Thursday, February 12, 2015

SERIE DEL CARIBE DE BEISBOL: LOS DOS FEBREROS CUBANOS. (1).-




En 1941 Venezuela conformó un gran equipo de beisbol. Detrás de su colimador estaba la poderosa maquinaria cubana. Venezuela sabía de sobra que Cuba era el equipo a derrotar en el  Cuarto Campeonato Mundial de Beisbol Aficionado que tendría como sede al antológico Gran Stadium Habanero del Cerro. Los venezolanos regresaron a Caracas con la medalla de oro. Repetirían la hazaña en los años 1944 y 1945. El repunte del beisbol morocho aupó el delirio de sus fanáticos y destapó las vetas creativas de algunos empresarios. Uno de tales, llamado Jesús Corao, tuvo la maravillosa ocurrencia de poner a competir a los mejores teams del Caribe en una Serie que en sus albores se llamó Serie Interamericana. Debutó en 1946 y contó con la presencia de Sultanes de Monterrey, México, Cervecería Caracas, Venezuela, All Cubans, Cuba y un equipo invitado de Los Estados Unidos, Los Bushwiks. La sede fue la capital de Venezuela y el team americano se llevó la primera versión. Lo haría, de manera consecutiva, hasta 1949. Cervecería Caracas ganó en 1950.
Entre tanto, otro par de empresarios venezolanos estaban madurando sus propias ideas. Oscar Prieto y Pablo Morales, durante la Convención de la Confederación de Beisbol del Caribe celebrada en Miami en 1948, sugieren la posibilidad de crear una Serie en la que solo participaran naciones del Caribe. Las Federaciones de Cuba, Panamá, Puerto Rico y Venezuela le dan su visto bueno. De esa manera, entre el 20 y el 25 de Febrero de 1949, se celebra la primera Serie del Caribe en La Habana, Cuba. Alacranes, de la barriada habanera de Almendares, se llevaría el triunfo. Durante los próximos once años la Serie del Caribe marcharía sin contratiempos. La exquisita Aplanadora Cubana ganaría siete de esos eventos. En 1960, Los Elefantes de Cienfuegos, en Panamá, lograrían el último éxito para Cuba. Porque la Revolución de Fidel Castro y su pléyade de barbudos bajantes de la Sierra Maestra abolió, de manera tajante e inapelable, al deporte profesional en Cuba. De ahora en adelante, dijo el Líder, nadie hará negocios con el talento atlético de los cubanos. El haría otra cosa, no dijo. La Serie del Caribe era un torneo jugado entre equipos campeones de los países participantes, reforzados, y tenía carácter profesional.
La salida de Cuba provocó un caos. No solo porque Cuba había sido miembro fundador sino porque sus equipos atraían a miles de aficionados. Los equipos cubanos eran la potencia profesional en el área y Cuba era la potencia mundial en el ámbito amateur. El mundo caribeño sabía que había una manera cubana de jugar a la pelota y no podían prescindir de ella. Sin Cuba, además, la Organización perdería dinero. A Castro no le interesaba eso. Eran los tiempos en que la frase del barón Pierre de Coubertin parecía sonar adorable y sincera. "Mente sana en cuerpo sano" se convirtió en otro himno. La Revolución trastocó al ranqueadísimo Campeonato de Beisbol Profesional Cubano en la Serie Nacional Cubana pero no pudo evitar que algunas superestrellas se marcharan a jugar a Las Grandes Ligas del beisbol estadounidense. Todavía la palabra "traidor" no estaba oficialmente incluida en el léxico revolucionario que se ocupaba de categorizar a los atletas que deseaban vivir de su talento y no de las migajas corporativas.
Cuatro años más tarde, las Federaciones de Beisbol de Nicaragua, Puerto Rico, Panamá y Venezuela deciden no dejar morir a la Serie del Caribe y continúan jugando con un formato similar a la Serie Interamericana. Tan similar era el formato que vuelve a llamarse de la misma manera. En 1970 se rescata de nuevo la esencia de la Serie del Caribe. Hasta hoy.
