Este rostro puede verse en el minuto 3, 14 del video y ya saben de quién se trata.
Alumna de Hipócrates....por qué?.
Nunca he podido descifrar por qué motivos Michelle Bachelet decidió estudiar la carrera de Medicina. Porque evidentemente fue un error si tenemos en cuenta que nunca la ha ejercido a menos que aceptemos el concepto "ejercer" en sentido "ocasional". No existen antecedentes familiares y lo que vio y vivió en su infancia y primera juventud está muy lejos de consultorios y quirófanos. Pudiera decir "todo lo contrario": pero no lo haré. Desconozco si la elección tuvo que ver con su rebeldía innata y con la necesidad de llevar la contraria en un hogar tranquilo y liberal en donde a nadie se le imponían órdenes y cada quien era dueño de hacer lo que mejor pareciera a sus instintos. Posiblemente Michelle Bachelet haya priorizado el conocimiento del cuerpo humano, sus misterios insondables, sus reacciones químicas y la secuela de la vida que transcurre en momentos en que su juventud le exigía razones palpables. Solo con este acervo marcado por la sangre vibrante y torrentosa se sintió capaz de comprender la ruleta del alma del ser social, del hombre que opta por elegir ídolos después de tomar decisiones sin premura. Hasta que decidió que su espacio correcto estaba mejor en una oficina gubernamental que en una sala de primeros auxilios. Curando conciencias. Suturando sociedades. Dando de alta a los pueblos sanados de las enfermedades contagiosas. Ciñendo voluntades.
Desconozco, además, por qué Michelle nació Verónica. A veces he pensado que fue porque la señora Angela Jeria necesitaba un nombre hispano para contraponer a Michelle, seguramente un antojo del padre con ascendencia francesa. No olvidar que Michelle Bachelet no escapa al Síndrome Chileno del Apellido "extranjero". Cuando digo "extranjero" me estoy refiriendo a los apellidos europeos nacidos al Oriente de Los Pirineos. Otro apellido más con acento exótico de esos que lucen casi todas las 500 Familias.Se me antoja pensar a la chica Michelle incansada de zapatear las tantas Bases Aéreas en las que tuvo que trabajar su padre Alberto General de Brigada FACh, entre barracas, pistas infinitas y mecánicos que la malcriaban, oyendo el ruido de los aviones que despegan y aterrizan en las maniobras de rutina y no puedo definir si prefería la Base de El Bosque en la periferia Poniente del Gran Santiago, muy cerca de San Bernardo, o la de Quintero, allí donde las brisas pacíficas del Ocáano le despeinaban sus sueños en las tardes frescas y los aeroplanos parecían comerse a la mar en cada maniobra que controlaba su padre.
No sé si la cabra chica de los Bachelet Jeria sabía quién era Jorge Alessandri en 1962 ni cómo reaccionó cuando el padre le comentó que su próximo destino era un destino lejano llamado Estados Unidos en donde habría de fungir como Agregado Militar de la Embajada Chilena en la capital de ese país llamada Washington. Seguro le dijo que Estados Unidos era el país más grande y poderoso de la Tierra y que allá también podría hacer nuevos amigos y que se iban porque él era un militar de carrera y no podía negarse a cumplir una orden del Presidente de Chile. Seguramente la niña le diría que no había caso, que siempre lo seguirían sin condiciones y él le acariciaría el cabello que entonces era negro y mencionaría la fecha de vuelo y tal vez ella preguntara que si viajarían en un gran avión militar y él le respondería que no, que lo harían en un gran avión civil.
