Solo si alguna vez Cuba se convirtiera en una provincia china quizás fuera necesario aumentar un par de carriles a la carretera que lleva hasta la ciudad de Santa Clara. A pesar de la advertencia de Fidel Castro, cuando todavía no escribía Reflexiones, "y qué pasaría si todos los chinos tuvieran un automóvil". En realidad la vía está en excelente estado sin que rayas blancas divisorias y señalética internacional puedan tildarla de carretera desarrollada. Desconozco si se trata de las consecuencias del Eterno Período Especial Para Tiempos de Paz o simplemente de la dialéctica estancada de la frase que dice "para qué si apenas hay carros y los carretones de caballos no urgen de aditamentos primermundistas". Sin embargo la pista corre custodiada por los campos cultos y sembrados de los agricultores pequeños de Cienfuegos y en ocasiones por los frutales que las Cooperativas Mixtas han plantado en las tierras que ayer eran breñales en el paisaje Sur central. Hay mucho verde en la provincia y se me antoja, repito, que Cienfuegos sigue siendo un oasis bienaventurado en el centro de Cuba mas allá de la formación económico social que la controle. Debo recordar -por si la genética fuera tan real como aseguran algunos agoreros de laboratorios - que la ciudad de Cienfuegos fue diseñada y echada a andar por colonos franceses en el siglo XIX.
Lajas, Cruces y Palmira. Se trata de las tres ciudades importantes - no deseo entrecomillar importantes - que regalan su presencia de pueblos grandes en medio de la campiña plana engalanada con cañaverales de lujo. Benny Moré, que nació en Lajas, le cantó diciéndole Santa Isabel de las Lajas querida, Lajas, mi rincón querido, tierra donde yo nací. En Cruces abre el abanico sincrético que en Palmira alcanzará categoría de Panteón Sublime y en donde los brujos y los curanderos tratan de resolver los entuertos mas complicados de los misterios de la vida. Posiblemente sea Palmira el sitio mas standarizado de la Región Central en donde el factor sincrético haya calado mas hondo en la mente del cubano. Porque allí pulularon los barracones de escalvos desde que se descubrieron las bondades de la caña de azúcar y alguien estimó que no había nada mejor para cultivarla y hacerla producir que el trabajo de aquéllos.Los esclavos estaban en el Africa Negra y cuando los trajeron de allí se llegaron con sus propios dioses y sus propias maneras de anjaular a la magia. Luego vendría el entrampamiento de las pasiones y los cubículos cerrados en donde las razas nuevas tratarían de hacer bajar la cabeza a los enigmas de la existencia entre amuletos sagrados, botijas misteriosas y muertos que se dejaban convocar en los días selectos.
Pero en la tarde de Agosto Primero los tres campueblos eran zonas sitiadas por la soledad y la desesperanza, vacíos de todo vestigio de humanidad latente, tímidos paisajes después de la batalla. Lugares desteñidos, ausentes, despobladas sus calles, si acaso con algún peatón de tristeza retratada en el rostro famélico haciendo el quite al carretón halado por el caballo impotente. Me pareció que Lajas no era lo que el Benny "quiso para ella" y que en Cruces y Palmira los señores de la pócima mágica estaban en Paro Indefinido porque los gallos de cresta roja y plumaje soberano , los cocos secos caídos desde las matas mas altas , los caracoles escogidos, los carneros blancos y los rones baratos estaban tan desaparecidos como la alegría que en alguna época nos colmó el alma cuando se decía que todavía era prehistoria allá. Trasvasamos los sitios con un dolor tremendo: la pobreza era otra y no estaba signada por la infraestructura nula ni por los mercados vacíos. Porque a veces la pobreza está en el alma inconclusa, en la desesperanza obtusa, en las palabras "hasta cuando", en los vericuetos de la Nada.
Santa Clara apareció tras la paradoja del asfalto. Para Onel era un acápite sin importancia porque le había circunvalado tantas veces detrás del chavito conveniado con turistas de ocasión que rodar sobre el macadam era para él era como darle de comer alpiste barato al pajarito que atesoraba en una de las jaulas de su balcón. La paradoja, digo, estaba en el tramo de la Autopista que iba desde el entronque con la carretera de Cienfuegos hasta la ciudad propiamente dicha. Suponía que la autopista Central - mas conocida como Ocho Vías - estuviera regia, sobre todo si tenemos en cuenta el gran flujo de turistas y de funcionarios de Compañías Extranjeras que la están frecuentando desde que el Gobierno abrió ciertas puertas a la inversión foránea. Falso. El pedazo de vía era poco menos que un terraplén. Compacto de baches, sin pasaje central, apenas alguna señal necesaria con la yerba inundando los laterales y unos pocos espacios reparados en donde los huecos comenzaban a mostrarse sin pudor alguno. Cojones, dije. Onel se echó a reír y antes de hacer la mueca de dolor neuropático, expresó "tú no sabes nada, ojalá cogieras rumbo a la Habana". "Y conste que Ocho Vías estaba pensada para sustituir aeropuertos en caso de urgencias confrontacionales con el Enemigo de Siempre", pensé.
