Thursday, October 31, 2013

ANTIMATERIA.-






                      Porque la llama del amor
                      no prende pólvora enclaustrada.


Anfora vacía sobre la lluvia que no cae
cobijando a un corazón desventurado
tras la ventisca del invierno.
Lámpara de glicerina delante de la piel de una manzana
pobre Aladino en su remota libertad de cruces
deslumbrando al tedio que se muere
sobre los sudarios de la eternidad.
Una presa de polen bajo las osamentas de las mariposas obsecadas
del lado mismo del ámbar desvanecido
en las funestas aldehuelas del martirio.
Allí donde los insectos sonríen
al oblicuo camino de los profetas invisibles en un cielo sin luz
vegeta.
Nada infinitesimal en los pastores alejados del ocaso
con sus aperos al pecho profanando la espalda
y los pasos quedados junto a los pastizales de los mórbido es.
Un ataúd de caprichos olvidados en cada uno
de los Parques del Recuerdo.
Carne primaveral para las cabras gozadoras del monte.
Suave manjar precocinado para las fauces del gusano añorante
en las madrigueras de la madreselva
reiventada. Por cualquier ecologista en cautiverio.
Sábana blanca percudida de transpiraciones
exhudadas por el carromato de la muerte
en el espacio que no sangra el elíxir del odio y
los cuatro jinetes del Apocalipsis cabalgan
su tiempo de tempestades incorpóreas.
Pedazo de materia intransformada
negación de las energías del misterio
falsa clonación de la Duda
estática libélula en el aire viciado
la renuencia total del Megacaos
una explosión descomunal de incertidumbres
desde los basamentos de la Mierda.
Nada y antinada al centro de las paralelas que han de unirse
del otro lado del estigma
en el vértice de todos los círculos dantescos
donde la savia es orina escarchada
semen infértil linfa claudicante
y absurda geología de cuerpo en bancarrota.
Coctel de esparadrapo ocioso
asentado en la maraña de las heridas verdes
en la onírica jungla del desierto rosa.
Toro decapitado en los patíbulos de cualquier Alameda
semental castrado a medias con los violentos bisturíes
de espátulas convexas.
Galán abandonado en las orillas de la risa truncada
por donde han de navegar los cocuyos opacos
de coartadas alas vibratorias.
Requiem alternativo
memoria crucificada en el próximo Golgota de bosque sorpresivo
sin remotas posibilidades de elección.
Lagarto divorciado del camuflaje del amor
retrotraído ante la cruz de la clorofila encegecedora
y el adorable invento de las hojas semimuertas del otoño
ternero cabisbajo
ofrenda despechada
carne en anatema por designios inhábiles
almacén de rabias y  de odios contrabandeados en la penumbra
de los juicios
por la ruta del sueño ribeteado.
La muerte que respira.
La enfermedad que ve.
El cáncer que parla su Sinfonía de Epílogos.
La anemia que camina.
El contagio que ríe.
La decadencia que oye.
La carne comatosa dueña de la sensación postrera 
de los imposibles.
Morbidez vital y paradoja
de la costa violada por los corales del espacio maldito.
Amasijo y canon clasificado para la más remota
de las posteridades.
Materia vuelta nieve inveterada.
No tocar la vida que no es si no se fuera  una maga hembra
capaz de reinventarla.
Dejad los pétalos mustios cabalgar su ruta de gorriones
sin pisar los otros Caminos de Damasco
por si la voz renace de las ruinas
y las trompetas vuelven
a tocar rebatos de alboradas.

Si comprendéis al hombre enternecido
mojado por la pertinaz coyuntura de lo inasible
aún sera tiempo de agitar estandartes en las atmósferas caldeadas.
Cuando la arteria ensanche
su diapasón de rojos.


Santiago Centro, Santiago de Chile. Chile. Sudamérica. Fondo del mundo.
Luis Eme Glez.
Agosto 7 del 2004.
12 y 37 am.

No comments:

Post a Comment