La Serie del Caribe - también conocida como Pequeña Serie Mundial del Caribe - ha pasado por innumerables vía crucis. Desde graves problemas organizativos y huelgas que buscaban resolver asuntos salariales hasta la disminución paulatina de la asistencia a los stadiums. En algun momento México debió rescatar a las Sedes y hasta Miami albergó dos ediciones - 1990 y 1991 - jugadas en los stadiums Orange Bowl, del equipo universitario local de fútbol americano Los Huracanes, y en el Bobby Maduro. Eventos, ciertamente, de escaso éxito deportivo. El presente de la Serie del Caribe está marcado por la no asistencia de las grandes estrellas que juegan en Grandes Ligas. Los muchachos no tienen interés en participar y generalmente alegan motivaciones deportivas o presiones de sus Clubes para que no sigan jugando después de una Temporada tan extensa en Estados Unidos. Cuando más alguna superestrella regresa para participar en dos o tres juegos o para ajustar lesiones solventadas. Los aficionados ripostan con desinterés. Solo la afición mexicana continúa respondiendo y es por eso, tal vez, su seguidilla de éxitos en los últimos tiempos. Ocurre, por demás, que existe un convenio entre Major League Beisbol ( MLB) y la Confederación de Beisbol del Caribe (CBC) que figura en Winter League Agreement, en donde está incluida una cláusula de "fatiga extrema". La inversión realizada en la contratación de grandes luminarias de los países emisores de talento hacia Los Estados Unidos es demasiado importante y todos cuidan de ella. Casi nadie se arriesga. El verano vale mucho más que el invierno.
Cuando el beisbol cubano comenzó su estepitosa caída a raíz de la celebración del Primer Clásico Mundial los dirigentes de la Revolución no tuvieran mas alternativas que aflojar las tuercas que siempre habían apretado los tornillos perfectamente engrazados de la maquinaria cubana de beisbol amateur. Las deserciones en masa de los mejores prospectos y talentos establecidos hacia Grandes Ligas, la apatía por un sistema deportivo que le daba la espalda a sus protagonistas en medio de la secuela tenebrosa del Período Especial para Tiempos de Paz  y una Serie Nacional sin brillo y con carencias ostencibles, llevaron a los jerarcas sagrados a suavizar sus metodologías anquilosadas. Entonces se comenzó a hablar de "premiar a los atletas más destacados" con salarios dignos de "su talento y resultados" y se permitió que algunos pudieran jugar en Ligas Profesionales siempre y cuando sus contratos les permitieran regresar para participar en la Serie Nacional. De esa manera hoy están jugando peloteros cubanos en las Ligas de Japón, de México y de Canadá. Se trata de algunos pocos. Pero se espera que muy pronto puedan ser muchos más. Sin embargo la gran crisis por la que atravieza el beisbol cubano de hoy nunca ha mermado el enamoramiento mundial por sus jugadores ni por la manera única que poseen de jugar al beisbol. Saben que solo se trata de una etapa oscura y que pronto volverá a salir el sol. De modo que no es de extrañar que el tipo duro de la Confederación del Beisbol del Caribe, el dominicano Juan Francisco Puello Herrera, haya hecho todo lo posible por atraer de nuevo a Cuba a la Serie del Caribe. Porque la crisis coyuntural del beisbol cubano no tiene por qué afectar a la crisis estructural de la Serie del Caribe. Puede parecer una paradoja pero no le es. El beisbol cubano sigue siendo único por encima de todas las crisis. Incorporar otra vez a la potencia inicial de la Serie del Caribe al Evento que no quiere morir sería un aliciente. Estimularía, sobre todo, a una afición alicaída, cansada de de ver a peloteros segundones cada final de año jugando en las Ligas de Invierno mientras que los monstruos de la Gran Carpa vacacionan en Punta Cana o esperan por los arreglos de sus Agentes en el sueño del contrato millonario.
Solo que la Confederación de Beisbol del Caribe es un  organismo adscrito a MLB y Cuba es víctima de un montón de leyes emitidas por el Gobierno de los Estados Unidos que prohiben cualquier transacción comercial con la isla. La Serie del Caribe es un evento que genera ganancias y además, pese a los  ligeros maquillajes que está exhibiendo el beisbol cubano, todavía el beisbol que se juega allí es oficialmente amateur. Por tanto no debería "aplicar" para la Serie del Caribe. El Gobierno y las autoridades deportivas cubanas - se trata de lo mismo - respondieron sí a la invitación de Puello. Cuba sabía sobradamente que en caso de conseguir el permiso estadounidense para participar, tendría que hacerlo como invitado y jamás como miembro pleno. Aunque se desconocía de manera oficial, desde el año 2014 ya se estaba conversando en Canadá, con la mediación del Papa Francisco, en relación con la posibilidad de que Washington y La Habana reanudaran relaciones diplomáticas. De modo que Puello se reunió con algunos de los mejores cabilderos del ramo y logró la anuencia de Washington para que Cuba participara en la edición de ese año, que por demás se efectuaría en el Estadio Nueva Esparta, Isla Margarita, en Venezuela.Todo un simbolazo, dada las relaciones especialísimas entre Caracas y La Habana desde que Hugo Chávez accedió al poder en Venezuela, rubricadas luego por su sucesor Nicolás Maduro.
