El especialista en Relaciones Internacionales caminaba lentamente por la Gran Vía Madrileña poco después de las ocho de la noche. Se dirigía a un local en el sótano de una vieja iglesia en donde le esperaban montones de fans que consideraban que él era la persona que más sabía en el mundo de asuntos relacionados con la Decadencia de Europa Occidental - que incluía también a Los Estados Unidos de América El hombre llevaba la camisa medio desabotonada, el saco percudido, los pantalones zurcidos y uno de sus zapatos mocasines tenía un hueco en donde debía terminar su dedo gordo derecho y cojeaba porque al otro zapato le faltaba el tacón. Andaba con el cabello casi como lo tenía Einstein después de patentar La Teoría y a veces la corbata blanca se anudaba demasiado en su cuello y él pensaba que lo estrangularía como si fuera una corbata Estranguladora de Nacionalidades. De pronto un africano dobló en la esquina de la calle por la que él tenía planeado doblar y gritó muy fuerte en español con acento de Monrovia "volvió el ébola". El Intelectual no le temía al ébola, de modo que se ladeó para dejar pasar al Negro Gritador, que ahora anunciaba la noticia casi que corriendo por la calle. Pensó que se trataría de algún país del Continente Negro a donde habría regresado el nefasto vector. No creía que el Voceador hablara de España porque ya Teresa Romero había asegurado que España tenía el mejor sistema de salud pública del mundo. Pero el Anunciador le chocó por su lateral derecho y el Intelectual sintió como el rollo de folios con las notas de la conferencia que sujetaba entre sus dedos se desprendía de su mano. Cuando se agachó para recogerlos el viento solano se los llevó con fuerza de galerna y el hombre miró como el rollo se elevaba como un cohete y cuando bajó la mirada vio como el africano se había detenido para gritar que la noticia era solo una broma gastada para que las autoridades tomaran conciencia del peligro que acarreaba el virus en la tierra donde vivía su familia. El Conferencista masticó "joder" y continuó caminando por la Gran Vía y pensó que en verdad le daba lo mismo doblar en la próxima calle. Todavía le faltaban como doce cuadras y trató de memorizar los aspectos que pensaba desmenuzar en su disertación. En realidad no trató de memorizarlos sino de ubicar el orden en que abordaría cada aspecto. El hombre miró por última vez hacia el cielo vespertino de la capital de España y en ese preciso momento el viento solano amainó y la calma era tan chicha como la calma chicha del océano después de la tempestad. El Disertador sobre Decadencias, que era tenor aficionado, aligeró sus pasos por sobre las aceras de la Gran Vía y comenzó a ordenar los tópicos que tocaría en su Conferencia Magistral en el sótano de la vieja iglesia. Pero lo hizo a la manera en que lo hacían los protagonistas de la película Los Miserables. Frentenacionalmarinelepen francia veinticuatrodiputados ukipreinounido partidodelaindependencia fpoaustriaeurófobos syriza grecia ultraizquierdaantieuropea amanecerdoradogrecia neonazys parlamentoeuropeollenode populismos y nacionalismos odiadoresdeeuropanegadosalaunión regresarálpasadocon fronterasquecorten elpasoalos indeseados cimentarel racismo el mas ambiciosoproyectodemocráticodelsigloxxpuededargiroalos tiempos oscurosque precedieronalasegundaguerramundial usaaislacionistapaíssintronodejarquelascosassucedan a menosque afecteninteressinternos víalibreachinarusiayaciertospaíses emergentes.Cuando el Conferencista terminó de acomodar en su cerebro los temas que desarrollaría para sus fans en el sótano de la vieja iglesia ya era noche cerrada en Madrid y el cielo se tiñó de negro. Dos cuadras al suroeste estaba la vieja iglesia. De modo que se encaminó hacia el sitio. Aún disponía de sesenta y tres minutos. De pronto una gran sombra blanca cubrió toda la calle y todas las edificaciones y él pensó que estaba lloviendo leche fresca.Miró al cielo. Una gran manada de gansos blancos se dirigía al sur.Tal vez sean Gansos Decadentes también, pensó. El rollo con sus folios, medio húmedo, cayó a su lado después de que el último ganso aleteara, cansado, al fondo de la manada. Los milagros existen, decidió el hombre. Frente a la puerta de la vieja iglesia se detuvo. Las primeras gotas del chaparrón comenzaban a rebotar sobre el macadam de la calle que ahora no era La Gran Vía. Cuando se disponía a empujar la puerta el africano con acento de Monrovia se apareció por su retaguardia. Gritaba en voz alta "Pablo Iglesias comenzará a hablar en quince minutos en la antigua nave del Partido Comunista". El hombre de las Conferencias Magistrales miró su reloj. Aún disponía de una hora. Así que separó su mano de la empuñadura de la puerta de la vieja iglesia y encaminó sus pasos hacia la antigua nave donde se reunían los comunistas en tiempos de La Pasionaria. Antes de entrar hojeó sus folios de notas y eligió el último. Debajo de la última nota agregó "Podemos, Decadencia de Europa".
Westchester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Noviembre 15 del 2014.
ok, no comamos pavo en este cuarto jueves....déjame releer tu texto del "saingivin" pasado....bien, genial.Esto de la "decadencia" occidenal "te ha quedao hister" chaval....Todavi♂ tu "información" historigráfica está cayendo bien en tus crónicas...ojalá no pierdas el encanto....dame esa masa de muslo anda.....
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