Pienso que la niña se adaptó muy pronto a Betsheda - que aunque está en el Estado de Maryland es un suburbio de Washington - con sus calles amplias y arboladas, sus jardines inmensos y su quietud de claustro, sus niños negros y rubios en el tiovivo de las etnias volando sobre sus patinetas de juguete en los atedeceres del río bajo los cerezos florecidos en el sopor de la temporada. Puedo ver a la niña contagiada con el inglés, aprendiendo nuevas palabras, tratando de frasear como sus amigos de aula mientras los meses transcurren y la radio y la televisión no se cansan de publicitar las nuevas sensaciones que ahora se llaman Elvis, Dylan, The Beatles,Sinatra y los superhéroes americanos que saltan de ola en ola sobre todos los océanos para luchar contra la maldad y desnucarla con su valores infalibles.Estoy seguro de que la niña obvió los grandes complejos hospitalarios de Betsheda, el Gran Circuito Smithsoniano de los Museos, los malecones del Potomac, los cerezos en flor, Arlington Park, en favor de los edificios del Capitolio y de la Casa Blanca, de las fábricas de guerra en donde su padre cotizaba armamento para la defensa de la Patria. Porque ya para sus trece años era capaz de comprender que hay paredes entre cuyos muros se cuece la sal del Poder. Mientras Albertico andaba agarrado de las faldas de Arqueóloga Jeria oyendo disertaciones que hablaban de esqueletos de brontosaurios, de vértebras de mamuts y de estilos victorianos en los edificios clásicos Michelle Verónica se moría por saber qué pasaba dentro de aquellas moles gigantescas y escuchaba embelezada como Alberto le respondía que allí trabajaban los hombres y mujeres más poderosos del mundo, que allí descansaban todos los poderes de los Estados Unidos. Si me atengo a la pasión y a los conocimientos por y sobre fútbol de que haría gala más tarde Michelle Bachelet pues me atrevo a asegurar que disfrutó con creces la medalla de bronce lograda por Chile en el Mundial de 1962, del que fue anfitrión, y por supuesto que la magia barroca del fútbol americano no pudo matar la nostalgia por el balompié criollo.
Se dice que Michelle Bachelet fue sobreactiva durante los años de la Enseñanza Media. Quizás hubiera agregado a su genética librepensadora los años americanos en donde, seguramente oyó decir,- y palpó - que la gente vivía "con algunos años de adelanto sobre el resto del mundo". Encontró tiempo para hacer deporte y teatro, para redactar proclamas políticas y hasta para cantar en una Banda. Para la época de su entrada en la Universidad de Chile su activismo no solo se consolidó sino que fue capaz de tomar partido. Cuando Salvador Allende accede por fin a La Moneda - posiblemente sea el político más perseverante de la Historia Republicana de Chile - ya Michelle Bachelet sabe que es una mujer socialista. Su conducta madura y se concientiza y ahora es un adalid de las fuerzas jóvenes de la Unidad Popular. Pero desconoce - en principio - que mientras intenta vencer la carrera de Medicina, los amigos de su padre - y una buena parte de las amigas de su madre - comienzan a reunirse en secreto en la capital para tratar de encontrar una solución al difícil panorama político que está viviendo el país bajo el Gobierno Socialista de Allende y su cohorte de asesores cubanos. Alberto Bachelet trabaja sin descanso desde su búnker en la Secretaría de la Dirección Nacional de Abastecimiento y Comercialización, DINAC, cargo que ha visto convoyado con el de la Junta de Abastecimiento y Precios, JAP. Alberto Bachelet no es un allendista desde el punto de vista gubernamental. Solo es un militar de carrera, un respetuoso de la Constitución que está ejerciendo un cargo importante para el que ha sido designado por el Presidente Constitucional de la República y piensa que tiene que hacerlo lo mejor que pueda en medio del caos ciudadano, los sabotajes, el acaparamiento, la escasez y los cacerolazos de las señoras esposas de sus amigos todopoderosos.
