Saturday, May 18, 2013

Sprint final. ( Sexta etapa ).-

Deja que mis manos se tiendan en la sábana, detenidas, vibrantes de la cercanía de las tuyas y bésame los hombros, en el holluelo de las clavículas y en la pendiente rosa que sube hasta mi cuello, muerde la confluencia de mis brazos y el alero de mis axilas, chupa la carne interior de mis molleros y pásame la lengua por los huesos del codo, viaja por mis antebrazos con tus labios y juega con mis dedos entre ellos y ensalívame las palmas hasta que yo estalle y tome tu cara incomparable y la meta entre mis manos y te mire, obnubilada de tanta dicha conseguida, mi duque ennoblecido por mis jugos de manantial, princeso mío, señor feudal de mis anhelos y de mis caprichos todos y te cuente que el Gran Roberto corona la década cinco del siglo XX con una Retrospectiva en Nueva York y cuando viaja hacia el Museo de Arte Metroplitano un aire especial se cuela por los intersticios del avión y cuando pregunta sobre qué geografía vuelan alguien le dice sobre una de las islas grandes de la Corriente del Golfo, sitio en que un dios barbudo  está comandando una guerra de guerrillas contra un tirano azucarero en las mismas narices de los Estados Unidos y Mata dice ah, es la tierra de Amelia y de Mendive, de Menocal y de Romagnach y de Portocarrero y de ese medio chino con sangre negra que pintó una Silla capaz de encantar hasta al propio Pablo Picasso y que ya es parte del Nuevo Movimiento Reinterpretado y cuando piensa Cubismo la fonética de la palabra le hace asociarla con el nombre de la isla grande de la Corriente del Golfo. En la Ciudad Elevada al Cielo Roberto se desvincula, con una obviedad proverbial,  de la impronta de Marylin y  de las otras  damas del momento que marcan las pautas de la moda desde Holliwood y entre la tromba de elogios que le persigue por doquier se queda con la sentencia de William Tubin "tu mundo es un estremecimiento cósmico"  y mis manos cósmicas están enternecidas cuando succionas cada uno de mis dedos elegantes y finos, dedos con clase, querido, capaces muy pronto de modelar el fango para la eternidad, cuando muerdes mis uñas con tus dientes de roedor de lirios y lengueteas mis palmas suaves y maleables y pasas sobre mis falanges como un grillo dormido en los pétalos de una cometa precordillerana y cuelas tu cara en el ángulo de mis codos y retornas de mordidas en mis axilas transpiradas y asciendes otra y mil veces hasta mis hombros caídos en la cueva abisal de tus labios únicos y no te digo nada cuando te levantas y pasas tu pierna sobre mi regazo como haría un montero de Rancagua domando a una potranca y te inclinas sobre mis boca con mis dedos mojados en tus manos, besados como en un acto de liturgia extemporánea y siento tus nalgas y tus bolsas sagradas al norte de mi ombligo y la corola de tu arma letal haciendo filigranas en el sur de mis pechos pero deseo desvincularme del momento por asuntos de agenda y te pido, desfallecida, que te desahorcajes de mi cuerpo y claro que lo haces, mi niño mimado, y te quedas mirando cómo me vuelvo lentamente y me pongo de espaldas y me tiendo con las piernas casi soldadas y los brazos tibios de tus labios de catarata fértil debajo de mi rostro y te entrego mi espalda, otra Etapa en tu Carrera, llana y perfecta como los ojos de los álamos, mis espaldas que solo conozco en los espejos y en la furia de tus deseos y en la tersura de los géneros y en las huellas de las sábanas, mi retaguardia sacra donde tal vez esté la costilla que nos falta, mi valle reverso en el alero de mis nalgas, apóyate en el borde lateral de la cama y pónme tus manos en los homóplatos, abiertas de dedos atrevidos como si fueras a iniciar la partitura de tu vida y déjalas bogar hacia abajo y hazme un masaje anticlínico que intoxique mi carne, sóbame y acaríciame con la presión exacta que te sé, roza levemente, casi nada, el tronco de mis pechos, profundiza en mis laterales, haz un surco de llamas con dos dedos río abajo por toda la columna vertebral y que tus meñiques recorran la curva que lleva a mis caderas, continúa pero no toques mis nalgas como no fuera en la ladera donde nacen, quebrada convexa donde los sueños se sueñan con otras perspectivas, asciende de nuevo hasta mi cuello, levanta mi cabellera, suéltala sobre mi cabeza y besa mi espalda sin que nada te detenga en tanto Roberto se aboca a los años sesenta cuando el hombre de la barba de la isla de la corriente del golfo ya ha bajado de las montañas, victorioso, y comanda un proceso que parece ha de marcar las pautas de la Era que los especialistas llaman Nueva para Nuestra América y que Roberto sabe se trata de otro Modernismo en tiempo de revoluciones, muy poco Surreal,  y para cuando se da la Segunda Exposición de París se habla de plástica como tiene que ser pero los cenáculos se desvían de las temáticas