Saturday, March 28, 2015

BASE NAVAL DE GUANTANAMO.VISION SUSCINTA. (4).-



El 20 de Abril de 1898 el Presidente William Mc Kinley autoriza "el uso de la fuerza contra España". El Documento Histórico se llama Resolución Conjunta y dice que "Cuba merece ser libre e independiente" y agrega que "Estados Unidos no pretende ningún derecho sobre la isla" y que "luego de la pacificación se retirará". Cuando Washington pide "permiso" para que sus tropas desembarquen y combatan en tierra - protocolo trasnochado pero "normalmente correcto" - los Generales Máximo Gómez y Calixto García responden negativamente. Los prohombres del Gobierno de la República en Armas, con la asesoría del Delegado Tomás Estrada Palma, terminan por "convencerlos" e incluso "logran" que combatan a su vera. El Ejército Americano pisa tierra muy pronto y recibe la orden de conquistar la región oriental del país en donde está ubicada la segunda ciudad más importante, Santiago de Cuba. El Occidente de la isla permanece relativamente tranquilo y es donde todavía las fuerzas productivas intentan hacer funcionar al Sistema. De todas formas Washington amarra al destructor Montgomery en la bahía de Matanzas, en la costa norte, a unos 100 kilómetros al este de La Habana. Contra el General español Arsenio Linares habrán de lanzarse las fuerzas combinadas de los Generales William Shafter y Calixto García.
La respuesta de Madrid a todo lo que traerá aparejado la Resolución Conjunta es urgente. Entrega el mando de la Armada Española al célebre Almirante Pascual Cervera, un hombre curtido en todos los mares del mundo al servicio de la Corona Española. Pero Cervera es conocido, además, por sus críticas a las políticas del Gobierno encaminadas a tratar de mantener Cuba y no se calla la boca cuando tiene que decir que la causa de Cuba hace tiempo que está perdida y que no vale la pena poner ni un solo muerto más ni gastar una sola peseta en la isla. Asegura que acatará la orden de Madrid por disciplina militar pero aclara que considera más importante prepararse para defender a las Islas Canarias y a la propia península de los envalentonados americanos. Madrid desoye sus argumentos y no revoca la orden de zarpar. El Almirante escribe algunas notas para su familia y destaca que sus posibilidades de victoria son casi nulas y que la Armada se encamina hacia el suicidio. Sabe de sobra que la prensa amarilla española - característica que no sólo tiene la de Estados Unidos - ha sido uno de los más grandes impulsores de esta aventura, en donde todos piensan que la venganza de Cavite tiene que darse en aguas cubanas porque el Gran Almirante no es Patricio Mantojo y jamás abandonará a su Escuadra antes del final de la batalla. Cervera navega con la sagrada encomienda de que bajo ninguna circunstancia las tropas norteamericanas conquisten Oriente. El Almirante piensa que puede morir defendiendo un falso honor. Pero es un militar de carrera y nada hará que su disciplina flaquee.
La Escuadra confiada al Almirante Cervera contaba con seis naves - 4 cruceros y dos contratorpederos -  que desplazaban alrededor de 29 000 toneladas. Parte de una Flota de Guerra que era considerada la Sexta en el mundo de la época. Sabedor de que todas las costas cubanas estaban bloqueadas por la Marina Americana tuvo que realizar maniobras casi inverosímiles para poder entrar a la bahía de Santiago de Cuba después de adentrase en los mares de las Antillas Menores en donde no siempre pudo navegar con seguridad. Cuando Cervera se metió en la gran bolsa de boca estrecha que tenía al fondo a la ciudad de Santiago de Cuba todavía la Escuadra Norteamericana no había llegado en su totalidad. Lo haría el 19 de Mayo. Posiblemente ningún americano supiera que ese día se conmemoraba el tercer aniversario de la caída en combate de Jose Martí en Dos Ríos. Así que probablemente nadie pudo dar gracias a Dios porque "ese hombre" no estuviera vivo. El Almirante William Sampson disponía de una Gran Escuadra integrada por 9 navíos que incluían 4 acorazados, 2 cruceros acorazados y 3 cruceros auxiliares reconvertidos a partir de mercantes y barcos de lujo que desplazaban unas 57 000 toneladas. Sampson tenía la orden de enfrentar a la Escuadra Española en dos tiempos. Vale decir con su Escuadra dividida. En ningún caso debía presentar combate de tú a tú.
