Viajera peninsular
como te has aplatanado.
Tomado de Grandes Nostalgias.
Hoy me levanté tarde. Desayuné y salí al patio. No parecía ser una mañana de invierno. Había buen sol y una brisa ligera. Dos sinsontes cantaban en la copa de la mata de mango y una paloma despegó desde la pista del techo del cuarto de desahogo. El gato del vecino la miró, babeado, y soñó despierto que no le habían salido alas. En el patio decidí que esta mañana no "estaba" en Miami. Sino en Plateros. En el barrio campesino de mi infancia, escuchando a Vera Obregón descargando décimas picantes con su hermosa voz amateur de antología por venir. De modo que regresé al interior de mi pieza y registré la computadora. Necesitaba escuchar décimas cantadas, con fondo de punto cubano. Lo que significa enaltecer a la memoria del campo. Elegí la "controversia poética". La cúspide actual de la controversia poética cantada en Cuba está dominada por Jesús Rodríguez y por Omar Mirabal. "Jesusito y Omar" deben andar por los cincuenta años ahora mismo y siguen viviendo en la patria. Jesusito es hermano de Albita Rodríguez, una de las grandes voces soneras del país, que eligió a la ciudad de Miami para vivir y para trabajar. Sus padres marcaron la escena musical campesina de Cuba durante gran parte del siglo XX.
En Cuba se les llama "poetas" a los decimistas que cantan y "controversia" al debate poético que protagonizan dos poetas en cualquier escenario. El espacio de televisión Palmas y Cañas, del Canal 6, siempre le ha dado toda la cobertura necesaria a los "poetas" y es desde allí desde donde muchos se han dado a conocer y se han hecho famosos. Ningún otro género musical patrio - ni todas las irrupciones de la música internacional - ha podido extender la carta de defunción de la décima cantada en Cuba. Ni creo que podrán hacerlo jamás. La décima está tan arraigada en los campos de Cuba que sus raíces han hechado fondo en los cimientos más profundos de nuestra nacionalidad. Y considero que por varias generaciones el país seguirá siendo una nación de gente de campo. Aunque gran parte de sus habitantes pasen a vivir alguna vez a las ciudades.
La décima cantada no siempre es ejecutada por monstruos de la voz egregia o de la dicción perfecta. A veces puede sonar chabacana y falsamente rebuscada. Cursi y facilona. Por suerte el público escuchante siempre busca en la controversia el debate supremo en el que uno de los poetas pueda aplastar al otro sin miramientos de ninguna clase. Una controversia poética es como una pelea de gallos en el Ruedo de la Espera. Los vítores y los aplausos de los expectadores avivan el pleíto y según la intencidad de sus manifestaciones el poeta sabe cómo va la putuación en las tarjetas de un juez impalacable llamado público. Incluso cuando los poetas no confían en sus capacidas "repentistas" y llevan una hoja de papel, con ciertas notas de contexto, por si acaso - algo que se ve desparpajadamente en televisión -, a los asistidores al gran show de la décima cantada no les importa. Porque solo desean que su gallo le de una paliza soberana al otro. A veces uno se da cuenta de que los poetas no están improvisando, sino memorizando. Aunque hayan sido vendidos como repentistas. Pero eso tampoco importa. En ocasiones no hay controversia como tal, sino debate poético "sano". Y es entonces cuando los poetas se lucen y muestran sus conocimientos generales, con décimas que pueden ser didácticas o pueden ser eruditas. O tocar temas humanos y patrióticos, capaces de provocar la atención redoblada, de hacer refelxionar o de hacer llorar. Jesús Rodríguez y Omar Mirabal son capaces de ejecutar todos los espectros de la décima cantada de manera única. Con el plus de ser portadores de voces de ensueño y de una dicción digna de miembros de La Academia de la Lengua. La muestra que he seleccionado no incluye a sus imágenes. Para qué?. Como la controversia poética entre Jeususito y Omar tiene ciertos tintes "didácticos y eruditos", recordé mi primer encuentro con décimas de estas características. Algunas de las cuales nunca se han ido de mi memoria. Ocurrió en 1965.
