Sunday, December 7, 2014

CANCIONERO ESPAÑOL: EL RIO Y LA MAR. (1).-




La Entrada de este Blog "América en el repertorio de algunos intérpretes" provocó algunas reacciones positivas. Alguien me pidió otra Entrada similar. Quiero decir otra Entrada con música dedicada a otro tema. Me encanta la idea, aunque en verdad nunca pensé convertir "guiones radiales" para Internet en Series Temáticas. Antes de aventurarme en el asunto que ocupará esta Entrada estuve buscando un guión para radio que saqué de Cuba en el año 2001 relacionado con la muerte de Jhon Lenon en la entrada del edificio Dakota en 1980. Cuando digo "muerte" entiendan asesinato. Y no olviden un nombre: Mark Chapman. Ni a sus cinco disparos a quemarropa, que se llevaron al hombre de Imagine. No le he encontrado. Evidentemente debe de estar entre mis Papeles Chilenos, los mismos que todavía descansan en un ático en Santiago de Chile. Pensaba ponerlo a su consideración. Será otra tarde.
Soy alguien que pertenece a la Generación de los 50. Por tanto soy alguien que creció marcado por la música - entre otras cosas - de la Década Prodigiosa. La Edad Dorada de la Balada. Sobre todo de la Balada Española. De la balada romántica. Mi adolescencia estuvo saturada de la genialidad musical de los monstruos ibéricos. Y aunque jamás he discriminado ningún tipo de música no puedo negar que la balada es mi fuerte. También debo admitir que los baladistas latinoamericanos no tienen nada que envidiar a los peninsulares. Tampoco los baladistas anglos. Salvo, tal vez, la prolijidad impecable. Solo que para esta ocasión he elegido a los españoles "de España". Y he ceñido el tiempo entre las décadas de los sesenta y  de los setenta y me he llegado unos años mas acá en los que me he tomado la libertad de salirme un tanto de la balada como concepto clásico. Se trata de una "Licencia Blógica": discúlpenme. Por demás soy una nulidad extrema en cuanto a conocimientos musicales: no así en cuanto a información musical. No canto en el baño ni hago crítica sobre música, por tanto. Solo - eso sí - me paso horas y horas "viendo" y oyendo música de toda calaña. La música también se ve. Así de simple. La gente sabe de mi pasión por el mar. Por las aguas. Puras e impuras. Por los ríos. Miami está repleta de lagos, de ríos, de mar, de piscinas, de canales, de agua. El sitio en donde vivo adolece de todo ese exomundo líquido. Increíble, pero cierto. Desconozco hasta cuándo. Así que si el Tema de esta Entrada es ese, será por nostalgia de mis otras aguas del sur. Digo yo. Dirán ustedes.
Leído esto sé que se estarán preguntando "pero acaso este tipo no acaba de decir en la Entrada Anterior que en su casa no había radio, que el de la Abuela había desaparecido debajo de una descarga eléctrica campesina, que el de Los Gocéndez solo radiaba noticieros y programas humorísticos y que en el viejo televisor ruso de la beca apenas podía ver canales norteamericanos". Dije eso, efectivamente. Pero me faltó decir otras cosas de relación porque no estaban diseñadas para ser incluidas. Así que escuchen cómo me mantenía informado en materia musical antes de salir de casa para estudiar el Sexto Grado, becado, en la Secundaria Rural Mártires de Yaguajay, 1967. En casa de mi Tía Celia había una radio mediana, de aquellas que usaban baterías enormes y que se parecían  a la defensa de una camioneta Chevorolet de 1950. Recuerdo que estaba en la saleta y que tenía una antena enredada en una vara muy larga que llegaba casi hasta la copa de la mata de ateje. El marido de mia Tía, Pepe El Carpintero, también oía noticieros y programas de humor. Pero, generalmente, lo hacía en horarios nocturnos, los mismos en que mi padre y yo oíamos lo mismo en casa de Los Gocéndez. Así que las horas en que ecuchábamos música con mis primos Luis Enrique e Imeldo - Milagros ya era una mujer y tenía intereses anexos - eran las vespertinas. Vale decir cuando no estábamos en el colegio. Jamás olvidaré la tarde en que escuché por primera vez  Oh Querida, de Los Beatles. Tampoco cómo a partir de entonces nos las dábamos de "grandes conocedores" del inglés pues repetíamos constantemente "ou juchali", con el sonido de la guitarra detrás que nos sonaba a "plis".Ya he dicho que el primo mayor, Pepe, que vivía y trabajaba en La Habana, nos había inclulcado la pasión por la música de Rapahel. Por cierto, algunas de las noches en que no iba con mi papá a "casadegucende" venía con alguno de mis primos segundos - los hijos de Mikel - para oír los juegos de beisbol de la Liga Cubana. Venia acompañado porque me daba miedo regresar solo por entre los cañaverales y pasar sobre la palma del río y por el lado norte de donde decían que  salía el conejito blanco desde el cuarto de Mikel. De modo que la radio de Pepe Siverio fue mi primera fuente musical prodigiosa.
