Tomado de Grandes Nostalgias.
Desde el año 2011, cuando la NASA había cerrado su Programa de Transbordadores, solo se tenían noticias de que la Agencia Espacial Estadounidense no estaba dormida en sus laureles. Se decía que había muchos miles de millones de dólares en juego y que en cualquier momento nos enteraríamos del último grito en materia espacial. Acabamos de "escucharlo". Se trata de la nave Orión, una cápsula diseñada para vuelos lejanos, que acaba de salir desde Cabo Cañaveral, Florida, impulsada por un choete Delta V. Ahora mismo - 10 y 45 am - ya anda muy lejos, batida contra el infierno de las radiaciones. Y contra los enigmas de la Nada Falsa. Pero los Transbordadores operaban en órbitas bajas. De modo que la noticia de la Orión es la primera en relación con proyectos a distancias megasiderales desde el Proyecto Apollo de los años sesenta y setenta del siglo XIX. Orión solo está "volando" a manera de ensayo. Y como tantas "colegas" de menor rango, se dejará caer muy pronto en aguas del Océano Pacífico, en donde ya la esperan las naves de salvamento. La NASA calcula que para el 2021 esté lista para llevar gente a bordo. El sueño de Marte sigue intranquilo sobre las almohadas de los Genios del Espacio. Para suerte de la Humanidad.
La noticia me ha traído a la mente los años gloriosos de las Misiones Apollo y sus vuelos no tripulados hasta que la NASA encargó a Neil Armstrong, Edwin E. Aldrin y Michael Collings, en el verano de 1969, el enigmático trabajo de llegar hasta la Luna. Todavía yo no había cumplido trece años, acababa de terminar el Séptimo Grado en una Escuela Interna de Montaña a más de cien kilómetros de casa y estaba de vacaciones. En casa no había radio. Mis conocimientos de Ciencia Espacial eran muy ligeros y recuerdo que en los ocho meses que estuve internado en Topes de Collantes las horas de televisión fueron muy exiguas y solo de paso nos caía algún periódico Granma o alguna revista Bohemia entre las manos. Por suerte los Matutinos, en la Explanada frente a las aulas, nos informaban casi al detalle de lo que pasaba "en el mundo". Sobre todo en el mundo "socialista", en donde vivían nuestros "hermanos de causa". Cada "aniversario" que conmemorara alguna hazaña "socialista" era recordado - y muchas veces dramatizado - en el escenario preaulas. Debo admitir que los disfrutaba con especial interés porque a esa edad ya mis neuronas sabían a qué querían dedicarse en el futuro. Lástima de neuronas, tan pésimas en cuanto a futuros adivinados. De modo que yo tenía formada, mas o menos, una idea de lo que se decía acerca de la "gran hazaña" de nuestros "amigos" soviéticos, que habían sido capaces de poner en órbita al primer satélite artificial creado por el hombre en 1958 - un Sputnik - y poco después habían decuplicado la hazaña al poner en órbita al primer ser humano en 1961, un casi imberbe "ruso" llamado Yury Gagarin. Hazañas que no hubieran tenido tanta connotación de no ser porque eran hazañas logradas en medio de la Gran Confrontación con los Estados Unidos en todos los ámbitos que emanaban de la Guerra Fría. Por tanto cuando el Expolorer 1 orbitó al fin, el logro había sido "secundario" porque lo había hecho "después" que el Sputnik. Igualmente cuando Alan Shepard salió al espacio exterior la prensa oficialista dijo, irónicamente, que "ya Gagarin sabía de eso". Los Matutinos me atiborraban de información, que muchas veces digería con dificultad. Pero las digería bastante mejor que para la época en que las informaciones eran "recordadas" en los matutinos de la Escuela Primaria Félix Varela. Mi padre - que tenía su gran fuente de información en la radio de los Gocéndez - hacía todo lo posible por responder a mis preguntas, pero yo sentía que casi siempre se quedaba corto con su "elocuencia para mayores". Mi padre acudía cada noche al hogar de Los Gocéndez para escuchar los noticieros de la Voz de América. La radio de la abuela hacía años que había volado en pedazos después de que un rayo primaveral destrozó la antena que estaba conectada a mediados de una mata de coco en el suroeste de la casa y no se había comprado otra. Mi papá era un gran oídor de noticias y de programas humorísticos y no tuvo dificultades en inculcarme su pasión. Recuerdo que le encantaba repetir el nombre del locutor estrella de la VOA, el cubano José "Pepe" del Río, y sobre todo uno de sus slóganes más conocidos: el saludo a sus oyentes "mientras degustaba" una tacita de café desde 'Washington DC". Recuerdo una conversación que tuvo una tarde con un "comuñanga" que vino a la casa para comprar un quintal de frijoles negros. Yo tenía cinco años y estaba tratando de halarle el rabo a un puerco que mi mamá estaba cebando debajo de la mata de aguacates verdinos. El hombre le dijo a mi papá que se dejara de comer mierda y que entendiera al fin que los "bolos" eran nuestros amigos de verdad y no esos americanos "que ni siquiera habían podido salir de la Tierra con sus coheticos tan malos como la máquina de Gualterio". Mi padre sonrió. Le cobró los cien pesos y cuando le ayudó a montar el saco sobre la delantera de su montura le preguntó "sabes quién es John F. Kennedy". El hombre del caballo lo pensó dos veces. El Presidente de los Estados Unidos acaso. Correcto, te sabes esa. Yo también oigo radio, isleño. Has oído esta frase "llegaremos a la Luna muy pronto, no porque sea fácil sino porque es difícil". La verdad es que no. La pronunció ese tipo, no lo olvides. Peo que suena no rompe calzoncillos. No la olvides. Eres un gusanón intransigente, hombre. Lo soy, pero no te conviertas en un chivato "intransigente" aunque seas comunista porque entonces no te venderé ni un grano de frijoles aunque tu famila se esté muriendo de hambre. Lo sé, isleño, descuida, conozco mis límites. Mi padre me explicó quien era Kennedy. Pero al parecer no tenía ni la menor idea de lo que pasaria en Octubre del año 1962 durante el Affaire de los Misiles. Estoy seguro de que los americanos llegarán hasta la Luna mas pronto que los rusos, me recalcó, no lo olvides, niño.