El regreso de Cuba a la Serie del Caribe, 54 años después, fue un éxito para la Organización y ocasionó un gran despliegue de información mediática en los principales medios deportivos del Continente. La exclusiva ESPN comenzó a cubrir la Serie Nacional Cubana y la prensa oficialista de la isla se cambió de ropas sin dar explicación alguna y también comenzó a destapar información relacionada con el beisbol de otras latitudes. Se acabaron, de un tirón, las frases peyorativas hacia los "traidores" y la palabra "profesional" fue reubicada en el léxico patrio. MLB permitió que la televisión cubana emitiera algunos juegos, diferidos, de su Temporada Regular. Los "traidores" que jugaban en las Grandes Ligas, en sus Sucursales y en las diferentes Ligas del Mundo, se convirtieron en "atletas que habían decidido jugar en otras Ligas y países" y montones de foreros de los diarios oficialistas Granma y Juventud Rebelde destrabaron sus bocas y escribieron algunas verdades sobre el pasatiempo nacional y su debacle imperdonable como mismo hicieron los soviéticos cuando el tabloide Tiempos Nuevos y  la revista Sputnik renovada les abrieron sus páginas librepensadoras. El team de Villa Clara, campeón de Cuba, asistió a Isla Margarita bajo la dirección de Ramón Moré. Y con su escudero, el exestelar cénter field de la Selección Nacional y actual DT del Cuba Grande, Víctor Mesa. Pésimamente reforzado y con la clásica dirección "subordinada" del ex segunda base, (mis) Azucareros - Naranjas pagaron los platos rotos del desastre beisbolero cubano de hoy. Enfrentados a verdaderos profesionales - no importa la categoría - enseñaron cada una de las falencias que golpean a la pelota cubana actual y apenas pudieron ganar un solo partido a los boricuas Indios de Mayaguez, quienes a la postre perderían la Gran Final contra Naranjeros de Hermosillo, México, siete carreras por una. La prensa mediática continental casi que se burló de ellos y los foreros del patio despotricaron contra los dirigentes y clamaron por una rápida inserción de mas peloteros en Ligas importantes y hablaron hasta el cansancio de que "nos habíamos quedado atrás en el mundo moderno del beisbol".
El hecho de que Washington hubiera dado luz verde a la participación de Cuba en la Serie del Caribe del año 2014 no le daba derecho automático a participar en la de San Juan de Puerto Rico en el 2015. Por el mismo primer motivo y por el agregado de que Puerto Rico es parte de los Estados Unidos por su condición de Estado Libre Asociado. Así que de nuevo J.F. Puello tuvo que movilizarse y tratar de mover a sus fichas exclusivas. Finalmente - y después de algunos intríngulis relacionados con visas demoradas en la Sección de Intereses en La Habana y la advertencia de Cuba de que no participaría en caso de serle negada la visa a uno solo de sus integrantes - el problema se resolvió y toda la Delegación Cubana pudo llegar en tiempo y forma a San Juan. Para entonces gran parte del mundo seguía aplaudiendo las comparecencias simultáneas de Raúl Castro y de Barac Obama en televisión en las que anunciaban que comenzaban los contactos para la reanudación de relaciones diplomáticas entre ambos países después de 55 años de enemistad. Las altas esferas del beisbol cubano habían advertido que llegarían al Stadium Hiram Bithron "con todos los hierros" y que se reforzarían suficientemente bien como para que nadie pudiera ganarle ni un solo partido y no pasara lo que había pasado en Isla Margarita.
