No pregunté tu nombre
pero posiblemente tu apellido
tenga grafemas semitas.
Coño, qué linda eres, mujer de la playa.
Seguiré de compras al fondo de la calle
aunque no tenga hambre y me falten monedas.
Aunque el sol se me pierda entre los pliegues
de mi ceguera clínica.
Una y tres veces volveré
al ruedo de tu risa
y al eco tremendo de tu voz complaciente.
No pido perdón a la mujer que me acompaña.
No porque ella me lo exija
sino porque desde el abismo de su rota conciencia
también descubrió
esa rara aparicián de las sombras perfectas.
Espérame ahorita y estés abierta de tus alas semitas
de tu desértico polvo de dátiles
del suave balar de las ovejas retrasadas.
Estés abierta de tus ovarios mediterráneos
aunque solo fuera
para dejarte en mi memoria de sagrada puerta. ( 1 ).
( 1 ).
Tres o cuatro cuadras a Poniente de la casa de Palma Nitelli en San Sebastián estaba el almacén al que siempre íbamos a comprar. Recuerdo que hacía esquina con la carretera del litoral que unía a los pueblos y balnerarios de Quinta Región. Desde allí se veía el negocio de maderas y las dunas que separaban al pueblo de la ciudad de Cartagena. Un atardecer nos llegamos al sitio por ensaladas y detrás del mostrador había una dependienta nueva, increíblemente bonita, con la rara belleza que proporciona la simetría de lo diferente. Cuando Palma se dio cuenta de por qué yo no podía pedir lo que buscábamos, hipnotizado, me dio un pellizco en el codo y me dijo "dale, poh webón, compra que estamos apurados". "No es una bestia morena", pregunté. "Se merece un poema", agregó. "Se parece a Bar Rafaeli", concluí. "Quién es esa". "Una modelo israelita".
San Sebastián, Quinta Región, Chile.
Luis Eme Glez.
Marzo 3 del 2005.
No comments:
Post a Comment