Saturday, May 11, 2013

Sprint final. (Primera etapa).-

Acostarme con él no fue más que un  final mediocre para aventura trhiller y quizás la necesidad de convencerme de que la razón puede mandar al centro de las almas pero la carne es la suprema dictadora del deseo. El avión pudo haber despegado hacia Madrid pero en tierra quedó una chica encantada y vibrante, monstruosamente satisfecha,  odiando hasta el dolor cierta actitud y amando hasta el paroxismo un recuerdo plantado en las entrañas como nostalgia incólume. Soy un juguete en las manos del capricho y de nada me vale luchar contra las hordas de la lógica. Desde aquella madrugada de hotel ningún hombre me tuvo y en lo adelante todo sería un largo viaje a la búsqueda de un cuerpo encorvado sobre una bicicleta, dos manos sujetando un manubrio y dos piernas jugando la razón del pedal como un extraño molino de viento indescifrable. No me pregunten qué veo en esos torsos, en esos bísceps, en las venas de los brazos y en las arterias de los antebrazos, en la maraña enrevezada de las coyunturas de los dedos, qué veo en las fibras de los muslos, tensadas como cuerdas de arco robinjúdico, en la reciedumbre casi sobrenatural de las pantorrillas. No me interroguen porque no sé. Tal vez pudiera ser la fatal atracción de la hembra por la fuerza y todo el simbolismo de la protección, yo no sé. Un hombre pedaleando, vestido de ciclista en la aerobia de la competencia,  distorciona mis hormonas y no intento luchar contra la imposible porque no creo sea natural marginar lo que apetece. Sobre el asfalto un hombre en bicicleta es un volcán sexual en perpetua erupción y no puedo ni quiero sustraerme a su avalancha dejándome perder en el alud de su potencia descomunal. Respeto a mis hombres y ellos no han de temer el compartirme porque soy una mujer múltiple de posibilidades en la boca de un hombre. Soy monógama pero siempre voy a exigir que se satizfaga mi monogamia desde una recua de pasiones sin límites. No me piensen ninfomaníaca ni por asomo. Apenas disfruto la bondad de la carne sin melindres y hago de la entrega total una feria de dichas. Eres mi hombre ahora y me bastó con verte pedalear en la Autopista del Sol con tus atuendos aerodinámicos para que se desbordaran todas mis aves migratorias y detuviera tu paso de violador de flores. Qué me importa que no vayas a estar en ningún podio olímpico ni  yo entregando una medalla o recibiendo la ovación desde el balcón de Palacio. Eres el hombre que penetras mi túnel en cada Meta de Llegada y cada entrada triunfal de manos levantadas y euforia colectiva es la suprema alegría  del placer. Antes de tí yo soñaba con desfallecer bajo cuerpos añorados. Me despertaba de puños apretados, horriblemente húmeda, gritando Lance Amstrong Lance Amstrong, perfora mi Meta, Induraín, gana la Meta Volante de mis ingles, Ulrich, ni te detengas ni regreses, soy esa Etapa de Montaña que tienes que vencer, Arriagada, soy el Giro de Chile y quiero ser cada Etapa y cada Meta y la Línea Final donde tú entres sin contemplación con tus fierros dispuestos.  Yo corría en la Autopista del Sol este Enero vacacional, casi olvidada del Affair Mata, descansando de tanta estatua rota, de tanto calco griego, de tanta espátula percudida, de tanta arcilla multiforme, de tanta aula congestionada de aspirantes a escultores, preparando mi turno de playas del Oeste - el azul relax de mis proyectos -, alejada de todo y de todos, concentrada y desconcentrada, modelando las formas de mi cuerpo, educando a mi dermis para el prolongado encuentro con las aguas. Yo corría a Poniente con mi buzo naranja y cuando paré y puse mis manos en las rodillas y descansé de la larga jornada el exacto segundo de seguir, tú detuviste tu entrenamiento para socorrer a una chica encorvada en plena vía y entonces  levanté los ojos y cuando iba a decir gracias vi que eras un hombre vestido de ciclista y bajo tus manos y tus pies y bajo todo detalle que te cubría adiviné al otro polo del imán y no quise negarle a mi carne la suerte de la atracción irresistible y fue así  que te conté como cuentan todas las mujeres encantadas y  que te invité a la playa como invitan todas las mujeres enamoradas y te prometí la historia del Caso Mata con la condición de que la oyeras bajo la dulce mazosadimia de mis caprichos. Levántate y moja tus dedos en el vino, recorre mis labios con tus dedos y déjame chuparlos y déjame chupar mis labios como si retocara un creyón de labios. Arrodíllate a la altura de mi cabeza. Como si te desplazaras sobre un par de rieles, corre hasta mis pies y deja flotar tu lengua, sin detenerte, hasta mis dedos de los pies. No hables que ya todo lo dijiste de mi cuerpo y de mi ser.  