Cuando Angela Jeria decide aceptar la invitación de Isabel Morel para que se vaya a Washington está pensando en que todavía no ha podido abrazar a la amiga de los buenos tiempos que ahora es una viuda ilustre en la capital del país que le da cobijo por dignidad. Apenas una llamada telefónica el día aciago en que su esposo Orlando Letelier fue volado en pedazos en una calle de Washington en 1976 gracias a la explosión sincronizada de una superbomba colocada en su auto por un tal Michael Townley asesorado por anticastristas cubanos al servicio de la DINA y de la CIA en medio de los tejemanejes de la Operación Cóndor. Por lo menos eso es lo que ha leído y escuchado de voz de la mujer. Necesita apretarla muy fuerte y darle el ánimo de que urge para sobrellevar una carga tan pesada. Hincarse ante la foto de Orlando, el amigo insobornable de los años gloriosos que llegó a ser Canciller Chileno y que no pudo sortear el oprobio terminal de los cazadores de hombres verticales que actuaron arteramente cuando ya la batalla estaba perdida. Quienes mataron al marido de La Morel habían destrozado la vida de un hombre sin cartera que ahora se ganaba la vida haciendo uso de su intelecto civil en el campo de la Economía y que no representaba un peligro para nadie más allá del espejo intachable en que se mirarían los demás exiliados de la diáspora. Consolar, además a Michael, esposo de su ayudante norteamericana Ronni Moffit, fallecida in situ, que pudo salir ileso con heridas de baja intencidad. Sin embargo Angela estaba pensando en otro detalle. Desde Washington, le parecía, era mejor tratar de conseguir el regreso a Chile. Allí estaban los personeros del Nuevo Régimen y calculaba que todavía nadie se había olvidado de la señora de Alberto Bachelet.
Pero Angela se ha marchado después de dejar la casa en orden. Se va contenta porque Michelle ha aceptado la mano de Jorge Dávalos y muy pronto también ha dado el sí para el matrimonio. No cree que su hija haya olvidado al Hombre Desaparecido al que casi todos dan por informante de la DINA pero sabe que ella sabe que es una mujer de 27 años cuyo reloj biológico sigue pautando las horas en un tiempo signado por menesteres urgentes desde un país muy lejano. Michelle también ha terminado por seguir un curso de alemán avanzado en Leipzig gracias al Instituto Carlos Marx antes de proseguir con sus estudios de Medicina en la Universidad Humboldt de Berlín. Para coronar una temporada de ángeles el propio Erich Honecker la premia con un nuevo apartamento en Postdam. Todo esto acurre en 1978. Y Jorge asume que la vida de exiliado es más llevadera cuando en casa hay una mujer que le ama y que comparte su ideología. Felicidad de último momento que hay que engrandecer. De modo que Michelle acata su deseo de aumentar las medidas de su vientre en los próximos nueve meses y hasta son capaces de planear su vida para los años por venir. 1984 es el tope. Pare entonces será Doctora y Sebastián andará por los seis años. Jorge pone una sola condición. Embarazo, guagua, estudios, tranquilidad, nada de política. Veremos, sonríe ella.
Porque para los exiliados de corazón sano la lucha nunca se detiene y siempre habrán de encontrar algún resquicio para la vinculación con los hermanos de Causa. Es así que los esposos asisten a la fractura del Partido Socialista en el Exilio ese año. El viejo zorro Carlos Altamirano aboga por una Nueva Corriente Renovada en tanto Clodomiro Almeida plantea la necesidad urgente de una Corriente Dura, vale decir un Movimiento que tenga a la lucha armada por lema de fondo. El matrimonio es partidario de la Corriente Dura pero Michelle se siente muy frustrada ante la incapacidad para ponerse de acuerdo y seguir pautas correctas y uniformes de la gente que está comandando la disidencia antifascista en el exilio. No obstante aplauden el ascenso vertiginoso a la Secretaría Extrerior de las Juventudes Socilistas del chico que compartía las tertulias cuando Jaime López era el hombre de la casa y que se llama Camilo Escalona. Considera que Jorge tiene razón y a partir de ese instante solo habrá de ocuparse de esperar a Sebastián.