Cuál fue la segunda fuente?. Miren.  Mi primer Internado en el Campo, al que llamo Mártires de Yaguajay, en realidad era El Hogar de Centeno. Y formaba parte de una Cadena de Escuelas en zonas rurales - rodeadas de considerables extenciones de tierra dedicadas a la agricultura y a todo tipo de ganadería - que había apadrinado la esposa del Dictador Fulgencio Batista, Martha Fernández, con el objetivo de hacer realidad la máxima martiana que pretendía aunar la educación y el trabajo en la formación de los jóvenes. Mártires de Yaguajay fue el nuevo nombre que le endilgó "La Revolución" en su carrera desbocada por tratar de borrar el pasado. El Hogar de Centeno era un Edificio Central de mampostería y techo de tejas en forma de U con una plaza rectangular en medio de las aulas y sus anexos de rutina. Allí, en las noches en que no era obligado repasar las lecciones del día, se pasaban películas y se ponía música mecánica con altoparlantes. Por supuesto que se ponía todo tipo de música. Pero predominaba la Nueva Trova Cubana y la Balada Española. Recuerdo que me sentaba como a cincuenta metros de los parlantes, debajo de un cocalito que había al norte de las aulas, para escuchar la música sin demasiada estridencia. En ocasiones nos visitaban grupos musicales - les llamaban "combos" - de los alrededores y generalmente tocaban baladas hispanomaericanas. Recuerdo muy bien una de ellas, Murió la flor, de los chilenos Los Angeles Negros, descargada por el combo Los Itachy. Porque aunque los solistas de la Gran Década ocupaban mucho espacio en los programas de radio, eran los grupos musicales los que mandaban a finales de 1960. Digamos, Los Fórmula V, Los Mustang, Los Angeles, Los Mitos, entre tantos.
Cuál fue la tercera fuente?. Ya he dicho en alguna parte que terminé el Sexto Grado en Centeno y que comencé el Séptimo allí mismo porque la escuela era una Escuela Secundaria que solo había hecho "un hueco" ese año para los estudiantes de Sexto. Pero que en Diciembre de 1968 fuimos trasladados para Topes de Collantes. Topes - casi nadie decía "de Collantes"- era algo así como una pequeña ciudad, con un gran Edificio Central Reconvertido, de varios pisos, que albergaba a  miles de estudiantes de Magisterio de todo el país y que en sus inicios "capitalistas" había sido un Hospital de Reahabilitación Neurológica dada su ubicación en medio de la Sierra del Escambray y a varios metros de altura sobre el nivel del mar. Topes estaba lleno de carreteras que subían y bajaban entre la vegetación compacta hacia las aulas, los comedores, los albergues, los talleres, las pequeñas fábricas y las instalaciones deportivas.  Cuando se llegaba desde Trinidad lo primero que se veía eran las oficinas de entrada y un Gran Anfiteatro delante del Edificio Central. Dicho anfiteatro constituyó mi tercera fuente musical. Porque allí, todos los domingos, se pasaba música mecánica mientras los alumnos esperaban  para reunirse con sus familiares que les visitaban. Y como en cada escenario del país la música que mandaba era la Nueva Trova y las Baladas Españolas. La música sonaba con altos decibeles y recuerdo que se podía escuchar como a dos kilómetros. También el Anfiteatro tenía un gran escenario con una  pantalla de cine en donde se realizaban representaciones teatrales y se pasaban películas. Recuerdo que sabíamos las noches en que habría películas y los fines de semana en que habría alguna representación. Generalmente nadie se perdía ningún evento. Desde esas gradas escuché lo nuevo que nos llegaba de España y de América y del mundo en materia musical. Debo decir que ese año todavía la censura artística no había hecho acto de presencia en Cuba con la intencidad con que lo haría después. De modo que aunque teníamos que desayunarnos cierta "música nuestra" casi indigerible y un montón de filmes rusos que solo mostraban tanques y soldados de la Gran Guerra Patria, pues también teníamos acceso al solvente cine francoitaliano, que vivía su época dorada, al cine japonés, con sus samurais invencibles y sus leyendas del judo y al cine americano de antes de 1959, que destacaba por exhibir exquisitas antologías de Chaplin. Nunca olvidaré que allí  vi Tiempos Modernos,  La Leyenda del judo, las zagas del espadachín ciego Zatoichi y las de Tange Zazen, El caballero de Cocody y la inovidable Nuevo en esta plaza, el clásico de toros protagonizado por Palomo Linares. Entre otras.
Así que puedo jurar que la siguiente selección de baladas - y un que otro extra - que hablan de los ríos y de la mar es una selección no forzada. Sino retrotraída desde los años hermosos en que las escuché, posiblemente en sus primeras emisiones radiales en la Cuba de mis tiempos de adolescente. Me complace exponer algunos temas que no están incluidos en los repertorios exclusivos de algunos solistas. Como dice Rapahel en las "joyas de la Corona". Y otros que estoy casi seguro no conocerán. O no recordarán. Las canciones solo irán acompañadas de textos de apoyo que me parecieron necesarios.
Ojalá les interese el tema y la selección. 
A sus órdenes.


Westchester, Miami, USA.
Diciembre 6 del 2014.
Luis Eme Glez.


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