Se ha dicho hasta el cansancio que los jerarcas del Estado Islámico tienen toda la cobertura que necesitan y más a través de sus varios portales de Internet. Que cuentan con asesoría profesional de simpatizantes de Occidente y que cada vez que suben algo a la Red las voces e imágenes se convierten en una cosa viral. Ahora, cuando le ha tocado el turno a la destrucción masiva de la cultura ancestral de las civilizaciones que han habitado en el actual territorio de Irak, los grandes conocedores de la Historia se han encargado de citar nombres de pueblos y de imperios sin escatimar espacios ni en la prensa plana ni en el universo cíber. De modo que a estas alturas del partido todo el que lo ha deseado sabe quienes fueron sumerios y asirios, babilonios y partos, acadios y medos, otomanos y occidentales llegados últimos al festín del oprobio. Los no iniciados en las profundidades más abisales de la Historia de la Antiguedad Clásica ni en los misterios de los Libros Sagrados han tenido acceso fácil a palabras como Mesopotamia y Babilonia, Nínive y Nimrud, Persas y Toros Alados, Hatra y Mosul La Vieja. Las imágenes de seres humanos encapuchados - porque no dejan de ser seres humanos desprovistos de sexo detrás de las máscaras negras - desbaratando joyas atávicas que el Ministerio de Cultura de Irak y la Unesco consideran Patrimonio de la Humanidad, se han apropiado otra vez de las redes sociales y aunque ya nadie se asombra de lo que pueda salir de mentes tan fundamentalistamente retrógradas no por eso se deja de visitar cada video con pasión de adictos al polvo y a la sangre. Una nación artificial, creada en base a la ineptitud de dos países para evitarlo más que debido al desbarajuste tribal y a las secuelas de invasiones extranjeras que trastocaron comportamientos, minada hasta los tuétanos, enriquecida gracias al universo de lo impunemente ilegal, armada hasta los dientes, con integrantes de un Ejército sin Escrúpulos dispuestos a inmolarse si el Califa Mayor se lo pide, está haciendo añicos el pasado de un país que todavía trata de sobrevivir en medio del desierto calcinante y de la creciente fértil de sus grandes ríos.
Los expertos en arte de la antiguedad han advertido que la mayoría de las obras destruidas por los fanáticos islamistas son reproducciones en yeso con armaduras de hierro porque los originales están en Bagdad con fines reparacionales y a manera de previsión. Incluso han asegurado que no se descarta sacarlas del país en vista de lo volátil de la situación actual. Pero han advertido que la minoría sí son piezas originales y por tanto irrecuperables. A todas estas todavía no están listas las Brigadas Combatientes que preparan los asesores norteamericanos para el asalto a Mosul y los bombardeos coalicionistas han logrado muy poco en relación con el terreno recuperado a los altos mandos del EI. Si nos atenemos a que la guerra contra el Estado Islámico no será "corta", pues no nos resultará muy difícil concluir que para cuando Irak y Siria recuperen sus fronteras cada uno de los nombres exóticos sacados de las urnas empolvadas por los detéctives del pasado remoto se habrán olvidado de nuevo y ni siquiera nomenclaturas tan sonoras como Sargón, Hammurabi, Senaquerib o Nabucodonosor tendrán cabida en los discos duros de los consumidores de noticias.
