Tomado de Grandes Nostalgias.
El cuadro con la imagen de Félix Varela estaba en la pared occidental del aula de los Grados Superiores y el niño siempre lo miraba cuando salían para el tiempo de receso y cuando se marchaban después de terminada la jornada matinal de clases. Ninguna de las dos maestras dijo nada nunca en relación con aquel hombre con cara de vieja que parecía un policía bonachón sin cuerpo vigilando a los niños de Plateros y alrededores desde su muro de mampostería. Había una hoja de papel escrita con "letra de molde" debajo del cuadro y aunque el niño calculaba que seguramente diría de quién se trataba la imagen todavía no sabía leer lo suficiente como para enterarse por su cuenta y le daba pena pedir a alguien que lo hiciera para él. Tampoco se atrevía a preguntárselo a la maestra. Una semana después una réplica mas pequeña del cuadro le sorprendería en la Nave del Vivero.
Al niño se le antojaba que Félix Varela se parecía a alguien que él conocía. Pero no se le parecía a un hombre. El hombre del cuadro, cuyo nombre llevaba su escuela, se le parecía a una mujer vieja y él se rompía la cabeza pensando en algún rostro femenino que le diera al menos una pista. Sin embargo el nombre Félix sí podía asociarlo fácilmente con la única persona que conocía que también lo llevaba. Pitín, el hijo de Belillo, nacido un mes después que él, se llamaba Félix y cada vez que la maestra pasaba la lista y leía Félix González Navarro el niño no podía dejar de observar al cuadro de la vieja en la pared sur del aula. Se trataba de un rostro alargado, trigueño, orlado por una gran mata de pelo negro partida a la izquierda, un par de ojos pardos, soñadores, detrás de unas gafas sencillas de aro rectangular, una nariz prominente sin ser exagerada, alejada de una boca sufrida de labio inferior voluptuoso y dos orejas que al niño le parecían demasiado separadas la una de la otra. Debajo de un mentón terminado en ángulo casi agudo y rematado por un círculo de carne del tamaño de un limón maduro la vieja estaba vestida con traje y corbata negros con fondo de camisa blanca, de modo que el niño no tenía la menor idea de cómo sería su pescuezo.
La Nave del Vivero tenía un gran patio interior abierto, con piso de cemento y custodiado por habitaciones en sus laterales este y oeste. Tenía paredes de tablas aserradas sin pintar y techo de planchas de zinc. La sección este estaba dedicada al aula de primaria y a una especie de almacén relacionado con el bosque de caobas que crecía al sur y que en sus inicios había sido un gran vivero de especies maderables que le habían dado el nombre al sitio. La parte occidental era la casa de la Negra Andrea, del Viejo Castellanos, de la Negra Cuca y de sus dos hijos, Perico y Marcial. El niño casi que sentía envidia de Marcial porque solo tenía que caminar unos pasos desde su casa para "venir a la escuela". La casa de Cuca siempre estaba llena de otros negros que vivían detrás del bosque de caobas y que trabajaban en La Empresa Forestal y de parientes que vivían en el barrio vecino de Yaguey. El niño oyó decir en su casa que todos esos negros eran comunistas y que la Negra Andrea y su hija Cuca eran brujeras muy peligrosas con las que había que tener mucho cuidado.
El gran patio interior era la zona de juegos en tiempo de receso. Los niños corrían por allí y se deslizaban sobre el piso resbaloso y se recostaban para descansar en las paredes de tablas. A veces le pedían agua a la Negra Cuca o se metían en el caobal para jugar al Escondido o se batían a los balines en el patio sur, de tierra negra, parejito y sin polvo. En algunos recesos el hijo del Hombre de la Ciénaga se iba hasta la casa de Librada porque sabía que la mujer del Isleño Florencio siempre le daba un jarro de aguazuca con limón y siempre le preguntaba por Laniña y por Rafael y le decía que les dijera "que vinieran una noche de estas por su casa". A media mañana casi nunca estaban los hijos del Isleño pero cuando ocurría que sí estaban el niño se encantaba mirando a Yiyí y lo imaginaba jugando la segunda base del equipo de pelota de Plateros cada domingo y observaba detenidamente a Orlando pensando en que cada día crecía un poco más y que ya era tan alto como una vara de tumbar gatos y se dejaba acariciar la cabeza por Osaida y se babeaba cuando la hija de Librada le decía "mira que eres bonito niño y contrimás dicen que eres muy inteligente" y le mandaba algún recado a su amiga Milagros, la hija de su tía Celia. Cuando Florencio llegaba a su casa para coger un diez y lo veía conversando con las mujeres lo saludaba como si fuera un hombre y no le decía que era "tan feo como su padre" porque esa liturgia solo tenía razon de ser en presencia de su amigo a caballo, el hombre de sus bueyes.