Desconozco si Alberto Bachelet comentó con su familia lo que sabía estaban fraguando sus colegas militares. Tal vez no hiciera falta. Estaba rodeado de personas queridas, simpatizantes del Gobierno de la Unidad Popular y suficientemente inteligentes como para calibrar por su cuenta el estado caótico en que había caído la nación. Alberto dijo no a los planes golpistas. El Día del Golpe no lo secundó. De haberlo hecho no hubiera sido él. Entonces, para qué había jurado la Constitución?. Jurado lealtad al Gobierno de turno elegido libremente por el pueblo?. Inmediatamente después del 11 de Septiembre fue considerado traidor. Inmediatamente después de que la palabra maldita fuera pronunciada vinieron allanamientos, detenciones y torturas. Había pasado de ser un Glorioso Puntal del Ejército a un Cabecilla del Viejo Régimen y tenía que pagar por ello. Gustavo Leigh, el Jefe de la Fuerza Aérea - y el Tipo Duro que no pudo sortear la zancadilla rastrera de Pinochet en el camino de La Moneda - fue quien ordenó su detención. Fernando Matheei lo tuvo como su prisionero y aunque siempre ha negado que tuviera nada que ver con las torturas a las que fue sometido no es menos cierto que sus subalternos - y compañeros de armas - lo vejaron y maltrataron hasta la sinrazón. En 1974, durante un interrogatorio con tortura, Alberto infarta y sin atención médica - fuentes in situ y bien autorizadas han asegurado que se la negaron - muere. Necesario es apuntar que hoy mismo hay varias causas en proceso en Chile que buscan enjuiciar y condenar a personas que tuvieron que ver con la muerte del General Alberto Bachelet, incluida una contra Fernando Matheei.
Durante un año Angela Jeria y Michelle Bachelet vivieron en la clandestinidad sin que por ello dejaron de apoyar al proscripto Partido Socialista. Las gestiones de Angela y de algunos amigos influyentes del nuevo gobierno que trataban de encontrar un resquisio para el exilio no fructificaron. Sin embargo los prohombres que habían acabado con la vida del esposo y padre no cejaban en su empeño por dar con el paradero de la arqueóloga y de la estudiante de Medicina, pareja y retoño de un hombre que había vacilado en el momento en que la Patria más lo necesitaba. En 1975 la tenebrosa DINA les echó la zarpa encima. Esposadas y con los ojos vendados las llevaron hacia un lugar llamado Villa Grimaldi.
Villa Grimaldi no fue una cárcel en el sentido propiamente dicho. Tampoco fue un campo de concentración al mejor estilo nazi. Fue más que eso porque fue un sitio escogido, selectivo, para torturar a qienes no se plegaban al nuevo régimen y sobre todo a aquellos que fueron puntales insobornables del Gobierno de la Unidad Popular. Gran parte de los llevados allí jamás salieron de sus murallas y asistieron al ocaso de sus vidas desde los cubículos dantescos de La Torre. Quienes lograron salir lo harían en carros tapiados hacia los aeropuertos en donde les esperaban los aviones fúnebres que tenían como destino primero al océano y como misión final abrir sus compuertas para dar paso a los villagrimaldistas condenados de antemano. Villa Grimaldi fue un lugar secreto, un sitio de Comando Militar, un búnker sofisticado en donde la muerte tenía un sitio asegurado para cazar fantasmas de rojo. La instalación - con riquísima historia capitalina - fue prostituida y todo su encanto italiano convertido en sadismo doméstico de la peor calaña. Siempre que pasé por la Comuna de Peñalolén en las faldas de Los Andes hice un minuto de silencio por los ausentes y pedí a un Dios impublicable para que la Maldad jamás tuviera su espacio ni su tiempo en la tierra chilena. Porque yo también sabía lo que era la Maldad y lo que eran las Villas Nacionales en la otra ronda de los Zarpazos.
Villa Grimaldi es un nombre casi musical y muy tierno. Aunque allí solo hubo conciertos de campanas doblando por los muertos en los años de oscuridad. Hoy es una especie de santuario en donde se rinde pleitesía a la memoria. No sé por qué cada vez que el par de palabras me sorprende recuerdo a la gran novela de Miguel Mujica Láinez, Bomarzo, un fresco del Renacimiento Itaiano en donde un Duque Muerto recorre el Palacio Orsini en busca de las sombras del Bosque de los Monstruos. También, a veces, el par de palabras me trae a la mente el aura fatal de Benito Mussolini atrapado en la Cosa Nostra de Calabria. La mente es obtusa en ocasiones. Por eso, siempre, cuando tengo que recordar a Villa Grimadi, pienso en la Colonia Dignidad de Paul Schaffer, un sitio que los chilenos conocen como Villa Baviera. Cuestión de Ejes Geoplíticos.