Para mis primeras vacaciones de Secundaria mi cerebro había asimilado dos nombres muy rimbombantes que siempre estaban en la voz de los locutores de la radio cubana, de los presentadores y analistas de televisión y de los profesores fabricantes de Matutinos Comprometidos. Vale decir, el conocidísimo Yuri Gagarin y su compatriota Germán Titov, que le había sucedido en la hazaña extraterrestre. Hasta el mes de Julio de 1969. Una noche mi papá regresó como a las diez de la casa de Los Gocéndez. El Poeta Vera se había acabado de ir porque la noche amenzaba diluvio y mi mamá estaba preparando las camas para meternos en ellas. Recuerdas lo que le dije a aquel tipo de los frijoles hace como ocho años, me preguntó. Pensé que me había hablado en chino. A qué tipo papi, dije. Sobre el viaje a la Luna de los americanos. Yo tenía cinco años en aquel entonces pero ya se sabe la pata de la que no cojea mi memoria. Por supuesto que me acordaba. Claro, al comuñanga al que amenazaste conque no se volviera chivato, concedí. Ese mismo, hijo. Mi madre regresó del cuarto. Ya la niña está durmiendo, así que bajen el gaznate, doctores Morató y Lekerique, ordenó. Mientras se quitaba la camisa, mi padre me dijo "los americanos están preparando una nave para ir a la Luna, parece que la impulsará un cohete y que irán tres tipos y que cuando regrese se tirará en el mar". Mi madre regresó del patio a donde había ido para mear. Salgan para que vean a la Luna Lunera Cascabelera, está como un espejo esperando a esos "americanos", ironizó. Ríete, mujer, deja que salgan y que regresen vivitos y coleando, a ver qué dice el comprador de frijoles y los comunistas que nos gastamos por el barrio. Esa gente solo sabe de que la Luna Llena es buena para no tener miedo de andar de noche por ahí, dije. No, niño, algunos sí saben cosas, como Eliseo y los La Rosa. Comunistas de cepa, dijo mi madre. Sí, pero son gente seria y decente, acotó mi padre. Yo estaba enamorado de la hija de uno de los La Rosa, a la que había dejado de ver y desconocía si todavía estaba de novia con el hijo de Román Barroso, así que no dije nada. El 16 de Julio es la salida, dijo mi padre desde la cama. A lo mejor "falla", como esa Camberra de las 8 de la noche en la que no vienes siempre, apuntó mi mamá desde la cocina. Ya lo he dicho, Niña, eres mas profiada que Donato. Tery se había acabado de despertar y los dos tuvimos que agantar la risa. Mi padre le decía, medio en broma, a mi madre que "su manía de llevar siempre la contraria la hacía igualitica a su tío". Sí, yo soy porfiada cómo no, negaba mami, y siempre terminaba por acusarlo a él de lo mismo.
La semana que precedió al 16 de Julio la ocupamos en visitar a Los Gocéndez. Quiero decir "a tiempo completo". Porque la casa de Los Gocéndez era la casa a visitar casi todas las noches por gran parte de los vecinos de los alrededores. Mientras Tery jugaba con las hijas de Pepe Ramos en el portal o escuchaba los cuentos de la Tía Tata en la cocina, de la voz de Aracely, mi padre y yo no nos despegábamos de la radio en la saleta de la casa. Recuerdo que siempre nos acompañaba Pedro Gocéndez y a veces el Gallego Ventoso. Ocasionalmente Pablo - el dueño de la casa - entraba para saber lo último "del viaje a la luna" y luego le contaba al hermano Enrique, si estaba de visita, y a los demás visitantes que estuvieran ocupando el portal comedor. Generalmente las mujeres se sentaban en la sala, detrás del medio punto. Antes de sintonizar la Voz de América siempre se escuchaba un programa de humor en la Radio Progreso que nadie se perdía. Recuerdo a mi padre, muerto de la risa, coreando a Agustín Campos cuando saludaba "a las buenas noches tengan todos por aquí yo soy feliciano mengano sutano y penca de guano" con su voz de guajiro de monte adentro. Cada noche - y hasta el día 15 de Julio - asistimos al "orden de la noche" emitido por la Voz de América en relación con los preparativos del lanzamiento de la nave Apollo 11 desde Cabo Cañaveral en el Estado Suroriental de La Florida. Pepe del Río era el locutor estrella de los programas de la VOA en el horario de la mañana, pero muchas veces acudía en el turno de la noche porque los presentadores estaban a punto de agotarse. Mi padre, probablemente, era su fan número uno en el Hemisferio Occidental. La noche del 15 nos despedimos de Los Gocéndez hasta la noche del 16 en que regresaríamos para hablar del despegue del Apollo 11, impulsado por el potente cohete Saturno V. Sabes acaso, hijo, quién es Richard Nixon, me preguntó mi padre, cuando estábamos abriendo la primera puerta de la primera cerca de la finca de Los Gocéndez. No, respondí. Cómo que no, muchacho, entonces para qué carajo llevamos una semana pegados al radio ese. No sé, lo siento, insistí. Tú sabes, Niña, se dirigió a mi madre. No, a menos que haya dicho su nombre cuando haya estado en casa de Belillo jugando lotería y no lo haya oído o lo haya olvidado. Oigan, estoy preguntando en serio, advirtió. Nosotros también respondemos en serio, coreamos. Nixon es el actual presidente de los Estados Unidos, y el padre del Proyecto Apollo, concluyó. Me eché a reír. De qué te ríes, muchacho, bien se ve que ya no le tienes miedo "al gancho",simuló enojarse. Mi padre se refería a que yo "había crecido" y por tanto no pedía "ir alante" por miedo a que mi picaran los "gansos" de Los Gocéndez. Pensé que el presidente de Los Estados Unidos se llamaba Richard "Milahus" Nixon. Mi madre soltó la carcajada cuando íbamos entre la mata de limón del potrero de Los Gocéndez y la de almácigo que era un poste más de la cerca divisoria con nuestra finca. Coge, anda, te jodió tu hijo, dijo. Está bien, ganaste, no soy amigo de los "segundos nombres". En serio, "Donato", fastidió mi madre. De modo que los tres terminamos riendo y mi madre tuvo que cargar a Tery, que había comenzado a quejarse de cansancio y gritaba que se moría de sueño.