Una mañana los niños corrían haciendo círculos alrededor del aula y del almacén forestal, buscando no ser alcanzados por el que corría detrás. La gallina jabada, que se paseaba con su manada de pollitos por el gran patio interior, cometió el error de invadir la pista de carrera de los niños. El hijo del Hombre de la Ciénaga no pudo evitar a uno de los pollitos que se metió debajo de su zapato derecho avellanado. El niño oyo cuando el pollito hizo ploff y miró a sus tripas desparramadas por el piso. Los niños que venían detrás observaron el pollicidio involuntario y dejaron de correr. Cuando los que iban delante doblaron al norte de la Nave y se toparon con las tripas sanguinolentas frescas frenaron de sopetón y enseguida se dieron cuenta de que el autor del hecho había sido Luis Manuel "el hijo de Rafael" y entonces todos entraron al aula porque Elia gritó que dejaran la carrera porque "ya se había acabado el recreo". El niño caminaba hacia el aula en estado de shok. Le dolía lo que había hecho y se dio cuenta de que empezaba a saltarle el estómago.Tenía ganas de llorar pero sus lágrimas se negaban a brotar de sus ojos. Hubiera llorado sin verguenza. Se sentó y se sintió observado por el resto de sus compañeros. Todos sabían que la maestra había presenciado el aplastamiento del pollito de la Negra Cuca y que nada ni nadie podría evitar el castigo. Elia lo admiraba y casi que lo chiqueaba por su comportamiento ejemplar en el aula y por sus resultados académicos pero sus dedos pulgar e índice no dejarían de meter una de sus orejas entre ellos y retorcerla hasta el dolor. Mira a ver por donde corres la próxima vez, muchacho, le dijo, mientras soltaba su oreja izquierda. El niño sintió como si una avispa gigante lo acabara de picar. Pero no se frotó la oreja por orgullo. Ninguno de los niños se burló por el castigo y él lo agradeció en silencio. Cuando Elia llegó a su asiento detrás de la mesa y se volteó, el niño miró de nuevo al cuadro de Félix Varela y entonces le encontró el parecido con la cara de vieja de sus comparaciones. Se trataba de la madre de Los Abréu, una señora setentona, con la piel aindiada y mirada verde sanguinolenta sobre una boca que siempre mostraba un rictus de odio y una seriedad de espanto. El niño la había visto en casa de Tía Obdulia y de Tío Antonio cuando iban algun domingo a visitarlos a Yaguey por el camino del faldeo de la loma entre potreros y ocujales portentosos. Le tenía miedo y se alegraba en silencio cuando el viaje se realizaba por la carretera y entonces por lo menos no tenía que topársela en los caminos interiores ni mirar hacia su casa en el mismo alero del bosque. Sin embargo el niño sintió un ataque de pánico cuando se dio cuenta de que en realidad la madre de Los Abréu y Félix Varela no tenían ni el más mínimo parecido físico y se preguntó que qué era entonces lo que los hacía tan similares en su imaginación. Será por la cara de vieja que tiene este hombre y porque los dos me dan miedo, decidió.
Cuando el niño consideró que sabía leer lo suficiente como para poder descifrar lo que decía el texto escrito en "letras de molde" debajo del cuadro de Félix Varela se llegó hasta él durante uno de los recesos de la semana y cuando estuvo bien seguro de que estaba solo en el aula. El niño pudo hilvanar las palabras, deletrearlas y pronunciarlas bastante bien. Pero el significado de casi todas le quedó demasiado grande. Así que garabateó las mas complicadas en una hoja de libreta rayada y se la metió en el bolsillo antes de que entraran los niños y la maestra. Marcial se sentó a su lado y le preguntó que si no había salido al recreo porque le tenía miedo a su mamá por el asunto del pollito destripado en el patio de cemento. El niño se apretó la hoja en el bolsillo y no respondió. Marcial se estaba perfilando como su primer amigo negro de Primaria. Dice mi mamá que no importa, Luisma, que lo malo es que ella pensaba dejar al pollito para gallo porque pintaba para corny legítimo pero que cualquiera de los otros servirá para pisar gallinas, agregó. El niño pensó decirle que a quien le tenía miedo era a su abuela bruja Andrea pero no lo dijo y recordó al gallo indio que su padre decabezó con el machete sobre el durmiente del comedor porque el gallo se la pasaba metido en la casa y cagando como un pato con diarrea. Recordó, además, que su mamá se había puesto muy triste y que le había dicho que lo que había hecho con el pobre gallo "era una animalá" y que "se lo podía regalar a Mary porque él sabía muy bien que en su casa no se comía gallo porque tenía un sabor extraño y porque la carne de gallo era más dura que un palo de jiquí".
Al medio día, y cuando los rayos del sol rajaban las piedras por entre los breves espacios que le dejaban las nubes preñadas, el niño le dijo a los primos segundos con los que regresaba de la escuela que siguieran el camino solos porque él tenía ganas de cagar y que pensaba demorarse un rato entre las guásimas del faldeo de la carretera. El padre solo lo había traído una semana en la yegua Perica porque los primos le dijeron que ellos lo cuidarían después que se separara de Aly en la Escuela Madre y él quería que desde chiquito aprendiera a valerse por sí mismo. El niño se sentó sobre la yerba fina debajo del guasimalito y extrajo la hoja garabateada con las Palabras Extrañas que había copiado de debajo del cuadro de Félix Varela.Las releyó tres veces. No entiendo ni un carajo, le preguntaré a Vera esta noche, se dijo.