Conversé con muchas personas en Santiago de Chile acerca del período en que Michelle y Angela estuvieron detenidas en Villa Grimaldi. Con personas solventes, con funcionarios, con gente cercana a las dos mujeres, con chilenos y chilenas imparciales. Dígase lo que se diga parece que las torturas estuvieron relacionadas con amenazas, daños pisicológicos, incomunicación. Había tanto pez gordo tratando de evitar el escarnio que nadie se atrevía con su integridad física. Tal vez una frase subida de tono, un empellón, un piropo grosero, una mirada de asco sobre sus cuerpos ideológicos, un himno al desespero. Para sus detractores el daño fue mínimo y merecían un castigo ejemplarizante. Para sus seguidores el solo hecho de condenar a dos mujeres amantes de su Patria, viuda y huérfana de un militar de carrera, en un lugar tan deleznable como Villa Grimaldi, constituye el colmo de la tortura. Y siempre están esperando que los culpables paguen o al menos que pidan perdón. El pasado se entierra cuando las luces se abran sin impedimentos. Si las luces titubean el pasado florece. En Chile el pasado es un eco que regresa con dos voces huecas casi equidistantes.
Después de una breve estadía en Los Alamos al fin los amigos militares comprometidos consiguen que se les permita viajar a Australia en donde esté Alberto Junior. Porque solo pueden salir de la Villa si el destino es el extranjero. Los Juntistas no las quieren en la clandestinidad. Por lo menos en la clandestinidad doméstica. Pinochet esté al tanto de los miles de exiliados chilenos que viven, trabajan y luchan en los más disímiles puntos de la tierra. Pero están lejos y al estar tan lejos no les teme. Para los que han osado quedarse en los alrededores de Chile trabajan los tentáculos de la DINA, cooperan ciertas Agencias y hace su trabajo la Operación Cóndor.
Auntralia es solo un país capitalista más - dicen que "neutral" - con dirigentes de buen corazón que ofrecen asilo a víctimas de regímenes totalitarios. Allí los chilenos trabajan y envían remesas a sus deudos en América. Madre e hija saben que en Sidney las posibilidades de continuar la lucha son nulas porque las células puras están en Europa. En Escandinavia y en Alemania Oriental. Además, Angela desea seguir vinculada a la Arqueología y quiere que sea en Europa y Michelle aspira a continuar su carrera en las aulas sagradas en donde enseñan los mundialmente ranqueados médicos alemanes. De modo que después de compartir la famosa carta de Alberto Bachelet en donde le cuenta al hijo el escarnio de que ha sido víctima en manos de sus propios subalternos y colegas comienzan a empaquetar. Destino Berlín Oriental. Universidad Humboldt. El Partido. No importa que haya un Muro. Alemania es Alemania por sobre todas las fronteras artificiales que traten de imponerle.
Estudiosos confiables de la vida de Michelle Bachelet aseguran que la muchacha, más que por el deseo de vincularse a los exiliados que mantienen la lucha contra el régimen de Augusto Pinochet y por el interés de proseguir la carrera de medicina en Alemania, apresuró el viaje por motivos estrictamente diferentes. Quiero pensar que tanto Alberto Junior como la señora Angela Jeria sabían cual era la motivación más íntima de la chica. Y que aunque aceptaban que sus inquietudes políticas tenían muy poco asidero en un país tan lejano como Australia no poseían armas ni argumentos lógicos para detenerla un solo día más. El Hombre Fuerte de la República Democrática Alemana, Erich Honecker - por demás padre de una mujer casada con un chileno - le otorgó una visa de refugiadas sin pensarlo dos veces.
En la vida de Michelle Bachelet Jeria había un hombre. Y se llamaba Jaime López.
Wechester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Diciembre 27 del 2013.