La VOA había asegurado que las llamaradas y el humo que quedarían debajo del cohete Saturno V podrían ser vistos desde varios kilómetros a la redonda, Mi padre no podía disernir "cuántos kilómetros" a partir de Cabo Cañaveral y todavía yo no le había explicado correctamente en qué meridiano estaba Plateros con respecto a La Florida. Muchas veces me había preguntado, en medio de su inteligencia natural, ingenua en ocasiones, "para dónde queda Estados Unidos" y yo le señalaba siempre el Noroeste. Pero sin establecer hasta qué punto exacto del Noroeste. El mapa me había dicho que la península de La Florida caía sobre la provincia de Matanzas y parte de la de La Habana y tal vez cogiera un poquito de la de Las Villas. Sin embargo yo no estaba en condiciones de fijar con certidumbre el sitio desde donde despegaría el Saturno V con la nave Apollo 11. En todo caso lo situaba bastante lejos del "frente" de la casa de la Abuela. Porque mi padre había decidido que sería desde el portal de la casa de Queta desde donde miraríamos hacia el noroeste a ver si "por casualidad" podíamos ver algún destello del fuego y del humo que dejaría el supercohete. No es que yo crea que veremos algo, me decía, pero con probar no se pierde nada. Además, papi, agregaba yo, también está la loma de Beto Navarro de por medio y las otras lomas hasta Yaguey. Es verdad, pero si las llamas son tan grandes como dicen a lo mejor quién sabe, lo que pasa con la casa de Gocéndez, aunque esté mas "cerca" de tú noroeste, es que está tambien mas lejos del punto de despegue y hay mucha vegetación al frente. Deberíamos de haber ido hasta la costa de Caibarién, dije. Buena idea, los cayos no estorbarían, lo tendremos en cuenta para la próxima. No será que solamente quieres rendir un homenaje a la "victoria espacial" que obtendrán los yonis sobre los bolos, inquirí. Mi padre se relamió sus labios. Por qué no, dijo. Entre la casa de la Abuela y Cabo Cañaveral podrían haber, sobradamente, más de 300 millas.
Sabíamos que el despegue se efectuaría el 16 de Julio a las 13. 32, hora de Cabo Cañaveral, "stándar del este", como decía Pepe del Río cada mañana. De modo que salimos una media hora antes de la casa, después del almuerzo. Mi madre no nos acompañó. Recuerdo que mi padre cogió el viejo reloj despertador Ottolina del fondo del taburete que estaba en la cabecera de su cama y que me lo entregó. Cuidado no se te caiga, me advirtió. Descuida, cuándo compraremos un radio. Deja ver, cómo dices que se llama la cosa con la que aterrizarán. Alunizarán, papi, se llama Módulo Lunar Eagle, que en español quiere decir águila, y para tu segura segunda pregunta te diré que el Módulo de Mando se llama Columbia. Que quiere decir....Eso si que no lo sé. Igual sabes más que yo, muchacho, deja que te vea Raúl Ferrer. Por cierto, te dije que hasta tiene un paracaídas para que no se reviente contra el mar. Te faltó decirme eso, pero lo sé. Nos sentamos en el ala occidental del portal de la Abuela. Mi padre en un taburete, apoyando sus brazos sobre su espaldar, y yo en el borde del piso de cemento. Mi padre colocó el reloj en el borde norte del piso. Qué, están preparando alguna brujería, preguntó Kuka la Isleña, cuando salió con una escoba de barrer portales. Cuidado no tumbes el reloj, chica, le dijo mi padre.Vas a volver loco a ese muchacho. agregó la "medio hermana". Mientras no se ocupe de Juruminga 17 y de Matojo 18 estará bien, despreocúpate de su educación. Sonreí. Para él y para muchos miembros de la familia, esa era la "traducción" de los nombres del gran profeta bíblico Jeremías y del evangelista San Mateo, con los que Kuka y sus asesores, los esposos Martínez Fuentes, trabajaban en sus campañas proselitistas testigojeovásicas en el barrio. No dejarás jamás de ser un ateo, hombre inícuo, serás abrazado lentamente en el Infierno. Me gusta el calor, chica, y cállate, anda, que ya van a ser las 1 y media "hora stándar del este". Después sabríamos que la nave despegó a la hora estipulada, que había dejado la gran estela de fuego y de humo anunciada, que muy pronto la Cadena de Mandos había pasado de Cabo Cañaveral a Houston, Texas, que Armstrong había pisado la superficie de la Luna a las 2 y 56, Hora Internacional, del día 21 de Julio, pocas horas después de haber alunizado en un sitio llamado Mar de la Tranquilidad, que las señales de televisión habían tenido que llegar desde el Observatorio Parkes en Australia porque las que llegaban hasta Goldstone, en California, eran pésimas, que Armstrong había acuñado una frase para la historia que decía "un pequeño paso para un hombre pero un gran salto para la humanidad" y que los tres héroes norteamericanos habían caído al Pacífico como si nada el 24 de Julio. Cuando regresamos a casa mi madre le preguntó a mi papá por "la candelá y por la humacera" detrás de la Loma de Beto. Mucha, mucha, parece que el horno se le está volando, respondió mi padre, algún día tendremos un radio.