Desde 1964 se sabía que mi abuela materna estaba padeciendo cáncer de garganta. Recuerdo que por esa época Pepe "el carpintero" Siverio también padecía cáncer de pulmón. Yo no tenía la menor idea de lo que significaba la palabra cáncer. Sin embargo sospechaba que se trataba de una cosa "muy mala" porque cuando los mayores la pronunciaban delante de mi lo hacían casi persignándose, en silencio, y en una o dos ocasiones había sorprendido a mi mamá llorando después de haber hablado sobre la suya. De modo que yo me había acostumbrado a la idea de que Abuela Prudencia y Pepe Siverio se iban a morir en cualquier momento porque tenían una cosa llamada cáncer. Había decidido que no era necesario preguntarle a mi papá sobre su significado. Mi tío político Pepe Siverio se fue antes que mi Abuela. Recuerdo el velorio en la casa de campo, la venida de mi primo Luis Enrique - que ya hacía la Secundaria Básica en La Habana - y las órdenes de Pepe Siverio Jr. para que el velorio y el posterior viaje al Cementerio de Caibarién - en dos camiones repletos de dolientes cumplidores detrás del carro fúnebre - se desarrollaran sin contratiempos. Muy pronto me enteraría de que la enfermedad de mi Abuela se había agravado y que como tantas veces, sus hijos habían decidido llevarla a La Habana para que siguiera el tratamiento. Sus hijos del último matrimonio. Sé que este será su último viaje, dijo mi madre, cuando alguien de la familia llegó para decirnos que ya se había tomado la decisión. Yo volví a recordar a la tenebrosa palabra y se me encogió el estómago porque ya mi madre padecía de aquellos terribles tumores en la garganta, que la obligaban a pasar días enteros rabiando, sin poder comer ni poder hablar, y que terminaban - después de montones de dosis de sucedáneos de antobióticos inyectables porque era alérgica a la penincilina rapilenta - con un vómito monumental en el piso de tierra del cuarto, en donde las flemas se juntaban con materias hediondas de todos los colores del espectro.
Entre la noticia del viaje de Abuela a La Habana y la noticia de su muerte pasaron muy pocos días. Como Abuela sería enterrada en la capital del país todos sus hijos de Las Villas se prepararon para asistir a los funerales. Había magníficas conexiones de buses con la gran ciudad y el tiempo de viaje no pasaba de las seis horas. En aquella época todavía eso era sagrado y constituía norma y obligación. Lo primero que hizo mi padre fue enviarme a la casa de mi tío materno Nene Fumero - que no era hijo de Abuela - por cincuenta pesos porque en ese momento no tenía efectivo. Con mi viaje Tío Nene se enteró de la noticia y enseguida vendría para dar el pésame a mi mamá, que estaba literalmente destrozada. Mi madre había sido su primera hija y Abuela había sido madrastra de Tío Nene hasta que él se fue a vivir por su cuenta en la finca que heredó de su padre. Lo segundo que hizo mi padre fue decirme que yo y mi hermanita "nos quedaríamos en casa de Pito, con Aleida y el resto de los muchachos". Aleida andaba por trece años y Pito era el único hermano carnal de mi madre.