En 1978 el Gobierno de Augusto Pinochet se había visto obligado a rubricar una Ley de Amnistía para Delitos Políticos cometidos entre 1973 y 1978, año en que se había levantado, oficialmente, el Estado de Sitio. La Ley exoneraba de culpabilidad a todas aquellas personas que habían cometido o encubierto crímenes entre el momento del Golpe Militar y el año señalado por la Ley. Sus detractores saltaron muy pronto porque la nueva disposición excluía otros delitos importantes y evidentemente estaba diseñada para limpiar las conductas de personeros del Régimen que vivían en un limbo desesperante porque su seguridad dependía de la permanencia en el Poder de la Junta Militar y para muchos observadores este dictamen judicial expresaba con suficiente claridad que los Juntistas se estaban "ablandando". La Ministra de Justicia, Mónica Madariaga, había hablado, además, de la necesidad de una gran "reconciliación nacional" y sugerido a los exiliados que "comenzaran a preparar sus maletas para el regreso" y a los presos políticos que "estuvieran en alerta libertaria". Muy pronto se vería que la frase no era otra cosa que otra frase hecha a la medida de los sueños truncos porque apenas poco más de sesenta presos políticos lograrían su libertad.
Angela Jeria le dijo a Isabel Morel que esa Ley tendría que resolver el problema de ella y el de su hija y esposo. Porque era un medio legal a su alcance y no podía dejar pasar la oportunidad. Me parece correcto, dijo la escultora. Desconozco si Angela tenía alguna relación con Mónica Madariaga - la recuerdo en tantas entrevistas de televisión en el siglo XXI - o con el personal de la Embajada Chilena en Washington. El caso es que lo primero que hizo fue presentarse en la Sede Diplomática, entregar sus credenciales y aplicar. Por supuesto que allí todos conocían a Alberto Bachelet, un General al que todavía no habían quitado la etiqueta de traidor pero del que nadie dudaba en sus fueros mas íntimos. Consideramos que su caso podrá resolverse, espere nomás, le dijeron. Angela regresó muy feliz a casa y telefoneó a Michelle en Berlín. Pero la felicidad duró muy poco. La nueva noticia apunta "que no puede regresar" dada "la peligrosidad que implica para la tranquilidad ciudadana" toda vez que las autoridades la consideran "un factor desestabilizante". Angela Jeria juega su segunda carta. Telefonea a Osvaldo Croquevielle, un General ( r), que es su cuñado, y este le promete que contactará a Fernando Matheei, que es el Comandante en Jefe de la FACH. Para Angela Fernando sigue siendo el viejo amigo de la familia, el hombre culto y comedido al que siguen acusando de haberse lavado las manos en la muerte de su esposo, algo que ella solo creerá cuando la información salga de su propia boca. Si Matheei colocó su grano de arena durante los tiempos de su salida hacia Australia, por qué no habría de hacerlo ahora, sobre todo cuando estaría amparado por una Ley Habilitante. De todas formas se pone en contacto con un amigo arqueólogo peruano que ha prometido darle una paleteada en caso de que decida viajar a Perú y le dice que ha tomado nota de su ofrecimiento y que lo mantendrá informado. Entretanto también se ha reunido con un funcionario del Departamento de Estado en Washington quien le asegura que podrá regresar en cualquier momento.
Mientras espera por la respuesta desde Chile y calibra la posibilidad de viajar a Lima toma un avión para Postdam. Es 1979 y ya Sebastián gatea los pisos de la casa de Honecker, Michelle estudia en la U de Humboldt y Jorge trata de apurar su título de Arquietcto. Poco después Abuela Jeria recibe una carta de la Embajada Chilena en Washington, la que abre con la calma medida del que tiene en sus manos un documento terminal. Puede regresar. Lo cree. Pero prefiere oír la confirmación de labios de su cuñado. Positivo, Angela, dice la voz del General ( r ).
Michelle hace tiras los planes de estadía en la RDA hasta 1984 y comienza a preparar el regreso. Otra vez detiene la carrera de Medicina. De nuevo se va de algún lugar sin el hombre que ocupa su corazón en el momento justo. Porque Jorge ha decidido quedarse y terminar sus estudios de Arquitectura en Alemania: apenas le restan algunos cursos.