Yo debía de regresar a Topes de Collantes en Septiembre para cursar el Octavo Grado de Secundaria. Por supuesto que no quería pasarme diez gélidos meses más sin venir a casa y si había aceptado regresar era únicamente porque en la mente de mis padres nunca anidó la posibilidad de que viajara a Caibarién o a Yaguajay para hacer la Secundaria "en la calle". Yo era un niño campesino y por lo tanto tenía que estudiar "becado" como mandaban las "leyes revolucionarias". Esa era un "excepción" contra la que la mentalidad de mi padre no tenía alternativas. Pero los milagros existen. La hermana de mi amigo Amaury - la hija de Eliseo Cabrera - estaba acabando la carrera de Magisterio y haría las prácticas en la ciudad de Remedios. Ella resolvió nuestro traslado para la ciudad colonial. De modo que una mañana mi padre salió rumbo a Topes de Collantes con el objetivo de buscar ambos Expedientes Escolares. Salir para la "montaña" era poco menos que una Odisea. El transporte escaceaba en cada tramo de las carreteras. Y además, era demasiado lejos. Había que atravezar toda la provincia de Las Villas de Norte a Sur. Nunca se sabía cuando se podría regresar. Lo cual habían demostrado mis padres y hermana todas las veces que habían ido a verme durante mi séptimo grado. Así que cuando mi padre se apareció en la casa antes de que cayera la noche nos pareció que simplemente no había podido llegar ni a Trinidad, la ciudad colonial que está en el alero de la Sierra del Escambray y que es la última parada antes de subir los 21 kilómetros que la separan de Topes de Collantes. Mi padre se echó a reír. Aunque no lo crean, me topé en Caibarién con un chofer amigo que iba para Trinidad a buscar tejas cubanas y el hombre hasta esperó a que yo regresara de Topes. Pero no veíamos rastro de los Expedientes. Me dijeron que regresara tranquilo porque ellos se encargaban de mandarlos para la Secundaria de Remedios, explicó. Debo decir que comencé el Octavo Grado "becado" en casa de una tía materna en Caibarién hasta que Educación "terminara un albergue para los estudiantes del campo". Lo que ocurrió como cuatro meses después del inicio del curso. Recuerdo que había un televisor ruso en una de las aulas. Para entonces la enseñanza por televisión estaba haciendo los primeros pininos en la Educación Cubana. Con un grupo de guajiros nos "mudamos" para el aula de la tevé y fue así como nos pusimos al día con lo que pasaba la pobrísima televisión cubana. Pero la tevé "nuestra" no nos interesaba mucho. En 1970 los canales norteamericanos del Sur de la Florida entraban con absoluta impunidad al espectro nacional. Y eran ellos nuestra prioridad. Desde entonces soy un fanático fiel de los comerciales estadounidenses - los únicos que en verdad "se puden ver" -. Ese año tuve mi primer acceso al baloncesto y al beisbol profesional, al golf y al tenis, al hokey sobre hielo, al boxeo y a la equitación. Y a toda la zaga gloriosa del "trío de héroes americanos" que habían pisado la Luna, propinando un golpe de nokáut a la ciencia soviética de las "alturas". En verdad no puedo precisar si para la época ya habían salido los agoreros que hablaban de la falsedad del viaje a la Luna y que decían que solo se trataba de un truco de la televisión o de los cineastas más ranquedos para hacer de unas pocas tomas en el desierto de Mojabe el engaño mas grande de todos los tiempos. Si no vuelven a la Luna y no explotan el gran acontecimiento puede ser que la historia sea una falsa, nos decía el profesor de Física. Los americanos, ciertamente, se olvidarían muy pronto de los viajes a la Luna. Aunque dé la impresión de que fue solamente para acordarse de la existencia de otros astros más descollantes. Sin embargo no he tenido acceso a ninguna información seria que de cuenta de que el viaje a la luna fue una falsedad convertida en mito con asteriscos.
Cuando mi padre llegaba sobre las ocho de la noche al albergue de Remedios para llevarme comida "hecha en casa" yo sentía deseos de llorar. Estaba madurando demasiado rápido. Mi padre viajaba, primero, en la guagua de Yaguajay a Caibarién y después en la guagua local de Remedios - cuando no en una máquina de alquiler -y caminaba hasta la calle Maceo, en cuyo fondo oriental estaba la Secundaria Básica Juan Pedro Carbó Serviá. Lo hacía por lo menos una vez por semana. Yo casi que me moría de hambre ante la frugalidad de la "comida para becados". Tanto como por mi condición de quimicoso como por la pésima calidad de aquella. Que, además, siempre era muy poca. Recuerdo que me la comía solo y muy rápido porque me daba pena que los demás me vieran y luego me dijeran, en son de burla, el niño "bitongo" de Plateros. Mi padre esperaba en silencio. Ya no hablábamos del Apollo 11.Tampoco tenía que esperarme en casa de mi tía los viernes por la tarde porque ya yo podía regresar solo a casa. Hablábamos de cosas que se alejaban cada vez más de los asuntos normales entre un padre fabulador y un niño que trataba de imitarlo. Por suerte todavía seguía llamándolo papi. El continuaba llamándome Manuel cuando me llamaba de lejos e hijo cuando estábamos cerca. Una noche me lo llevé hasta el televisor ruso porque sabía que darían un documental sobre el famoso viaje a la luna. Estábamos solos. Papi observaba a la pantalla, ausente. Están hablando en chino, dijo. En inglés, corregí, pero tranquilo que yo tampoco entiendo nada. Las imágenes que todos conocemos pasaban lentas detrás de la pantalla. Así que la cosa fue así, dijo, decepcionado. Decepcionado por la ruptura brusca de lo que había imaginado. Así mismo, respondí, pensando en que me había pasado algo parecido. Y qué tú crees, eso será en el desierto ese o será de verdad en la Luna. Yo creo que sea en la Luna. Por qué. Porque nunca he estado en el desierto, sonreí. Tú ganas otra vez. El viernes por la noche de esa semana lo sorprendí en el patio. Estaba mirando a la luna llena. Esperé a que acabara de mear. Bonita, eh, dije. Lejana, dijo. Estás buscando alguna pisada profunda de Armstrong, pregunté. No, qué vá, estoy tratando de responderme si habrá sido cierto. Oye, que te estás volviendo comunista. No, hijo, me estoy volviendo viejo. Entra, que te vas a resfriar "viejo", dije.
Yo todavía lo creía inmortal.
Glosario mínimo.
- Comuñanga......Comunista.
