Sunday, March 22, 2015

BASE NAVAL DE GUANTANAMO.VISION SUSCINTA. (3).-




El acorazado Maine fue enviado a La Habana en Enero de 1898. Estados Unidos se saltó todas las reglas del Protocolo porque no avisó a las autoridades españolas del viaje y el Maine entró a las aguas de la bahía como Tío Sam por su casa. Las autoridades españolas hicieron exactamente lo mismo pese a que sabían que la Flota Americana del Pacífico estaba rondando a las costas filipinas y ejecutando maniobras harto sospechosas. Así que ordenaron al acorazado con ínfulas de crucero, Viscaya, dirigirse a toda máquina hacia el Puerto de Nueva York. Allí los viandantes de los malecones pensaron que se trataba de un truco tecnológico para la cuarta caravela de Colón que había llegado tarde a la ronda de descubrimientos. Gran parte de la colonia cubana en Cayo Hueso aplaudió la salida del Maine porque calcularon que tal vez pudiera darle una mano a los compatriotas que tenían la Guerra del 95 a punto de mate. Cuando el acorazado pasó frente al Morro de La Habana las altas esferas españolas no sabían qué hacer con el intruso y el Capitán General, Ramón Blanco, dejó que siguiera su rmarcha. En un final sus fuerzas no podían hacer nada por la vida y las inversiones de los ciudadanos norteamericanos. En su poltrona de Palacio Don Ramón Blanco recordó la valiosísima ayuda que Madrid había dado a las Trece Colonias durante la época de la guerra contra Inglaterra.
El Maine era un barco de guerra con el título de acorazado que había sido construido con el objetivo de contrarrestar al naciente poderío de las Marinas de Suramérica. El Gobierno pidió dos navíos similares, con la condición de que uno de ellos tuviera el sello de un diseñador local. De esa manera mientras que el inglés William John trabajaba en el Texas, Theodore D. Wilson se metía en los astilleros de Nueva York para construir el Maine. Demoró ocho años y cuando la Joya de los Mares estuvo lista su tecnología resultó obsoleta aunque el resultado final no desmerecía los esfuerzos del ejecutor. El Maine era un gran acorazado que debía mirar a las naves más jóvenes por debajo de las axilas. Washington no disponía de otra cosa y estaba convencido de que serviría para resolver los asuntos que venían preocupando a sus agentes en la isla. Además, el Maine también llevaba la misión de intimidar a Madrid y de recordarle que la oferta de compra por la isla de Cuba se mantenía en pie. A nadie en la capital de la Unión le importaba la larga experiencia que tenía España en la construcción naval. Porque los Agentes Pinkerton habían informado que la Marina Española de la época era poco mas que una caravana de barcos famélicos incapaces de defender nada.
El 15 de Febrero de 1898 el Capitán General Ramón Blanco decidió pisotear su orgullo ibérico, obviar el suspense que había generado la visita no deseada e invitó al Capitán del Maine, Charles Sigsbee, y a un grupo selecto de su oficialidad a un banquete de bienvenida. El Capitán Sigsbee era un americano afable y habían congeniado perfectamente. Sobre las 9 y 30 de la noche nadie hablaba en los salones exclusivos de la Guerra ni de la vida o de las inversiones de los ciudadanos norteamericanos en Cuba. Solo se disfrutaba del buen vino español y se comentaba de las bellezas únicas de La Habana y de ese producto de marca española llamado "la mulata" que tanto se contoneaba por las calles capitalinas entre piropos subidos de tono y sandunga electrizante. Diez minutos después una explosión armagedónica hizo tambalear los aposentos en donde se banqueteaba y gran parte de la ciudad de La Habana se estremeció como si hubiera sido azotada por un terremoto y las aguas de la bahía se enseñorearon con las primeras casas de la ribera. La explosión se había originado en la proa del Maine, el sitio en donde estaban los dormitorios de los marineros. Las cuentas posteriores hablarían de resultados catastróficos. 264 marineros, 20 oficiales y dos marineros españoles murieron durante la explosión. Vale decir, gran parte de la gente que dormía mientras su Capitán y algunos personeros de rango estaban siendo agazajados por  Don Ramón Blanco. Los oficiales que dormían en la popa - y que no habían ido al banquete - salvaron sus vidas. La dotación del Maine estaba integrada por 358 hombres.
