Palma Nitelly pasaba los veranos con su primer esposo y sus hijos en Quinteros, un balneario que está en algún lugar paradisíaco del Pacífico Central chileno. Desde Santiago tenían que conducir tres horas y una tarde descubrieron que el tour, a pesar de los encantos del paisaje, resultaba demasiado largo y se pusieron a buscar algo mas cercano. Frente a la casa de Pablo Neruda en Isla Negra había una residencia disponible pero cuando estaban cotizando precios se enteraron de que no disponía de agua ni de luz y Palma no deseaba regresar a las antípodas. De modo que continuaron las gestiones y mientras regresaban al Sur la mujer volvió su cabeza amelocotonada hacia donde la casa del poeta parecía querer desayunarse al Océano, descerrajó dos docenas de lágrimas y una gota de ámbar y le dijo al marido "desde hoy renombraré al libro famoso"." Cómo así", preguntó el chofer. "Veinte poemas de amor y una mansión destartalada". El hombre, que es periodista y tiene nombre de Redactor de Evangelios, sonrió sin desgano, le guiñó un ojo y musitó "esa es buena".
San Sebastián es otro más de esos pueblos enclaustrados entre el misterio del mar, los arenales sin fin y las calles desalfatadas que pueblan la costa de la Quinta Región a la vera de alguna ciudad relativamente importante. Como a dos kilómetros de la playa y a unos doscientos metros de las grandes dunas que llevan hacia Cartagena había un sitio abandonado y sucio y con huellas que decían que alguna vez alguien quiso erigir una residencia y finalmente se arrepintió. Palma Nitelly caminó los alrededores del lugar y antes de meterse al gran patio trasero del Sur sintió un corrientazo de agrado y le pareció que estaba respirando con la solvencia de una recién nacida. El solar olía a copihues silvestres y las dunas eran ensoñaciones al centro del verano. "Aquí es y aquí será", se dijo. El Evangelista de Testamentos Modernos dijo "esa boca es tuya", extrajo los avíos del auto y esperó por sus puntos de vista en materia de residencias de verano. "Compremos", sentenció, con la autoridad que debió tener La Quintrala en los albores de la República.
La Empresa que les acababa de vender la larva de casa les aseguró que podría construir la nueva residencia a partir de un juego de paneles prefabricados que habían adquirido en la ruleta de los precios módicos. Solo que los señores constructores descartaban pisos, falsos techos y forro. Palma recordó el esperpento con el que tenía que convivir Neftalí en Isla Negra y optó por no verter ni una sola lágrima más. "No, llamaré a mi padre", dijo. El penetrante olor de los copihues silvestres le provocaba otras lágrimas.
El Senor Nitelly se apareció una mañana y como si fuera un constructor de alcurnia dijo que la casa de la playa era su problema. Solo que bregaba con un par de ellos. La esposa, recién operada, quedó en San Fernando convaleciendo y necesitaba de urgencia un socio con alta capacidad intelectual y arquitectónica que le diera una paleteada. Pero hacer amigos era una de sus cualidades mas proverbiales. Los hacía como recolectar manzanas en su propiedad. A su entorno acudían hasta las personalidades más obtusas. De modo que el Maestro de Obras que vivía al frente de lo que sería muy pronto la casa de veraneo de su hija cayó en sus redes. Treinta días mas tarde la casa quedó suficientemente vivible. No importa que el tiempo planeado rondara la quincena ni que el Presupuesto tocara fondo. Tanto que debieron refugiarse en una Tarjeta Visa, de esas que Sebastián Piñera, cuando todavía no soñaba con ser Presidente de Chile, introdujo desde los Estados Unidos y que según algunas lenguas autorizadas, fue la primera gran palanca bursátil que le llevó a la revista Forbes.
Se trata de la casa que yo conocí en los primeros años del siglo XXI y es la misma residencia que aparece en el cuento Mujeres en la costa y posiblemente en alguna otra nota al vuelo en este Blog. A veces Palma Nitelly la prestaba a familiares y amigos y algunas otras la arrendaba por precios relativamente acequibles a cualquier bolsillo. Hoy día pasa la mayor parte del tiempo en arriendo porque la mujer trata de combatir y de vencer a una depresión casi infranqueable, porque los hijos han crecido y levantado vuelo solos, porque no ha habido mas Evangelistas sino simples Propagadores de Palabras y tal vez algún Poeta Irreverente para quien Tomar Una Decisión resulta una frase algorítmica e imposible de pronunciar. No obstante la mujer ha conseguido tiempo y salud y amor para reparar su casa de la playa. Ahora luce preciosos forros interiores, solventísimos cielos rasos y aquel baño que solo era un lugar decente para darse una ducha en la canícula de Febrero ahora luce bellísimos azulejos y un calefont de lujo.