Desconozco si Alberto Bachelet comentó con su familia lo que sabía estaban fraguando sus colegas militares. Tal vez no hiciera falta. Estaba rodeado de personas queridas, simpatizantes del Gobierno de la Unidad Popular y suficientemente inteligentes como para calibrar por su cuenta el estado caótico en que había caído la nación. Alberto dijo no a los planes golpistas. El Día del Golpe no lo secundó. De haberlo hecho no hubiera sido él. Entonces, para qué había jurado la Constitución?. Jurado lealtad al Gobierno de turno elegido libremente por el pueblo?. Inmediatamente después del 11 de Septiembre fue considerado traidor. Inmediatamente después de que la palabra maldita fuera pronunciada vinieron allanamientos, detenciones y torturas. Había pasado de ser un Glorioso Puntal del Ejército a un Cabecilla del Viejo Régimen y tenía que pagar por ello. Gustavo Leigh, el Jefe de la Fuerza Aérea - y el Tipo Duro que no pudo sortear la zancadilla rastrera de Pinochet en el camino de La Moneda - fue quien ordenó su detención. Fernando Matheei lo tuvo como su prisionero y aunque siempre ha negado que tuviera nada que ver con las torturas a las que fue sometido no es menos cierto que sus subalternos - y compañeros de armas - lo vejaron y maltrataron hasta la sinrazón. En 1974, durante un interrogatorio con tortura, Alberto infarta y sin atención médica - fuentes in situ y bien autorizadas han asegurado que se la negaron - muere. Necesario es apuntar que hoy mismo hay varias causas en proceso en Chile que buscan enjuiciar y condenar a personas que tuvieron que ver con la muerte del General Alberto Bachelet, incluida una contra Fernando Matheei.
Durante un año Angela Jeria y Michelle Bachelet vivieron en la clandestinidad sin que por ello dejaron de apoyar al proscripto Partido Socialista. Las gestiones de Angela y de algunos amigos influyentes del nuevo gobierno que trataban de encontrar un resquisio para el exilio no fructificaron. Sin embargo los prohombres que habían acabado con la vida del esposo y padre no cejaban en su empeño por dar con el paradero de la arqueóloga y de la estudiante de Medicina, pareja y retoño de un hombre que había vacilado en el momento en que la Patria más lo necesitaba. En 1975 la tenebrosa DINA les echó la zarpa encima. Esposadas y con los ojos vendados las llevaron hacia un lugar llamado Villa Grimaldi.
Villa Grimaldi no fue una cárcel en el sentido propiamente dicho. Tampoco fue un campo de concentración al mejor estilo nazi. Fue más que eso porque fue un sitio escogido, selectivo, para torturar a qienes no se plegaban al nuevo régimen y sobre todo a aquellos que fueron puntales insobornables del Gobierno de la Unidad Popular. Gran parte de los llevados allí jamás salieron de sus murallas y asistieron al ocaso de sus vidas desde los cubículos dantescos de La Torre. Quienes lograron salir lo harían en carros tapiados hacia los aeropuertos en donde les esperaban los aviones fúnebres que tenían como destino primero al océano y como misión final abrir sus compuertas para dar paso a los villagrimaldistas condenados de antemano. Villa Grimaldi fue un lugar secreto, un sitio de Comando Militar, un búnker sofisticado en donde la muerte tenía un sitio asegurado para cazar fantasmas de rojo. La instalación - con riquísima historia capitalina - fue prostituida y todo su encanto italiano convertido en sadismo doméstico de la peor calaña. Siempre que pasé por la Comuna de Peñalolén en las faldas de Los Andes hice un minuto de silencio por los ausentes y pedí a un Dios impublicable para que la Maldad jamás tuviera su espacio ni su tiempo en la tierra chilena. Porque yo también sabía lo que era la Maldad y lo que eran las Villas Nacionales en la otra ronda de los Zarpazos.
Villa Grimaldi es un nombre casi musical y muy tierno. Aunque allí solo hubo conciertos de campanas doblando por los muertos en los años de oscuridad. Hoy es una especie de santuario en donde se rinde pleitesía a la memoria. No sé por qué cada vez que el par de palabras me sorprende recuerdo a la gran novela de Miguel Mujica Láinez, Bomarzo, un fresco del Renacimiento Itaiano en donde un Duque Muerto recorre el Palacio Orsini en busca de las sombras del Bosque de los Monstruos. También, a veces, el par de palabras me trae a la mente el aura fatal de Benito Mussolini atrapado en la Cosa Nostra de Calabria. La mente es obtusa en ocasiones. Por eso, siempre, cuando tengo que recordar a Villa Grimadi, pienso en la Colonia Dignidad de Paul Schaffer, un sitio que los chilenos conocen como Villa Baviera. Cuestión de Ejes Geoplíticos.