Vera Obregón era un muchacho demasiado bajito para su edad de veinte años y aunque su mamá se lo había llevado con ella después de que el Hombre de la Ciénaga y su mujer tuvieron que permutarle la casa a Cisco para el cocal se pasaba casi todo el día con ellos y cuando se iba regresaba por la noche con absoluta puntualidad. Vera priorizaba sus visitas para jugar Machuca, para eseñarle cosas adelantadas al niño y sobre todo para recitarle las miles de décimas que se sabía de memoria y para cantarle algunas de las que ya era capaz de improvisar. Vera era un tipo muy pícaro, dominaba perfectamente el arte de la ironía y le encantaba burlarse de la gente simulando bromas excelentes. Cada tres o cuatro noches memorizaba las 117 décimas de la novela en décimas del poeta Chanito Isidrón, Camilo y Estrella, y las 114 de Arturo y Magdalena del mismo autor. La madre del niño se sabía muchas y en algún momento el niño logro memorizar mas de la mitad de los "amores montaraces" de Camilo y Estrella. Vera recitaba las décimas noveladas con una voz hermosa y limpia y con tal acento en los momentos catárticos que el niño pensaba que estaba asistiendo al recital de un mago de las palabras pautadas. El niño a veces se sorprendía recitando una de las décimas que mas le gustaba a su mamá y que hablaba del dolor de Camilo por su soledad y por su pobreza bajo una sociedad que lo aplastaba sin consideración y que decía oh maldita sociedad con tu putrefacto nombre como te burlas del hombre que vive en la soledad fantasma de la maldad vestigio murmurador hado dañino y traidor mano dura y homicida como maltratas mi vida y te burlas de mi amor. Vera había tenido que buscar en el diccionario el significado de las palabras putrafacto - Laniña decía "futrefato" -, vestigio, hado y homicida, y había tenido que admitir que de todas formas no estaba muy seguro del significado de la palabra vestigio. El niño le preguntó que si acaso no querría decir "murmullo vestido" y Vera se echó a reír e improvisó una cuarteta relacionada con una niña que siempre andaba vestida con harapos sin sospechar que estaba parodiando al famoso poema de Raúl Ferrer, Romance de la niña mala, que todavía ninguno conocía. Generalmente Vera se iba sobre las doce de la noche y el niño sentía al padre garraspeando con intención, para denotar molestia con una visita querida pero inoportuna entre semanas, pues el niño tenía que levantarse temprano para ir a la escuela. El niño, sin embargo, jamás se levantaba con sueño y al poco tiempo comenzó a escribir sus propias cuartetas. A veces, el Hombre de la Ciénaga, se tiraba de la cama al filo de las doce de la noche y se llevaba al niño a la cama y le decía a Vera "cuando te vallas apaga la luz". Era un insulto para los visitantes que daban "perros muertos" pero para Vera era solo una broma de Rafael porque él se consideraba "de la familia".
El niño le tendió a Vera la hoja de libreta garabateada con el texto que estaba debajo del cuadro de Félix Varela. Qué quieren decir esas palabras, Vera, le preguntó. Vera auscultó la hoja como si fuera un descifrador de enigmas prehistóricos y le pidió el mocho de lápiz Titina que el niño siempre tenía a su lado sobre la mesa. Subrayó cuatro palabras y le dijo que le preguntara a la maestra pues estaba seguro de que ni con el Diccionario podría entender su significado. El niño las releyó. Presbítero, Seminario, Cortes, Discípulo. Vera agregó que le parecía que la palabra Padre, que siempre antecedía al nombre Varela - y que en ese caso no incluía nunca Félix - no significa tener hijos porque había oído decir que los curas no se casan y que precisara bien con Elia esas equis y esas ve cortas y esas eles que estababan colocadas después de la palabra "siglos". El niño subrayó las sugerencias del Poeta Vera y cuando le pidió la bendición a sus padres antes de intentar dormirse por poco le dice al Hombre de la Ciénaga la bendición "padre". Laniña siempre rspondía "que dios te bendiga mi niño" pero el padre había sustituido la rutina de cada noche con un "jummm" que le causaba hilaridad al niño y en ocasiones repetía sus pedidos benditos solo para oirle hablar con la nariz.
Como el niño calculaba que nadie mas estaba interesado en saber quien era la persona que daba nombre a su escuela esperó a que llegara la hora del receso y se quedó sentado en su silla. Cuando salieron todos los alumnos llamó a la maestra. Maestra, podría decirme qué quieren decir estas cuatro palabras, dijo. Elia miró la hoja garabateada. Así que estuviste mirando debajo del cuadro del Padre Varela, eh. Sí. Tendré que admirar en lo adelante tu curiosidad, niño sabelotodo, te digo que deberías esperar a llegar a grados superiores para saber de verdad sobre un cubano tan importante de nuestra historia, pero responderé a tu pregunta. Gracias, maestra. No seas tan sobreeducado, chico, agregó y le tomó la oreja pellizcada con delicadeza. Presbítero quiere decir sacerdote, cura, persona dedicada a la religión, es como un título. Seminario es un tipo de escuela donde se enseñan materias religiosas. Cortes es una palabra política relacionada con los gobiernos y en este caso se refiere a la España de la época de Varela, fíjate muy bien que se dice Cortes y no "cortar". Discípulo es alumno, estudiante. Complacido, "doctor" González. No, dijo el niño, y le tendió su retahíla de equis, de ve cortas y de eles. Qué es esto. La maestra observó las letras como si fueran un acertijo pitagórico. Son letras que ya conoces, muchacho, expresó. Sí, maestra, pero esas letras siempre están situadas después de la palabra "siglos". Ah, pichoncito de Genio, ya sé a qué te refieres. Cuando tales letras van después de la palabra "siglo" significan números, aunque dichos números no sean iguales a los números que conocemos. Se llaman "números romanos" y entonces la x significa diez, la ve corta significa cinco y las eles significan uno. Los números se ponen con combinaciones diferentes y siempre van adelantados al año en qué vivimos el presente... y bueno, aprenderás mas de ellos cuando demos la lección "numeros romanos" y también podrás conocer a una ciudad de la antiguedad llamada Roma, desde donde se comandaba un Gran Imperio, cuya manera de numerar las cosas ha llegado hasta hoy. El niño solo podia asociar la palabra "romanos" con Román Barroso, el marido de La Chucha y padre de Juanito, y con los chuchos o "romanas" donde se pesaba la caña de azúcar que llegaba en carretas tiradas por bueyes y pensaba que había acabado de oír la explicación en otra lengua y le preguntó que si podía ponerle en la hoja todo lo que le había dicho. Elia le miró en silencio. Voy a tener que hablar con el Ministerio de Educación para pasarte a segundo grado, dios mío, qué manera de preguntar cosas, aceptó. Entonces, si estamos en el año 1963 eso quiere decir que el siglo que corre es... cuál. A ver, dígame cuáles son los dos primeros números que usted ve en esa cifra. El 1 y el 9. Que forman el número....19. Correcto, siempre se le agrega un número redondo al formado por los dos primeros del año que transcurre y tenemos el nombre del siglo. 20 entonces. Sí señor, estamos en el siglo XX. Gracias, maestra. De nada, señor José Martí.
