Mientras cubanos, españoles y estadounidenses mueren en el mar y en los campos de batalla Madrid delega en el embajador francés en Washington, Jules Cambon, para que inicie conversaciones con los seguros vencedores relativas al final de la Guerra Hispano-Cubano-Norteamericana. El Gobierno español desea, a toda costa, que sus archipiélagos atlánticos así como sus poseciones en Africa no sean tocados después del fin del conflicto. De momento Washington solo está interesado en los dominios españoles en el Caribe y en Asia insular y prepara los escenarios en París para sentarse a la mesa de conversaciones con Madrid. Esto ocurre el 10 de Diciembre de 1898. El Tratado de París se firma sin ningún representante de las colonias presente y mediante él España es obligada a ceder todos sus derechos sobre Cuba, Puerto Rico, Filipinas y gran parte del resto de sus poseciones en Asia. Tiene, además, que pagar la totalidad de las deudas cubanas y aceptar 20 millones de dólares que es lo que Estados Unidos considera que vale todo lo que ha perdido. No importa que Las Cortes se opongan. La reina María Cristina tiene poder de veto y "acepta" la "propuesta" de Washington. Para los territorios asiáticos que no son del interés de Washington Madrid encuentra un comprador en el Imperio Alemán. Berlín paga 25 millones de dólares por ellos y Madrid no olvida que después de la Conferencia de Berlín solo la intervención del Papa Leon XIII evitó que los arios consiguieran algo mas que una estación naval y un depósito de carbón en Islas Carolinas. Desde que se cerró la última carpeta en París, para España los eventos que le hicieron perder a su Joya de la Corona se llaman "la guerra de Cuba" y "el desastre del 98". Desde entonces no pueden vivir sin ese síndrome y probablemente lo tengan que padecer por el resto de los tiempos. Hubo toda una generación marcada por ese bache histórico y nunca antes sicólogos y neurólogos tuvieron tanto trabajo. Un siglo después España es dueña de gran parte del Imperio Turístico Cubano y no se conocen mejores aliados que Washingon y Madrid en los tiempos que corren.
La veneración de los demócratas estadounidenses por la sacralidad de su Constitución les hizo observar con ojos bien abiertos los tejemanejes del Tratado de París. La Prensa Amarilla descansaba de tanto ajetreo patriotero y los soldados que no trabajaban en Cuba habían regresado a la Patria. Ahora los conceptos republicanos de la democracia podían mirarse como lo habían hecho y redactado los Padres Constructores. Para el Senado solo se había sustituido a un Imperio por Otro y el hecho de que los pueblos colonizados no estuvieran presentes durante las conversaciones y la redacción de las nuevas leyes violaba la Constitución Americana. No obstante el Tratado de París recibió el visto bueno en Enero de 1899. Un solo voto decidió el sí. En el Capitolio de la capital de los Estados Unidos una palabra nueva comenzaba a apoderarse de las Enciclopedias: neocolonialismo. Porque la palabra imperio ya era un vocablo de rutina.
El Ejército de Ocupación Americano, bajo la batuta del galán de teatro Leo Wood, comenzó muy pronto a ejercer sus promesas de pacificación y a devolver a La Habana el esplendor de los buenos tiempos y a recuperar los campos y las fábricas para que los inversores americanos pudieran trabajar en paz. Míster Wood rebajó enseguida los aranceles para los productos americanos pero parece que las picadas de los mosquitos que venían desde Batabanó le hicieron olvidar que debía hacer lo mismo con los productos cubanos que entraban a puertos norteños. Míster Wood consideró que lo que había ocurrido recientemente en el país había sido una guerra entre España y los Estados Unidos y que por lo tanto no había por qué continuar llamándola Guerra Hispano-cubano-norteamericana sino sencillamente Guerra Hispano-Norteamericana. Decidió también que si Cuba era libre esto se debía únicamente a la intervención norteamericana en la guerra y por lo tanto la bandera americana debía ondear en todo el país así como que las notas de su himno debían escucharse a la par que las notas del himno nacional cubano. Como al señor Wood se le seguían ocurriendo magníficas ideas, una buena mañana se apareció con que el Ejército Libertador Cubano debía ser desarmado si ya no había nadie a quién combatir y para eso aceptó el envío de una Comisión a Washington para que gestionara los fondos necesarios. La Comisión estaba comandada por el hombre de la carta a Shafter y del tiro en la frente y las autoridades de Washington priorizaron sus movimientos. La Comisión - que no era "oficial" - no logró lo que quería porque ya la gente de Mc Kinley sabían lo que tenían que sacar de sus cajas fuertes. Con tres millones de dólares se compraron las armas y las municiones de los mambises, disciplinados y sin alternativas ante el contubernio de sus nuevos libertadores con la nuevas autoridades. El hijo de Lucía Iñíguez murió en Washington durante los trabajos de la Comisión. Se dijo que falleció debido a una apoplejía. Para muchos murió de tristeza. Hasta ahora el precio pagado por Washington por el control de Cuba se "elevaba" a 23 millones de dólares. Más el plus que otorgaba la imposibilidad de una nueva guerra en tiempos en que el machete resultaba verdaderamente obsoleto y el número de caballos que quedaban en los inventarios era despreciable. Leo Wood acabó de cerrar el círculo sobre el Ejército Libertador. Lo licenció. Tantos años de sacrificios se merecían un descanso digno y tranquilo. Gran parte de los licenciados eran gente mayor de edad y muy pronto las arcas dadivosas podrían dedicar el dinero para otros menesteres.
