Friday, November 30, 2012

CONVERSACION EN TIEMPO DE BOLERO.-

Cuando Benjamín Netanyahu dijo díganle que no estoy disponible estaba sentado en su butaca de piel de oveja de Judá con los codos apoyados en la mesa presidencial de madera de cedro libanés. El mapa  de Gaza y Cisjordania estaba marcado con algunos puntos azules y sonreía con desgano. Listo, le preguntó uno de sus Asistentes y al mirarlo mejor se le pareció a uno de los antepasados que había perdido la batalla con el ángel. Listo, gracias a Dios. El Subalterno salió de la habitación. Pocos minutos después llegó a una de las Sedes Decodificadoras de Señalética Simple de  La Mosad y entregó el documento a un señor muy viejo con unas alas muy pequeñas. Ordena los próximos ajusticiamientos selectivos en Gaza y define los espacios que habrán de urbanizarse inmediatamente por nuestros colonos en Cisjordania, dijo el señor alado. El Emisario del Primer Ministro se inclinó,  dijo permiso, alcanzó  el documento y le dio vuelta. Con una escritura tan pulcra que recordaba a los decretos de David para eliminar cualquier descendiente de Goliat el Hombre Fuerte de Israel había estampado que la decisión de la ONU en relación con el ridículo nombramiento de Palestina no era más que otro pobre chiste muy parecido al escuchado en otras votaciones en que solo Israel y una diminuta isla perdida del Pacífico Sur eran los únicos que siempre votaban a favor del embargo impuesto a Cuba por sus amigos americanos y que desenterrar los huesos de Yasser Arafat solo demostraría una cosa y que no era otra que su total incapacidad para comandar destinos toda vez que no era una personalidad descendiente de la Raza Elegida. El Emisario volvió a inclinarse. Ahora extrajo una lupa austríaca de alta fidelidad  del bolsillo derecho de su gabán y la colocó sobre la esquina derecha de la hoja. El viejo de las  alas liliputienses también se inclinó. La próxima vez acabaremos con Esto, me molestan algunas decisiones de la ONU, leyó. En ese instante sonó el teléfono. Cómo demonios tuvo acceso esa periodista de la isla de Santa Elena a mi Línea Privada. Usted habla de la señorita Bonaparte, Excelencia, preguntó el Viejo Alado. De quién si no,  so imbécil. Acaso usted desconoce la facilidad que tiene Berlusconni para enmascarar su voz. Qué desconsuelo, qué desilución, pensé qué era Angela Merkel para disculparse.

Noviembre 30 del 2012.
Wechester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.

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