Santa Clara fue solo un espejismo al Occidente del Seat. Pasamos por la circunvalación Oriental, dejando, como en Cienfuegos, la ciudad a un lado. En tanto charlábamos, la Loma del Capiro se esfumó al Sur así como las varias Esuelas Formadoras de Profesionales al Oriente. Solo me detuve para mirar con calma la Universidad Central, siempre hermosa y moderna, extendida por varios kilómetros como la Universidad Internacional de la Florida en Miami, llena de verde redentor, sobria en medio de los ventorrales que azolan a la patria esquilamada. "Miren, ese es el pasillo por donde iba a las aulas de Física Pura en 1975 - dije - y doblando a la derecha llegaba a las aulas en donde examinaría Historia Universal, Perfil Amplio, unos años después, por acá están los sitios de los Post Grados y de los Cursos Especiales, este es el Stadium de beisbol donde mas que practicar y tener éxito un negro lanzador me dio un pelotazo en una de mis costillas derechas que todavía me duele". Onel había estudiado Educación Física en el Fajardo, unas millas al Sur de la UC, y Tery Ingeniería Agrónoma en la Isaca de Ciego de Avila, de modo que no tenían memorias emotivas de la Alta Casa de Estudios villaclareña y se limitaron a sonreír en medio de mis nostalgias ciertas."Mi hermano ( o sea mi primo Pedro Ele y dueño del Seat) sí hizo Ingeniería Civil aquí", dijo Onel.
Camajuaní y Remedios pasaron por detrás de las ventanillas como lo habían hecho Lajas, Cruces y Palmira: con penas y sin glorias presentes. Ciudades calcadas para la hora contemporánea que late desde las menecillas del reloj patrio.Solo que estas mantenían sus calles invictas y el color de sus paredes se negaba a desaparecer.Recordé que cinco de mis años preuniversitarios los había realizado en Remedios y la gran cantidad de amigos que tuve en ambas ciudades.Camajuaní destacaba por su muchachos inteligentes apasionados por la música y por su mujeres bellísimas. Remedios por el color rojo de su entorno y por el plus histórico de que siempre había hecho gala. Remedios fue una de las primeras villas fundadas por los españoles en Cuba y Camajuaní era una ciudad reciente, nacida de las bonanzas del tabaco, de las pieles y del paso del Ferrocarril Norte por su periferia. De pronto me di cuenta que llegábamos a Caibarién. Poco antes de que el Cangrejo de Gelabert nos saludara con sus muelas listas cuando las dos calles centrales se bifurcan para entrar en la ciudad miré a mi derecha. El cementerio. Allí estaban los huesos de mi padre en un osario que no conocía y los de mi madre, en otro que también desconocía. Hice silencio.
Atravezamos la ciudad por el Este. Ensimismado, no me di cuenta de que estábamos pasando por una ampliación urbana casi que de lujo.Había algunos vecinos sentados en sus portales y en los frontis de sus casas a los que saludé con la mano y una sonrisa que aseguraba "los veré dentro de un rato". Bajamos los paquetes. Entramos. No miré la casa que había dejado hacia casi doce años. No me di cuenta. Saludé a mi prima Aleida que nos esperaba mientras preparaba la comida y regresamos a la sala. Con mucho dolor, media hora después, me percaté de que no había extrañado a mi madre. Y eso era algo positivo si tenemos en cuenta el temor que me asaltaba por su impresencia cierta en una casa en donde siempre estuvo cuando llegué desde los lugares mas disímiles del país. Y algo malo porque era una muestra de que el cerebro discrimina sin contemplación. O se trataba de los años, de la vida que transcurre en lentas longitudes de onda en donde la memoria se cura de espantos terribles y la resignación se adueña de todos los aconteceres?. No sabía. El adorable fantasma de mi madre erraba por allí como jadeando "tranquilo, hijo, no pudiste estar, pero no importa, yo lo sabía". Pero yo no lo veía. Ni lo presentía. Caramba.
Cuántas horas desde Cienfuegos, pregunté. Poco menos de dos, dijo el chofer. Mañana vamos al Cementerio, le dije a mi hermana. Muy bien, respondió. Si deseas no vayas, yo podría hacer todo lo que no hice antes y mucho mas hoy día, recalqué. Está bien, vamos.
Entonces pasé al baño de mi hermana. Traspasé la mitad de la casa.Lindo Caibarién.
Septiembre 15 del 2012.
Wechester, Miami, South West, USA.
Luis Eme Glez.
No comments:
Post a Comment