- Gusanón....(gusano).....Anticastrista.
- Morató y Lekerike...( se escribe, "correctamente", con q )...Dos doctores famosos de la época prerrevolucionaria, que trabajaban en Caibarién y en otras poblaciones cercanas.
- Yonis....Americanos.
- Bolos....Rusos.
-Gualterio....Famoso chofer de carro de alquiler, que cubría la distancia de Yaguajay a Caibarién. Tenía un auto destartalado de los años treinta y siempre andaba a velocidad mínima.La "máquina de Gualterio" representaba lo malo y lo lentísimo.
Westchester, Miami. Usa.
Diciembre 5 del 2014.
Luis Eme Glez.
La noticia me ha traído a la mente los años gloriosos de las Misiones Apollo y sus vuelos no tripulados hasta que la NASA encargó a Neil Armstrong, Edwin E. Aldrin y Michael Collings, en el verano de 1969, el enigmático trabajo de llegar hasta la Luna. Todavía yo no había cumplido trece años, acababa de terminar el Séptimo Grado en una Escuela Interna de Montaña a más de cien kilómetros de casa y estaba de vacaciones. En casa no había radio. Mis conocimientos de Ciencia Espacial eran muy ligeros y recuerdo que en los ocho meses que estuve internado en Topes de Collantes las horas de televisión fueron muy exiguas y solo de paso nos caía algún periódico Granma o alguna revista Bohemia entre las manos. Por suerte los Matutinos, en la Explanada frente a las aulas, nos informaban casi al detalle de lo que pasaba "en el mundo". Sobre todo en el mundo "socialista", en donde vivían nuestros "hermanos de causa". Cada "aniversario" que conmemorara alguna hazaña "socialista" era recordado - y muchas veces dramatizado - en el escenario preaulas. Debo admitir que los disfrutaba con especial interés porque a esa edad ya mis neuronas sabían a qué querían dedicarse en el futuro. Lástima de neuronas, tan pésimas en cuanto a futuros adivinados. De modo que yo tenía formada, mas o menos, una idea de lo que se decía acerca de la "gran hazaña" de nuestros "amigos" soviéticos, que habían sido capaces de poner en órbita al primer satélite artificial creado por el hombre en 1958 - un Sputnik - y poco después habían decuplicado la hazaña al poner en órbita al primer ser humano en 1961, un casi imberbe "ruso" llamado Yury Gagarin. Hazañas que no hubieran tenido tanta connotación de no ser porque eran hazañas logradas en medio de la Gran Confrontación con los Estados Unidos en todos los ámbitos que emanaban de la Guerra Fría. Por tanto cuando el Expolorer 1 orbitó al fin, el logro había sido "secundario" porque lo había hecho "después" que el Sputnik. Igualmente cuando Alan Shepard salió al espacio exterior la prensa oficialista dijo, irónicamente, que "ya Gagarin sabía de eso". Los Matutinos me atiborraban de información, que muchas veces digería con dificultad. Pero las digería bastante mejor que para la época en que las informaciones eran "recordadas" en los matutinos de la Escuela Primaria Félix Varela. Mi padre - que tenía su gran fuente de información en la radio de los Gocéndez - hacía todo lo posible por responder a mis preguntas, pero yo sentía que casi siempre se quedaba corto con su "elocuencia para mayores". Mi padre acudía cada noche al hogar de Los Gocéndez para escuchar los noticieros de la Voz de América. La radio de la abuela hacía años que había volado en pedazos después de que un rayo primaveral destrozó la antena que estaba conectada a mediados de una mata de coco en el suroeste de la casa y no se había comprado otra. Mi papá era un gran oídor de noticias y de programas humorísticos y no tuvo dificultades en inculcarme su pasión. Recuerdo que le encantaba repetir el nombre del locutor estrella de la VOA, el cubano José "Pepe" del Río, y sobre todo uno de sus slóganes más conocidos: el saludo a sus oyentes "mientras degustaba" una tacita de café desde 'Washington DC". Recuerdo una conversación que tuvo una tarde con un "comuñanga" que vino a la casa para comprar un quintal de frijoles negros. Yo tenía cinco años y estaba tratando de halarle el rabo a un puerco que mi mamá estaba cebando debajo de la mata de aguacates verdinos. El hombre le dijo a mi papá que se dejara de comer mierda y que entendiera al fin que los "bolos" eran nuestros amigos de verdad y no esos americanos "que ni siquiera habían podido salir de la Tierra con sus coheticos tan malos como la máquina de Gualterio". Mi padre sonrió. Le cobró los cien pesos y cuando le ayudó a montar el saco sobre la delantera de su montura le preguntó "sabes quién es John F. Kennedy". El hombre del caballo lo pensó dos veces. El Presidente de los Estados Unidos acaso. Correcto, te sabes esa. Yo también oigo radio, isleño. Has oído esta frase "llegaremos a la Luna muy pronto, no porque sea fácil sino porque es difícil". La verdad es que no. La pronunció ese tipo, no lo olvides. Peo que suena no rompe calzoncillos. No la olvides. Eres un gusanón intransigente, hombre. Lo soy, pero no te conviertas en un chivato "intransigente" aunque seas comunista porque entonces no te venderé ni un grano de frijoles aunque tu famila se esté muriendo de hambre. Lo sé, isleño, descuida, conozco mis límites. Mi padre me explicó quien era Kennedy. Pero al parecer no tenía ni la menor idea de lo que pasaria en Octubre del año 1962 durante el Affaire de los Misiles. Estoy seguro de que los americanos llegarán hasta la Luna mas pronto que los rusos, me recalcó, no lo olvides, niño.