A partir de entonces Sampson se dispuso a esperar que Cervera saliera de la bahía y le presentara combate en mar abierto. La seguridad del español era falsa. Contra el relativo resguardo de su Escuadra Sanson le imponía el bloqueo total. De modo que Don Pascual informó a Madrid que estaba bloqueado y que los víveres escaceaban, además de insistir en la desigualdad numérica y en la superioridad tecnológica de la Escuadra Americana. La espera en el interior de la bahía llevó a algunos de los subalternos de Cervera a emitir ciertos criterios que le participaron detalladamente. Por qué no incursionar en los puertos estadounidenses de su costa oriental y obligarlos a regresar para defenderlos?. Ello equipararía las futuras acciones. El regreso del Viscaya y del Oquendo desde Nueva York había confirmado lo que era un secreto a voces: Nueva York carecía de defensas. Por qué no realizar ataques nocturnos por sorpresa contra la Escuadra de Sampson y regresar a la seguridad de la bahía?. Las naves españoles eran más ligeras y podrían sortear con mayor solvencia cualquier respuesta americana. Por qué no realizar una salida nocturna escalonada y elegir los sitios en el mar en donde se podría enfrentar mejor a la Escuadra Americana o en su defecto escapar del asedio hasta nueva orden?. En un final habría que salir alguna vez de la aparente seguridad de la bahía. Cervera no oye ni un solo argumento de sus subordinados y comienza a pensar en qué es preferible dejar a toda su escuadra a las puertas de la ciudad y prepararse para ayudar a las tropas de tierra de Linares y dado el caso de que no pueda salvar a su Escuadra hundirla antes de que caiga en poder del Almirante Sampson. Entonces Madrid le cablegrafía, apurándolo. Tiene que terminar con Sampson porque le necesitan en Filipinas. Después de que deje las cosas en orden en Asia podrá regresar a Cuba. Cervera está preparando su enésima nota de alerta para Madrid cuando la Escuadra Americana bombardea a Santiago de Cuba en Junio. Las noticias que llegan a La Habana dicen que Shafter está a punto de tomar Santiago y en ese caso se perderán la ciudad y la Escuadra. El Capitán General Ramón Blanco ordena a Cervera salir inmediatamente de la bahía. Casi bajo protesta, Cervera acata la orden. Pero se queja de que lo envíen al suicidio y pregunta por qué motivos, si le creen tan inepto, no le han sustituido. Vuelve a dudar del honor que se le exige en nombre de un Gobierno desmoralizado en la Guerra de Cuba.
Pascual Cervera y Topete ordena una salida escalonada a pleno sol, por la sección occidental de la bahía. No tiene otra alternativa dada la estrechez de la boca de entrada. Las naves navegan a mucha distancia una de otra. El Almirante va en la Infanta María Teresa. Como William Sampson sostiene una  prolongada entrevista con Shafter apenas puede dirigir el Combate Naval de Santiago de Cuba. Honor que le corresponde al Comodoro Winfield Schly. Tras cuatro horas de combate la Sexta Escuadra del Mundo es destrozada completamente. Pero no se piense que el desastre naval español fue motivado por la puntería de los jefes americanos. El hecho de que las naves hayan podido ser embarrancadas demuestra que no pudieron ser destruidas mediante el fuego de sus cañones. Las pocas escaramusas navales que los almirantes y comodoros americanos tenían en sus récords no le habían permitido ganar la experiencia necesaria como para pulverizar navíos en alta mar. Solo su altísimo poder de fuego, la coraza de sus naves y la ventaja posicional - amén de la inexplicable tosudez de Cervera - le daban un mínimo de ventaja. Algo similar había acontecido en la batalla de Covite. España puso 332 nuertos,  197 heridos y 1670 prisioneros, entre ellos el Almirante Cervera, cuya nave la Infanta María Teresa se hundió frente a la costa norte de Oriente cuando se partió el cable con el que era remolcada hacia la Unión Americana. Estados Unidos puso 1 muerto, tres heridos y salvó toda su Escuadra. Pocas veces en la historia de los combates navales se había visto tal disparidad estadística. Pascual Cervera regresó a España desde las prisiones americanas y su honor fue restituido. Se ha escrito tanto del desastre naval de Santiago de Cuba como del hundimiento del Maine. Los especialistas más connotados atribuyen la increíble derrota de la Escuadra Española no a la superioridad numérica de la Escuadra Americana ni a su superioridad tecnológica. Sino a la pésima conducción del Almirante Cervera que jamás escuchó a sus  capaces subordinados ni colocó una solo idea razonable sobre la mesa de la futura batalla naval. Su desacuerdo con Madrid le llevó a un acto suicida en el que morir por un honor dudoso era lo único que le quedaba. No es cierto que las naves norteamericanas fueran superiores a las españolas. Por lo menos no para lo que fueron diseñadas y construidas. La Escuadra Española necesitaba de naves ligeras y veloces para poder desplazarse sin pérdida de tiempo por los mares en donde todavía le quedaban intereses. Por tanto la madera era uno de los materiales más usados en los astilleros peninsulares. Estados Unidos necesitaba de naves fabricadas con metales pesados, listas para el combate en mares orbitales, porque todavía no era un Imperio en el correcto sentido de la palabra. Por tanto su Escuadra era más lenta. Una salida de la bahía de Santiago de Cuba correcta, en el momento correcto, después que las ideas de sus subalternos hubieran sido puestas en ejecución, hubiera dado otro giro a la batalla naval. Lo que no quiere decir que la suerte de España en Cuba no estuviera echada desde hacía mucho tiempo. Si Cervera se queda en la rada de Santiago y colabora con Linares para enfrentar a Shafter y a García en tierra posiblemente hubiera demorado un poco más la caída de la ciudad y hubiera podido hundir a su Escuadra. Pero tampoco hubiera podido hacer nada por el destino de Cuba. Porque Cuba estaba perdida desde mucho antes de que el acorazado Maine estallara en la bahía de La Habana. Y ello era sobradamente conocido por muchos funcionarios españoles aparte del Almirante Pascual Cervera. Jugar hasta las cartas que no existen en la ruleta del honor y del orgullo es un juego voluble que no se merecen los pueblos.