En Julio del año 1900 Leo Wood recibe la encomienda de comenzar a preparar el camino que haría de Cuba una República. La Orden 301 establece que se prepare una Asamblea Constituyente que sea capaz de redactar una Constitución para la isla de Cuba. Wood le dice a los cubanos que ellos serán "quienes dirán cómo han de ser las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos". Y agrega "lo que ustedes planteen promoverá los intereses comunes". De modo que se crea una Comisión de 5 miembros que serán los encargados de redactar la Constitución. La pentarquía criolla todavía piensa que la Resolución Conjunta incluye la posibilidad de comenzar una relación idílica con el nuevo imperio que amanece que vaya más allá de la retirada cuando todo se haya calmado y pacificado. Sin embargo, la Comisión comienza a trabajar con suspicacia. Algunos creen que ya es hora de que los ocupantes se retiren a sus casas. Leo Wood desea celebrar el principio de la era republicana a la manera yanqui. Les invita a una velada de pesca en Batabanó y cuando descansan bajo la brisa sin mosquitos y con los tragos de wisky sobre las mesas plegables les entrega una misiva especial que les envía el Secretario de Guerra, Elihu Root. En términos corteses la carta dice que "las relaciones Cuba- EEUU deben regirse de manera especial". Los constituyentes cubanos siguen leyendo. "EEUU quiere tierras para estaciones navales con el fin de ayudar a Cuba y para su propia seguridad". Después de una breve consulta los constituyentes cubanos dicen "no" a la petición de estaciones navales. Cuando la noticia arriba a Washington el Gobierno cita de urgencia al Senador Republicano por Conneticut, Orville Platt. Le pide la redacción de una Enmienda al Proyecto de Ley de Presupuestos del Ejército. Muy pronto el señor Platt la tiene lista y se le pasa al Gobierno. Entre otros puntos la Enmienda plantea que "Cuba arrienda a EEUU, por el tiempo que lo necesite, tierras para estaciones navales o carboneras...Cuba mantendrá la soberanía sobre tales tierras pero EEUU se reserva la jurisdicción total".
Algunos comisionados cubanos dijeron "no estar facultados para aprobar dicha Enmienda" porque "limitaba la soberanía y la independencia del país". Así que Wood lanza otra Orden Militar en donde asegura que "la Comisión sí está facultada para decidir y que la Enmienda es constitucional". El General Manuel Sanguily pide que se disuelva la Asamblea porque lo que se está pidiendo es "humillante". Entonces una nueva Comisión prepara la respuesta para Wood. El ponente es el gran periodista negro Juan Gualberto Gómez, uno de los amigos predilectos de José Martí. La respuesta repite "no" para las estaciones navales y carboneras. El 25 de Abril de 1901 la nueva pentarquía viaja a Washington. Leo Wood ha viajado especialmente a la capital del país para recibirla en unión del Senador Platt. Esta vez no hay pesquería en el Potomac. Tras las conversaciones protocolares Pratt les entrega una carta. Los Cinco leen "mi Enmienda debe ser aprobada sin condiciones ni tachaduras porque es una adición legal a nuestra Ley de Presupuesto, en caso contrario EEUU no se retirará de Cuba". Solo entonces los asambleístas cubanos pudieron acceder a las otra lecturas de la benévola Resolución Conjunta y se preguntaron que si acaso era legal aprobar una Enmienda con carácter retroactivo sin dar detalles. Lo forzado de esta enmienda habrá de ofrecer infinidad de aristas al futuro de las relaciones entre los dos países.El 26 de Junio, en sesión secreta, los asambleístas votan la incorporación de la Enmienda Platt a la Constitución Cubana. 16 votos contra 11. Cansados de defender una causa perdida de antemano optaron por aceptar al maldito apéndice. Leo Wood no tarda en escribir al nuevo presidente americano, Teheodore Rossevelt, para contarle que "hemos dejado a Cuba prácticamente sin un ápice de independencia, ahora no quedará otra alternativa que anexarla en tanto permitiremos que tenga su propio gobierno". A continuación agrega "Europa verá a Cuba como lo qué es, una dependencia nuestra, controlaremos el comercio mundial de azúcar y la isla se americanizará". Y eso que Leonardo Wood no se las daba de profeta.
