Hace poco dije algunas palabras acerca de la salud, la edad y el talento deslumbrante del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. Mis proyectos futuros de relación estaban centrados en recordarlo cuando cumpliera ciento cinco años. Y decir, otra vez, algunas palabras acerca de la salud, la edad y el talento deslumbrante del arquitecto brasileño Oscar Niemeyer. Pero el hombre de la vida curva decidió colocar su inigualable existencia en otra dimensión. Se acaba de morir en Río, su ciudad. Con su deceso se nos va el Ultimo Gran Maestro de la arquitectura universal, dejándonos, de tal suerte, degustar a otros artistas del diseño que no han podido traspasar siquiera las fronteras de las Torres Petronas. Todavía.
El doctor Fernando G. Jorup había venido expresando que Oscar respiraba sin ayudas y que seguía tan lúcido como en los tiempos en que se levantaba Brasilia. Yo no estaba tan seguro. No es que poco más de un siglo de vida sea mucho tiempo: en realidad Niemeyer era un tipo salomónico. Ocurre que a su neumonía, a su deshidratación y a sus complicaciones gástricas - que obligaron a ponerle una sonda - se le había unido, en la retrospectiva de la otra vida ida, la memoria taladrante de Anna María. No importa que la hija de ochenta y dos años hubiera dejado una jolla indeleble en sus discos duros relativa a la obra del padre. No es frecuente, en el curso de una vida humana, que un padre con más de un siglo a cuestas tenga que despedir a un vástago de ochenta y dos años. La realidad supera cualquier velorio para longevos en las páginas del Viejo Testamento. La nueva esposa podría afirmar a los reporteros de todas las publicaciones que Oscar era "el chico más lindo del mundo" mientras le cuidaba con celo en la casona de Río. Oscar Niemeyer no podía soportar haber sobrevivido a Anna, sencillamente. Anna se dejó ver recta y sonora, impecable y obvia aquel Junio en el féretro, y Oscar sufrió porque las curvas de su encanto llegaron demasiado pronto y él no pudo dominarlas esta vez. Todo se había juntado para que un día de este Diciembre el Hospital Samaritano de Río de Janeiro diera la infausta noticia. Su cumpleaños ciento cinco tendrá otras espectativas. Ojalá que para esa fecha tan temprana algunos universos continúen siendo curvos y nadie trate de enrumbarlos por las Avenidas de la Mediocridad.
Frente a la playa de Copacabana, desde el último piso - estudio del edificio Ipiranga el mar se ve triste. Los turistas se detienen en medio del verano austral. Miran al cielo, preguntándose qué se hará de ahora en adelante el Universo Domable. El gran palacio del Planalto está de luto. Hay una paz universal en Brasil y si el Mundial de Fútbol abriera ahora mismo el primer partido se celebraría sin público. Ni tan siquiera el Sambódromo cobraría vida en la Fiesta del Baile. Ha muerto Oscar Niemeyer.
El otro gran comunista de la contemporaneidad - para Oscar el único pártner de la Ideología - hizo silencio en su búnker de Jaimanitas, La Habana, Cuba y lamentó no estar en condiciones de escribir una Reflexión en Granma, un requiem por la muerte del amigo. Solo pudo realizar un simple cálculo matemático. De 86 a 104 van 18 años, así que me queda bastante todavía, pensó. Mis universos siempre anduvieron deformados, no sé si eso constituiría un agravante, sin embargo, concluyó. Cuando el morocho bolivariano respondió la llamada del Viejo de la Isla en su celda hiperbárica aceptó lamentarlo tanto como él pero aclaró que por lo menos el arquitecto podía permitirse el lujo de que su estado de salud fuera informado cada día a todo el mundo minuto a minuto e incluso con la verdad. El Hombre de la Cascada le vio mientras ascendía. Y ahora qué, Oscar, aquí sí que todos los Universos son curvos de verdad. Algo se nos ocurrirá, he oído decir que las cascadas sobran.
Me voy a mi ventana que da a Poniente. Sé que ronda un eclipse de Universos Curvos en lontananza. Pero por el Sur está saliendo el Sol.
Hay esperanzas.Diciembre del 2012.
Wechester, Miami, USA.
Luis Eme González.
..oh, esto es brillante, querido.....
ReplyDelete