Saturday, July 19, 2014

FELIX VARELA; LO QUE VA DE AYER A HOY. (3).-




Tomado de Grandes Nostalgias.


El hijo del Hombre de la Ciénaga pasó por cada uno de los grados de la enseñanza preuniversitaria y en cada uno de ellos fue asimilando información planificada sobre la vida y la obra de  Félix Varela. Con el tiempo tuvo acceso a otros cuadros del personaje pero jamás volvió a encontrarle parecido con viejas que le provocaron miedo en medio de los avatares de su primera infancia. Cuando estuvo conciente de su verdadera profesión, adquirida entre los siglos XVIII y XIX, aquel cuadro en la pared de la Escuela Primaria no fue mas que la pose de un seminarista sufrido que padece con el dolor del prójimo. Otros hombre y mujeres de religión aparecían con poses similares y debió pasar mucho tiempo antes de que él aceptara que los hombres y mujeres que dedicaban su vida a los misterios religiosos también eran capaces de sonreír. Sin embargo la figura del Padre Varela - un hombre aparecido en el meollo de la formación de la nacionaliad cubana - no podía competir con los cubanos de "capa y espada" que fueron capaces de levantarse, desde sus ricas poltronas criollas, contra un colonialismo español que se había marchado de sus colonias de  la América Mestiza con el rabo entre las piernas tras el incendio libertario continental, aupado por la debacle de Carlos lV y de su hijo Felipe abdicando en Bayona para solaz de la invasión napoleónica en los albores del siglo XIX. El Padre Varela era un hombre de religión, un intelectual de la fe, que había tenido la visión preclara de combinar su pensamiento eclesiástico con las mas "paganas" maneras de asumir la vida en la época que le tocó vivir. Por ello Félix Varela fue seminarista, presbítero y estudiante universitario en el sentido llano de la palabra. Tal vez por esa su adorable dicotomía de no ceñirse a los dogmas mas clásicos de la iglesia y permitirse coquetear con las cosas "del mundo" fue que se rebeló contra los que aseguraban "que memorizar detalles era el summun del conocimiento", demostrando que la memoria "es muy falible" y que el ser humano "no puede confiar en ella cuando se trata de cosas trascendentes".
Solo cuando el hijo del Hombre de la Ciénaga debió profundizar de verdad en la etapa histórica que le tocó vivir al Padre Varela fue que comprendió el ascenso escalonado de su curículum. El estudio pleno de la Historiografía Cubana le regaló los eslabones que le faltaban en una cadena muy extensa que se extendió por tres naciones durante mas de sesenta años. Desconozco que hubiera pasado con su radicalización política si la tromba monárquica no destroza el segundo intento parlamentario de Cádiz, mas allá de que su pensamiento preclaro y sin máculas desbordara sus peticiones escalonadas "para las provincias que le quedaban todavía por el mundo" a lo que fue el poderoso Imperio Español. Pero como dice alguien por ahí "los hubiera no existen" y quiero recordar al Padre Varela como a una personalidad que trataba de lograr  sus objetivos de a poco, paso a paso y que solo cuando los acontecimientos se precipitaban optaba por la vía radical.
Félix Varela nació en La Habana cuando al siglo XVIII le faltaban doce años de vida. Poco tiempo después Cuba seguía siendo una provincia de ultramar, mimada por Madrid, encantada la capital del Reino de España de que su fiel isla de Cuba no hubiera seguido el camino revolucionario de sus otras "hijas" latinoamericanas y de que constituyera, junto a Puerto Rico y Felipinas, parte del trío extracontinental que aún le permitía al Viejo Imperio Español poder vanagloriarse de, que en un final, no todo se había perdido durante la estampida de las revoluciones. El Imperio Español era un Imperio venido a menos al que ya nadie respetaba pero la gran ciudad de La Habana parecía ser la segunda ciudad más importante después de Madrid. Y Madrid pensaba aferrarse a su último bastión serio en América hasta donde sus capacidades se lo permitieran.
El padre de Varela era un militar español de alto rango que se había casado con una mujer criolla, nacida de otro español militar de alcurnia. Varela senior no paraba en las guarniciones de la capital, debiendo cumplir misiones profesionales que a veces eran capaces de sacarlo del país. Su madre, ama de casa, se ocupaba del cuidado y educación de su hijo Félix y de sus otras dos hijas. Hasta que muere en 1792 y el padre no tiene mas alternativas que ponerlos al cuidado de sus tías y de su abuelo maternos. Como todo padre albergaba la esperanza de que su único hijo tomara el batón de sus manos  y continuara la carrera militar, la profesión mas rentable en un país provincia marcado por el monocultivo y por la esclavitud legalizada. Poco después de la muerte de su hija el abuelo es enviado en misión militar a la ciudad floridana de San Agustín, que constituye el primer asentamiento español en América del Norte. Se trata de una ciudad muy pequeña - debe entenderse "asentamiento" - casi olvidada en los Anales de Madrid, cuya única trascendencia está dada porque La Florida es todavía territorio español  y San Agustín está enclavada en la costa atlántica del Continente, uno de los sitios favoritos para los piratas y filibusteros que actúan con patente de corso o con la venia de los Imperios que les cobijan. El abuelo parece no desear que el nieto encomendado se críe debajo de las faldas de tantas mujeres y decide llevárselo con él a San Agustín.
