En Septiembre de 1973 yo era estudiante de preuniversitario y aunque había soñado desde niño con llegar a ser Periodista sabía que eso sería imposible para alguien como yo absolutamente desvinculado de los parámetros exigidos por el Sistema Imperante para otorgar becas que de una u otra forma necesitaran de avales socipolíticos, entiéndase "compromisos" con la Revolución. Además, el Periodismo no era prioridad de los Mayimbes del Comité Central del Partido Comunista quienes consideraban que con unos pocos jornaleros incontestatarios bastaba para mantener sólidas las nuevas posturas ideológicas que serían capaces de frenar a la propaganda "imperialista" nacida y esparcida desde los Estados Unidos. Entonces prácticamente no existía disidencia interna y las figuras cimeras de la oposición estaban cumpliendo largas condenas, De modo que las ofertas eran demasiado exiguas y los requisitos demasiado socorridos. Sin embargo para esa época mis horas de vuelo en el cielo de la vocación periodística podían enumerarse por millares y en verdad me consideraba un joven periodista sin título, amateur, pero ya dueño de la lengua desbocada y la verticalidad insobornable que marcarían mi futuro. Con este currículum mis posibilidades profesionales en Cuba eran muy pocas. Pero a veces es preferible ser un hombre de pocos que un hombre de ceros en una sociedad bestialmente tapiada al pensamiento libre. El trienio de gobierno de Salvador Allende en Chile y la implicación cubana en su desarrollo y marcha constituían una lección sobreaprendida para mí y debo haber llenado decenas de libretas escolares con mis "artículos de opinión" acerca de la novedad del socialismo que se trataba de construir en Chile con "nuestra" asesoría. Para ese tiempo ya escribía larvas de "cronintarios" pero era muy capaz de darme cuenta de que necesitaban de un poco más de acervo cultural para poder catalogarlos de pulidos. Y por supuesto que condené el Golpe de Estado o la Asonada o el Pronunciamiento de los militares en el aciago Septiembre del 1973. "Salvar" a Chile de los "planes" de los asesores cubanos no merecía el septembrazo ni su zaga de iniquidades.
Los honores de la victoria sobre la Fortaleza de La Moneda se los había llevado un hombre titubeante en "primera vuelta" al que los cubanos habíamos visto desfilar a la vera del Doctor Allende y de Fidel Castro en Santiago de Chile cuando aquel visitó al país sudamericano en 1971 y él había sido designado Representante del Ejército para la ocasión. Igualmente le habíamos visto desfilar en La Habana un año después, cuando Salvador devolvió la visita y entonces el Representante del Ejército ahora era Jefe del Estado Mayor del Ejército gracias a la renuncia de Carlos Pratts en instantes en que se incubaba el zarpazo. Pratts - que había sustituido en el cargo a René Schneider, asesinado en Buenos Aires por una facción de ultraderecha durante un intento de secuestro - lo recomendó a Allende como un hombre "disciplinado, capaz y sobre todo apolítico". Augusto Pinochet era, por tanto, un militar de rango que necesitó de las presiones de un tal Gustavo Leigh para sumarse al Golpe y resultar premiado en la primavera septembrina con el Primer Mando en la Casa de Gobierno. Muchos años después yo conocería de su breve participación en una charla entre Fidel Castro y Salvador Allende en la que aquel mostraba su preocupación por "la notable cantidad de personajes fascistas que estaban pululando en las calles de Santiago" y Pinochet metió su cuchareta para jactarse "oe, hevón, a eso fascita yo salgo y los recojo a tos en una noche poh huevón". Ni siquiera Fidel, autoproclamado profeta de aconteceres, pudo descifrar la frase de Pinocho. Sobre todo los agregados del verbo "recojo". Porque Pinochet no quiso decir - muy lejos en su subconciente de chico de carrera - "recojo a los fascistas y los encierro" sino "los recojo y .....lo agrego a mi séquito".