Aly lo estaba esperando en el camino de la cuneta y cuando llegó le ayudó a subir la ranfla y siguieron caminando por la senda sur de la carretera. Se moría por hablar con ella de lo que acababa de aprender y quería decirle que ya sabía los siglos en que había vivido el presbítero Felix Varela pero Aly estaba insultando a María Julia, que iba delante junto a Luis Enrique, muerta de la risa por la compañía exclusiva que llevaba. María Julia se ocupaba de responder a la otra Aly - la hija de Tíopito - que caminaba hacia su casa por el camino del potrero y que también la insultaba. Las dos estaban enamoradas de Luis Enrique, el primo hermano del niño, cuatro años mayor que él. Solo que Luis Enrique estaba mas interesado en aprender carpintería de la mano de Pepe y en agarrar rolings tirados por Tico en la guardarralla de Mikel que en iniciar aventuras de amor en las aulas congestionadas.
Entre la canoa metálica donde las reses abrevaban y el pozo había un grupo de hombres conversando. El niño descubrió al padre entre ellos y le dijo a Aly que se quedaba en casa de la Abuela y que seguiría para su casa con él, más tarde. Así que ella le ayudó a sacar el lazo de alambre que sujetaba a la puerta de la cerca y se incorporó a la carretera. Cuando llegó a la altura del pozo los hombres se retiraban y se dio cuenta de que solo quedaban su padre y Eliseo, el papá de su amigo de grado, Amaury. Papi, a que no sabes en qué siglo nació Abuela, le preguntó a boca de jarro. El Hombre de la Ciénaga sabía que estaban en el siglo XX pero desconocía por qué. También conocía que él había nacido en 1916 y que su mamá lo había hecho "a fines de los años 1800". Así que dio por descontado que Queta había nacido un siglo antes que él y respondió preguntando "en el 19". Coño, papi, eres un caballo, celebró el niño, y se volvió hacia Eliseo Cabrera, el hombe del que se decía sabía mucho de todas las cosas y que era quien "cubicaba" los terrenos cuando los campesinos necesitaban saber cuantos cordeles utilizarían en determinado cultivo. Así mismito es, Luisma, dentro de 37 años estaremos en el año 2000 y entonces llegaremos al sigo.....21. Correcto, te mereces una guayaba pintona con sal. Para esa época estaremos todos en el hueco, dijo el Hombre de la Ciénaga. Eso nunca se sabe, Rafael, Salomón vivió un paquete de años. Me cago en Dios y en la Virgen Puta, rió el Hombre de la Ciénaga. Solavaya, se persignó Cabrera, sonriendo con ironía y señalando para el cuarto de la casa en donde sabía que la madre y la hija tenían el santuario católico. El niño sacó la hoja rayada y anotó "Salomón", "solavaya", y cuando fue a guardarla incorporó "estaremos todos en el hueco". A la derecha de la canoa había como cincuenta cajas de madera repletas de guayabas maduras y el niño se dio cuenta de que algunas estaban podridas y recordó que su padre decía que a la fábrica de mermeladas y de barras de dulce de guayaba no le interesaba ese detalle porque todas las guayabas se echaban en las mismas pailas y había que ver a los millones de gusanos muriéndose en el infierno de la cocción reverberante. El niño prefería las mermeladas caseras pero no sentía asco cuando le quitaba la delgada capa sintética a las barras de dulce de guayaba para comer sus tajadas rojas como sangre con galletas de agua de la tienda de Juanito. Pensaba decirle al padre que si quería que lo esperara o que si era mejor que se fuera porque ya tenía hambre cuando sintió el bocinazo del camión ruso ZIL que venía desde Yaguajay por las cajas de guayaba. Si, espérame en casa de mamá, dile que te de un poquito de agua de culo con pan viejo, que tiene muchísimo, enseguida montamos las guayabas y nos vamos, pensó que le respondería.
