garantizará a Bolivia un depósito franco en el Gran Puerto de Paranaguá. Paranaguá es posiblemente la mayor terminal de granos de Latinoamérica y está en el Estado de Pananá. Por él Bolivia podrá exportar e importar lo que desee. Sobre todo exportar soya, quinua y minerales, teniendo en cuenta que la gran demanda de gas y de petróleo ahora está en Asia, para lo que cuenta con los puertos peruanos de Ilo y de Matarani en el Pacífico. La Hidrovía que lleva al Océano Atlántico abre en Puerto Cáceres, estado de Matto Grosso, Brasil, pasa por Puerto Busch en el Departamento de Santa Cruz - hasta aquí llega una carretera desde Puerto Suárez - en donde está la Terminal de Carga sobre los ríos Paraná y Uruguay. En Nueva Palmira - departamento de Colonia, sobre el Río Uruguay, casi en el nacimiento del Río de la Plata - Uruguay permitirá paso libre, sin cargas impositivas. Podrán navegar todos los barcos que tengan hasta diez pies de calado. En estos momentos todas las autoridades implicadas están viendo espacios en zona franca así como costo de instalaciones. Evo Morales y sus socios inversores de tierra adentro ya levantaron el altar aymara para pedir a sus dioses que nadie engavete un proyecto del que tanto necesita Bolivia en tanto se logre dilucidar de una vez por todas, el tema de la mediterraneidad con Chile.
Porque Ilo, Matarani y Paranaguá son solo tres puertos "de otros". No importa que sean de "otros amigos". Los puertos bolivianos son Antofagasta y cada una de las caletas que tengan suficiente profundidad en los 400 kilómetros que le fueron arrebatados durante la guerra "imperialista" del Pacífico. Si su socio de aquellos tiempos pudo ganar el pleito de la mar a través de la decisión del Tribunal Internacional de La Haya, por qué no Bolivia. Los pueblos necesitan de presidentes de poncho en pecho para poder demandar sus derechos.
Evo Morales cree que es el tipo indicado para hacer que las nuevas carreteras y los nuevos ferrocarriles lleguen hasta el litoral boliviano que volverá a ser. Ahora bien, qué es lo que va a pasar con los ciudadanos chilenos que viven y trabajan y tienen propiedades allí en lo que espera sea de Bolivia alguna vez, es otra historia. Y Evo Morales no tiene tiempo ahora para ocuparse de un asunto tan secundario.

Soy una mujer con el síndrome de la mediterraneidad, dijo Blankita. Te ayudaré a llegar hasta la costa, dije.



Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Julio 26 del 2015.














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