Estuvimos bajo el cuidado de mi prima cuatro días. Podría describir cada minuto de ese tiempo. Pero prefiero detenerme solamente en dos eventos. Para entonces ya mi fama de "quimicoso" era proverbial y toda la familia y amistades sabían que no me gustaba casi nada y que solo comía lo que cocinaba "laniña". Mi hermana también tenía características similares en cuanto a paladar pero solo andaba por dos años y fracción y todavía podía ser inducida a comer cosas "diferentes" en otra mesa. En aquellos tiempos había muchos campesinos que no tenían tierras propias y por tanto no podían criar vacas lecheras. Así que optaban por hacerlo con chivas, pues estas necesitaban de menos espacio y de menos yerba para vivir. Algunos de mis tíos y amigos de la famila me amenazaban con "obligarme" a tomar "leche de chiva" cuando yo rechazaba cualquier cosa que me ofrecieran. Tomar leche de chiva era considerado por muchos como algo asqueroso. Solo existía una leche tomable y esa era la leche de vaca, con la que se hacía el famoso café con leche a la cubana. Yo no hubiera tomado leche de chiva por nada del mundo. En verdad no encontraba muchas diferencias entre las ubres de una vaca y las de una chiva. Tal vez la cercanía de las ubres de la chiva al suelo era lo que mas me chocaba en asuntos de paladar. Y posiblemente el hecho de que en casa nunca hubo crianza de chivos y consideraba a estos animales casi exóticos. Cuando las vacas de la famila se "secaban", mi padre siempre solucionaba el problema - era un gran ordeñador, al que todo el mundo solicitaba y premiaba con "una botella de leche" - hasta que alguna de ellas pariera. Mi hermana y yo desayunábamos cada mañana en la mesa de Tío Pito, de la mano de la prima Aleida, y nunca sospechamos que estábamos tomando otra leche que no fuera leche de vaca. Yo sabía que Tío Pito no tenía tierras propias y que apenas ocupaba una porción minúscula de la finca de su cuñado y también sabia que criaba chivos. Pero nunca me pasó por la mente que no desayunaran "siempre" con leche de vaca. Poco después de la muerte de mi Abuela - y cuando Aleida y sus hermanos consideraron que ya se podía bromear en medio del luto riguroso de mi madre - destaparon la información. Así que los niños lindos de Rafael y de Laniña no toman leche de chiva, eh, se burlaban. Mi padre se reía mucho con la anécdota pero mi madre solo sonreía, obnubilada con la muerte de Abuela. Yo no podia olvidar el llanto desconsolado de mi mamá cuando nos abrazó, a mi hermana y a mi, acabados de llegar con nuestro padre de la casa de Tío Pito. Pasarían muchos años antes de que yo pudiera solucionar la distorción estomacal que me produjo el engaño de mi prima. Y poder seguir la broma recurrente. Por supuesto que cuando Aleida estuvo en Miami, hace unos meses, recordamos otra vez la anécdota, nos desternillamos de la risa y se la contamos a los familiares. Por supuesto que también traté de "descobármela" y cuando una tarde noche acabábamos de comer bistec de cerdo le pregunté que qué le había parecido la carne "de cocodrilo". Me miró, socarrona, y me contestó "mucho mejor que la de puerco, Lachy".
El segundo evento que marcó nuestra estancia en casa de Tío Pito fue haber encontrado, en la gaveta central del aparador de la sala de la casa, un manojo de hojas medio sueltas, impresas con tipos de imprenta, que contenían décimas. Se tataba de letras pequeñas y las décimas venían agrupadas de a dieciséis por folio, anverso y reverso. Las leí todas de un tirón. Me di cuenta muy pronto de que las décimas no eran "lineales". Quiero decir que no eran como las de Arturo y Magdalena o las de Camilo y Estrella que me había enseñado el Poeta Vera Obregón y que contaban "una historia". Estas décimas formaban parte de una "conversación" ente dos poetas, en la que se preguntaban y se respondían cosas, y en donde a veces se insultaban y se retaban. La primera hoja decía Controversia poética entre Morejón y Limendox. Yo conocía a muy pocos decimistas y esos nombres no me decían nada. Tampoco sabía qué quería decir, en esencia, la palabra controversia porque una controversia, para mi, era una "pelea" entre "dos poetas", y en honor a la verdad no había asistido a muchas. Recuerdo que el folleto estaba incompleto y que tal vez traería unas treinta y cinco décimas. Las décimas me llamaban la atención por su amplia gama de temas abordados y pensé en lo mucho que "sabían esos hombres". Solo a través del contexto yo pude colegir de qué trataban algunas. Pero era tal su musicalidad que me las aprendí todas muy fácilmente. Tuve mucho cuidado de no devolverlas al aparador de Tía Juanita y de no dejar que Aleida supiera que yo las tenía. Me las robé. Y ese "robo de libros" puede haber sido el primero de una "actividad" que practicaría por varios años. Mi padre me explicaría luego qué era y en qué consistía una controversia poética y agregaría que "Raúl Ferrer también era tremendo poeta pero que no cantaba sus décimas porque las hacía para que la gente las leyera". Sin embargo ni él ni Vera sabían quienes eran el par de poetas de la controversia. No recuerdo en qué momento se me perdió el librito. Años después, cuando supe quienes eran José Ruperto Limendoux y Gregorio Morején, traté de encontrar la obra original y no pudo ser. Los avatares de la vida me impidieron ocuparme del asunto en la ciudad de Camajuaní - unos 25 kilómetros de Caibarién - en donde estaba (y está) la gente que sabe de verdad acerca de la vida y de la obra de ambos poetas. También se me extraviaron los manuscritos de las décimas que pude memorizar. Sin embargo, deseo compartir las que aún atesoro en mi memoria y algunos fragmentos que el paso de los años no ha podido borrar. Los récords que poseo sobre Gregorio Morejón son casi nulos. No así sobre el Negro "Vate Saguero" Limendoux, de quien hay un poco más de información. Pero de ello me ocuparé otra tarde.