Para mis primeras vacaciones de Secundaria mi cerebro había asimilado dos nombres muy rimbombantes que siempre estaban en la voz de los locutores de la radio cubana, de los presentadores y analistas de televisión y de los profesores fabricantes de Matutinos Comprometidos. Vale decir, el conocidísimo Yuri Gagarin y su compatriota Germán Titov, que le había sucedido en la hazaña extraterrestre. Hasta el mes de Julio de 1969. Una noche mi papá regresó como a las diez de la casa de Los Gocéndez. El Poeta Vera se había acabado de ir porque la noche amenzaba diluvio y mi mamá estaba preparando las camas para meternos en ellas. Recuerdas lo que le dije a aquel tipo de los frijoles hace como ocho años, me preguntó. Pensé que me había hablado en chino. A qué tipo papi, dije. Sobre el viaje a la Luna de los americanos. Yo tenía cinco años en aquel entonces pero ya se sabe la pata de la que no cojea mi memoria. Por supuesto que me acordaba. Claro, al comuñanga al que amenazaste conque no se volviera chivato, concedí. Ese mismo, hijo. Mi madre regresó del cuarto. Ya la niña está durmiendo, así que bajen el gaznate, doctores Morató y Lekerique, ordenó. Mientras se quitaba la camisa, mi padre me dijo "los americanos están preparando una nave para ir a la Luna, parece que la impulsará un cohete y que irán tres tipos y que cuando regrese se tirará en el mar". Mi madre regresó del patio a donde había ido para mear. Salgan para que vean a la Luna Lunera Cascabelera, está como un espejo esperando a esos "americanos", ironizó. Ríete, mujer, deja que salgan y que regresen vivitos y coleando, a ver qué dice el comprador de frijoles y los comunistas que nos gastamos por el barrio. Esa gente solo sabe de que la Luna Llena es buena para no tener miedo de andar de noche por ahí, dije. No, niño, algunos sí saben cosas, como Eliseo y los La Rosa. Comunistas de cepa, dijo mi madre. Sí, pero son gente seria y decente, acotó mi padre. Yo estaba enamorado de la hija de uno de los La Rosa, a la que había dejado de ver y desconocía si todavía estaba de novia con el hijo de Román Barroso, así que no dije nada. El 16 de Julio es la salida, dijo mi padre desde la cama. A lo mejor "falla", como esa Camberra de las 8 de la noche en la que no vienes siempre, apuntó mi mamá desde la cocina. Ya lo he dicho, Niña, eres mas profiada que Donato. Tery se había acabado de despertar y los dos tuvimos que agantar la risa. Mi padre le decía, medio en broma, a mi madre que "su manía de llevar siempre la contraria la hacía igualitica a su tío". Sí, yo soy porfiada cómo no, negaba mami, y siempre terminaba por acusarlo a él de lo mismo.
La semana que precedió al 16 de Julio la ocupamos en visitar a Los Gocéndez. Quiero decir "a tiempo completo". Porque la casa de Los Gocéndez era la casa a visitar casi todas las noches por gran parte de los vecinos de los alrededores. Mientras Tery jugaba con las hijas de Pepe Ramos en el portal o escuchaba los cuentos de la Tía Tata en la cocina, de la voz de Aracely, mi padre y yo no nos despegábamos de la radio en la saleta de la casa. Recuerdo que siempre nos acompañaba Pedro Gocéndez y a veces el Gallego Ventoso. Ocasionalmente Pablo - el dueño de la casa - entraba para saber lo último "del viaje a la luna" y luego le contaba al hermano Enrique, si estaba de visita, y a los demás visitantes que estuvieran ocupando el portal comedor. Generalmente las mujeres se sentaban en la sala, detrás del medio punto. Antes de sintonizar la Voz de América siempre se escuchaba un programa de humor en la Radio Progreso que nadie se perdía. Recuerdo a mi padre, muerto de la risa, coreando a Agustín Campos cuando saludaba "a las buenas noches tengan todos por aquí yo soy feliciano mengano sutano y penca de guano" con su voz de guajiro de monte adentro. Cada noche - y hasta el día 15 de Julio - asistimos al "orden de la noche" emitido por la Voz de América en relación con los preparativos del lanzamiento de la nave Apollo 11 desde Cabo Cañaveral en el Estado Suroriental de La Florida. Pepe del Río era el locutor estrella de los programas de la VOA en el horario de la mañana, pero muchas veces acudía en el turno de la noche porque los presentadores estaban a punto de agotarse. Mi padre, probablemente, era su fan número uno en el Hemisferio Occidental. La noche del 15 nos despedimos de Los Gocéndez hasta la noche del 16 en que regresaríamos para hablar del despegue del Apollo 11, impulsado por el potente cohete Saturno V. Sabes acaso, hijo, quién es Richard Nixon, me preguntó mi padre, cuando estábamos abriendo la primera puerta de la primera cerca de la finca de Los Gocéndez. No, respondí. Cómo que no, muchacho, entonces para qué carajo llevamos una semana pegados al radio ese. No sé, lo siento, insistí. Tú sabes, Niña, se dirigió a mi madre. No, a menos que haya dicho su nombre cuando haya estado en casa de Belillo jugando lotería y no lo haya oído o lo haya olvidado. Oigan, estoy preguntando en serio, advirtió. Nosotros también respondemos en serio, coreamos. Nixon es el actual presidente de los Estados Unidos, y el padre del Proyecto Apollo, concluyó. Me eché a reír. De qué te ríes, muchacho, bien se ve que ya no le tienes miedo "al gancho",simuló enojarse. Mi padre se refería a que yo "había crecido" y por tanto no pedía "ir alante" por miedo a que mi picaran los "gansos" de Los Gocéndez. Pensé que el presidente de Los Estados Unidos se llamaba Richard "Milahus" Nixon. Mi madre soltó la carcajada cuando íbamos entre la mata de limón del potrero de Los Gocéndez y la de almácigo que era un poste más de la cerca divisoria con nuestra finca. Coge, anda, te jodió tu hijo, dijo. Está bien, ganaste, no soy amigo de los "segundos nombres". En serio, "Donato", fastidió mi madre. De modo que los tres terminamos riendo y mi madre tuvo que cargar a Tery, que había comenzado a quejarse de cansancio y gritaba que se moría de sueño.