Ocho días después de la Batalla Naval de Santiago de Cuba, Santiago es bombardeada de nuevo y el día 14 decide rendirse. Los historiadores más imparciales han asegurado que las tropas de Shafter estaban recibiendo una verdadera paliza de los españoles y que solo el empujón sicológico de la victoria naval de Sampson y de Schly agregado a los eventos de Covite fue lo que elevó la moral de unos combatientes que no se medían a nadie desde la Guerra de Seseción. Los historiadores plantean que incluso hizo falta algo más para que los hombres de Shafter pudieran someter a los españoles en Santiago de Cuba. La colaboración del General Calixto García, peleando hombro con hombro con el Ejército Americano. García era un gran conocedor del terreno en donde se combatía y llevaba sobre sus galones la experiencia de mas de treinta años bregando contra el colonialismo español en la región oriental de la isla. El General Shafter entró en la ciudad rendida al frente de sus hombres. Sin compañía. Cuando el General García le preguntó que por qué lo dejaba al margen, humillándolo de esa manera a él y a sus soldados, el americano le respondió que temía porque su tropa se desbandara y cometiera represalias con los vencidos. Calixto García no pudo hacer otra cosa que redactar una célebre carta en donde enaltecía la bondad y la decencia de sus hombres civilizados y le reprochaba actitud tan prepotente. Entonces fue que Shafter se enteró de la anécdota que jamás pudo borrarse de la memoria de los cubanos bien nacidos. Alguien le dio la noticia a la madre de Calixto García de que su hijo había caído prisionero de los españoles y la señora respondió que no lo creía. Entonces el informante agregó que en realidad el General se había pegado un tiro en la frente para evitar ser hecho prisionero. Lucía Iñíguez dijo "ah, ese sí es mi hijo". La carta de García fue archivada celosamente en los cubículos más secretos del Gobierno Americano y desde entonces su nombre se ganó un asterisco. Porque su actitud de ahora era tanto mas radical que cuando se había negado a la entrada de los americanos en la guerra y a pelear a su lado.
El desastre naval de la bahía de Santiago de Cuba y la posterior rendición de la ciudad puso fin al dominio español sobre Cuba. El Ejército Norteamericano ocupó "provisionalmente" la isla y los cubanos más ingenuos creyeron que la Resolución Conjunta era un Documento Real sin segundas lecturas. El Generalísimo Máximo Gómez entró a la ciudad de La Habana al frente de su caballería invicta y fue recibido como un héroe. Muertos José Martí y Antonio Maceo nadie dudaba que el primer presidente de la Cuba Republicana sería él. Solo que el hombre nacido en Bani, República Dominicana, dejó bien claro que era cubano de corazón pero que "nada se le debía". Era un viejo venerable de gran bigote canoso que había perdido un hijo en la guerra - Panchito Gómez, ayudante de Antonio Maceo - y que soñaba con terminar sus días en la Quinta de los Molinos  y con poder regresar a los predios del central Narcisa, en donde había estado al final de la guerra y en donde había lanzado su célebre Proclama de Yaguajay. En tanto se revisaban los postulados de la Resolución Comjunta en Washington un señor con aires de galán de teatro llamado Leonardo Wood es designado Gobernador Militar de Cuba. 406 años después otro Poder Extranjero tiene las botas plantadas sobre el pecho de la nación. Aunque un Documento Oficial asegure que es "de manera provisional". En las postrimerías del Siglo XIX, lo que ha quedado del pueblo cubano después de una guerra devastadora y de la Reconcentración, espera por los acontecimientos que se avecinan.
Los navíos de la Escuadra de Sampson se aprovisionaron de carbón en una magnífica bahía que estaba casi en el límite suroriental de la isla de Cuba. Los mapas decían que la gran bahía se llamaba Bahía de Guantánamo y enseñaban que estaba muy cerca del Caribe Oriental y a unas horas de América del Sur.
A Washington le encantaba la Bahía de Guantánamo.

Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Marzo 27 del 2015.



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