La Gran Cúpula Comunista de Corea del Norte sigue diciendo que no tuvo nada que ver con el hackeo a los Discos Duros de la Multinacional del Entretenimiento Sony, basada en el sur de California. Por tanto, nada que ver con las amenazas de los hackeadores. Nada que ver, tampoco, con la autocensura que se puso la Compañía cuando decidió no proyectar la película La entrevista en los cines oficiales de los Estados Unidos. El FBI continúa acusando a los jerarcas de Pyongyang de ser los autores del asalto cíber. Incluso lo hace después de que una Organización Independiente aseguró que el ataque no vino de Asia sino de adentro del país y cita a una mujer despedida por la Compañía que, al parecer, actuó por venganza. Lo más que ha admitido el FBI es que "no descarta un vínculo de ese tipo". El FBI es una entidad doméstica, sacrosanta en los Estados Unidos y cada uno de sus miembros se mueve en autos de último modelo, tal vez fabricados exclusivamente para ellos. Por eso no acostumbran dar "marcha atrás". Saben que si el plan de la CIA para eliminar al líder norcoreano se hubiera ejecutado durante una supuesta visita del hombre a los Estados Unidos, seguramente hubieran estado involucrados. La acción extraterritorial de la CIA y la autoría extraterritorial de los autores les obligó a trabajar dentro de las fronteras.
Solo cuando Barac Obama descargó dos puñetazos sobre una de las mesas de la Sala Oval y dijo que "la libertad de expresión estadounidence no podía ser censurada por un dictador de Corea del Norte" fue que algunas salas de cine independientes y los circuitos de Internet comenzaron a pasar la película. Las racaudaciones han sido por, lo menos, sustentables. Pero la deuda continúa. Se invirtió demasiado para un filme de fin de año y solo las salas oficiales del país podrían sacar la inversión a flote y propiciar las ganancias sin las cuales la caja no cuadra. Quienes han visto la película han dicho que no es nada del otro mundo desde el punto de vista peyorativo hacia un líder comunista y que no entienden el por qué de tanto aboroto. Yo pienso lo mismo y ni siquiera el chico Jong-un ha dicho nada nuevo interesante en relación con el apagón cíber que sufrió Norcorea inmediatamente después de que Obama prometió una "respuesta adecuada". El joven "prooccidental" eludió el tema y prefirió pedir a Corea del Sur continuar conversando en aras de solucionar conflicos atávicos allende el Paralelo Maldito. Como siempre, el affaire de La entrevista se aplacará, la cinta se proyectará en cada uno de los cines del mundo, Sony se resarcirá y el coreanito del pelado occidental la disfrutará en su búnker secreto, encantado de que se continúen filmando "cosas imposibles" y seguramente lamentándose de que la película no contenga ni siquiera un guiño decente a sus amados jugadores de la NBA. Sin embargo me preocupa un detalle. En un país que sigue viviendo con el Síndrome del 11 - 9 y que aunque no haga mucho caso a las bravuconadas de un "poderoso dictador aislado", no deja de tenerlo en cuenta, irá a ocurrir que las Grandes Productoras de cine decidan revisar los guiones que les llegan o los que tengan en agenda y solo elijan aquellos que no sean capaces de molestrar a líderes acomplejados o a masas fundamentalistas sin fundamento lógico?. Ojalá que la palabra precedente solo sea una más en los folios de la Academia Inglesa de la Lengua. Sin segundas lecturas.
Las amenazas "oficiales" dirigidas contra el ejercicio de la libre expresión son viejas. Quiero decir las amenazas salidas de un mundo que está en las antípodas del mundo occidental. El mundo occidental tampoco está libre de censuras. Sobre todo el mundo occidental que está en la periferia del Mundo Occidental "propiamente dicho". Censurar es una acción galáctica por su dimensión infinita. Pero ciñámonos al intento de censurar el pensamiento libre de los hombres y de las mujeres que piensan que el libre albedrío con el que dicen hemos nacido - o sido creados? - no "debe" ser impedimento para nada. Posiblemente cuando el Presidente Obama rebajó la categoría del ataque cíber contra Sony a cibervandalismo estaba pensando en que los enemigos de Estados Unidos también han nacido - o sido creados - con libre albedrío. Porque cada profeta solo recibe órdenes.