La VOA había asegurado que las llamaradas y el humo que quedarían debajo del cohete Saturno V podrían ser vistos desde varios kilómetros a la redonda, Mi padre no podía disernir "cuántos kilómetros" a partir de Cabo Cañaveral y todavía yo no le había explicado correctamente en qué meridiano estaba Plateros con respecto a La Florida. Muchas veces me había preguntado, en medio de su inteligencia natural, ingenua en ocasiones, "para dónde queda Estados Unidos" y yo le señalaba siempre el Noroeste. Pero sin establecer hasta qué punto exacto del Noroeste. El mapa me había dicho que la península de La Florida caía sobre la provincia de Matanzas y parte de la de La Habana y tal vez cogiera un poquito de la de Las Villas. Sin embargo yo no estaba en condiciones de fijar con certidumbre el sitio desde donde despegaría el Saturno V con la nave Apollo 11. En todo caso lo situaba bastante lejos del "frente" de la casa de la Abuela. Porque mi padre había decidido que sería desde el portal de la casa de Queta desde donde miraríamos hacia el noroeste a ver si "por casualidad" podíamos ver algún destello del fuego y del humo que dejaría el supercohete. No es que yo crea que veremos algo, me decía, pero con probar no se pierde nada. Además, papi, agregaba yo, también está la loma de Beto Navarro de por medio y las otras lomas hasta Yaguey. Es verdad, pero si las llamas son tan grandes como dicen a lo mejor quién sabe, lo que pasa con la casa de Gocéndez, aunque esté mas "cerca" de tú noroeste, es que está tambien mas lejos del punto de despegue y hay mucha vegetación al frente. Deberíamos de haber ido hasta la costa de Caibarién, dije. Buena idea, los cayos no estorbarían, lo tendremos en cuenta para la próxima. No será que solamente quieres rendir un homenaje a la "victoria espacial" que obtendrán los yonis sobre los bolos, inquirí. Mi padre se relamió sus labios. Por qué no, dijo. Entre la casa de la Abuela y Cabo Cañaveral podrían haber, sobradamente, más de 300 millas.
Sabíamos que el despegue se efectuaría el 16 de Julio a las 13. 32, hora de Cabo Cañaveral, "stándar del este", como decía Pepe del Río cada mañana. De modo que salimos una media hora antes de la casa, después del almuerzo. Mi madre no nos acompañó. Recuerdo que mi padre cogió el viejo reloj despertador Ottolina del fondo del taburete que estaba en la cabecera de su cama y que me lo entregó. Cuidado no se te caiga, me advirtió. Descuida, cuándo compraremos un radio. Deja ver, cómo dices que se llama la cosa con la que aterrizarán. Alunizarán, papi, se llama Módulo Lunar Eagle, que en español quiere decir águila, y para tu segura segunda pregunta te diré que el Módulo de Mando se llama Columbia. Que quiere decir....Eso si que no lo sé. Igual sabes más que yo, muchacho, deja que te vea Raúl Ferrer. Por cierto, te dije que hasta tiene un paracaídas para que no se reviente contra el mar. Te faltó decirme eso, pero lo sé. Nos sentamos en el ala occidental del portal de la Abuela. Mi padre en un taburete, apoyando sus brazos sobre su espaldar, y yo en el borde del piso de cemento. Mi padre colocó el reloj en el borde norte del piso. Qué, están preparando alguna brujería, preguntó Kuka la Isleña, cuando salió con una escoba de barrer portales. Cuidado no tumbes el reloj, chica, le dijo mi padre.Vas a volver loco a ese muchacho. agregó la "medio hermana". Mientras no se ocupe de Juruminga 17 y de Matojo 18 estará bien, despreocúpate de su educación. Sonreí. Para él y para muchos miembros de la familia, esa era la "traducción" de los nombres del gran profeta bíblico Jeremías y del evangelista San Mateo, con los que Kuka y sus asesores, los esposos Martínez Fuentes, trabajaban en sus campañas proselitistas testigojeovásicas en el barrio. No dejarás jamás de ser un ateo, hombre inícuo, serás abrazado lentamente en el Infierno. Me gusta el calor, chica, y cállate, anda, que ya van a ser las 1 y media "hora stándar del este". Después sabríamos que la nave despegó a la hora estipulada, que había dejado la gran estela de fuego y de humo anunciada, que muy pronto la Cadena de Mandos había pasado de Cabo Cañaveral a Houston, Texas, que Armstrong había pisado la superficie de la Luna a las 2 y 56, Hora Internacional, del día 21 de Julio, pocas horas después de haber alunizado en un sitio llamado Mar de la Tranquilidad, que las señales de televisión habían tenido que llegar desde el Observatorio Parkes en Australia porque las que llegaban hasta Goldstone, en California, eran pésimas, que Armstrong había acuñado una frase para la historia que decía "un pequeño paso para un hombre pero un gran salto para la humanidad" y que los tres héroes norteamericanos habían caído al Pacífico como si nada el 24 de Julio. Cuando regresamos a casa mi madre le preguntó a mi papá por "la candelá y por la humacera" detrás de la Loma de Beto. Mucha, mucha, parece que el horno se le está volando, respondió mi padre, algún día tendremos un radio.