A veces he pensado que el robo del folleto de décimas del aparador de la casa de Aleida fue mi respuesta involuntaria ( y subconciente) al engaño a que nos sometió con sus desayunos falsos. Lo que no puedo entender, entonces, es por qué se me extraviaron luego ni por qué no logro memorizarlas todas.Tampoco sé si la desaparición de la obrita poética ocurrió antes o después de que aquellas dos chivas que Tío Pito le vendió a Belillo se metieran en mi casa una noche lluviosa en que estábamos para la casa de Gocéndez y lo revolcaran todo.
Limendoux.
Yo estuve en La Hababa un día
cinco minutos cantando,
y quedó por mí llorando
un cura en su sacristía.
Un obispo que sentía
emoción por mi virtud,
en señal de gratitud
me dio un banquete en El Prado
y me decía entusiasmado
ave maría Limendoux.
Morejón.
A mi quisieron mandarme
a recibir instrucción,
y ni el sabio Salomón
que fue quien quiso educarme,
no supo lecciones darme
sobre sagrada escritura.
Menos de Literatura
Retórica y Geografía
ni de la Filosofía
que describe la Natura.
Limendoux.
Yo me subí al escritorio
del Santo Nino de Atoche
y le hice pasar la noche
a los santos de velorio.
Hasta el mismo San Gregorio
alababa mi virtud.
alababa mi virtud.
San Pedro conpró un laúd
y soltó el mazo de yaves
y djo "denme las claves
que me voy con Limendoux".
Morejón.
Yo realicé cuanto quise
en los límites del suelo
y subí cantando al cielo
donde no hay quien improvice.
Una décima le hice
a San Juan a mi llegada,
y sin ponderarte nada
fue tanto lo que gustó
que hasta Dios se levantó
tarareando una tonada.
Limendoux.
Yo en el vientre fui cantor
y al minuto de nacer
ya yo le daba que hacer
a cualquier compositor.
Homero,el gran escritor,
me escuchaba y se reía.
Espronceda me temía,
me salió huyendo Zenea,
y en la región europea
se extendió la fama mía.
Morejón.
.............................
El alijo del carbón
ha de dar cuenta de ti
y no hay quien se salve aquí
mas que Goyo Morejón.
Limendoux.
.......................................
Morejón, esto está grave
y vas a perder la yave
del Imperio Soberano.
Pues detállame cubano
a qué altura está la uva.
Y si pretendes que suba
tu fama un alto escalón
dime en qué fecha Colón
descubrió a la isla de Cuba.
Acabo de salir de nuevo al patio. La paloma no ha vuelto. Ni los sinsontes. Al gato del vecino se le cayó el Personal. Escucho a Justin Biber. La tarde se ha nublado y la brisa está sospechosamente fresca.
Miami.
Webchester, Miami, Usa.
Diciembre 28 del 2014.
Luis Eme Glez.
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