Saturday, April 21, 2012

LA PENULTIMA DEPORNOVELA EN MIAMI.(3).-

Aunque mi padre no era un aficionado "estadístico" sí lo era en cuanto a nomenclaturas. Por él supe de grandes peloteros que habían jugado en la Cuba pre revolucionaria y de los tantos que habían logrado subir a la Gran Carpa. Para él un nombre marcaba todas las pautas. Orestes Miñoso. Pronunciaba "Miñoso" como si se estuviera riendo y siempre guiñaba uno de sus ojos grises. No le decía "Minnie"- como era conocido - jamás. Y nunca supe por qué. Las cogía todas en el "léfil" y bateaba muy bien, me decía. Era mejor que Gurriel, le preguntaba. Bueno, esos son otros veinte pesos, hijo, pero El Guajiro de Meneses no ha jugado Allá, concluía.
Mi padre tampoco era dado a retóricas baratas pero sabía que solo por ser negro Miñoso había llegado muy tarde a las Grandes Ligas y eso gracias a la irrupción del Robinson desgarrador de barreras raciales. Me recordaba que tal vez por ello aún le estaban negando su entrada al Salón de la Fama. Volaba como Víctor Mesa, aseguraba, y muchas veces bateó para más de trescientos. Era un verdadero monstruo, puntualizaba. Mi padre bajaba la cabeza un segundo para decir "oh, las Medias Blancas de Chicago". Y era como si repitiera, en términos de excelencia deportiva, "oh, aquel equipo de Tico y de Guachapila y del Isleño en el Plateros de los años buenos".Por cierto, mis primeras medias de béisbol eran blancas con una franja roja en la parte superior.
En 1985 yo oía el beisbol profesional de los Estados Unidos  a través de emisoras asentadas en el Sur de La Florida. Estaba tan al día que mis amigos llegaban a la casa para documentarse. Sin embargo, White Sox no era mi equipo favorito. Mi fanatismo navegaba entre Rojos de Cincinatti y su Maquinaria Roja de Todos los Tiempos y Cardenales de San Luis, en la Liga Nacional. Yankees de Nueva York estaba detrás de mi colimador en la Liga Americana. Como nunca he tenido la oportunidad de asistir a una Serie Mundial entre ambas escuadras, pues siempre he disfrutado cada uno de sus triunfos por separado. Por lo demás, "somos" los actuales Campeones del Mundo.  Antes de absorver la pedagogía beisbolera de mi padre Chicago era más, en mi Disco Duro,  Al Capone, la ciudad de los vientos y de los rascacielos en el borde del Lago y una palabra casi "sucia" si podíamos descontar la sílaba "chi". Recuerdo que un amigo, fanático de Bravos de Atlanta, cada vez que White Sox se quedaba en el camino durante las Series Divisionales, se mofaba  "otra vez  chicagaron".
Aquel año se comenzó a hablar mucho de un short stop novato que estaba despuntando con Los White Sox. Luego sabríamos que era venezolano y que había sido profeta en su tierra. El morocho se convirtió en una estrella mediática. Había nacido en Ocumare del Tuy en 1964 y con solo diecisiete años formó parte del equipo de béisbol profesional Tiburones de la Guaira. Ernesto Aparicio, tío del gran Luis, había sido su entrenador y sus ojos de águila real le dijeron que el chico tenía pasta de big liguer. Oswaldo "Ozzie" Guillén se llevó el galardón de Novato del Año después de haber capturado casi todas las pelotas que fueron a su posición, después de haber robado suficientes bases y después de haber contribuido a la ejecución de varias dobles jugadas con su compañero de equipo en segunda base. Ozzie Guillén no bateó mucho aquella temporada - y no la haría jamás, es cierto- pero con él se cumple muy bien la teoría que dice que si cuentas con un campo corto excepcional, su bateo es secundario. Incluso hoy, cuando algunos short stop tienen físicos de judoca y compiten por varios campeonatos ofensivos. Debo decir que de la misma manera en que Chicago no era para mí la ciudad donde jugaban Los White Sox en la época de mi padre, el apellido Guillén solamente me recordaba al gran poeta cubano Nicolás Guillén.
En su primera temporada en White Sox, Ozzie enseñó su garra, su temperamento latino, su pedigree de Ocumare del Tuy y su deslumbrante pasión por el béisbol. Parecía que nada ajeno a ello lo sacaría de su concentración suprema. Este es el hombre que necesitaba White Sox, debió decirse la Gerencia del Club. Estaría con ellos las próximas doce temporadas.
Veintisiete años después los Nuevos Marlins de Miami moverían sus aletas de Corriente del Golfo y subirían por la Costa Oriental de los Estados Unidos hasta el Río San Lorenzo. Doblarían después hacia el Oeste y nadando entre canales y esclusas y saltos espectaculares de aguas cristalinas (y casi puras) llegarían al Lago Michigan. Dejando atrás a las Granjas del Chicago Cubs se moverían hasta las Grandes Llanuras de Chicago White Sox. Hemos estado hablando contigo, Ozzie, y venimos para cerrar el contrato, dijeron, entre jadeos de agallas cansadas. Quiero a Reyes en el short stop y a Hanley en tercera base, quiero al pítcher Zambrano y quiero un contrato jugoso, respondió el ex Novato del Año. Lou tendráss, man.
Durante el regreso, en avión, medio dormido, Ozzie se dijo que en Miami la Comunidad mas numerosa era la venezolana y que por tanto debía tener mucho cuidado con mencionar a Chávez en voz alta. Que Miami no era el Chicago del 2005. Cuando el Jumbo penetró en territorio de Georgia se durmió. Soñó que acababa de ganar la Serie Mundial  y dando un salto de felino en su butaca gritó Viva Chávez. Uno de los jerarcas de Marlins se volvió para preguntar "qué eus lou que nou saubes, Ozzie". Ozzie se desperezó y dijo  "no sé por donde carajo vamos". "Voulamos soubre Yioryia, siñor". Ah, menos mal.
Faltaban algunos entrenamientos y entrevistas edulcoradas en los predios de La Pequeña Habana (y algunas presentaciones de lujo) hasta que la revista Times decidiera hacerle una interviú especial. Porque los señores de la prestigiosa publicación sí sabían cual era la Comunidad más numerosa en la ciudad de Miami, esta Ciudad del Sol en donde él iba a demostrar que también podía ganar otra Serie Mundial sin tener que ser segundón de nadie en alguna de las almohadillas del infield.
Tiene usted algo que decir en relación con Fidel Castro. 
Por supuesto, que lo amo.

Abril 21 del 2012.
Miami, USA.


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