Conversé con muchas personas en Santiago de Chile acerca del período en que Michelle y Angela estuvieron detenidas en Villa Grimaldi. Con personas solventes, con funcionarios, con gente cercana a las dos mujeres, con chilenos y chilenas imparciales. Dígase lo que se diga parece que las torturas estuvieron relacionadas con amenazas, daños pisicológicos, incomunicación. Había tanto pez gordo tratando de evitar el escarnio que nadie se atrevía con su integridad física. Tal vez una frase subida de tono, un empellón, un piropo grosero, una mirada de asco sobre sus cuerpos ideológicos, un himno al desespero. Para sus detractores el daño fue mínimo y merecían un castigo ejemplarizante. Para sus seguidores el solo hecho de condenar a dos mujeres amantes de su Patria, viuda y huérfana de un militar de carrera, en un lugar tan deleznable como Villa Grimaldi, constituye el colmo de la tortura. Y siempre están esperando que los culpables paguen o al menos que pidan perdón. El pasado se entierra cuando las luces se abran sin impedimentos. Si las luces titubean el pasado florece. En Chile el pasado es un eco que regresa con dos voces huecas casi equidistantes.
Después de una breve estadía en Los Alamos al fin los amigos militares comprometidos consiguen que se les permita viajar a Australia en donde esté Alberto Junior. Porque solo pueden salir de la Villa si el destino es el extranjero. Los Juntistas no las quieren en la clandestinidad. Por lo menos en la clandestinidad doméstica. Pinochet esté al tanto de los miles de exiliados chilenos que viven, trabajan y luchan en los más disímiles puntos de la tierra. Pero están lejos y al estar tan lejos no les teme. Para los que han osado quedarse en los alrededores de Chile trabajan los tentáculos de la DINA, cooperan ciertas Agencias y hace su trabajo la Operación Cóndor.
Auntralia es solo un país capitalista más - dicen que "neutral" - con dirigentes de buen corazón que ofrecen asilo a víctimas de regímenes totalitarios. Allí los chilenos trabajan y envían remesas a sus deudos en América. Madre e hija saben que en Sidney las posibilidades de continuar la lucha son nulas porque las células puras están en Europa. En Escandinavia y en Alemania Oriental. Además, Angela desea seguir vinculada a la Arqueología y quiere que sea en Europa y Michelle aspira a continuar su carrera en las aulas sagradas en donde enseñan los mundialmente ranqueados médicos alemanes. De modo que después de compartir la famosa carta de Alberto Bachelet en donde le cuenta al hijo el escarnio de que ha sido víctima en manos de sus propios subalternos y colegas comienzan a empaquetar. Destino Berlín Oriental. Universidad Humboldt. El Partido. No importa que haya un Muro. Alemania es Alemania por sobre todas las fronteras artificiales que traten de imponerle.
Estudiosos confiables de la vida de Michelle Bachelet aseguran que la muchacha, más que por el deseo de vincularse a los exiliados que mantienen la lucha contra el régimen de Augusto Pinochet y por el interés de proseguir la carrera de medicina en Alemania, apresuró el viaje por motivos estrictamente diferentes. Quiero pensar que tanto Alberto Junior como la señora Angela Jeria sabían cual era la motivación más íntima de la chica. Y que aunque aceptaban que sus inquietudes políticas tenían muy poco asidero en un país tan lejano como Australia no poseían armas ni argumentos lógicos para detenerla un solo día más. El Hombre Fuerte de la República Democrática Alemana, Erich Honecker - por demás padre de una mujer casada con un chileno - le otorgó una visa de refugiadas sin pensarlo dos veces.
En la vida de Michelle Bachelet Jeria había un hombre. Y se llamaba Jaime López.
Wechester, Miami, Usa.
Luis Eme Glez.
Diciembre 27 del 2013.
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