recurrentes en hora de conmociones sociales porque en Asia y en Africa se vive la Hora de los Hornos y el mundo colonial se va despidiendo, de a poco, del pasado, en el centro del Caos y ahora la música entona cantos de protesta y se respiran aires harto independientes en las melenas alargadas y en las campanas de los jeans y en las gafas oscuras y las clínicas abortivas aumentan sus dividendos desde las chaucheras de las mujeres, libres al fin, del semen  descontrolado de los hombres. Bajo la égida de Elvis y de Dylan y de los Cuatro de Liverpool el general De Gaulle recorre la Segunda Exposición y el Caos se agiganta a la vuelta y Roberto reformatea el cuadro de la época con un pie plástico que clama " no se trata de ser o no ser sino de estar" y regresa al lápiz y a la tiza de los tiempos de la Casona Misteriosa como si el Ahora no fuera otra cosa que el eterno viaje a la génesis, ese que han de realizar los corazones vestidos del compromiso universal. Es como si el pintor le recordara a Shakespeare que la "cuestión es estar" con los pies sobre la tierra en minutos de Grandes Convulciones y nuestra cuestión es que tú acaricies desde el surco de mi columna vertebral como si hicieras braceadas en una piscina atemperada y subas y bajes, apretando y soltando la presión y asciende desde el borde mis nalgas con tus pulgares afincados en la curva de mi vientre hasta que tu caricia se cierre en mi cuello y muerdas el hueco posterior de mis orejas y desciende otra vez por mi espinazo y resorprende las estribaciones de mis nalgas y sigue callando, querido, porque es mi amigo el hombre del pedal quien hablará, casi cansado de esperar porque yo le de mi brújula terrestre y me dice ustedes tienen un genio en la plástica llamado Roberto Mata y yo sé que ese nombre existe pero desconozco que es un genio y le sigo la corriente porque no quiero que me fuerce y hablo de los varios que tienen ellos en España aunque me interesan más los escultores clásicos griegos y los modernistas franceses y él define que pinta en sus ratos libres y que hace fotografía aficionada y que frecuenta los museos con asiduidad enfermiza y que espera tener un mínimo de  tiempo en algún momento de su estancia en Chile para visitar el Museo Precolombino y las obras de los pintores del siglo XIX y aunque esta charla académica me libra un poco de su asedio ya me está aburriendo y cuando voy a dejar que me abrace y me bese oigo la voz de mi prima tras el toque en la puerta pidiéndome que salga un minuto porque mamá se ha sentido mal de improviso y que la perdonemos y al final todo se reduce a una falta de aire intrascendente que yo desconocía y cuando mi amigo se va sin un premio que se le hace cada vez más esquivo quedamos en que lo seguiré enseguida al Sur para acompañarlo durante el Giro y hacer las cosas que anhelamos los dos siempre que el rigor de la Vuelta se lo permita y él se despide con un beso extraño en mi frente y es muy notorio el enojo y la frustración porque aún no puede acostarse con una chilena tan difícil que entre demoras de colegiala y desocaciones claves ha visto pasar días tal vez irrecuperables y en la sala ya sin Paco de Granada mi prima expresa que cree han vuelto al buen camino después de tantos días en ascuas y nos explica toda la esencia del Affaire Mata y desde ese mismo instante me convierto en señuelo más que en amiga íntima de mi guapo andaluz y te digo que aprendí más en esos minutos didácticos sobre Roberto Mata que en el resto de  mi vida con todo y la relación profunda que se supone debo tener con alguien tan vinculado a mí en el universo de la plástica, vaya, lo que llaman los dramaturgos un puto de giro en la zaga porque mis nalgas son parte de tu zaga en los puntos de giro de mi cuerpo, ahora solo míralas sin que te escoza el paladar y continúa tu ruta volando sobre ellas y acuatiza en mis muslos anteriores porque has de saber que las mujeres tenemos cuatro muslos y que cada par conduce a la consagración de la primavera y tienes toda la extensa travesía hasta el reverso de mis pies en cuyo centro hay una llanura sinuosa en la que mis corvas explotan cuando unen las fibras que las mueven y esa será tu Meta Volante Especial porque tu lengua entre mis ingles y en la suave pendiente de mi trasero es como un ciervo pastando las flores de los valles intramontanos y si tus manos recorren el largo sendero de mis piernas, inquietas y sinuosas, yo me hago corriente marina y tromba telúrica y tú fuego abrasivo en el horizonte de los besos.

Wechester, Mayo 19 del 2013.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.

1 comment:

  1. Anti,,,seducción,,,la suavidad del roce hueso,,contra hueso,,,encontrar ,,seductora una axila,,,,hay que ser muy poeta,,,muy creativo,,,,pero en su narración no suena ,,grotesco,,,

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