Ese año casi toda la prensa mundial recogió las imágenes de un beso famoso. Durante las celebraciones por el 30 aniversario de la fundación de la RDA, el Premier Soviético Leonidas Bresnev y el Líder de Alemania Oriental Erich Honecker se fundieron en un beso bucal de antología. El beso como tal no hubiera despertado otro interés que el de la rutina para dos mandatarios muy besucones que nada más seguían la tradición geográfica de los saludos aupada por la manía besuquedora de Nikita Jruschov durante los años de su mandato en el Kremlin. Solo que el beso había sido un beso catártico, pasional, un beso de cine a la medida de dos amantes desrazonados en la inmediatez de las bocas. Suerte que nacimos librepensadores en una nación conservadora, dijo Angela. No hay que exagerar, agregó Jorge. Michelle levantó a Sebastián en andas y lo besó en la boca. Este beso no será publicado, dijo. Poco después el artista plástico Dmitri Vrubel llevó su versión del Beso hasta la parte oriental del Muro de Berlín y le colocó un texto que dice Brotherhood kiss, o sea Beso Fraternal. En realidad la obra se llama El beso de la muerte y contiene otro texto que expresa "Dios, ayúdame a sobrevivir a este amor letal". Siempre se habla de un gran chiste de época en donde Bresnev ve despegar a un avión que lleva a bordo a un "mandatario extranjero" y se dice "como político, pésimo, pero, madre mía, qué manera de besar". Hay un beso entre Gorvachov y Honecker años más tarde: pero Vrubel lo considero stándar, casi un imbeso y no lo plasmó. Porque los grandes besos son ocasionales.
En 1979 yo pasaba el Servicio Militar en un Campamento Agrícola en condiciones casi idénticas a las que vivieron algunos detractores de la Revolución en las barracas de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, UMAP. Para entonces no me dedicaba al "periodismo amateur" y solo había escrito algo muy breve acerca del atentado a Letelier en Washington. La situación chilena estaba reflejada en la prensa cubana a manera de epítetos repetitivos sobre el Gobierno Militar y debia buscar información independiente por otras vías. Recuerdo que no quedó un solo animal feroz de la selva que no fuera comparado con Pinochet. Leía sin parar y experimentaba con cuentos copiados del estilo heminwayano. Los avatares de Angela en Washington y de Michelle y Jorge en Postdam me fueron absolutamente desconocidos. Hasta que Ricardo Lagos nombró a La Michelle Ministra de Salud y comencé a escuchar a todas las voces del espectro. No recuerdo cuando me enteré del asunto del Beso "Fraternal" en verdad. He pedido a ciertos periodista e investigadores cubanos que revisen archivos de prensa para que traten de encontrar algún indicio del Beso. No han hallado nada relativo como no sean abundantes y sustanciosos textos de alabanza para el 30 aniversario de la fundación de la RDA y los grandes logros del Socialismo en la "otra cara" de Alemania. Estoy seguro de que si los cubanos de la época hubieran podido ver un beso de esa esta "clase" en la boca, una buena parte de ellos les hubiera perdido el respeto al par de "amigos mediáticos" y desde ese mismo instante les hubieran endilgado el membrete de "maricones". No hubiera sido mi caso: yo soy de la escuela liberal de los Bachelet Jeria y lo hubiera considerado un acto de respiración artificial del Jererca de un Imperio en alza hacia un Sátrapa Menor en apuros económicos.
Posiblemente el exilio de Michelle Bachelet y su madre fue un exilio breve debido a las relaciones que manejaban y a la buena disposición de algunos militares que habían sido compañeros de Alberto en los años que precedieron al Golpe. Breve si lo comparamos con el de otros exiliados que no tuvieron tíckets de vuelta a pesar de las gestiones mancomunadas. Muchos de los cuales optaron por establecerse en los países acogedores y hoy mismo son chilenos residentes que regresan de visita. El caso es que madre e hija retornaron a Chile en la primera oportunidad que se les presentó porque el llamado de la Patria era más importante que la supuesta comodidad a miles de millas de distancia y porque donde único se podía luchar de la manera que fuera posible era en el centro de los acontecimientos. Ambas mujeres regresaron con estudios truncos y calculaban que en casa nada les impediría ahora concluirlos.
Todavia restaba una década de gorilato en los predios de La Moneda. ( 1 ).
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Estoy tratando de investigar si Isabel Morel tiene algún parentesco con Cecilia Morel, le esposa de Sebastián Piñera. Agradecería cualquier información.
Wechester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
Diciembre 29 del 2013.
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