Un lector me dijo por correo que estaba pensando que este Blog se había muerto. Otro que estaba seguro de que mis jugos se habían acabado. Otro me dio cierto plazo para regresar por última vez a visitarlo. Supongo sean más de tres mis seguidores pero creo que no hubo más advertencias. Como el mundo se desertifica cada día a velocidad crucero pues algunos piensan que ciertas mentes son un arenal infinito. Por suerte no siempre tienen la razón. Todavía hay suficiente pasto verde y tierras feraces. Sin que esta bonanza quedada de la Gran Semana implique la negación de las muertes lentas, la decadencia de los jugos o la fastuosa maravilla de las advertencias a priori.
En realidad las máquinas se desajustan, dan funciones, actúan como seres humanos malévolos y una buena noche se niegan a funcionar como si estuvieran cobrando su recua de reproches tras tanto uso indiscriminado. Algunas mueren de estertores de almanaque y la próxima madrugada el camión de la basura se las lleva. O las deja, como si fueran entes sagrados a la vera de las avenidas de Miami. Porque los choferes de los camiones conocen de las necesidades de algunos recogedores de chatarra. Que de todo ocurre en el Manzanar del Senor. A vece este Miami inmediato me parece pensado en el Octavo Día. De verdad.
Cualesquiera de esas calamidades pudo haberme ocurrido en los últimos tiempos. En verdad extrañaba escribir cosas. Cosas, como dicen algunos periodistas irreverentes. Tengo algunas en el tintero. Y desde esta mañana mis espacios volverán a repletarse de textos.
Porque seguramente muchos de ustedes conocerán lo rematadamente difícil que resulta escribir otra cosa que no sea un correo de rutina en el teclado minimalista de un teléfono celular por muy heredero de Steve Jobs que fuere. Sé que lo saben pero igual se los machaco en sus entendederas sublimes.
Ya estoy de nuevo aquí.Luis Eme Glez en Wechester, Miami, USA.
Agosto 18 del 2013.
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