Saturday, January 19, 2013

EL NUEVO HERALD Y LA EDICIóN ONLINE.-

Hace tiempo que algunos de los diarios mejor ranqueados del mundo decidieron cobrar por la lectura de sus ediciones online. Así que ya ni siquiera es posible utilizar el traductor de Google. Uno pensaba que eso nunca podría suceder. Ocurre que hay demasiado espacio para comerciales y las grandes Compañías saben que es mucho mejor leer desde una butaca mullida en la sala de una casa frente a una pantalla que estar hojeando grandes folios impresos en cualquier sitio. Y ello descontando al viento.
Si embargo parece ser que todo el engranaje bursátil se ha desabaratado por arte de Crisis Global. La gente compra menos periódicos en estanquillos, el papel vale más y los químicos para confeccionar las tintas se han disparado en los cubículos donde se marcan los valores de la mercancía. Carlos Marx está de luna de miel en el Resort donde todavía le permiten escribir sobre fórmulas económicas y plusvalías. Las grandes empresas editoriales no pueden seguir perdiendo plata en tiempos de Internet. De modo que le han echado  mano al valor agregado de sus ediciones online. Competir contra  ESPN, Youtobe y los portales Porno es mas difícil que adquirir los derechos televisivos de Planeta Marte  Free TV. Por tanto es absolutamente posible encontrarse en las páginas ex gratis carteles que sugieren que para leerlas "es necesario abonar cierta  cantidad de dinero" que puede variar en relación directa con las exigencias del lector. Como todavía uno no lo puede creer pues cliquea hasta el punto de saturación y cuando admite que "su diario" traspasó las fronteras de la decencia apaga la computadora y se pone a enumerar "diarios buenos" que aún están ofreciendo contenidos gratis a través de sus Espacios Cyber. Da la impresión que a los jerarcas de los diarios pagos no les importa perder a gran parte de sus lectores en línea. Tal vez sí les importe. El Nuevo Herald, publicado en la ciudad de Miami, es el último de los grandes periódicos estadounidenses que acaba de hacer realidad sus amenazas de que "comenzaría a cobrar" por sus contenidos online.Ha prometido "mejorar" sus textos.No importa que siempre haya presentado a su periodismo como "de excelencia". Y ya se sabe que la excelencia es la cota de la calidad. Cuando la excelencia es real.
El Nuevo Herald es la versión en español de The Miami Herald. The Mc Clatchy Company es el dueño y es publicado por Miami Herald Media Company. Todavía es capaz de vender más de ochenta mil copias semanales y unas cien mil en sus ediciones suplementarias de fin de semana. Casi las tres cuartas partes de sus lectores son suscriptores y reciben al diario en los patios de sus residencia en rollos que parecen dirigibles debido a la cantidad de agregados que les acompañan como si aquel solo fuera un pretexto para que otras literaturas invadan los recintos sagrados del consumidor. No he tenido acceso a encuestas solventes que hablen de las secciones mas solicitadas por los lectores ni del por ciento de sus contenidos que es consultado. Pero sí puedo agregar que varias veces me han regalado diarios de toda una semana, enrollados como llegaron, olorosos a olvidos en el desván de la rutina. Técnicamente El Nuevo Herald es un diario "cubano". Así que la mayoría de sus lectores son de esa nacionalidad y por muy discutible que sea su calidad editorial y por muy intolerante que su jefatura haya sido con sus lectores online ellos conocen que el Tema Cuba va a seguir vendiendo hasta tanto la primera generación de cubanos de Miami siga consumiendo nostalgias isleñas y siga repletando sus Foros de "cubanidad pura".
Siempre que comienzo a leer diarios online - hace mucho rato que no compro periódicos tradicionales -  El Nuevo Herald ocupa el lugar cinco después de El País, de España, y  de otros cuatro que considero necesarios, por tanto competentes. Parece que La Opinión, de Los Angeles, hace unos diez años que lo desplazó de la categoría "diario en español más leído de los Estados Unidos". Tal vez no resulte el más interesante pero lo más probable es que los Surveys se refieran al número de lectores y  ya se sabe  de la desbordada profusión de la comunidad mexicana en el sur de California. No es que El Nuevo Herald haya perdido impacto: ocurre que La Opinión se ha beneficiado en el campo de "las comunidades" en ciertas regiones de la nación. Nada ha evitado, sin embargo, que la directiva del Nuevo Herald no lo siga ofertando como "el periódico en español más leído en todos los Estados Unidos".
Hasta 1976 los cubanos del área de Miami tenían que consumir contenidos en inglés vertidos en la edición de The Miami Herald. Hasta que alguien percibió que la comunidad cubana era suficiente numerosa y culta y ávida de información  top y que necesitaba textos en su propio idioma.  