Estuvimos en silencio alrededor de unos cinco minutos. De los tres yo era el único que no tenía opinión autorizada como no fuera elucubrando sobre temas legales, de los que realmente conocía muy poco teniendo en cuenta las características de los hechos. Además, no deseaba dármelas de detéctive en viaje de investigador. A Sherlok Holmes o a Hércules Poirot le hubieran bastado unas pocas horas para resolver el entuerto porque a pesar del tiempo transcurrido las huellas seguían siendo las mismas. Pero ellos hubieran trabajado por encargo. Yo solo era un tipo que apenas había acortado la distancia después de casi doce años. Sin embargo, teniendo en cuenta los acontecimientos que acabábamos de presenciar no era descartable que en el pasado se hubieran producido eventos no tanto desagradables como increíbles por naturaleza. Quién podía garantizar que en al año 2004 los encargados de asentar los restos de mi madre en los Libros del Cementerio no estuvieran borrachos.Quién podía certificar ahora, diez años después, que el osario no estuviera ocupado y se hubiera optado por otro sin que se hiciera el cambio correspondiente en los Registros. Una década era muy poco tiempo para la muerte y para las listas de personal y no había por qué pensar que en aquel año los encargados del Cementerio eran personas mas serias o capacitadas. El país y su manera de sobrevivir estaban chantados en un tiempo sin perspectivas. Para casi todos los cubanos el Sol no funcionaba en medio de una noche sin límites. Nada era imposible en un mundo de posibilidades truncas. Alejo Carpentier se hubiera reenorgullecido de este nuevo realismo mágico trasladado unas millas al Oeste de Cabo Haitiano.
Tery dijo que además de los motivos que la habían llevado a desconocer los restos de nuestra madre tenía otras maneras de demostrarlo. En casa guardaba el tornillo de platino que había sujetado su cadera derecha después de la operación porque al igual que con la prótesis dental le había pedido a su ex que no lo dejara en su cuerpo. De modo que para cuando encontráramos los restos allí tendrían que estar los huecos en los huesos. Yo no había hablado con ella a raíz de la exhumación por tanto desconocía este detalle y me pareció correcto. No tanto porque el platino podria ser otra tentación para los profanadores sino porque el objeto era un ente, me parecía, capaz de mantener vivas las memorias en una casa donde las fotos de los muertos se guardaban bajo veinte llaves maestras. El Taxi pareció aprobar la declaración pero bajó la cabeza como si pensara "está bien, pero dónde están los restos".
Tery agregó que recordaba que la abuela de Zady había sido sepultada un día después del sepelio de nuestra madre y que hablaría con ella en relación con la ropa destinada para ello. Posiblemente, dijo, los osarios fueron cambiados y solo tendremos que conseguir un permiso para abrir el suyo. Zady era la nieta del hombre que nos vendió la casa y una chica muy allegada a nosotros. Expresé que me interesaba la idea pero que en ese caso podríamos, también, rastrear los entierros cercanos al de nuestra madre y que confiaba en la existencia de los parientes y en su comprensión para casos como el que nos ocupaba. El Taxi asintió de nuevo pero me pareció que pensaba "y cómo encontraremos a toda esa gente".
Yo continuaba sin creer ni aceptar lo que estaba pasando en el Cementerio. Pero era una realidad y trataba de asumirla mientras decidíamos que hacer. Finalmente optamos por marcharnos. Tery haría las gestiones correspondientes con Zady y su ex y el Taxi trataría de hurgar en los decesos de la época y ver como encontraba a los deudos para contarles la historia macabra que acabábamos de protagonizar y pedirles cooperación y comprensión. Quedamos en reunirnos próximamente para analizar resultados y ver que se nos ocurría. Pero salí de su oficina sin muchas esperanzas. Me quedaba muy poco tiempo en Cuba y sabía que un trabajo de esa índole requería de muchas horas para que ofreciera resultados óptimos. Tery y el Taxi aseguraron que se ocuparían a tiempo completo en caso de que yo tuviera que marcharme sin haber resuelto el asunto. Quise creerle a mi hermana. El Taxi era solo un amigo con responsabilidades civiles. Recordé como yo insistía con Flamenca en Santiago de Chile para que le vendiera la historia de su vida a Isabel Allende. Tal vez ella hubiera hecho lo mismo con este pedazo de mi historia. La diferencia estribaba solamente entre el glamour y el suspense. Entre los libros y la pantalla cinematográfica.
