Saturday, January 24, 2015

SU MAJESTAD EL TIGRE.-



Los padres Baiga caminaban delante. Los padres Gond caminaban detrás. Entre ellos caminaban los abuelos y los niños. Solo el camino de tierra rojiza era capaz de abrir una herida a la selva profunda e impenetrable. Los padres, los abuelos y los niños caminaban con sus bártulos de oficio porque sus demás propiedades iban delante, en carretas destartaladas tiradas por bueyes famélicos y elefantes aburridos. El helicóptero de la televisión les cortó el paso cuando el piloto consideró que el camino se ensanchaba lo suficiente como para poder aselvizar. El riudo detuvo a los caminantes y algunos perros se asustaron. Cuando las hélices se detuvieron la periodista fue al grano.
No nos queremos marchar - dijo el abuelo Raiga -, nos expulsan. Hemos vivido aquí desde tiempos immemoriales. Los sabihondos de Delhi dicen que los tigres se están acabando y que no podemos convivir con ellos en sus reservas especiales, que nuestro habitat es "incompatible". No matamos a los tigres a menos que no podamos evitarlo, la caza furtiva es lo que está acabando con ellos. Los hermanos que se han ido voluntariamente de Khana han sido burlados y están viviendo en condiciones infrahumanas.
La periodista volvió su cara hacia la Cámara 2. En el mundo hay trece países en los que viven tigres. Más de la mitad de ellos recorren las selvas de la India. No diría que se trata una raza en extinción pero hoy mismo solo contamos en nuestro país con 2226 ejemplares.
El Departamento de Bosques - dijo el abuelo Gond - nos ha amenazado con liberar elefantes para que destruyan nuestros cultivos y aplasten nuestras viviendas si no nos marchamos. Sabemos que no habrá compensación alguna por dejar nuestra región. Estamos indefensos. Khana es también nuestra reserva. Queremos quedarnos y entre todos luchar porque el tigre no se extinga.
El gran ruido que venía del oeste se convirtió en una larga caravana de yipis Land Rover y cuando llegaron al sitio en que la periodista conversaba con los desplazados de Khana no tuvieron que reducir la velocidad. Los hombres y mujeres rubios que se apoyaban en las barras desnudas de los descapotables reían a mandíbula batiente y andaban con sus Nikon listas mientras la gente Raiga y Gond se echaban a un lado para dejarlos pasar. La periodista deseó ser también una empleada de Nat Geo.
Esos no "estorban" a los tigres de Khana, son "compatibles" con ellos aunque sepamos que no solo viajan con cámaras fotográficas - dijo el hijo Raiga.
Los turistas sí que pueden joder a nuestros tigres, el Gobierno los "desplaza" hacia las reservas sin ningún tipo de impedimenta - dijo la mujer del hombre Gond.
La periodista se volvió hacia la Cámara 2. Los tigres que quedan en la India viven en un área de unos 300 000 kilómetros cuadrados. Los nativos de esas zonas corren el riesgo de tener que marcharse en aras de la conservación del tigre. Qué esperan del Gobierno, preguntó. Regresó su mirada hacia los caminantes del Camino de la Selva. Nada, dijeron a coro los abuelos, excepto que por lo menos alguna vez cumplan su promesa de reasentarnos decentemente.
La periodista observó a dos niños que estaban leyendo un viejo libro sobre la yerba saludable del camino. Qué libro están leyendo, les gritó. El niño Baiga se levantó primero y ayudó a levantarse al niño Gond. Entre los dos sujetaron al libro y caminaron hacia la periodista. Tome, le dijeron. La periodista lo cogió. Miró la portada mientras se volvía lentamente hacia su Cámara. Khana, India - dijo - fue el sitio elegido por Rudyar Kipling para ambientar sus Relatos de la selva.
El tigre saltó desde el oeste del camino y se colocó entre el helicóptero y la periodista. Enseñó sus colmillos. La periodista se quedó pasmada y no sabía qué hacer. No le hará nada, dijo el abuelo  Baiga. Si ya acabó, debe montar en el bicho y marcharse, dijo la abuela Gond. La periodista ordenó enfocar al gran tigre de Khana mientras corría hacia la escalerilla del helicóptero. El camarógrafo la siguió de espaldas. En su visor el animal parecía la reencarnación del bien. Cuando la nave se elevó el tigre de Khana se volvió hacia los caminantes. Sigámoslo, dijo el abuelo Baiga. El tigre no se movió de sus cuartos traseros. Qué le pasa, preguntó el abuelo Gond. El tigre desea que regresemos, dijo uno de los niños lectores. Los caminantes se reagruparon en medio del camino de la selva, dieron media vuelta y se pusieron en marcha. El gran tigre de Kahana les seguía y velaba su retaguardia. Doscientos metros al sur se cruzaron con los catorce yipis que regresaban a velocidad tope delante de la manada de tigres de Khana. Cuando el ruido de los descapotables se perdió en los laberintos de la selva la manada retornó al lugar en donde los caminantes los estaban esperando y entonces todos, humanos y tigres, continuaron caminando hacia las tierras de sus ancestros. Desde el cielo la mujer ordenaba las tomas de la cámara y decía "les pido que traten de perdonar a Mowgly".


Westchester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Enero 24 del 2015.







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