Mitt Romney es mormón. Por tanto seguidor acérrimo de los postulados del profeta homónimo y encandilado vasayo del ángel Moroni. Tal vez enmendador de algunas de los preceptos que rubricó el Gran Jefe Joseph Smith mientras corría despavorido al frente de su Clan delante de los protestantes de Nueva Inglaterra en el largo camino de Utah que querían lincharlo, entre otras cosas, habida cuenta de su fanatismo exacervado por los harenes estilo árabe. Para algunos norteamericanos, el señor Mitt es un tipo que está más allá de las religiones stándar y por eso la plata le ha sonreído y al que evidentemente no consideran un "santo de los últimos días". Está en su feudo de Massachusetts esperando los resultados de unas elecciones que algunas encuestas aseguran pueden llevarlo a la Casa Blanca. No importa que los Kennedy estén revolcados en sus panteones ilustres. Pero debería estar en Salt Lake City: allí las alas de Moroni podrían cobijarlo mejor. Y dictarle pautas menos socorridas.
Barak Obama estuvo jugando baloncesto esta tarde en Chicago. Dicen que cuando metió la cuarta canasta le dijo a sus amigos "no traten de gardearme a presión, hermanos, pues meteré otras cuatro con toda seguridad". Parece que lo dijo en inglés y en keniano, en hawaiano y en indonesio y que todos lo entendieron perfectamente.
El eterno show ha concluido. Las encuestas duermen. Ya están contadas las boletas de los votantes adelantados. Solo se habla de estados claves, de votos electorales necesarios, del fantasma del supuesto empate técnico, de las tecnologías de punta que tiene CNN ubicadas en todo el mundo para pulsar contrapartidas, de la media noche y del Gran Anuncio y del Saludo del perdedor a través del teléfono.
Si Europa pudiera votar, aseguran las encuestas, lo haría por el negro multinacional en el 90 por ciento de los casos. El resto del mundo tal vez por el noventa y nueve. Yo no puedo votar porque todavía no soy ciudadano norteamericano. Si pudiera no lo haría. Por una simple razón: yo voto por Formaciones Socioeconómicas y ya lo hice una vez. Voté por la economía de mercado y por el tipo de democracia imperfecta que preconiza.
Algunos sesudos andan pregonando por ahí que la irrupción de la megatormenta Sandy fue una bendición para Obama porque le permitió aplastar burocracias y movilizar a todas las fuerzas puras del gobierno y de la sociedad para paliar los daños colaterales. Una gran parte de esos sesudos aseguran que Sandy es el único votante con capacidad de victoria y que votará demócrata. Falso. En caso de que se hubiera podido enmendar la Constitución Americana y George Busch hubiera podido postular a un tercer mandato jamás su pésimo manejo de la situación post Katrina hubiera sido el motivo de su derrota. Los norteamericanos son demasiado pragmáticos y están sobreacostumbrados a los devastadores tornados que cada año descuartizan al centro del país.
Obama, ciertamente, no es el presidente que cuando era humano se autoproclamó perfecto y se desgañitó hablando de un cambio único y sin precedentes. No es el tipo de los discursos perfectos en El Cairo y en Berlín. No es el tipo de la victoria contundente contra Mc Cain. Pero es diferente. Es menos conflictivo. Incluso es menos orador porque los tiempos de oratoria sublime pasaron. Obama es más creíble. Sus dólares son muy pocos y provienen de dos o tres libros publicados en los que no hay errores de concepto ni juicios desarcertados relativos a aspectos que puedan herir o asombrar a la nación. Por lo demás, parece que en Estados Unidos se vota por estrellas y no por pensadores. Y Barac Obama todavía pica muy alto en las pasarelas del glamour. Mitt Romney parece un actor salido de los escenarios de Sundance. Todavía. La sonrisa de Obama es Aquafresh. Romney enseña una dentadura Colgate. Los estadounidenses prefieren conducir un Akura que un Modelo T reformado.
En los verdaderos Centros de Poder americanos ya tienen preparada la impedimenta, hace rato, que pondrán a disposición de la nueva cara casablanquina, del Penúltimo Inquilino. Los votantes son solo extras en un filme de alto presupuesto.La Gran Cúpula de los Subterráneos Decididores ya eligió. Necesitamos de otros cuatro años de sueños inconclusos, sentenciaron.
No hay beisbol esta noche. Tampoco buenas películas en promoción. La señal de internet está muy baja. La noche está nublada y apenas titilan las estrellas. No queda más remedio.
Alea jacta no est.
Noviembre 6 del 2012.
Noviembre 6 del 2012.
Wechester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
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