En 1988 todavía no había caído el Muro de Berlín. El Comunismo andaba de estertores pero sus coletazos seguían espantando moscas taciturnas en medio de una confrontación que estaba dejando de ser tan fría. El Islam dormía su letargo ancestral y nadie hablaba de choque de civilizaciones. Daba la impresión de que las posibilidades de ofender eran nulas. O casi nulas. Hasta que a Salman Rushdie se le ocurrió publicar una larguísima novela llamada Los versos satánicos. Salman - que es un autor inglés de origen indio - se embarcó en un asunto "sagrado" para los seguidores "puros " del Islam. Los "versos satánicos" - al igual que los "evangelios apócrifos" de "nuestra" Biblia - no están canonizados por los eruditos que tienen la última palabra en relación con El Corán. Por el simple motivo de que los versos no fueron "dictados" por el Arcángel Gabriel sino que fueron plagiados por Satanás mientras Gabriel no trabajaba como Dios manda. Salman se ocupa profusamente del tema y deja en el aire la posibilidad de que otro dioses compartieran el Trono Celestial con el Dios Unico y considera que el Panteón Deallariba no es tan impermeable. En 1988 el Clan de los Ayotallahs estaba en el poder en Irán y del Sha casi nadie se acordaba como no fueran algunos países de Occidente y los nostálgicos locales de los tiempos "laicos". El Ayatollah Jomeini era el líder de los nuevos "revolucionarios" de Irán. Y era la persona capaz de comandar las amenazas que, desde ese mismo momento, habrían de perseguir a Salman para el resto de su vida. La novela fue considerada "ofensa religiosa", rubricada por la Fatwa, que es un dictamen legal. Salman fue declarado hombre muerto y se llegó a ofrecer una cifra millonaria por su cabeza. Muchos países musulmanes secundaron el Edicto de Jomeini. Salman Rushdie fue colocado en cuarentena en Gran Bretaña y tanto cuidado oficial destrozó su vida publica. Mientras la novela disparaba sus ventas muchas personas vinculadas a su publicación murieron o fueron víctimas de ataques. Salman - que era un gran lector de textos medievorenancentistas - revisó la trayectoria de Galileo Galilei y eligió retractarse de sus opiniones, enalteciendo su respeto y admiración por los musulmanes. Therán, encantada, ripostó en 1998, asegurando que en ese caso "no harían nada" contra Salman. Los ultraconservadores de Therán rechazan el veredicto de su Ayatolah de turno porque "la Fatwa nunca fue revocada" por el Gran Ayatollah Jomeini, muerto en 1989 y mantienen la oferta en metálico de 1992 por la cabeza del musulmán renegado. Salman nunca pudo recuperarse de las amenazas de Therán. Pero sí decidió rerretractarse cuando Londres y Theran hicieron un paripé de amistad reconquistada tras los Acuerdos de Argelia. Algo así como "serán apócrifos, pero existen". Aunque alguna vez Salman Rushide sea premiado con el Premio Nobel de Literatura podremos estar seguros de que será recordado por el Incidente con la Cúpula de Therán. Recuerdo que para 1988 y 1989 yo estaba relanzando mi vida intelectual y estaba impartiendo Historia Universal en la Enseñanza Secundaria. El Gobierno Cubano se interesó en el affaire del novelista inglés de ascendencia india sin entrar en detalles religiosos. Eran los tiempos en que todavía Therán era mirado en La Habana como el David "moderno", que había logrado mantener secuestrados a los rehenes yanquis por encima de las zarpas de las Tropas Elites de Washington y la Operación Garra de Aguila se veía como el Girón Americano en Irán, en donde esta vez le había tocado estrellarse a Jimmy Carter.
La simple condición de bisnieto del hermano de Vincent Van Gogh no le hubiera garantizado jamás la fama al cineasta holandés Theo Van Gogh. Theo, descontando la genética artística genial, era poseedor de una concepción valórica sin mácula. Porque Theo era ateo confeso y converso. Si Theo se hubiera interesado en escudriñar más todavía en los tiempos de la Reforma Religiosa y en continuar despotricando contra las metodologías de la Iglesia Católica, como hicieron sus congéneres antepasados en el norte de Europa, no le hubiera pasado nada. Porque su mundo occidental se había occidentalizado lo suficiente. Solo que Theo se consideraba un tipo ecuménico, al que nada le era ajeno en cuanto a inquietudes intelectuales. Y una madrugada descubrió que en su Agenda la temática musulmana pedía a gritos un espacio. Así que Theo escudriñó la praxis musulmana y terminó por pedirle cuentas. No como había intentado pedirlas, jugando a la literatura, Salman el angloindio. Se las pidió al desnudo en sus obras fílmicas, signadas por la capacidad y el talento de sus ancestros, aquellos hombres y mujeres que paseaban entre girasoles mientras el mar trataba de comerse al país. En el año 2004, el islamista holandés de origen marroquí, Mohamed Bouyery - después de que la mesa de trabajo de Theo ya no podía con tantas cartas amenazantes - lo espera en medio de la calle, lo tumba de su bicicleta, lo tirotea, lo apuñala y lo degolla. Mientras Bouyeri purga cadena perpetua las autoridades de Amsterdan no hayan qué hacer. Nadie pronuncia "ningún fundamentalista islámico en ninguna parte y mucho menos con nuestra nacionalidad ha de poner de rodillas a nuestra sagrada libertad de expresión". Inesperadamente el Ministro de Cultura dice que "si las leyes sobre los discursos del odio fueran más duras, sus obras no se habrían publicado y seguiría vivo". Para suerte del país y de la cultura occidental ningún otro alto cargo ministerial hizo declaraciones de ese tipo. Si embargo, solo para el año 2007 fue que las autoridades de Amsterdam decidieron inmortalizar al cineasta, erigiendo un monumento en su honor llamado El grito. Para entonces Barac Obama seguía soñando con llegar a la Casa Blanca desde su butaca de Senador por el Estado De Illinois y asistía, atentamente, a los metódos de George W. Busch para acabar con el terrorismo islámico en Afganistán.