La Cuba del Exilio, la Cuba "nueva", Fidel Castro y todo el espectro que ocupaba  y toda la falsa luz  que irradiaba el "monstruo asentado en  el mito de las noventa millas" era un mercado a explotar con ganancias aseguradas a largo plazo. El Suplemente que acompañó al diario local en inglés se llamó El Herald y fue un verdadero suceso en el sur de la Florida. Traspasó las fronteras de la comunidad cubana y se coló en todas las geografías donde la gente quería leer un diario de perspectivas diferentes, capaz de desglozarse del Tema Cuba y capaz de tocar asuntos de importancia universal con un línea editorial moderna y convincente. No es de extrañar, por tanto, que para 1987, cuando el Suplemento había crecido hasta convertirse en una razón superior informativa sus dueños decidieran rediseñarlo y ampliarlo y cortar el cordón umbilical que lo ataba a su padre adoptivo. Desde entonces se llamó El Nuevo Herald y ha llegado hasta nuestro días como el gran diario en español que tanto impacto ha provocado en sus lectores. No creo sea un gran diario en el sentido en que un gran diario es capaz de ser ecuménico de verdad. Su carácter prioritario local le hace perder la competencia universal. Ni siquiera puedo aplaudir la voluble línea editorial con respecto a la Cuba que vegeta en el lado sur del Golfo de México y mucho menos la desbordada cobertura "imparcial" que da a los eventos producidos allí. Es, sin embargo, un buen diario de consulta en donde uno puede saber "algo más" de la Cuba trascortinada y digerir opiniones que tratan de estar a la altura del periodismo contemporáneo más sólido, que pocas veces ha dudado en aceptar a periodistas cubanos llegados desde "adentro" y que pocas horas antes despotricaban contra todo lo que oliera a Nuevo Herald y a Imperialismo Norteamericano. Por algo el periodismo es el Cuarto Poder. También es un lago revuelto en donde muchos pescan. Solo que la pesca no es el Quinto Poder.
Yo conocía que había un periódico miamense llamado The Miami Herald que se editaba en inglés pero jamás tuve acceso a ningún ejemplar. También supe de la adición del "suplemento cubano" en 1976. Ese año los amigos y familiares que vivían en Miami no eran muchos, de modo que cuando tuve en mis manos el primer ejemplar con su ahijado convoyado provino de personas que sabían de mi necesidad de consultar otras prensas no oficialistas y me los regalaban. Tal vez el diario fuera uno de los varios "enemigo número uno" de la Revolución Cubana pero no estaba prohibida su circulación a título individual. Mas tarde pude leerlo con  mayor frecuencia y casi toda la gente que me conocía lo compraban en el Aeropuerto Internacionl de Miami y me llevaban el número del día, generalmente acompañado del otro periódico en español, "casi" cubano, editado en Miami, Diario de las Américas.
Recuerdo que tuve acceso a algunos periódicos El Nuevo Herald de 1998 en donde la "doctora" Elisabeth Trujillo Izquierdo destapó cierta enfermedad de Fidel Castro vinculada a un daño cerebral. La posible locura oficial del "Loco Castro" hizo correr mucha tinta  en las impresoras del diario. No importa que poco después se descubriera que la "doctora" no era otra cosa que una simple secretaria de una fábrica papelera. El Nuevo Herald seguiría informando de las secuelas dejadas en la mente de Castro por el daño cerebral. Pero nunca sería como en los tiempos del Boom informativo. No tengo información fidedigna pero eran los años de los discursos truncos por desmayos inusuales, las caídas en los predios del Monumento al Che en la ciudad de Santa Clara y aquellas babas que corrían por sus comisuras en tanto los dientes temblaban como si la Séptima Flota  estuviera bombardeando Jaimanitas. No he sabido jamás de la "doctora" Ely Trujillo. Pero un secretariado en una fábrica  siempre será un sitio  en donde las confidencialidades no están aseguradas bajo cuatro llaves maestras. Los daños neurológicos, por demás, tienen demasiadas manifestaciones.
Diario de las Américas, ahora en manos de capital venezolano, sigue regalando sus textos online. Algunos de los más relevantes periódicos mundiales también. Incluso Granma, de La Habana. Es cierto que las tarifas iniciales que exije el Nuevo Herald son muy bajas. Pero para pagarlas hay que dar muchas carreras en las pistas de la burocracia cobradora de impuestos. No vale la pena.  En honor a la verdad, creo que El Nuevo Heral es un diario prescindible. Tan prescindible que para muchos cubanos es, hoy día, otro Suplemento. Solo que "otro Suplemento" del periódico Granma. Existen varias maneras de informarse en relación con el par de Cubas que nos competen. Aquí mismo en Miami. En los foros de otros diarios online en español los exlectores del Nuevo Herald se quejan de "la nueva disposición" pero no le dan importancia y dicen que "pasarán a ser lectores a tiempo completo" de aquellos.
He sido un buen  lector del Nuevo Herald online. Siempre. He estado suscrito a sus titulares y a sus novedades e incluso he sido un profusísimo forero desde mis tiempos de Chile. Deja ver si han hecho una excepción conmigo debido a estos atenuantes. Quiero decir "deja ver si empezarán a hacer una excepción desde ahora mismo" pues ya he sido víctima de sus ansias póstumas pro billetes verdes.
A ver. Voy al buscador de Google Chrome. Escribo El Nuevo Herald. Me salen las páginas de siempre Hasta aquí todo bien. Poncho la primera página: Nuevo Herald. Se abre. Increíble. Me habrán excepcionado, pienso. Comienzo a leer. Encantado. Seis líneas después el cartel maldito.
Si quieres leernos, paga, Luis Manuel.
No, señores, pero puedo donar el dinero que me piden para la Fundación de Lance Armstrong.
En el majestuoso frontis del gran edificio rectangular de los Herald las letras clásicas se siguen reflejando con nitidez de diamante en las aguas hermosas de la bahía.
Pero alguna vez lucirán opacas.
Supongo.


Enero 19 del 2013.
Wechester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.


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