Mientras Paula agonizaba en la California de Isabel tú sonreías en las alamedas de Los Andes y mirabas la majestuosidad del Aconcagua.
Soberbia estampa al centro del invierno.
Exhuberante cuerpo donde las líneas sobran
porque eres depositaria de otras pasarelas.
Destrabada de las ropas
tu carne fluye como los sueños de un maremoto
en los acantilados masticando sábanas blancas.
Hueles a copihues mañaneros
a manzanas salvajes
a pastel de brevas salpicado por las uvas que reinan
en la ternura de tus valles.
Hueles a todos los efluvios innombrables
de cada primavera.
En mi olfato celoso
eres pura frutilla desvestida en la base del Monte.
Tu pelo
oh, tu pelo es otra fábula.
Cada cabello tuyo es un manojo de espigas
una perfecta cascada de amarillos
un enjambre de canarios saludando al sol
desde cada ventana rebelde.
Cada cabello tuyo es un desbarrancamiento de fibras inasibles
nadando hacia la mar embravecida
son los girasoles de Van Gogh condenados
a la fugaz perspectiva de la línea.
Si sonríes
todo astro muere de envidia en el fondo del holluelo
de tu mejilla sagrada
desfazada de sombras.
Pero si dices algo desde tu voz de cordillera
- arpegios azules tórtola asombrada de mis álamos -
la noche se desborda de tu boca
y puedes imperar desde la Nada.
Cuerpo de llama el tuyo
pastando las praderas del deseo.
Regia hasta el delirio.
Mujer
y ese colibrí enigmático
aleteando el Aconcagua de tus pechos. ( 1 ).
( 1 ).
Versión primera para Mujer de palacio, uno de los poemas de Veinte poemas desesperados y una canción de amor. Recuerdo que las notas fueron redactadas en la misma Tienda, en Lampa. En algún espacio de este Blog dije que había estado en la ciudad de Los Andes, frente a una de las casas de Gabriela Mistral a la vera del viejo y desusado Ferrocarril Trasandino y que desde allí miré la mole imponente del Gran Monte Andino.
Lampa, Santiago de Chile, Chile.
Luis Eme Glez.
Junio 5 del 2004.
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