El diario danés Jyllands Posten publicó caricaturas de Mahoma en el año 2005. Los musulmanes de los países musulmanes y las minorías musulmanas en Occidente volvieron a poner el grito en el cielo: en su cielo. Y de nuevo se escucharon amenazas. Yo vivía en Chile entonces y lo único que me impactó en verdad sobre el acontecimiento fueron ciertas declaraciones de algunos líderes occidentales que le hicieron coro a George W. Busch cuando dijo que "la libertad de expresión es sagrada pero que no era mala idea alertar contra sus consecuencias". O sea, pueden despotricar todo lo que deseen contra esa gente de turbante y de camellos flacos olorosos a nafta, pero no pueden contar con nosotros todo el tiempo. O sea, celebramos su defensa de la libertad de expresión pero no sería malo que dejaran de hacer algunas cosas contra esos locos de por allá. O sea, no se trata de que les tengamos miedo, se trata de que hay cosas contra la que no se puede luchar con el cien por ciento de éxito porque son cosas no convencionales. Para entonces Obama se debatía entre su sangre musulmana y sus correrías por las playas de Waikiki de la mano de su madre americana. Pero ya tenía casi claro cómo responder a los terroristas. A todos los terroristas.
A veces, cuando a Ridley Scott no le gustan los guiones de cine que tiene en la pantalla de su ordenador le echa mano a los personajes históricos. Porque es débil ante el vasto universo de las "leyendas históricas". Hace muy poco se enredó en un filme presuntuoso llamado Exodus: dioses y reyes. Y le dio casi toda la pantalla a su insuperable Christian Bale. Los israelíes están encantados de que alguien tan solvente como Scott haya empleado tiempo y dinero para tratar un tema que les enaltece. Y cuando se han dado cuenta de que algunas cosas no "encajan", de acuerdo con lo que asegura su Viejo Testamento, lo han tomado a la ligera y han seguido construyendo casas en Jerusalem Este. Lo que es mucho más importante que todas las películas que traten de temas bíblicos. No ha ocurrido así con las autoridades egipcias. Que han censurado al filme. Pero no lo han hecho porque sean musulmanes moderados ni para secundar muchas de las perretas de sus hermanos fundamentalistas. Los jerarcas de El Cairo se han sentido ofendidos porque a Scott no le ha importado un mazo de algodón del Nilo destrozar a la historia sagrada de su pueblo. Los eruditos de la Gran Biblioteca de Alejandría les han asegurado que la condenada película está repleta de errores imperdonables. Qué es, por tanto, falsa, y el pueblo no tiene por qué ver tanta falacia salida de la mente de un occidental que se ha equivocado esta vez. O sea, esta vez, no siempre. Un error no es una ofensa: pero casi. Censurémoste por error, Ridley, de momento. A los egipcios - a los que se consideran con el deber de salvar la historia de la patria milenaria - no les importa que National Geographic se haya pasado montones de años estudiando la historia real de la construcción de las pirámides o los misterios de la separación del Mar Rojo en el momento en que los judíos urgían de un milagro detrás de Moisés y delante de los soldados egipcios, ciegamente cumplidores de las órdenes de su Faraón. A ellos solo les interesa que se respete la historia y que las fechas no sean tergiversadas con "toda intención". Ridley es un artista: ellos son historiadores sagrados. La película es un bodrio y los egipcios no tienen por qué ayudar a financiar una falacia. Esta vez no hay amenazas para Scott, ni advertencias "duras". Solo la noticia de que su obra ha sido "censurada" en Egipto. Y un tantito en Marruecos. Y quizas un llamado de atención. Nada más. El puede visitar a las pirámides. Y al Mar Rojo. Si paga, claro. Como cualquiera. Se trata de una "censura" que - cómo no - "advierte". Tomen nota, genios de Hollywood. No oviden la fecha exacta en que Cleopatra se acostó por primera vez con Marco Antonio. Si es que el próximo remake está en cola en las pantallas de sus ordenadores.
No hay comunidades norcoreanas en Europa ni en América que puedan salir a manifestar cuando se sientan atacados por los occidentales. Si las declaraciones del FBI son ciertas - disculpen esta nota al pie de página acerca de la infalibilidad - entonces dichas comunidades, rematadamente lejanas pero aupadas por sus élites, han inventado otra manera de provocar miedo.
Los ataques cíber.
Westchester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Enero 1 del 2015.
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