A partir de la noche fatídica del 15 de Febrero se han venido tejiendo infinidad de versiones relacionadas con la "explosión del Maine". Que todavía no cesan. No dudo que ahora mismo algún historiador o investigador esté trabajando en su propia teoría. Se dijo que cubanos pesimistas con el desarrollo de la guerra habían provocado la explosión buscando que "Estados Unidos culpara a España" y entrara en la contienda. Versión muy poco fiable porque hasta los patriotas cubanos más pusilánimes conocían que ningún líder mambí deseaba la intromisión americana en la Guerra. Se dijo que las autoridades españolas - o súbditos ultranacionalistas - habían sido los autores del atentado porque no admitían que el acorazado hubiera entrado "sin permiso" oficial en la bahía. Versión muy poco fiable porque España no cometería la locura de arriesgar su Joya de la Corona, sobre todo ahora que había podido comprobar que la Armada Estadounidense no era tan amateur como aseguraban los viejos lobos de mar de toda Europa y que sus Almirantes en el Pacífico estaban capacitados para empeños más serios. Se dijo que el propio Gobierno Americano había dado órdenes de hundir al Maine porque era el "pretexto" necesario para entrar en guerra contra España.Versión muy poco fiable si tenemos en cuenta que para entonces Madrid no estaba en condiciones de pelear en tres Frentes de Combate, Washington no deseaba mas muertes entre sus hombres y calculaba que era cuestión de tiempo para  que Espana tirara la toalla en  la Guerra de Cuba y entonces podrían sentarla en alguna Mesa del Mundo para conversar de los restos de su imperio.
La primera versión oficial acerca del hundimiento del Maine en la bahía de La Habana después de la gran explosión fue firmada en Abril de 1898 por un Consejo Naval de Cayo Hueso y concluyó que la causa de la explosión había sido "la detonación de una mina cerca de la proa del acorazado". Los primeros especialistas ajenos al Consejo Naval no pudieron entender muy bien el concepto "detonación de una mina" y vertieron puntos de vista diferentes. Desde entonces las opiniones oficiales apenas han variado. Incluso los especialistas de National Geographic e History Channel han hecho sus propias investigaciones y no han podido descubrir otra cosa que una "explosión involuntaria en la zona de proa" debido al "diseño" del acorazado, cuyas mamparas se calentaban con facilidad dada su cercanía a las calderas. La gran cantidad de oficiales de rango medio y bajo que murió durante la hecatombe no lo hizo porque fueran "soldados"  y sus vidas fueran "intrascendentes" (como plantean los apologistas del autoincidente) sino porque sus dormitorios estaban en la zona de proa en donde ocurrió la explosión. Los antimperialistas cubanos y los comunistas de la última mitad del Siglo XX siguen asegurando que Washington "provocó" la explosión y posterior hundimiento del Maine como vía para entrar en la Guerra y apoderarse de Cuba en el instante en que los mambises tenían la guerra ganada. Incluso en la base del Monumento al Maine en La Habana, un texto hace referencias a esta apología. Dada la etapa final que estaba viviendo el Imperio Español y su enfrentamiento inmotivado con la pujanza estadounidense, no he creido jamás que Washington haya ordenado el colapso de su acorazado. Porque no era necesario. No contaban con la resistencia en Asia, las costas cubanas estaban bloquedas y solo era cuestión de desembarcar para "cuidar" a los ciudadanos americanos y a sus propiedades aún cuando España hubiera claudicado y un Gobierno Provisional Cubano tomara el Poder. Sigsbee y los hombres que le quedaron no volverían a casa con las manos vacías. Porque habían llegado para recoger una cosecha que no pasaba por un hundimiento innecasario de un barco insignia que tanto había costado construir. Ahora bien, si alguna futura investigación seria asegura que la orden llegó del propio Sigsbee o de algún cabildero en Washington o que la acción fue planeada y ejecutada por cubanos proamericanos o por españoles cansados de guerrear en una contienda perdida de antemano, entonces no habría que revisar conceptos sino solamente dar crédito a la libre opinión. Desconozco si existen documentos clasificados en la capital de los Estados Unidos que no pueden ser desempolvados todavía en relación con el Caso Maine. Válido es decir que los documentos desclasificados en relación con la Operación Mangosta tienen ciertos acápites que se prestan a confusión cuando se tocan temas vinculados al hundimiento del Maine.
