Oh, la pupila insomne y el párpado cerrado.
R.M. Villena.
Hace falta una carga para matar bribones
Para acabar la obra de las revoluciones.
R.M. Villena.
La Casona es imponente.
Imponente y neoclásica.
Custodiada por las Embajadas
de Lituania y de Polonia.
Muy cerca de la Casa Blanca.
Tiene tres plantas.
La piedra es caliza.
La Casona es un diseño
del estudio de arquitectos MacNeil.
Se levantó en 1916
para ser sede de la Legación de la República De
ante el Gobierno de USA.
En 1917 estuvo lista.
Entonces la barriada se llamaba Meridian Hill.
Hoy se llama Adams Morgan.
La planta principal tiene seis puertas.
Detrás de cada puerta hay una oficina.
Sobre cada puerta hay un escudo
porque La República De aquel año
tenía seis provincias.
La gran escalera de mármol se eleva
hasta el piso superior
en donde
hay un Salón de Eventos.
En uno de los laterales
en el año 2011
se inauguró el bar Ernst Heminway
a donde solo son invitadas
personalidades especiales.
La Casona se parece mucho
a las Casonas del Barrio Exclusivo
de La República De
aquellas que fueron erigidas
sobre los cimientos del azúcar y las espaldas silenciosas
tras el fragor de la metralla.
En 1923 La Legación se graduó de Embajada.
Varios Presidentes de La República De la visitaron.
Hasta el Bisoño Comandante del Potro Falso en 1959.
Un halo de soledad y de misterio
cayó sobre La Casona
entre 1961 y 1977.
En las riberas del Golfo
los Mandatarios se auscultaban
desde sus prismáticos inservibles.
Hasta que La Casona se estrujó en su lecho neoclásico el año
en que las Fieras
decidieron abrir Secciones de Intereses en
las dos capitales.
Checoslovaquia y Suiza
se encargaron de protegerla.
Pero no pudieron cumplir como La República De
hubiera deseado.
En 1978, CORU le arrojó un explosivo.
En 1979 Omega 7 estalló una bomba en su retaguardia.
En el 2000 la diáspora dicotómica
se enfrentó sobre el macadam de su frontis en pro y en contra
de la zaga
del balserito famoso.
Hace unas horas
la bandera de las listas azules y de las listas blancas
y del triángulo rojo con la estrella de plata solitaria
comenzó a ondear en el asta retocada de
La Casona.
En Roma
el Papa futbolista y celestino
reza en su balcón porque los vientos no se tuerzan en la capital
del Imperio
ni se tuerzan mañana en la capital del feudo de la ínsula
para que las banderas sonrían
al nuevo amanecer.
El mulato sigue siendo muy joven
y no tiene tiempo para pensar en memorias calcinadas
ni para preguntarse qué obtendrá a cambio
de este affaire sorprendente.
Yo me decanto por el Himno Glorioso
que nadie habrá de profanarnos.
Y me inclino ante la bandera que fue
antes de que el estudio de arquitectos MacNeil
levantara La Casona que algún día sería.
Cuando flamear no era asunto de Papas Infrecuentes
ni de Basquetbolistas Cansados
ni de Hermanos Supuestamente Reformistas.
Wechester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Julio 21 del 2015.
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