Había un hombre de unos sesenta años montado sobre un carro de hacer compras en la sección Frutas de Supermercados Win Dixie. Vestía saco gris y tenía una barba canosa de dos semanas. No parecía un musulmán ni un rabino ni un aspirante a mormón. Ni siquiera un programador de la cultura amish. Estaba hablando con el garbo de un predicador ranqueado y parecía que la gente que andaba de compras comenzaba a prestarle atención porque se estaba arremolinando a su lado. Así que giré el carrito de las compras a mi derecha y me acerqué. El hombre tenía un voz potente de dicción correcta y hablaba en español porque este Win Dixie está en Coral Way, South West de Miami. En un final las épocas de los profetas jamás terminarán y tal vez este señor con pintas de enciclopedia tuviera la última palabra en relación con la creación del Universo, el fin del mundo o la salvación de la capa de ozono. Si lo que hacía era explicar los motivos de la derrota de Mitt Romney en las recientes elecciones se me daba igual. Esta tarde noche tenía ganas de escuchar palabras salidas de cualquier boca y estrujadas por cualquier lengua.
Hermanos míos, hasta el 29 de Mayo de 1453 nadie daba importancia al día Martes. Para los hombres y mujeres de los tiempos medievales la palabra Martes estaba ceñida al Dios de la Guerra que era portador de destrucción y calamidades según los griegos. Pero solo lo recordaban cuando los imperios se batían y alguien de su familia o de sus amistades caía en los campos de batalla. Para los hombres y mujeres de la Edad Media la maldición universal estaba aparejada con el número trece. Le temían al trece como si cada vez que lo mencionaran llegara la peste. Se habían criado con el estigma de los trece espíritus malignos que les había inculcado la Cábala Judía. Con la macabra acción del comensal trece en la Utima Cena de Jesucristo, al parecer tocado por los espíritus malvados de sus coterráneos. Con la fabulosa historia llegada con las zagas nórdicas después de la caída del Imperio Romano de Occidente que les contaba de los hermanos gemelos endiosados para la Luz - Baldo - y para la oscuridad -Herder - víctimas de los planes malévolos del Dios del Fuego, Loky, invitado trece al Juego de los Dioses y causante de que Herder matara a su hermano. Para los hombres y mujeres de esa época, amigos míos, trece fueron las lenguas ordenadas confundir por el último Dios en la Torre de Babel. Imaginen ustedes cómo les caería la noticia de la eliminación de la sagrada Orden de los Templarios, cofrades impolutos del ideario y salvación del Cristianismo, rubricada un trece de Octubre del año 1307 por un Papa Clemente V arrodillado ante el Poder de un Rey sacudido por las deudas contraídas con los Caballeros del Templo. Sin embargo, sepan ustedes que el último bastión del Imperio Romano de Oriente, basado en Constantinopla, vale decir del Cristianismo más puro, cae en manos de los infieles un 29 de Octubre del año 1453 y es, sin lugar a dudas, el golpe más demoledor que había experimentado el mundo cristiano desde sus albores y estoy incluyendo a Las Cruzadas. De ahora en adelante todo sería un largo período de persecusiones y de preparativos para la reconquista de la sagrada concepción. Pero miren ustedes, amados míos, lo que puede llegar a ser la curiosidad. O la casualidad, si prefieren. Durante el repliegue cristiano en Constantinopla - déjemne decirles que les estoy hablando de la actual Estambul, en Turquía - alguien preguntó "qué día acabó la batalla por Constantinopla" y recibió esta respuesta "un martes". Desde ese mismo instante el nombre del día que marcó la debacle innombrable de la última porción del Cristiansmo legal se unió al número que marcaba al mal y los habitantes del antiguo Imperio Romano comenzaron a considerar al martes trece como fecha de desgracias inevitables y a prometerse que en tal ocasión no procederían a realizar cosas de vital importancia. Martes trece, ni te cases ni te embarques. Sé que acaso es demasiado tarde para darles esta conferencia de almanaques pero aún le quedan como seis horas al martes trece en los Estados Unidos. Yo he renunciado este día a una boda conveniente y a un crucero por el Caribe. Qué Dios les bendiga.
Como el carrito de las compras, desprovisto de frenos, no dejaba que el profeta se desmontara, alguien le ayudó a detenerlo y a desmontarlo. El profeta extrajo su billetera y le extendió cinco dólares. Por si Dios no se lo paga, dijo. El hombre que lo había ayudado, sonriendo, cogió el billete verde y dijo ni te cases ni te embarques pero sí recibe propinas de un pensador sublime. El profeta también esbozó una sonrisa satisfecha y caminó al Sur de Supermercados Win Dixie con sus pasos perdidos. Unos cincuenta metros después alcanzó otro carrito y se montó en él.
Recordé que los martes no trabajo en mi Compañía porque la Gerencia dijo que estamos en tiempos de part time debido a la crisis crónica que padece la economía norteamericana. Recordé también que casi nunca trabajo los viernes: pero no tengo datos confiables para este día en ningún Imperio de la Actualidad. Perdí los deseos de hacer compras y saqué el celular. Llamé a mi Tío. Juega cualquier número que contenga el trece: es un gran número de buen aguero, le dije. Ya lo hice, amigo, contestó, la Lotería también es un maleficio.
Es verdad que hoy no me he casado. Pero aunque tampoco me he embarcado no es menos cierto que estoy "embarcado" en esta voluble ciudad de Miami. Para más comprensión linguística vean el Catauro de Cubanismos disponible en cada boca y en cada voz de mis compatriotas alrededor del mundo.
Martes trece.
Noviembre 13 del 2012, Martes.
Wechester, Miami, USA.
Luis Eme Glez.
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