Las primeras elecciones republicanas se produjeron el 20 de Mayo de 1902. Como Máximo Gómez había declinado su candidatura, fueron el antiguo Delegado del Partido Revolucionario Cubano, Tomás Estrada Palma - que lo había disuelto en 1898 - y el Mayor General del Ejército Libertador y último Presidente del Gobierno de la República en Armas, Bartolomé Masó, los contendientes. Para entonces Gómez había sido destutuido de su cargo de Mayor General en Jefe del Ejército Libertador - y eliminado tal cargo, por demás - porque la Asamblea del Cerro no compartió su punto de vista que planteaba que era mejor aceptar un donativo del Gobierno Norteamericano para licenciar al Ejército que aceptar un gran empréstito que haría que la República naciera endeudada. Sin embargo apoyó a Estrada Palma y sugirió la idea de que Masó podría ser su Vicepresidente. Pero Bartolomé se bajó de la Contienda alegando falta de garantías electorales, lo que dejó el camino desbrozado a Estrada Palma, que ganó sin oposición. El 20 de Mayo de 1902 nacía la República Cubana. Mediatizada, con un apéndice ofensivo del que no se había podido separar. Porque al parecer la Resolución Conjunta solo había dejado ver un octavo de iceberg. El Apéndice daba derecho a los Estados Unidos a volver a intervenir en Cuba si las condiciones lo ameritaban y establecía una serie de medidas que obligaban al Gobierno Cubano a no pactar con ninguna potencia extranjera, a no contraer deudas y a no reclamar el territorio de la Isla de Pinos - poco más de 4000 kilómetros cuadrados - en el Suroccidente del país hasta nuevas conversasciones. Connotadas figuras políticas del calibre de Manuel Sanguily, de Juan Gualberto Gómez y del ex Presidente de la República en Armas, Salvador Cisneros Betancourt, se opusieron abiertamente a la Enmienda Platt.
El uso de las estaciones navales y de las carboneras se hizo oficial en 1903 cuando se suscribe un Convenio entre ambos gobiernos que priorizaba Bahía Honda y Bahía de Guantánamo.
La Enmienda Platt es Ley. Guantánamo sigue siendo una vieja ciudad hermosa. También lo es su viejo y hermoso municipio de Caimanera. Y también lo es la gran Bahía de Guantánamo en donde los navíos se aprovisionan de carbón, se reparan y se ponen a punto por si hiciera falta participar en alguna otra batalla naval.
Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Marzo 29 del 2015.
Las primeras elecciones republicanas se produjeron el 20 de Mayo de 1902. Como Máximo Gómez había declinado su candidatura, fueron el antiguo Delegado del Partido Revolucionario Cubano, Tomás Estrada Palma - que lo había disuelto en 1898 - y el Mayor General del Ejército Libertador y último Presidente del Gobierno de la República en Armas, Bartolomé Masó, los contendientes. Para entonces Gómez había sido destutuido de su cargo de Mayor General en Jefe del Ejército Libertador - y eliminado tal cargo, por demás - porque la Asamblea del Cerro no compartió su punto de vista que planteaba que era mejor aceptar un donativo del Gobierno Norteamericano para licenciar al Ejército que aceptar un gran empréstito que haría que la República naciera endeudada. Sin embargo apoyó a Estrada Palma y sugirió la idea de que Masó podría ser su Vicepresidente. Pero Bartolomé se bajó de la Contienda alegando falta de garantías electorales, lo que dejó el camino desbrozado a Estrada Palma, que ganó sin oposición. El 20 de Mayo de 1902 nacía la República Cubana. Mediatizada, con un apéndice ofensivo del que no se había podido separar. Porque al parecer la Resolución Conjunta solo había dejado ver un octavo de iceberg. El Apéndice daba derecho a los Estados Unidos a volver a intervenir en Cuba si las condiciones lo ameritaban y establecía una serie de medidas que obligaban al Gobierno Cubano a no pactar con ninguna potencia extranjera, a no contraer deudas y a no reclamar el territorio de la Isla de Pinos - poco más de 4000 kilómetros cuadrados - en el Suroccidente del país hasta nuevas conversasciones. Connotadas figuras políticas del calibre de Manuel Sanguily, de Juan Gualberto Gómez y del ex Presidente de la República en Armas, Salvador Cisneros Betancourt, se opusieron abiertamente a la Enmienda Platt.
El uso de las estaciones navales y de las carboneras se hizo oficial en 1903 cuando se suscribe un Convenio entre ambos gobiernos que priorizaba Bahía Honda y Bahía de Guantánamo.
La Enmienda Platt es Ley. Guantánamo sigue siendo una vieja ciudad hermosa. También lo es su viejo y hermoso municipio de Caimanera. Y también lo es la gran Bahía de Guantánamo en donde los navíos se aprovisionan de carbón, se reparan y se ponen a punto por si hiciera falta participar en alguna otra batalla naval.
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Luis Eme Glez.
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