Queta estaba escogiendo el arroz sentada en un taburete en el portal trasero. El niño se preguntó que por qué lo estaría haciendo tan tarde si ya era hora de almuerzo pero no le dijo nada. Quizás se tratara de un arroz trillado después de haber recibido muy poco sol y que por tanto tuviera muchos machos. Entró al comedor sin saludarla y ella se paró para seguirlo. El niño se sentó en un taburete que estaba detrás de la mesa, contra la pared, después de voltearlo, y puso los brazos, cruzados, sobre el espaldar. La abuela le trajo una tasa azul metálica con "agua de culo" y un pedazo de pan viejo que fácilmente podía tener tres semanas. Si está muy duro busca el serrucho de Antonio que está en el rancho para que lo troces y si deseas tomar zambumbia de verdad y no mi agua de culo espera llegar a tu casa, le dijo Queta, mientras pensaba, al verlo sentado en esa posición, que "Rafael lo había cagado" y después se volvió a dirigir al portal trasero para seguir escogiendo el arroz. Enseguida la tojosa - que siempre se posaba en la mata de guayaba que estaba pegada a la cocina - comenzó con su "tojú tojú" de cada mediodía y el niño recordó que su madre decía que ese canto tan triste era señal de mal aguero. Poco después Cuca entró por la puerta de la sala, de regreso de casa de Celia, y le gritó a Queta que se apurara con el arroz porque la guagua de la 1 estaba al llegar y ella sabía que Tomasón se desmontaba siempre con tanta hambre que era capaz de comerse toda la caja de arroz Borboné 50.
El niño salió hacia la zona del depósito de guayabas para ver si ya habían acabado de montar las cajas y oyó que su padre le decía al chofer negro de Yaguajay "qué va, ya la pelota nunca será como en los tiempos del Almendares, estos comunistas están acabando con todo" y que el negro respondía "guajiro, te van a fusilar, cállate la boca". El ZIl salió por el frente de la casa y el niño vio como el chofer trataba de evitar los surcos acanalados y podridos del potrero, acción con lo que solo lograba hacer otros surcos sobre la yerba entripada por la lluvia indetenible y oyó que el Hombre de la Ciénaga dijo "estos condenados camiones me van a acabar con el potrero, tendremos que poner las cajas en la carretera". Cuando el camión llegó a la esquina de las dos cercas y el ayudante del chofer se apeó para abrir la puerta tuvo que decirle a Bura qe le diera un chance porque tenían que salir. Bura estaba absorto en el tronco de la madre derecha y el ayudante debió empujarlo suavemente para que se separara.
El Hombre de la Ciénaga le dijo al niño que pusiera su zapato zurdo sobre su zapato zurdo, que le diera su mano zurda y que se impulsara para poder pasar su pierna derecha sobre el lomo de Perica. Cuando el niño estuvo sobre la zanca de la yegua se sujetó de la cintura del padre con su mano derecha y trató de no frotarle la espalda y sintió como el Hombre de la Ciénaga golpeaba la barriga de Perica con el tacón de los zapatos para que el animal echara a andar. Perica abrió el paso lentamente y con la cabeza inclinada, sin brío. No me quedará mas remedio que vendérsela a la gente del Zoológico, esta yegua ya no sirve, dijo en voz alta. Como el niño no podía extraer la Hoja de las Palabras Extrañas comenzó a repetir "Zoológico" en su mente y no paró hasta llegar a la casa. Laniña estaba removiendo la ropa sucia en la lata tiznada de aceite de carbón sobre el fogón encendido con una vara redonda de dagame y ambos la oyeron cantar, con aceptable punto cubano, la décima emblema de la zaga Camilo y Estrella no faltara más que tenga en mi casa un empleado de mi hija enamorado y sin que a mí me convenga le pido que mas no venga aquí por la sitiería vaya hacia la serranía que fue su cuna de ayer y búsquese una mujer de su igual categoría. El padre y el niño se acercaron a la madre. Arturo llega apurado Magdalena se sonroja y él sella su boca roja con un beso apasionado, recitó el Hombre de la Ciénaga. Bueno y del viejo qué fue que un día amaneció muerto tieso mal oliente yerto y nadie supo de qué un doctor de buena le hizo el reconocimiento y al no hallar padecimiento con tacto certificó diciendo que lo mató su propio remordimiento. Laniña sacó la vara enjabonada de la lata hirviendo y la puso a escurrir sobre el fregadero. Dejen las décimas y vamos a comer que se enfrían los frijojes negros, ordenó.Su vientre estaba creciendo rápidamente y el niño había oído decir que estaba preñada y que muy pronto tendría un hermanito.
Sabía de qué se trataba pero en Febrero todavía hacía silencio. Estaba mas interesado en descubrir los misterios que rodeaban al hombre de la cara de vieja que en pensar en la personita que en cualquier momento llegaría a la casa para hacerle competencia.Así que se sentó en la mesa y antes de que su madre la pusiera sacó su Hoja de Palabras Extrañas y escribió "Zoológico". En ese mismo instante las nubes se abrieron y comenzó el chaparrón interminable. Caballeros, llueve hasta en Febrero, y eso que Febrero no pintó agua en las Cabañuelas, dijo el padre.
El niño dijo que antes de comenzar a almorzar tenía que salir al patio porque se estaba meando. Dale y te lavas bien las manos antes de regresar, dijo Laniña. Contra la pared norte del cuarto el niño garabateó "cabañuelas".
Westchester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Julio 12 del 2014.