Félix Varela vencería la enseñanza primaria en "el caserío" floridano bajo la mirada espectante del Padre O' Reilly. Pero el abuelo nunca captó nada en su comportamiento que le indicara que el futuro del nieto estaría marcado por la complacencia espiritual de los altares y por las oraciones simples extraídas de la gramática del Más Allá. Félix era solo un chaval como otro cualquiera que estaba experimentando con la liturgia para poder decantar con clarividencia cuando su cerebro fuera capaz de tomar decisiones maduras. De modo que el abuelo arrastró al nieto de vuelta a La Habana cuando su misión terminó en San Agustín para que continuara en su país los estudios secundarios. La marca del Padre O' Reilly incendiaba el corazón del jovencito. Que recordaba mucho más a las mujeres de la familia y a la tranquilidad claustral del hogar que a los chicos del vecindario habanero con los que compartió sus mas tiernos años infantiles. Sin embargo el adolescente Félix Varela presumía de cierta independencia y de cierta capacidad contestataria ante determinadas situaciones inmovilistas y ello no desagradaba al abuelo de los regimientos.
La vocación es irreversible. De modo que Félix Varela sabía a qué quería dedicar su vidad desde que estudiaba en San Agustín y ello estaba mas allá de las enseñanzas del Padre O' Reilly. Su mentor solo había  logrado moldear su corazón y cimentar los estamentos de su futuro. Así que el abuelo se quedó tieso cuando el chico - ahora también huérfano de padre - le dijo, con toda la normalidad del mundo "quiero ser sacerdote". "Y no militar, como sería lo correcto", agregó el abuelo sin decirlo. En 1807, a los 19 años, ingresa en el ranqueadísimo Seminario Habanero de San Carlos y San Ambrosio. Pocos meses mas tarde es estudiante de la Universidad de la Habana y comienza a llamar todas las atenciones de la ciudad porque su talento es un manantial desbordado que no puede ser controlado por cause alguno. En París, un Napoleón Bonaparte aparentemente invencible, está listo para comenzar la Campaña Española cuando casi todos piensan que su objetivo es Portugal y el sobreempuje inglés.
Mientras el pincel de Goya retrata los sucesos del 2 de Mayo en medio de una España sin rey propio y los españoles dignos toman el camino del sur en donde les espera Cádiz la Gloriosa, Félix Varela ya es diácono con apenas 22 años y para 1811 el Obispo Espada y Landa le ordena sacerdote en la Catedral de la Habana. Entre la cátedra universitaria, el bautismo de turno, la misa del domingo y el pedacito de corazón para los humildes el Padre Varela encuentra tiempo para viviseccionar el universo político en donde giran la Metrópolis y su Provincia de Ultramar y decide vestirse de civil porque parece que no basta con las sotanas de intramuros. Mas que un espectador desea ser un protagonista. Ya es hora de cercenar ciertos cordones umbilicales aunque para ello haya que dejar algún trocito de carne vinculante entre el cuerpo de la Madre Patria y la hija pródiga de Las Antillas. La veneración que siente el Padre Varela por las todas las madres del mundo está haciendo mella en su capacidad de análisis sociopolítico. España no está siendo la madre buena que desean los cubanos y por lo menos es urgentemente necesario hacércelo saber. El estaría encantado de ser el informante. Aunque para ello deba seguir enseñando "a pensar a los cubanos" y esperar algunos años.
Hombre de la Ciénaga Jr. tuvo acceso a dos imágenes del Padre Varela mientras profundizaba en su vida y en su obra. En el óleo de Gervacio Esturo aparece en el patio del Seminario de San Carlos y San Ambrosio, casi de cuerpo entero, con sotana y una Biblia abierta entre sus manos. Es muy joven y es la época en que era profesor del Alto Centro de Estudios. Lleva los mismos espejuelos de siempre, muestra una sonrisa a pedidos del pintor y se le pareció al actor Kevin Costner. El óleo de Federico Martínez se llama El siervo de Dios y muestra a un Padre Varela en su etapa de madurez, vestido como "ser humano" por sobre sus hábitos religiosos, con los mismos espejuelos de siempre y una pelambrera exhuberantemente bien peinada. Parece que medita con los ojos abiertos. Se le pareció a un prominente ciudadano francés del período de La Ilustracion, sin bucles. Deberían de pasar muchos años antes de que el rostro del Padre Varela adquiriera aquella estampa de hombre sufrido que tanto miedo le provocara al hijo del Hombre de la Ciénaga desde que lo miró por vez primera en la pared occidental de la Escuela Madre en su Plateros de 1962. Pero cuando en verdad pudo rebobinar la historia y volver "a verlo" aquel rostro de sufrimiento eterno se convirtió en una faz que inspiraba sociego, dulzura, benevolencia y sobre todo confianza.
Ahora solo  faltaba llegar a los  Estados Unidos. Trasladarse hasta el Estado de La Florida. Viajar a San Agustín y visitar el Cementerio Tolomato en Calle Córdova y rendirle homenaje en su tumba simbólica. Porque con una o dos cosas imperecederas que consiga el hombre a lo largo de su existencia puede decir que ha vivido su vida de verdad.
Pero Hombre de la Ciénaga Jr. estaba en Cuba. La URSS no era la nueva Madre Patria pero sí la "metrópolis necesaria". El no tenía vocación religiosa  pero consideraba que la libertad pasaba por todos los caminos. Y él había venido al mundo con un gen deliberadamente contestatario en una sociedad donde ello constituía un delito mayor. Así que no "solo" faltaba llegar a Los Estados Unidos. Faltaba "poder" salir de Cuba. Si ocurría que todas las opciones se habían acabado y el exilio - el eterno exilio -era la única salida en tiempos en que el almanaque andaba con demasiada prisa.
Tolomato Memorial Park tendría que esperar.

Westchester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Julio 19 del 2014.






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