Alberto Bachelet había sido una figura de relativa importancia en la vida republicana chilena y lo seguiría siendo durante el mandato de la Unidad Popular. Un hombre de carrera, un constitucional. Un servidor público que acudía a donde sus servicios se necesitaran no importaba el color del partido que estuviera al mando en La Moneda. Salvador Allende le encargó la Secretaría de la Dirección Nacional de Abastecimientos y Comercialización ( DINAC), responsabilidad que le obligó también a comandar la Junta de Abastecimientos y Precios (JAP) en momentos en que la escacez estaba asolando al país, la gente se incomodaba y la penetración cubana en cada una de los estamentos de Comando exasperaba a los grupos más ortodoxos de la tradición republicana del país. Mientras Alberto trataba de sortear pirvaciones económicas y buscaba la manera de enfrentar a los boicots, los sabotajes y a las señoras cuicas soñadoras de cacerolas, algunos militares de las diferentes ramas del Ejército se estaban reuniendo en secreto bajo la bandera del descontento sin que el respeto por los juramentos constituciuonales les importara un rábano. Estaban conspirando para abortar al Gobierno de la Unidad Popular y salir de los odiados asesores de La Habana a como diera lugar. Lo que no quiere decir que no se apoyaran en otros asesores. A como diera lugar.
Alberto Bachelet respondió que no a los preparativos y volvió a negarse a secundar a los golpistas después del 11 de Septiembre. La Nueva Cúpula no le perdonó su "deslealtad" y le acusó de "traidor"- otra y mil veces prostituida la palabra - antes de detenerlo y comenzar a torturarlo. En 1974, durante un interrogatorio con tortura sufrió un infarto, no recibió atención medica - fuentes in situ aseguran que no se la brindaron - y murió. Gustavo Leigh, el Hombre Duro que no pudo resolver la zancadilla de Augusto Pinochet en el camino de La Moneda - y que ahora era el Jefe de la Fuerza Aérea - fue el tipo que ordenó su detención y que yo sepa nunca se arrepintió ni pidió perdón por las consecuencias desafortunadas que conyevó su orden nefasta.
La señora que acababa de nombrar el Presidente Ricardo Lagos para la Cartera de Salud en el año 2001 era la hija de Alberto Bachelet y por eso el apellido de origen francés me "sonaba" tantos años después de los acontecimientos del aquel Septiembre sin glorias. Un detalle curioso es que Michelle no apoyó el proyecto de sus padres de asilarse en Perú tras el Golpe y que ellos permanecieron en Santiago a sabiendas de los riesgos que correrían. Algunos conocedores muy solventes de la vida de Michelle Bachelet aseguran que aquel punto de vista de la joven es casi un cargo de conciencia en su vida del que nunca se ha podido desembarazar. Y sin embargo no es el único.
Nunca he sabido por qué razón, desde el mismo segundo en que el Presidente Lagos la presentó al país, comencé a interesarme por ella. No era una mujer atractiva en el sentido en que podía serlo Cecilia Bolocco. No tenía una voz recordable. Adolecía del poder de la elocuencia, un mal que aqueja a gran parte de los chilenos de todas las categorías. No obstante alardeaba, nunca supe si inconscientemente, de cierta femeneidad desbordante, algo así como una ternura genética que atrae pueblo y que hace que la gente la quiera sin condiciones. Muy pronto supe que era hija de una arqueóloga, que se había criado en un ambiente liberal, tal vez demasiado liberal para una sociedad tan conservadora y que desde muy temprana edad comenzó a recorrer mundo.
Cuando la conocí a fondo - correcto, acepto que no "he tocado fondo" - también comencé a decirle La Gordy y me dije que aquella Cartera de Salud solo había sido un pontón que le había catapulteado hasta su verdadera vocación. Porque Michelet Bachelet no nació para curar heridas físicas o del alma, para comandar vericuetos relacionados con la salud. Ella vino a este mundo para drogar cerebros, arrodillar hombres y mujeres en la alfombra del altruismo renovado, encandilar mentes obtusas, tergiversar definiciones a medias, enamorar al mundo enternecido, posar para Bolaños cuando resucite de entre los muertos.
Entretanto trataré de recordar cómo era su pelo antes de que los años le oxigenaran la vanidad.
Wechester, Miami, USA
Luis Eme Glez.
Diciembre 23 del 2013.
Querido, estoy de nuevo akí este 25 de Diciembre y haré un breve comentario ya que veo que la gente que te lee no dice nada. Suerte que La Michelle no debe leerte porque con todo lo que aprendió con ese chino en la ONU seguro entendería tus textos octavodeicebristas....nada más digo.
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