Zady dijo que ella tampoco había sido quien exhumó los restos de su abuela y que por tanto no sabía nada en relación con ropas u osarios. El ex marido de mi hermana contestó al teléfono para decir que en efecto recordaba el hueco en la cadera pero nada de la ropa y que estaba a nuestra disposición. Luego llegaríamos a la conclusión de que la ropa no resiste dos años dentro de un ataúd. Pero y el botón de la blusa, me pregunté, acaso no sería otra prueba. Por lo demás en el osario de nuestro padre no había otra cosa que huesos, mechones de cabello y la prótesis dental. Y los botones de sus prendas, tal vez la hebilla del cinturón si es que los preparadores de cadáveres se lo pusieron, volví a interrogarme en silencio. Veré eso en detalles la próxima ocasión, me respondí. La muerte es un misterio por donde quiera que se le mire. Días mas tarde, en Miami, sin poder quitarme el tema de la cabeza, me pregunté que por qué no le habíamos pedido al ex marido de Tery que nos acompañara al Cementerio solo para que tratara de recordar si el osario era el mismo en donde depositó sus restos. Tal parece que el caso había dejado choqueado a todos los protagonistas.
Regresé a los Estados Unidos. Dejé el asunto en manos de mi hermana y de mi amigo. Había prometido al Taxi que nos tomaríamos algunas cervezas Cristal en cualquier momento y me dijo que estaba bien. Recuerdo que en una ocasión coincidimos en casa de una prima y compartió una antes de continuar camino. Otra vez pasó por la casa para hacer una pregunta a Tery en relación con el Caso Osario pero yo no tenía stok de Cristal. No lo vería mas. De modo que le dejé dinero a Tery para que le llevara de regalos cinco cervezas de lata. Porque no solo los sepultureros necesitan de alegrar el gaznate ante tanta muerte detenida.
El 14 de Agosto pregunté a Tery en que lugar vendían flores en el pueblo. En la esquina del Parque Infantil, me respondió. Voy yo solo, le dije. Compré un ramo sencillo, de colores variados. Me costó un chavito. Dejé una propina de otro a la pareja vendedora. Lo deposité en la acera, frente al osario de mi padre. Para los dos y por los dos, le dije, te prometo que regresaré para terminar el trabajo. El sepulturero de marras trabajaba en una tumba enyerbada. Me miró. Nos saludamos. Vine a poner unas flores a mi padre pero es para ambos, le dije. Asintió con la cabeza. Pienso regresar en el 2014 y te buscaré para que me hagas el trabajo, no hay rencor. Cuenten conmigo, hermano, sin rencor. Le di otra vez la mano y me fui hasta la oficina del Taxi. No estaba. Como demoraba bastante me marché.
A principios de Octubre recibí una llamada telefónica. La mamá de Zady acababa de regresar de Cuba y me traía una carta de mi hermana. Fui por ella. Cecilia vive muy cerca de mí y nunca la había vuelto a ver. En casi doce años ni ella ni su segundo esposo habían cambiado mucho.Me hizo un gran café cubano. Llovía cuando regresé desde la Calle 8. En mi casa abrí la carta, un folio rayado, escrito con lapicero por ambas partes. El segundo párrafo del anverso decía "ya resolví lo del cementerio, estaba en el mismo osario que se abrió pero por la parte de atrás, en una gaveta 88, no hay dudas, la cajita nueva pintada de óxido rojo, todos los huesos envueltos en el naylo que era de mi televisor y vimos el hueso de la cadera con los huecos donde estaba el tornillo; solo me falta poner las lozas en las dos gavetas, las compraré cuando compre lo del baño, que todavía no se ha comenzado pues Jesuíto todavía no ha terminado el trabajo que está haciendo en otra casa".
El penúltimo párrafo del reverso decía "También Vera murió de un infarto". (1).-
Octubre 20 del 2012.
Wechester, Miami, South West, USA.
Luis Eme Glez.
(1).
El baño es solo una sección de nuestra casa. Quizás deba decir de la casa de mi hermana. Me sorprendió el estado en el que la encontré. Demasiado lastimada por un sinnúmero de motivos. Gran parte del presupuesto destinado a mi viaje a Cuba se lo entregué a mi hermana para que le hiciera las reparaciones necesarias. Jesuíto es un amigo de los tiempos del barrio campesino que trabaja con dos socios en temas de albañilería. Uno de sus colegas es un primo segundo y el otro es un chico que se hizo un hombre en los últimos doce años. Parece que son geniales en su especialidad y me encantó que el arreglo de la casa quedara en sus manos. Vera era un hombre de 72 años que había dedicado mas de la mitad de su vida al estudio y difusión de la Biblia, congregación Testigos de Jehová. Le vi durante mi estancia y en honor a la verdad le encontré tan en forma como siempre. Verlo y saludarlo era una de mis prioridades. Había vivido con mis padres cuando yo nací y fue quien me inclulcó el amor inclaudicable por la décima escrita. No lo creas, me dijo cuando insistí en lo bien que lo veía, tengo el corazón en un hilo.
..me haces llorar, luisito....
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