Para la noche del 31 de Diciembre - no olvidar que no existe noche de doce horas si nos atenemos al concepto de "día" - había planeado llegarme con alguien al Dawn Town de Miami y seguir hasta la costa para asistir al concierto de fuegos artificiales que marcan la llegada del nuevo año. Conocía que los fuegos de artificio aquí son poco menos que fogatas seminolas en invierno comparados con la despiadada parafernalia de luces y estampidos que marcan la venida del nuevo año en las más disímiles ciudades del mundo. Pero como decía mi madre, "a falta de pan, casabe". De modo que estuvimos listos para tomar Flaguer Oriente poco después de las diez de la noche. Exactamento eso: poco después de que dieran las diez. Pero algo imprevisto nos lo impidió y tuvimos que sellar los planes pirotécnicos hasta el próximo invierno. Sé que no nos perdimos gran cosa. Sin embargo yo necesitaba darle una mano a mis nostalgias de armagedones pautados.
De modo que mientras esperábamos a que la Bola de Cristal bajara sobre la multitud en Time Square estuvimos mirando despedidas de año en varios países de la Tierra y dije algo que no recuerdo en relación con el festejo chino teniendo en cuenta que su Calendario de Ojos Rasgados no tiene nada que ver con la manía occidental por los festejos de la liturgia enmendada. Pero como decía mi madre, "a falta de cake, caramelos". De nuevo Sidney marcó las pautas pirotécnicas pero parece que en un aparte se nos fue la magia de Valparaíso: solo había quince uvas del Valle de Napa y fui por las que faltaban.
Había poco más de un millón de almas en Nueva York para cuando se anunció el nuevo año y esta vez nos pareció que la bola de cristal caía como retando a la gravedad en tanto la famosa esquina de la Gran Manzana intentaba enrumbar sus ángulos antológicos. Obama aún no ha salido del abismo fiscal, dijo mi Tío. Es verdad, agregué, este año Time Square no se llevará el mejor rating. Cuando acabó de plañir la última campanada fue que me levanté del asiento. Trae la botella, pedí a mi Tía. Voy por las uvas, Satanás, dijo su esposo. La mujer que descansaba su anatomía de porrista sobre el sofá de cuero artificial sonrió. Estoy contigo, amor, pensé que pensaba. Entonces CNN replisó un miniconcierto de fuegos artificiales desde la azotea del piso 50 en Torre Colpatria, Bogotá. Feliz año nuevo, alguien no dijo.
No estoy seguro de cual es mi primer recuerdo acerca de la celebración del año nuevo en el campo donde crecí en la década de los sesenta del siglo XX. Solo puedo asegurar que en casa no celebrábamos nada porque el resto de la familia, por parte de madre, siempre nos comprometía para que compartiéramos el acontecimiento en algunas de sus moradas. Así que mis padres no decían "ni esta boca es mía" y optaban por aparecerse con una jaba llena de golosinas en la liturgia del compartimiento. Para la época todavía las empresas que importaban turrones españoles y demás aditamentos post Navidad estaban activas. Tal vez las manzanas ya estaban llegando desde Bulgaria y la Sidra fuera un sucedáneo y no la que apetecía mi padre. Mi padre se encantaba hablando de la Sidra El Gaitero. Siempre agregaba, como si leyera el slogan publicitario con su voz recia, "la mejor del mundo entero". Para las 11 y 59 del 31 de Diciembre apenas quedaba lechón asado y complementos y tal vez alguien abriera una Sidra dulzona después de tanto licor criollo de marca registrada, la descorchara y gritara "caballeros. que alguien traiga las uvas que ya es 1963". Como nadie en la famila estaba estudiando o trabajando en la ciudad, todavía no se dominaba la tradición, así que no había quema de muñeco viejo y algunos niños comenzábamos a anudar yerbas para machacarlas con cualquier golpeador, tratando de lograr que apareciera la bienaventuranza del año recién nacido en forma de estrella redentora. Aún yo desconocía que pocas horas antes, en Puerta del Sol, España, los madrileños habían hecho las cosas como suponían debían hacerlas. Pasarían décadas hasta que compartiera la liturgia del Año Nuevo a la manera española en una ciudad de regiones, Chile, entre frutas subtropicales y barbiquiús de tipo patagón. Las mismas décadas que me regalarían la casi media hora y los más de treinta kilómetros de fuegos artificiales en la rada de Valparaíso, acontecimiento que sigue ennobleciendo a Guinnes y que los chilenos llaman Año nuevo en el mar.