Yo debía de regresar a Topes de Collantes en Septiembre para cursar el Octavo Grado de Secundaria. Por supuesto que no quería pasarme diez gélidos meses más sin venir a casa y si había aceptado regresar era únicamente porque en la mente de mis padres nunca anidó la posibilidad de que viajara a Caibarién o a Yaguajay para hacer la Secundaria "en la calle". Yo era un niño campesino y por lo tanto tenía que estudiar "becado" como mandaban las "leyes revolucionarias". Esa era un "excepción" contra la que la mentalidad de mi padre no tenía alternativas. Pero los milagros existen. La hermana de mi amigo Amaury - la hija de Eliseo Cabrera - estaba acabando la carrera de Magisterio y haría las prácticas en la ciudad de Remedios. Ella resolvió nuestro traslado para la ciudad colonial. De modo que una mañana mi padre salió rumbo a Topes de Collantes con el objetivo de buscar ambos Expedientes Escolares. Salir para la "montaña" era poco menos que una Odisea. El transporte escaceaba en cada tramo de las carreteras. Y además, era demasiado lejos. Había que atravezar toda la provincia de Las Villas de Norte a Sur. Nunca se sabía cuando se podría regresar. Lo cual habían demostrado mis padres y hermana todas las veces que habían ido a verme durante mi séptimo grado. Así que cuando mi padre se apareció en la casa antes de que cayera la noche nos pareció que simplemente no había podido llegar ni a Trinidad, la ciudad colonial que está en el alero de la Sierra del Escambray y que es la última parada antes de subir los 21 kilómetros que la separan de Topes de Collantes. Mi padre se echó a reír. Aunque no lo crean, me topé en Caibarién con un chofer amigo que iba para Trinidad a buscar tejas cubanas y el hombre hasta esperó a que yo regresara de Topes. Pero no veíamos rastro de los Expedientes. Me dijeron que regresara tranquilo porque ellos se encargaban de mandarlos para la Secundaria de Remedios, explicó. Debo decir que comencé el Octavo Grado "becado" en casa de una tía materna en Caibarién hasta que Educación "terminara un albergue para los estudiantes del campo". Lo que ocurrió como cuatro meses después del inicio del curso. Recuerdo que había un televisor ruso en una de las aulas. Para entonces la enseñanza por televisión estaba haciendo los primeros pininos en la Educación Cubana. Con un grupo de guajiros nos "mudamos" para el aula de la tevé y fue así como nos pusimos al día con lo que pasaba la pobrísima televisión cubana. Pero la tevé "nuestra" no nos interesaba mucho. En 1970 los canales norteamericanos del Sur de la Florida entraban con absoluta impunidad al espectro nacional. Y eran ellos nuestra prioridad. Desde entonces soy un fanático fiel de los comerciales estadounidenses - los únicos que en verdad "se puden ver" -. Ese año tuve mi primer acceso al baloncesto y al beisbol profesional, al golf y al tenis, al hokey sobre hielo, al boxeo y a la equitación. Y a toda la zaga gloriosa del "trío de héroes americanos" que habían pisado la Luna, propinando un golpe de nokáut a la ciencia soviética de las "alturas". En verdad no puedo precisar si para la época ya habían salido los agoreros que hablaban de la falsedad del viaje a la Luna y que decían que solo se trataba de un truco de la televisión o de los cineastas más ranquedos para hacer de unas pocas tomas en el desierto de Mojabe el engaño mas grande de todos los tiempos. Si no vuelven a la Luna y no explotan el gran acontecimiento puede ser que la historia sea una falsa, nos decía el profesor de Física. Los americanos, ciertamente, se olvidarían muy pronto de los viajes a la Luna. Aunque dé la impresión de que fue solamente para acordarse de la existencia de otros astros más descollantes. Sin embargo no he tenido acceso a ninguna información seria que de cuenta de que el viaje a la luna fue una falsedad convertida en mito con asteriscos.
Cuando mi padre llegaba sobre las ocho de la noche al albergue de Remedios para llevarme comida "hecha en casa" yo sentía deseos de llorar. Estaba madurando demasiado rápido. Mi padre viajaba, primero, en la guagua de Yaguajay a Caibarién y después en la guagua local de Remedios - cuando no en una máquina de alquiler -y caminaba hasta la calle Maceo, en cuyo fondo oriental estaba la Secundaria Básica Juan Pedro Carbó Serviá. Lo hacía por lo menos una vez por semana. Yo casi que me moría de hambre ante la frugalidad de la "comida para becados". Tanto como por mi condición de quimicoso como por la pésima calidad de aquella. Que, además, siempre era muy poca. Recuerdo que me la comía solo y muy rápido porque me daba pena que los demás me vieran y luego me dijeran, en son de burla, el niño "bitongo" de Plateros. Mi padre esperaba en silencio. Ya no hablábamos del Apollo 11.Tampoco tenía que esperarme en casa de mi tía los viernes por la tarde porque ya yo podía regresar solo a casa. Hablábamos de cosas que se alejaban cada vez más de los asuntos normales entre un padre fabulador y un niño que trataba de imitarlo. Por suerte todavía seguía llamándolo papi. El continuaba llamándome Manuel cuando me llamaba de lejos e hijo cuando estábamos cerca. Una noche me lo llevé hasta el televisor ruso porque sabía que darían un documental sobre el famoso viaje a la luna. Estábamos solos. Papi observaba a la pantalla, ausente. Están hablando en chino, dijo. En inglés, corregí, pero tranquilo que yo tampoco entiendo nada. Las imágenes que todos conocemos pasaban lentas detrás de la pantalla. Así que la cosa fue así, dijo, decepcionado. Decepcionado por la ruptura brusca de lo que había imaginado. Así mismo, respondí, pensando en que me había pasado algo parecido. Y qué tú crees, eso será en el desierto ese o será de verdad en la Luna. Yo creo que sea en la Luna. Por qué. Porque nunca he estado en el desierto, sonreí. Tú ganas otra vez. El viernes por la noche de esa semana lo sorprendí en el patio. Estaba mirando a la luna llena. Esperé a que acabara de mear. Bonita, eh, dije. Lejana, dijo. Estás buscando alguna pisada profunda de Armstrong, pregunté. No, qué vá, estoy tratando de responderme si habrá sido cierto. Oye, que te estás volviendo comunista. No, hijo, me estoy volviendo viejo. Entra, que te vas a resfriar "viejo", dije.
Yo todavía lo creía inmortal.
Glosario mínimo.
- Comuñanga......Comunista.
- Gusanón....(gusano).....Anticastrista.
- Morató y Lekerike...( se escribe, "correctamente", con q )...Dos doctores famosos de la época prerrevolucionaria, que trabajaban en Caibarién y en otras poblaciones cercanas.
- Yonis....Americanos.
- Bolos....Rusos.
-Gualterio....Famoso chofer de carro de alquiler, que cubría la distancia de Yaguajay a Caibarién. Tenía un auto destartalado de los años treinta y siempre andaba a velocidad mínima.La "máquina de Gualterio" representaba lo malo y lo lentísimo.
Westchester, Miami. Usa.
Diciembre 5 del 2014.
Luis Eme Glez.
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