Vera Obregón era un muchacho demasiado bajito para su edad de veinte años y aunque su mamá se lo había llevado con ella después de que el Hombre de la Ciénaga y su mujer tuvieron que permutarle la casa a Cisco para el cocal se pasaba casi todo el día con ellos y cuando se iba regresaba por la noche con absoluta puntualidad. Vera priorizaba sus visitas para jugar Machuca, para eseñarle cosas adelantadas al niño y sobre todo para recitarle las miles de décimas que se sabía de memoria y para cantarle algunas de las que ya era capaz de improvisar. Vera era un tipo muy pícaro, dominaba perfectamente el arte de la ironía y le encantaba burlarse de la gente simulando bromas excelentes. Cada tres o cuatro noches memorizaba las 117 décimas de la novela en décimas del poeta Chanito Isidrón, Camilo y Estrella, y las 114 de Arturo y Magdalena del mismo autor. La madre del niño se sabía muchas y en algún momento el niño logro memorizar mas de la mitad de los "amores montaraces" de Camilo y Estrella. Vera recitaba las décimas noveladas con una voz hermosa y limpia y con tal acento en los momentos catárticos que el niño pensaba que estaba asistiendo al recital de un mago de las palabras pautadas. El niño a veces se sorprendía recitando una de las décimas que mas le gustaba a su mamá y que hablaba del dolor de Camilo por su soledad y por su pobreza bajo una sociedad que lo aplastaba sin consideración y que decía oh maldita sociedad con tu putrefacto nombre como te burlas del hombre que vive en la soledad fantasma de la maldad vestigio murmurador hado dañino y traidor mano dura y homicida como maltratas mi vida y te burlas de mi amor. Vera había tenido que buscar en el diccionario el significado de las palabras putrafacto - Laniña decía "futrefato" -, vestigio, hado y homicida, y había tenido que admitir que de todas formas no estaba muy seguro del significado de la palabra vestigio. El niño le preguntó que si acaso no querría decir "murmullo vestido" y Vera se echó a reír e improvisó una cuarteta relacionada con una niña que siempre andaba vestida con harapos sin sospechar que estaba parodiando al famoso poema de Raúl Ferrer, Romance de la niña mala, que todavía ninguno conocía. Generalmente Vera se iba sobre las doce de la noche y el niño sentía al padre garraspeando con intención, para denotar molestia con una visita querida pero inoportuna entre semanas, pues el niño tenía que levantarse temprano para ir a la escuela. El niño, sin embargo, jamás se levantaba con sueño y al poco tiempo comenzó a escribir sus propias cuartetas. A veces, el Hombre de la Ciénaga, se tiraba de la cama al filo de las doce de la noche y se llevaba al niño a la cama y le decía a Vera "cuando te vallas apaga la luz". Era un insulto para los visitantes que daban "perros muertos" pero para Vera era solo una broma de Rafael porque él se consideraba "de la familia".
El niño le tendió a Vera la hoja de libreta garabateada con el texto que estaba debajo del cuadro de Félix Varela. Qué quieren decir esas palabras, Vera, le preguntó. Vera auscultó la hoja como si fuera un descifrador de enigmas prehistóricos y le pidió el mocho de lápiz Titina que el niño siempre tenía a su lado sobre la mesa. Subrayó cuatro palabras y le dijo que le preguntara a la maestra pues estaba seguro de que ni con el Diccionario podría entender su significado. El niño las releyó. Presbítero, Seminario, Cortes, Discípulo. Vera agregó que le parecía que la palabra Padre, que siempre antecedía al nombre Varela - y que en ese caso no incluía nunca Félix - no significa tener hijos porque había oído decir que los curas no se casan y que precisara bien con Elia esas equis y esas ve cortas y esas eles que estababan colocadas después de la palabra "siglos". El niño subrayó las sugerencias del Poeta Vera y cuando le pidió la bendición a sus padres antes de intentar dormirse por poco le dice al Hombre de la Ciénaga la bendición "padre". Laniña siempre rspondía "que dios te bendiga mi niño" pero el padre había sustituido la rutina de cada noche con un "jummm" que le causaba hilaridad al niño y en ocasiones repetía sus pedidos benditos solo para oirle hablar con la nariz.