Lo que me llama la atención de casi toda fecha conmemorada y celebrada es la facilidad con que los seres humanos aceptamos dictámenes de nuestros congéneres. Permítanme incluirme pese a mi status de contestatario radical. Montones de "genios" han inventado, recreado y reformado Calendarios a su antojo. Otros los rubrican y los convierten en canon hasta que "genios" futuros consideren que ha llegado la hora de la próxima enmienda. Esta mañana primera del año 2013 estamos bajo el gran mazazo post medieval de un tipo al que hicieron Papa y le dieron como apellido un número que otros hubieron de estigmatizar como macabro. Gregorio XIII, en 1582 estampó su firma pontificia y sagrada y celestial y creacionista sobre el documento por el que se rigen la mayor parte de los pueblos del mundo. Incluso aquellos para los que sus ancestrales ciclos lunares agrícolas distan mucho de poder ser modificados por los occidentales que siguen creyendo la verdad ecuménica que propagó - después de su resurección - un simple caminante de Nazaret, llegado demasiado tarde al Festín de la Duda.
Me pregunto cuánto tiempo pasó para que Jehová permitiera - en el Juego Infernal con sus seres creados - que los hombres tuvieran conciencia de ciclos de la luna, sembradíos e imposibilidad de consultar al sol para pautar al tiempo. Acaso no hubo una Creación en seis días y acaso no hubo un día para el descanso después de tanto trabajo en los cubículos del cielo?. Por qué esperar tanto si existe un Calendario Diosano?. Cómo Moisés no recibió esa información en sus poltrona hirviente?. Por qué los profetas no pudieron ver eso y traspasarlo a sus conciudadanos?. Por qué Dios fue tan parco con los no elegidos?. Cómo me cuesta aceptar este galimatías de años y de meses y de minutos y de segundos y de años bisiestos y de enmiendas tras cada fogonazo de la Tierra. Cómo me cuesta. Desgraciadamente, la mitad más uno de los electores han votado por el "sí" y soy una persona disciplinada, cumplidora de las leyes. Mi anarquía es otra.
Se han puesto a pensar alguna vez que ciertos "sabios" estudiosos de Calendarios y de Eras han asegurado que el día 1 de Enero fue el día en que Jesús fue cincuncidado?. Pueden creer eso?. No les ha bastado con precisar fechas, sepultar Eras, dar vida a otras, imponer cánones místicos, sonreír en sus poltronas impúdicas. Es verdad que las estaciones del año se repiten por ciclos. Pero, eso basta?. Eso basta para la precisión epocal y para el entrampamiento de las pasiones?. Basta para sacralizar un punto de vista?. Basta para que acudamos como becerros dopados al sitio en donde los sabios creen que tenemos que llegar y adorar y rendir pleitesía a Ordenes Irrebatibles?. Por favor.
Quizás este día sea un día de cincunciciones. Posiblemente mas allá de la tradición judía. Pero, ello hace a los circuncidados más higiénicos, más sacros, más cumplidores, más perfectos?. Los hace superiores?. Hace ese acto más felices a las mujeres judías? Más felices, más felices, más felices?.
Voy al baño.
Adoro la perfecta imperfección de la perfeción.
Enero 1 del 2013.
Wechester, Miami,USA.
Luis Eme Glez.
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