Entonces Madrid pudo percatarse, definitivamente, de una segunda fuerza en poder del nuevo gigante que estaba haciendo su aprición en el mundo contemporáneo. Cuando la prensa amarilla de Joseph Pullitzer - The New York Worl - y de William Hearst - The New York Journal - dedicaron casi el cien por ciento de sus páginas al Affaire Maine para despotricar contra la "falacia" de España al hundir al acorazado norteamericano y pedir a grito limpio una reacción nacionalista que pusiera a Madrid en su lugar y a Estados Unidos en el suyo, muchos personeros españoles recordaron que no hacía mucho tiempo la prensa amaricana había publicado que Cuba era el "último" bastión que necesitaba conquistar Estados Unidos para graduarse de potencia mundial. Pullitzer y el futuro "ciudadano Kane" incendiaron los ánimos del pueblo americano creando un estado de histera sin parangón en la historia del país. En Abril de 1898 los titulares taladraban los ojos de los lectores con frases hechas al estilo de "recordad al Maine, al infierno con España". Como Madrid no se rinde y Washington ya no puede con la presión de sus ciudadanos, no le queda otra alternativa que dar un ultimátun. Tienen que bajar las armas y retirarse de Cuba. Pero Madrid está dispuesta a dar la batalla por su precioso enclave en América. El presidente William McKinley declara la guerra a España y Washington ordena ajustar el bloqueo naval a la isla y pide al Almirante William Sampson que se prepare pues será el hombre que tendrá que destrozar a la Flota Española en la bahía de la segunda ciudad cubana, Santiago de Cuba. Madrid, en tanto, ordena al Viscaya - sin contratiempos en la rada de Nueva York - que regrese a todo vapor a España y se una a la Escuadra de Pascual Cervera y Topete que ya tiene la orden de partir hacia la isla.
La Guerra Hispano - estadounidense o la Guerra de Cuba o el Desastre del 98 o la Guerra Hispano - Cubano - Norteamericana está por comenzar. El Generalísmo Máximo Gómez - dominicano aplatanado, que ha participado en las tres batallas por la independencia de Cuba - libra una guerra de desgaste en los potreros del sur de Las Villas y el General Calixto García tiene a las fuerzas españolas en perpetuo jaque en las inmediaciones de Santiago de Cuba. La Reconcentración de Weyler está perdiendo la batalla real. El General norteamericano William Shafter, que comanda las fuerzas de tierra, sabe muy bien quién es Calixto García y no dejará de solicitar sus servcios, dadas sus grandes dotes militares y su conocimiento sobrado de la zona de combate. Los mambises continúan peleando contra España y consideran, con cierta suspicacia, que los intríngulis entre Madrid y Washington en tierras cubanas son asuntos que acabarán cuando España se rinda. Algunos patriotas extrañan la sapiencia de José Marti y la verticalidad de Antonio Maceo ahora que las tropas norteamericanas de mar y de tierra están dentro de la Patria. Un cubano llamado Tomás Estrada Palma, que ostenta el grado de General del Ejército Libertador, trabaja para la Causa en Estados Unidos y funge como Delegado del Gobierno de la República en Armas. El señor Estrada Palma tiene la ciudadanía estadounidense y no ve para nada mal que los "americanos estén ayudando a los mambises a derrotar a España".
El 1 de Mayo el Comodoro George Dewey hunde a la Flota Española en Puerto Covite, bahía de Manila, Filipinas  y dos meses después el Almirante William Sampson deja que la escuadra de Cervera penetre en la bahía de bolsa de Santiago de Cuba. Shafter acepta que las tropas de García combatan a su vera  a las puertas de Santiago y parece no importarle lo que haga Gómez en los potreros de La Reforma. En Washington se trabaja overtime y los documentos se adelantan a los acontecimientos. El Vicesecretario de Marina, Theodoro Rossevelt, apenas duerme.
El Imperio Norteamericano está cerrando su Primer Círculo.


Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Marzo 22 del 2015.

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