Detrás quedó el abrupto paisaje de mis pies y delante tienes un llano impoluto, cuasi perfecto, de apenas un inclinado plano que habrá de conducirte hasta el primer atisbo de montaña real. Arropa el comienzo de mis piernas y besa mis tibias enjauladas por la carne aflorante como si te postraras ante una espada de crucifixión y miraras al norte, donde todo culmina y recomienza. Frota mis piernas rasuradas de piel de virgen complaciente, tibias como las velas extinguidas y siente el tenue rascar de los cañones de mis vellos y pulsa por el reverso donde la carne hembra fuerza la sinrazón del músculo débil y añorante y muerde el anverso, ese lugar místico en que la tibia y el peroné porfían con la piel sin romperla y te regalan esa dureza artificial en que tu lengua se muere de violetas desmadejadas y yo me quedo con la llama inclemente que sube, indetenible, hacia todas las zonas tremendamente ígneas de mis sueños. Como el calor que crece entre mis piernas el niño Mata se convirtió en un joven hombre y ganó las rutas de las Europas y detrás quedó la Casona pintada por sus tizas y el hermetismo que alguna vez habría de soltarlo al misterio de los puntos cardinales. Mata pinta y bocetea con toda la indisciplina del que ve en el presente apenas un paso hacia adelante y no sabe lo que hace como no fuera la fugaz visión de que se trata de algo grande y una voz le dice que en las ciudades cuna del arte contemporáneo alguien tendrá que ver y enjuiciar sus partos paulatinos. Cuando España se aboca hacia la Guerra y la Ultima República clama por la calma, el joven sudamericano se planta en Madrid y Alberti le muestra los trazos pautados de sus poemas dibujos comprometidos, Lorca le regala sus bocetos para tablas y las líneas portentosas de sus escenas geniales y también le quiere verde en esta década tres del siglo XX y ambos le llevan hasta el mosquetero Dalí y Salvador asegura, desde sus bigotes parnasianos, que en París está la Meca y que solo en los malecones y en los bulevares del Sena puede beberse la verdadera esencia del arte gestado en los nuevos tiempos que transcurren. Tenían razon los maestros porque la Línea París - Londres le imbricó la concepción profesional del arte y le sembró para siempre el dulce nombre de cada Movimiento Artístico. Estrechó la prodigiosa mano de Moore y cuando Magritte le dijo "perece que tienes sangre india" el chileno supo que esa aseveración estaba repleta de connotaciones de altísima intencidad temática. Y se vio de nuevo en la Casona Oscura y en las Calles Mixtas. Pero ahora su visión era abarcadora en el sentido gigante y caminó toda la geografía austral entre razas que sufrían y cantaban al fragor de fogatas y vagaban en medio de opacas madrugadas sin que nadie les hablara del sentido de la existencia más allá del engranaje de los meridianos y Mata se prometió que sería su portavoz. Es tu boca surrealista porque me hace experimentar una duda cierta de pasiones encontradas, ponla ahora mismo ahí donde mis huesos le dan una oportunidad a mis rodillas y la rótula pura se mueve como si tu lengua maestra frotara en la búsqueda de un orgasmo óseo, así, querido, aprieta mis corvas y roza con tu barba primaveral ahí donde mis muslos te ofrecen la partida y desciende suavemente, acaricia, toca, presiona más, muerde, deslízate, oh, mi dios del cielo, encanta mis piernas de escultora en ciernes, recuéstate ladeado en mis rodillas y espera porque en el disco duro del pintor una palabra hermosa como todas las palabras envueltas en misterio se quedó para siempre también y él musita Surrealismo repetidamente como un carillón descompuesto en alguna iglesia vetusta de La Mancha. Has tocado un punto donde comienzan mis muslos y desde donde se distrubuye un enjambre de tensiones eléctricas que suben hasta mis ingles y déjame anotarlo en mi memoria por si resulta un Punto M para los archivos de sexólogos y ahora es el amigo de infancia de Roberto Mata recibiendo a la periodista extranjera en su propia tierra y conduciéndola a la Sala Minimata para que haga su trabajo editorial y se tome todo el tiempo que quiera en una locación que estará cerrada durante dos meses. Y ocurre que el amigo no ve los bocetos de infancia ni el cuadro de juventud y no busca porque sabe que jamás violó los espacios sagrados de sus sitios y que solo están vacíos ahora que las obras maestras se esfumaron y decide que pudo haber sido un segundo después de la última visita o un segundo antes de que ellos entraran y dice que lo siente, que tiene que tratarse de un robo perfecto en tiempos en que hurtar obras de arte se hace moda internacional y la periodista agrega que se trata de un homenaje macabro porque el pintor acaba de morir en la forzada quietud de una silla de ruedas en Madrid. Le invita a un café y a pensar que harán esta tarde sucia para recuperar tan valiosos especímenes. Yo jamás miro al techo en las tres dimensiones de mi fábula. Pero si mirara a donde estás - y puedo hacerlo en mi pasión - tú serías un espejo y yo me mirara desde allí y contigo vería este cuerpo árbol que te doy, perfectamente distorcionado y hermoso como si creciera al revés, de la manera en que crecen esos manglares en las costas pantanosas tropicales, bifurcados, trifurcados, inabarcables, jadeando de luz en la tremenda eternidad de sus follajes, reptando hacia el sol. Qué son mis muslos sino dos troncos ramas que caminan al norte para unirse y continuar, imparables, como una rama mayor, angostarse, expandirse en otras ramas follajes, indisciplinarse bien encima, ladrar su furia incontenible de savia desbordada. Besa, por favor, la gigantomaquia de mi voz hecha muslos, lisos, impecables, despoblados de vellos, muslos de cristal líquido, bates de beisbol de rosas, palos exhúberos de golf, dóricas columnas en el griego edificio de mi cuerpo. Asciende con tus labios esa ruta de ángeles gemelos que al centro de mi vida está la tercera Meta de Montaña, la Meta Sublime, que habrás de ganar con tu magma victorioso y tu pedaleo supremo sobre los vericuetos de mi piel.
Wechester, Mayo 11 del 2013.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.
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