Para suerte de nuestra civilización todavía podemos jactarnos de ser testigos de una noticia buena. Las lumbreras del EI han decidido medir la historia de Irak en períodos independientes. Vale decir, como lo han hecho casi todos los historiadores. Pero con una salvedad. Hay períodos históricos que "no sirven" y por tanto no les interesan para nada. Para los períodos en que se adoraron ídolos y se vivió en medio de politeísmos caóticos, los islamistas disponen de hachas, de mazos, de taladros y de excavadoras. Acaso el Gran Profeta no hizo exactamente lo mismo en La Meca para dejar bien claro que el Unico Dios era Alá y que solo el monoteísmo era manantial de sabiduría, de decencia y de progreso?. Por tanto, han establecido que entre el año 673 DC y el 749 DC - que fue el año en que Bagdad se convirtió, oficialmente, en capital del Califato Islámico - se debe tener cierto cuidado con la cruzada de la destrucción masiva del pasado pagano porque fue una etapa "opaca" en la que la presencia árabe comenzaba a hacerse realidad. Así que cualquier cosa que no les huela a "árabe puro" a los inquisidores de "cosas impuras" tiene que ser barrida de la faz de la tierra iraquí. Ahora bien, entre el año 749 DC y el año 1543 en que el Imperio Otomano conquista Irak, todo lo que exista dentro de las fronteras del país es, sencillamente, sagrado. Dentro del país y dentro del antiguo mundo islámico. Esto salva, aparentemente, a lugares emblemáticos como La Mezquita de Córdova o La Alhambra de Granada en España. A partir de 1543 y hasta nuestros días, todo es perfectamente barrible.
La política islamista de tierra arrazada tiene algunas excepciones. El petróleo que existe debajo del suelo iraquí es el mismo que había antes de la llegada de los mahometanos. Los dineros en oro y en plata que hay en los museos son los mismos que circulaban antes de la llegada de los mahometanos. Las obras de arte del período de los Adoradores de Imágenes, que sus tasadores de culturas consideran de "excepción" son salvadas de la razzia implacable. Lo que proporcione dinero no es destruible porque la financiación también es sagrada y porque lo que se vende al mejor postor es como si se destruyera debajo de los mazos y de los taladros. Los hombres fuertes del EI no parecen tener apuros en su afán destruccionista. Lo que debe advertir a los Gobiernos de Irak y de Siria y a todas las Coaliciones formadas y por formar que el Estado Islámico se piensa invencible y que si quieren arrebatarle sus pedazos de tierra enmendada tendrán que hacerlo combatiendo de puerta en puerta, con sus barreminas trabajando a tiempo completo mientras se cuidan de francotiradores tan infalibles como el francotirador de Clint Eastwood.
Trato de establecer un vacío en mi cerebro. Y colocar en él la etapa en que la invasión norteamericana de Irak para descabezar al régimen de Saddan Hussein provocó grandes destrozos en los museos de Bagdad e hizo que el saqueo de obras de arte antiguas se convirtiera en norma y por tanto aquellas fueran contrabandeadas sin alternativas. Los mismos profesionales de la Cultura que se quejaron de aquel pandemonium ahora lo hacen de lo que está pasando bajo la bandera de otros protagonistas a pocas millas de Bagdad. Mientras lo intento recuerdo la destrucción de los Budas Gigantes en el Valle de Amiyán, Afganistán, en el año 2001 cuando el Gobierno Islamista Talibán decidió bombardearlas sin consideración y a los guerreros hebreos derribando estatuas de dioses extranjeros y barriendo adoradores falsos en nombre de Yavé. Cuando considero que ya tengo listo el sitio vacío en mi cerebro y me cercioro de que ya he colocado tales remembranzas lo cierro con siete yaves maestras por si decido sacarlas en algún momento. Y juntarlas con las no menos fatídicas remembranzas de la Historia Moderna Occidental.
Revisando mi Agenda me doy cuenta de que no tengo ningún plan para visitar Mesopotamia en los próximos dos años. Y me duele pensar que si lo tuviera no pudiera recorrer la Creciente Fértil sobre el lomo del Toro Alado de los asirios. A menos que me detuviera en Andalucía para llevarme uno de los toros "astados" de Eduardo Miura. Porque esos toros sí que son sagrados. Son toros del Al Andaluz.
Y están viviendo en tierras sagradas para los desadoradores del Estado Islámico.
O no?.
O no?.
Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Marzo 8 del 2015.
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