Como el niño calculaba que nadie mas estaba interesado en saber quien era la persona que daba nombre a su escuela esperó a que llegara la hora del receso y se quedó sentado en su silla. Cuando salieron todos los alumnos llamó a la maestra. Maestra, podría decirme qué quieren decir estas cuatro palabras, dijo. Elia miró la hoja garabateada. Así que estuviste mirando debajo del cuadro del Padre Varela, eh. Sí. Tendré que admirar en lo adelante tu curiosidad, niño sabelotodo, te digo que deberías esperar a llegar a grados superiores para saber de verdad sobre un cubano tan importante de nuestra historia, pero responderé a tu pregunta. Gracias, maestra. No seas tan sobreeducado, chico, agregó y le tomó la oreja pellizcada con delicadeza. Presbítero quiere decir sacerdote, cura, persona dedicada a la religión, es como un título. Seminario es un tipo de escuela donde se enseñan materias religiosas. Cortes es una palabra política relacionada con los gobiernos y en este caso se refiere a la España de la época de Varela, fíjate muy bien que se dice Cortes y no "cortar". Discípulo es alumno, estudiante. Complacido, "doctor" González. No, dijo el niño, y le tendió su retahíla de equis, de ve cortas y de eles. Qué es esto. La maestra observó las letras como si fueran un acertijo pitagórico. Son letras que ya conoces, muchacho, expresó. Sí, maestra, pero esas letras siempre están situadas después de la palabra "siglos". Ah, pichoncito de Genio, ya sé a qué te refieres. Cuando tales letras van después de la palabra "siglo" significan números, aunque dichos números no sean iguales a los números que conocemos. Se llaman "números romanos" y entonces la x significa diez, la ve corta significa cinco y las eles significan uno. Los números se ponen con combinaciones diferentes y siempre van adelantados al año en qué vivimos el presente... y bueno, aprenderás mas de ellos cuando demos la lección "numeros romanos" y también podrás conocer a una ciudad de la antiguedad llamada Roma, desde donde se comandaba un Gran Imperio, cuya manera de numerar las cosas ha llegado hasta hoy. El niño solo podia asociar la palabra "romanos" con Román Barroso, el marido de La Chucha y padre de Juanito, y con los chuchos o "romanas" donde se pesaba la caña de azúcar que llegaba en carretas tiradas por bueyes y pensaba que había acabado de oír la explicación en otra lengua y le preguntó que si podía ponerle en la hoja todo lo que le había dicho. Elia le miró en silencio. Voy a tener que hablar con el Ministerio de Educación para pasarte a segundo grado, dios mío, qué manera de preguntar cosas, aceptó. Entonces, si estamos en el año 1963 eso quiere decir que el siglo que corre es... cuál. A ver, dígame cuáles son los dos primeros números que usted ve en esa cifra. El 1 y el 9. Que forman el número....19. Correcto, siempre se le agrega un número redondo al formado por los dos primeros del año que transcurre y tenemos el nombre del siglo. 20 entonces. Sí señor, estamos en el siglo XX. Gracias, maestra. De nada, señor José Martí.
Aly lo estaba esperando en el camino de la cuneta y cuando llegó le ayudó a subir la ranfla y siguieron caminando por la senda sur de la carretera. Se moría por hablar con ella de lo que acababa de aprender y quería decirle que ya sabía los siglos en que había vivido el presbítero Felix Varela pero Aly estaba insultando a María Julia, que iba delante junto a Luis Enrique, muerta de la risa por la compañía exclusiva que llevaba. María Julia se ocupaba de responder a la otra Aly - la hija de Tíopito - que caminaba hacia su casa por el camino del potrero y que también la insultaba. Las dos estaban enamoradas de Luis Enrique, el primo hermano del niño, cuatro años mayor que él. Solo que Luis Enrique estaba mas interesado en aprender carpintería de la mano de Pepe y en agarrar rolings tirados por Tico en la guardarralla de Mikel que en iniciar aventuras de amor en las aulas congestionadas.
Entre la canoa metálica donde las reses abrevaban y el pozo había un grupo de hombres conversando. El niño descubrió al padre entre ellos y le dijo a Aly que se quedaba en casa de la Abuela y que seguiría para su casa con él, más tarde. Así que ella le ayudó a sacar el lazo de alambre que sujetaba a la puerta de la cerca y se incorporó a la carretera. Cuando llegó a la altura del pozo los hombres se retiraban y se dio cuenta de que solo quedaban su padre y Eliseo, el papá de su amigo de grado, Amaury. Papi, a que no sabes en qué siglo nació Abuela, le preguntó a boca de jarro. El Hombre de la Ciénaga sabía que estaban en el siglo XX pero desconocía por qué. También conocía que él había nacido en 1916 y que su mamá lo había hecho "a fines de los años 1800". Así que dio por descontado que Queta había nacido un siglo antes que él y respondió preguntando "en el 19". Coño, papi, eres un caballo, celebró el niño, y se volvió hacia Eliseo Cabrera, el hombe del que se decía sabía mucho de todas las cosas y que era quien "cubicaba" los terrenos cuando los campesinos necesitaban saber cuantos cordeles utilizarían en determinado cultivo. Así mismito es, Luisma, dentro de 37 años estaremos en el año 2000 y entonces llegaremos al sigo.....21. Correcto, te mereces una guayaba pintona con sal. Para esa época estaremos todos en el hueco, dijo el Hombre de la Ciénaga. Eso nunca se sabe, Rafael, Salomón vivió un paquete de años. Me cago en Dios y en la Virgen Puta, rió el Hombre de la Ciénaga. Solavaya, se persignó Cabrera, sonriendo con ironía y señalando para el cuarto de la casa en donde sabía que la madre y la hija tenían el santuario católico. El niño sacó la hoja rayada y anotó "Salomón", "solavaya", y cuando fue a guardarla incorporó "estaremos todos en el hueco". A la derecha de la canoa había como cincuenta cajas de madera repletas de guayabas maduras y el niño se dio cuenta de que algunas estaban podridas y recordó que su padre decía que a la fábrica de mermeladas y de barras de dulce de guayaba no le interesaba ese detalle porque todas las guayabas se echaban en las mismas pailas y había que ver a los millones de gusanos muriéndose en el infierno de la cocción reverberante. El niño prefería las mermeladas caseras pero no sentía asco cuando le quitaba la delgada capa sintética a las barras de dulce de guayaba para comer sus tajadas rojas como sangre con galletas de agua de la tienda de Juanito. Pensaba decirle al padre que si quería que lo esperara o que si era mejor que se fuera porque ya tenía hambre cuando sintió el bocinazo del camión ruso ZIL que venía desde Yaguajay por las cajas de guayaba. Si, espérame en casa de mamá, dile que te de un poquito de agua de culo con pan viejo, que tiene muchísimo, enseguida montamos las guayabas y nos vamos, pensó que le respondería.