Las reglas de la Serie del Caribe permiten al equipo campeón de cada Liga Invernal reforzarse con lo mejor que haya disponible en el mercado de perdedores. Nada más. Reforzarse con los jugadores que necesiten en posiciones vulnerables. El temor manifiesto de Cuba de hacer de nuevo el gran papelón le llevó a un acto desesperado. Eligió no reforzar al equipo Vegueros de la provincia de Pinar del Río. Sino "reforzar" al Equipo Nacional con algunos peloteros de la provincia ganadora. La acción es técnicamente ilegal. Pero Cuba era el invitado de honor, tenía su propio Campeonato en donde jugaban todos los miembros del Equipo Elite y se dejó pasar. Los foreros de los diarios cubanos denunciaron la maniobra y expresaron que era "una falta de respeto para los integrantes del team victorioso" y sugirieron que "el desengaño podría llevarlos a cometer acciones irreversibles". Entiéndase, renunciar a aseguir jugando en el patio y tratar, por cualquier vía, de llegar a los Estados Unidos  e intentar ser firmados por alguno de los treinta equipos de Grandes Ligas. Pocos días después del arribo a San Juan desertaron dos atletas regulares. El short stop matancero Daniel Moreira, de treinta años, y el talentoso pítcher juvenil pinareño Vladimir Gutiérrez. El mismo día en que MLB anunciaba que ya no necesitaba de un permiso oficial del Gobierno Norteamericano para firmar a peloteros cubanos. Cuba perdió sus primeros tres juegos contra Tomateros de Culiacán, México, contra Gigantes del Cibao, República Dominicana y contra Caribes de Anzoátegui, Venezuela. No perdió debido a las dos deserciones. Sino porque había repetido los mismos handicaps que todos pudimos ver en la edición de Isla Margarita. Vale decir, un elogio del juego amateur, vicio inseparable desde que el país se desligó del beisbol serio y de alto rendimiento y desde que sus dirigentes mediocres prostituyeron el pasatiempo nacional. Ningún especialista daba un centavo por el futuro de Cuba en la Serie después de tres derrotas. Excepto ellos mismos, que se defendían diciendo que "tenian que adaptarse, que habían tenido un poco de mala suerte en momentos claves de los partidos y que confiaban en ganarle el último partido a Los Cangrejeros de Santurce, Puerto Rico - que también estaba haciendo el ridículo - y esperar porque el formato del evento les diera otra oportunidad.
Porque los jerarcas de la Confederación de Beisbol del Caribe se habían visto obligados a mutar un formato que se venía arrastrando desde la inauguración del Evento. Hasta la edición de Ciudad Obregón, Sonora, en el año 2013, el torneo se jugaba a dos vueltas, todos contra todos, y resultaba ganador el equipo con mejor récord de ganados y perdidos. Ello provocaba que muchas veces se conociera al ganador desde varios días antes de finalizar el certámen y entonces el público perdía motivación y no asistía a los parques beisboleros. Es bien conocido el caso de un equipo "ganador con antelación" que salió a jugar sus partidos restantes siempre con aliento etílico tras una noche de farra. Así que se optó por no seguir imitando a la Liga Española de Fútbol Profesional. En Ciudad Obregón se jugó un Partido Final en la Fecha 7 entre los dos mejores equipos del torneo. Ello mejoraba la recaudación en taquilla y ofrecía la posibilidad de que el equipo anfitrión pudiera discutir el primer lugar. Yo vi la excelente final entre Yaquis de Ciudad Obregón, México, y Leones del Escogido, República Dominicana, ganada 4 carreras por 3 por los primeros, en un partido que se extendió por siete horas y veinticuatro minutos y que decidió el norteamericano Douglas Clark con un honrón en el ining 18. Yaquis repetiría la gloria alcanzada en el año 2011. Ocurre que la Serie del Caribe no puede ir mas allá de los siete días estipulados porque en caso contrario interferiría con los preparativos del inicio de los entrenamientos primaverales de los equipo de Grandes Ligas.Con la reinserción de Cuba, en el año 2015 el formato de la Serie mantuvo su variante de Isla Margarita. Se trataba de la "muerte súbita", en donde quedaría en el camino el peor equipo. Los cuatro restantes jugarían una final cruzada y en la Fecha 7 se discutiría la medalla de oro entre los dos ganadores. Puerto Rico y Cuba resultaron el par de cadáveres de la edición 2015. Solo que Cuba había salvado la honrilla al ganarle el cuarto juego y ello los clasificó automáticamente para meterse en la Final.
Entonces el DT veguero, Alfonso Urquiola, dijo que "Cuerpo Técnico y Jugadores habían tenido una charla muy constructiva" en donde habían "analizado profundamente" cada uno de los errores cometidos y que estaba seguro de que sus muchachos "se habían adaptado a la zona baja que cantaban la mayoría de los umpires y a los lanzamientos de rompimiento de los pítchers profesionales". Agregó que "irían con todo" porque "esto recomenzaba desde cero" y que jugarían todos los que tenían que jugar y lanzaría el que tuviera que lanzar. Que el formato era igual para todos e insinuó que lo sentía por el gran equipo de Caribes de Anzoátegui, que habia terminado invicto la etapa clasificatoria, pero que esperaba vencerlos. No obstante, los especialistas seguían sin apostar por el Cuba. Debo admitir que yo tampoco, a menos que los nuestros pudieran sacar la garra de que disponen para momentos pick o de que alguien estuviera inspirado ese día. Los antecedentes de Isla Margarita y los cuatro primeros juegos en San Juan eran muy poco aleccionadores. Vegueros tuvo que abrir contra Caribes el 7 de Febrero del 2015. Nada menos que contra los "hermanos" morochos.


Westchester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Febrero 11 del 2015.


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