No podría enumerar las ocasiones que que estuve en la casa de la playa aquellos años. Con grupos de sus amigos que después serían mutuos. Solos, los fines de semana o durante mis vacaciones. Recuerdo que alguna vez la pintamos con brochas y rodillos, cortamos la hierba con máquinas y con palas porque en San Sebastián casi nadie conoce los machetes aunque parezca mentira, ajustamos las cercas de malla puzzle y hasta nos quedamos como una semana, con su cuñado, haciendo una cerca metálica que la separó de la calle, aislándola de los peligros de la soledad.
Cuando compartíamos solos nos íbamos, a pie, por toda la costa, mirando las playas y las marinas, los bosques imantados al litoral, las casas como soldadas a los cerros casi desprendiéndose de las alturas, sentándonos a degustar el portentoso oleaje bíblico contra los acantilados, respirando la sal infinita de su furia. Una tarde llegamos hasta El Quisco, al norte, en el alero de Isla Negra y como caía la noche y debíamos coger el bus de regreso no pudimos visitar a Nicanor Parra aunque solo fuera para que nos recitara un antipoema desde su vejentud sagrada. Otras veces tomábamos la senda del Sur, paséabamos por Cartagena, recorríamos San Antonio e incluso llegábamos hasta Llolleo y su teatro sublime. Lanzábamos peces a los lobos marinos y ahuyentábamos a las gaviotas mientras algún pescador ocasional me permitía hacer una lanzada decente de anzuelos en las aguas turbias.Y en la noche - en realidad no había noche en el misterio del amanecer - jugábamos a las cartas y a la lotería mientras bajábamos Pisco trabajado con aditamentos justos y fumábamos Viceroy y Belmomt hasta el delirio y entonces se nos ocurría escribir poemas a dos manos sin que el otro tuviera acceso a lo redactado por el primero. Los ojos de Palma refulgían como dos esmeraldas en el delta del Nilo. Yo apenas estudiaba para Faraón Amateur y ella lamentaba mi indiferencia por la cría de dromedarios citadinos. Cuando hacíamos un tour por los arenales nuestros ella siempre quería llegar hasta los oasis pero yo, a sabiendas de que cada parada es apenas otro punto de partida, le pedía regresar a las iniciales de la tierra. Generalmente yo tomaba nota de cada locación o evento y escribía poemas relativos y textos innominados que proseguía en la noche y se los daba a ella con la esperanza de que los atesorara pero muy poco convencido de que esas cosas salidas del corazón atrincherado pudieran conservarse en la retahila de los días y de las noches con agenda compacta. Se trataba de borradores improvisados, descargas póstumas, catarsis nacidas de la estación del año que transcurriera.
Por suerte hace unos meses Palma Nitelly encontró, mirando papelería antigua, algunos de estos partos playeros y me lo comunicó. Altiro me los envió. Aquí los tengo. Debió hacer un esfuerzo antológico tratando de descifrar mi caligrafía urgente e hirsuta que yo he tratado de poner en orden y clarificar. Ahora los publico con su anuencia. No tienen valores artísticos: su valor está dado por el momento y por el entorno en que fueron paridos. Porque sigue habiendo épocas en que uno se encapricha y cree que es feliz de verdad. Por cierto Albert Einstein habló de la felicidad o de la relatividad?.
Este párrafo - que es el último de la primera parte - debiera ser una nota agregada o algo así .Ocurre que sé de una mujer que siempre que debe mencionar o citar a su exmarido lo hace expresando "el padre de mis hijos". No he podido lograr que lo nombre. Ahora bien, por qué Palma Nitelly siempre nombra al suyo, hasta con sus dos apellidos, parece ser otro de los misterios de la playa.
Luis Eme Glez.
Wechester, Miami, USA.
Agosto 25 dek 2013.
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