Queta estaba escogiendo el arroz sentada en un taburete en el portal trasero. El niño se preguntó que por qué lo estaría haciendo tan tarde si ya era hora de almuerzo pero no le dijo nada. Quizás se tratara de un arroz trillado después de haber recibido muy poco sol y que por tanto tuviera muchos machos. Entró al comedor sin saludarla y ella se paró para seguirlo. El niño se sentó en un taburete que estaba detrás de la mesa, contra la pared, después de voltearlo, y puso los brazos, cruzados, sobre el espaldar. La abuela le trajo una tasa azul metálica con "agua de culo" y un pedazo de pan viejo que fácilmente podía tener tres semanas. Si está muy duro busca el serrucho de Antonio que está en el rancho para que lo troces y si deseas tomar zambumbia de verdad y no mi agua de culo espera llegar a tu casa, le dijo Queta, mientras pensaba, al verlo sentado en esa posición, que "Rafael lo había cagado" y después se volvió a dirigir al portal trasero para seguir escogiendo el arroz. Enseguida la tojosa - que siempre se posaba en la mata de guayaba que estaba pegada a la cocina - comenzó con su "tojú tojú" de cada mediodía y el niño recordó que su madre decía que ese canto tan triste era señal de mal aguero. Poco después Cuca entró por la puerta de la sala, de regreso de casa de Celia, y le gritó a Queta que se apurara con el arroz porque la guagua de la 1 estaba al llegar y ella sabía que Tomasón se desmontaba siempre con tanta hambre que era capaz de comerse toda la caja de arroz Borboné 50.
El niño salió hacia la zona del depósito de guayabas para ver si ya habían acabado de montar las cajas y oyó que su padre le decía al chofer negro de Yaguajay "qué va, ya la pelota nunca será como en los tiempos del Almendares, estos comunistas están acabando con todo" y que el negro respondía "guajiro, te van a fusilar, cállate la boca". El ZIl salió por el frente de la casa y el niño vio como el chofer trataba de evitar los surcos acanalados y podridos del potrero, acción con lo que solo lograba hacer otros surcos sobre la yerba entripada por la lluvia indetenible y oyó que el Hombre de la Ciénaga dijo "estos condenados camiones me van a acabar con el potrero, tendremos que poner las cajas en la carretera". Cuando el camión llegó a la esquina de las dos cercas y el ayudante del chofer se apeó para abrir la puerta tuvo que decirle a Bura qe le diera un chance porque tenían que salir. Bura estaba absorto en el tronco de la madre derecha y el ayudante debió empujarlo suavemente para que se separara.
El Hombre de la Ciénaga le dijo al niño que pusiera su zapato zurdo sobre su zapato zurdo, que le diera su mano zurda y que se impulsara para poder pasar su pierna derecha sobre el lomo de Perica. Cuando el niño estuvo sobre la zanca de la yegua se sujetó de la cintura del padre con su mano derecha y trató de no frotarle la espalda y sintió como el Hombre de la Ciénaga golpeaba la barriga de Perica con el tacón de los zapatos para que el animal echara a andar. Perica abrió el paso lentamente y con la cabeza inclinada, sin brío. No me quedará mas remedio que vendérsela a la gente del Zoológico, esta yegua ya no sirve, dijo en voz alta. Como el niño no podía extraer la Hoja de las Palabras Extrañas comenzó a repetir "Zoológico" en su mente y no paró hasta llegar a la casa. Laniña estaba removiendo la ropa sucia en la lata tiznada de aceite de carbón sobre el fogón encendido con una vara redonda de dagame y ambos la oyeron cantar, con aceptable punto cubano, la décima emblema de la zaga Camilo y Estrella no faltara más que tenga en mi casa un empleado de mi hija enamorado y sin que a mí me convenga le pido que mas no venga aquí por la sitiería vaya hacia la serranía que fue su cuna de ayer y búsquese una mujer de su igual categoría. El padre y el niño se acercaron a la madre. Arturo llega apurado Magdalena se sonroja y él sella su boca roja con un beso apasionado, recitó el Hombre de la Ciénaga. Bueno y del viejo qué fue que un día amaneció muerto tieso mal oliente yerto y nadie supo de qué un doctor de buena le hizo el reconocimiento y al no hallar padecimiento con tacto certificó diciendo que lo mató su propio remordimiento. Laniña sacó la vara enjabonada de la lata hirviendo y la puso a escurrir sobre el fregadero. Dejen las décimas y vamos a comer que se enfrían los frijojes negros, ordenó.Su vientre estaba creciendo rápidamente y el niño había oído decir que estaba preñada y que muy pronto tendría un hermanito.
Sabía de qué se trataba pero en Febrero todavía hacía silencio. Estaba mas interesado en descubrir los misterios que rodeaban al hombre de la cara de vieja que en pensar en la personita que en cualquier momento llegaría a la casa para hacerle competencia.Así que se sentó en la mesa y antes de que su madre la pusiera sacó su Hoja de Palabras Extrañas y escribió "Zoológico". En ese mismo instante las nubes se abrieron y comenzó el chaparrón interminable. Caballeros, llueve hasta en Febrero, y eso que Febrero no pintó agua en las Cabañuelas, dijo el padre.
El niño dijo que antes de comenzar a almorzar tenía que salir al patio porque se estaba meando. Dale y te lavas bien las manos antes de regresar, dijo Laniña. Contra la pared norte del cuarto el niño garabateó "cabañuelas".
Westchester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Julio 12 del 2014.
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