Mirando al puerto de San Antonio desde los muelles al sur del malecón moderno, abrazados, Palma Nitelly pensaba en las aguas diáfanas de Chiloé mientras yo era dueño de estas divagaciones peregrinas. Según sus papeles era el 23 de Junio del año 2003 y visitábamos al Puerto. Estas notas incluyen información relativa al Gran Mall con Casino que construyeron a la entrada del muelle principal y cuya mitad hechó abajo el terremoto de Febrero del 2010.
Caledidoscopio.
Desde el muelle San Antonio es collage de grandes mercantes, pesqueros de litoral y de mar profunda, gaviotas dopadas por la sal inconclusa y multitud de contenedores a la vera del Pacífico Central. En sus aguas sucias, casi contaminadas por las fauces del progreso, el gran lobo marino, tanto como afiche de promoción citadina es gancho para turistas de ocasión y SOS para los ilustres miembros ecologistas del Partido de Gobierno. En realidad los verdaderos lobos marinos aletean los mercadillos del Puerto a muy pocos metros del litoral. Allí, como en Oriente, se compra y se vende de todo y se regatea a pesar de los precios mayoristas. Me llevo la jaiba, tome otro Viceroy, dice Palma Nitelly. El hombre toma la bolsa de sus manos rosa mientras la barca recarga turistas, el minihelicóptero despega por enésima vez y los olores a mar se multiplican por toda la rada de la ciudad.
Trueque.
De oferta y demanda nació el mundo desde que los microorganismos tuvieron ojos y codiciaron eso que los macroorganismos, milenios después, definirían mercaderias de consumo. De modo que la Mujer, antojada de las jaibas gigantes - el antojo en bruto es un enigma que precede a los jugos amnióticos - se deshizo en elogios para el Puesto del hombre vendedor de productos de mar y dijo "qué baratas sus jaibas". Solo que Ella tenía menos plata esa tarde que los Alcaldes de las ciudades de la costa para asfaltar balnearios y parecía que los crustáceos se morirían en el Casino del Trueque Colapsado. En sus canastas vespertinas. Esclava del tabaco a tiempo completo Palma prendió un Visceroy de pacotilla acabado de contrabandear en algún espigón y el hombre vendedor de bichos apenas pudo contener su saliva de puerco semental y fumó en seco desde sus labios de marino exhausto. Me conformaría con uno, jadeó. El chip milenario de quien ahora era un macroorganismo con todas las de la ley genética se activó.Te lo cambio por una jaiba, querido. En la olla el animal tentaculado se retuerce de estertores sobre la llama inclemente. Un ratito nomás, Luchito, y estamos cenando. Eva transfigurada gesta la habitación con su mirada verde, se empina un sorbo de Pisco trabajado y se prepara para el penúltimo Visceroy contrabandeado en cualquier espigón. Has dicho, bonita.
El 24 de Enero de ese año habíamos estado con un grupo de amigos en la Casa Museo de Pablo Neruda en Isla Negra. Repito que los detalles están incluidos en el cuento Mujeres en la costa. Del viaje nació esta décima.
Paisaje y casa.
De la micro. Si el destino
tergiversa litoral.
La nostalgia de Parral
se desparrama en el vino.
Isla Negra en el camino
de Viña. Si la piel suda.
Sinuosidad de la muda
si el Sol canta y nos despasma.
Mientras nos muerde el fantasma
veintiuno por Neruda.
Los textos rescatados por Palma Nitelly terminan con este par de poemitas. No están fechados pero evidentemente fueron escritos en algún momento de soledad en San Sebastián.
Nebulosa. ( A dos manos ).-
Las sábanas me dan náuseas.
Con alas quebradas surcando aires revueltos.
Las recojo: el sol viola tu ombligo.
Acariciando una última esperanza.
Corto tu pubis con una tijera de plata.
Renaciendo de oscura esperanza.
Entre tus ingles mi lengua es un caracol azul
que ruge con bravura.
En tus nalgas mi pubis es un tifón de retaguardias.
Vestida de harapos mi alma
no tienes que sangrar para que llore mi alma.
Amado de cienes eternas.
El clímax es una vicuña núbil
cuando va sobre tu boca demorada.
Trigonometría plana.
Déjame deshojarte así
sin treguas en el tiempo
en este verano de contradicciones.
Palpar el sumo de tu piel
con mis tentáculos
de pulpo agradecido.
Déjame llegar, obnubilado
al fondo de tus sueños.
Déjame triturar tus pesadillas
con mis pernos de requiem descompuesto.
Deja que me alimente de tus noches
sin constelaciones
de tus madrugadas destiempadas
de cada amanecer donde te vives.
Déjame comerte en mi siesta del lunes.
A capella.
Este poema es un remake. Palma Nitelly acotó "esto es más dulce: otros han sido y siguen siendo un enigma".
Esperando por otros textos de la playa.
Wechester, Miami, USA.
Septiembre 1 del 2013.
Luis Eme Glez.
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