Rompe la línea y haz un ángulo de noventa grados. Apóyate en el respaldo de esta cama personal que te ofrezco y que no es más que un aditamento listo para dos personas condenadas a no dejar de auscultarse. Mírame. Voy a subir los muslos y voy a abrirlos, a sobar mis pechos, a deslizar mis manos por mis entrepiernas. Voy a voltearme. Mírame. Abriré mis nalgas.  Estoy aflorando en mis rodillas. Mírame. Me volteo. Mírame. Párate. Adoro tu palabra dada de caballero contenido y dominado. No estás erecto. No eres, pues, un fauno erectus hommus impacienti. Arrodíllate de nuevo. Mírame mil veces más hombre mío, toca mis uñas levemente, llora. Contémplame, extasíate, disfruta la acuarela de mi piel, calla, oye, haz. Que mis tobillos son la primera Meta Volante que te doy en este Sprint Final de la Carrera Definitiva. Que tus manos piadosas de amante esperado y tu boca habitada por todas las humedades del Olimpo naveguen la adorable simetría de mis suelos. Muerde mis calcañales y moja mis tendones con tu saliba sabia mientras Roberto Mata es un no tímido recorriendo la Casona Señorial, solo entre mujeres que lo miman, casi afeminándolo, pintando las paredes y los pisos con sus trazos de genio amanecido y la gama absorvente de colores decorando una mansión claustral y rompiendo oscuridades con lápices y tizas, compitiendo el cabro Mata con las pocas luces que deja pasar la brutal hermeticidad de la Casona y qué dulzor tus dientes jugando al centro de mis pies y mis pies arropados en el óvalo tibio de tus dedos y tanto experimento si cada dedo es carne de tus labios y tu lengua se mete entre las membranas asombradas y roes mis uñas como pequeño mikimouse de camas olvidadas y esa boca cenando mis rodillas de geisha transoceánica y mis pies detenidos en el largo camino verde del éxtasis y el joven Mata regalando recuerdos a la vida y el amigo de Mata atesorando los primeros bocetos y los trazos originales de su génesis y después una tela de madurez precoz para su Sala Museo de Comuna, tanto detalle íntimo e inapreciable para un pintor aficionado, de cultura ganada en las escuelas de la calle, amante perdido de reproducciones de plástica latinoamericana y de retazos de pintura universal, amigo poeta inédito capaz de disertar acerca del arte planetario si nadie le exigiera detenerse en misticismos técnicos, amigo el amigo de pintores locales, partenaire fiel de la bohemia capitalina, sabedor de lo que atesora en su Sala Cerrada, siempre dispuesta para estudiantes e investigadores, curadores y periodistas, clausurada en el tiempo porque familiares y amigos tienen, tras sus frentes, la magia de la pequeña Sala Mata de los Suburbios. Amante mío, levanta mis pies sujetando mis dedos gruesos con tus yemas ardientes y mete tu cabeza de león apaisado y déjame frotar tus mejillas como si reprodujera el fuego que nos sobra y bájalos de nuevo y ahora pon la punta de tu lengua en mis tobillos y deja que mis talones se queden en tus palmas y vibra de lengua donde mis tobillos se vuelven pezones inauditos y abre tu boca y succiona en derredor y cierra tus ojos y siente como mis pies se humedecen y transpiran la dicha del delirio y escucha como te digo, amor, que tienes un punto muy bien ganado en la Primera Etapa de la Ruta y ahora mismo comienza la Segunda Etapa y te cuento que acaba en mis rodillas y te ordeno que ajustes tus atuendos y tenses tus músculos porque tus manos y tu boca poseen todo el entrenamiento que amerita mi cuerpo.

Wechester, Mayo 11 del 2013.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.

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