Según estadísticas confiables del Gobierno de los Estados Unidos hoy mismo residen en la ciudad de Miami poco mas de un millón doscientos mil cubanos. La mitad de ellos llegó al país después de 1990 y del 2000. Quienes abrieron la Diáspora en 1959 lo hicieron porque consideraron que el país entraba en una fase de política nueva basada en los preceptos del marxismo leninismo, rociados con pensamiento martiano y cierto toque de distinción que habría de agregarle el hombre que había comandado el asalto a un cuartel, un desembarco épico y una revolución triunfante. Los diasporeros se llevaron a sus familias y a sus dineros. Entiéndase, se trajeron. Calculaban que regresarían en cualquier momento y malvivieron con la ensoñación de que la hora de Fidel Castro estaba signada por relojes falsos. Cuando se convencieron de que los sueños, generalmente, sueños son, comenzaron a invertir y decidieron asentarse en una ciudad que ( dicen muchos) para la época era un pedazo de playa seguido de varios pantanos y una recua de cocodrilos antediluvianos que reinaban en una descomunal ciénaga llamada Everglades, extendida hasta el Golfo de México. Unas décadas después Miami se convertiría en una urbe internacional, la "puerta de las Américas" y la cuarta área metropolitana mas grande de los Estados Unidos. Todavía muchos cubanos de los albores de la revolución siguen insistiendo en que Miami es obra de la inteligencia emprendedora de sus compatriotas. Puede ser.
La otra mitad de los residentes cubanos de Miami llegaron gatillados por la situación de precariedad económica que estaba viviendo el país y movidos por esa imagen sutil que les vende el american wai of live con su taxe agregado de sueño americano. De modo que puede asegurarse que en la actualidad conviven dos comunidades cubanas en la ciudad. Que una de ellas está por fenecer y que la otra brega por integrarse a lo anglo entre platos de arroz congrís, yuca con mojo y carne de puerco frita tocada con la Heineken de ocasión. Quizás haya un término medio. El que forman quienes viven oyendo de nostalgias y de patriotismos reales o volubles y por los que andan detrás de los I Phone tratando de aprender inglés y poder enviar algunos dólares a Cuba en tanto sus Empresas resulten solventes. Todas las diásporas cubanas valen y cada una ha de merecer su estudio. Pero esa es otra historia.
Para los cubanos la palabra "amar" es una palabra bella y poderosa. Como para todo el mundo. Y claro que la usan. Sin embargo, cuando se dirigen a una mujer, prefieren decirle te quiero o te adoro mi china, me encantas, me gustas un mundo. "Te amo" no ocupa un lugar de privilegio en su vocabulario. Habría que indagar en los giros idiomáticos que nos regalaron aquellos peninsulares de capa, espada, Biblia, látigo y salero. Admito que "aprendí" a decir "te amo" con los argentinos y con los chilenos. Evidentemente ellos habrán de admitir lo que aprendieron conmigo en ese sentido. No obstante cuando se habla de béisbol entonces sí que los cubanos dicen "amamos al béisbol". No se trata de una paradoja. Es lo mismo. Pero ya lo dije: indaguemos en los folios inmemoriales de la España castiza. Si desean, también en las fonéticas subsaharianas. O en la linguística aplicada de todas las etnias que en la Patria han sido.
Ahora bien, cuando un hombre se refiere a otro hombre pronunciando "lo amo" entonces los cubanos se desmarcan de sus prioridades afectivas. No existe otra manera de entenderlo que no fuera "lo adoro, lo quiero". Imaginen si el "lo amo" se desplaza a la cercana intimidad y se convierte en "te amo". Para entonces cada uno de los atavismos e intolerancias que les colman - sin ánimos de absolutizar - salen a relucir y los improperios se toman por asalto todos los calificativos. Pero los cubanos - como yo - han aprendido a decir "te amo" y también han aprendido a escuchar - como yo - "te amo" en este país multiétnico. Quizás sea por ello que solo uno de los varios carteles que pedían a Ozzie Guillen renunciar a la dirección de Marlins de Miami contuviera insinuación sexual.
No hay dudas de que los lectores de la revista Time no le dieron importancia el comentario de Ozzie Guillén. Posiblemente tampoco gran parte de sus lectores cubanos residentes en otras áreas de los Estados Unidos. Fuera de Miami, Fidel Castro sigue siendo un hombre de barba larga, uniforme castrense, gorra verdeolivo y tabaco criollo, que desprecia a esta nación con fuerza de galerna. No es descartable que algunos conozcan que Castro entregó el Poder a su hermano Raúl después de confesarse enfermo e incapaz de comandar destinos y que su trabajo ahora es recibir visitas de alto rango y escribir columnas de opinión en la prensa nacional. Solo que el DT venezolano tocó una fibra muy sencible del 50 por ciento de los cubanos que consideran que su exilio fue forzado debido a los dictámenes del hombre a quien él "ama y respeta" tanto.Y eso, para ellos, es imperdonable. Miami es su coto de caza, la ciudad cubana, la séptima provincia. Sus hijos son los mayores contribuyentes y son la gran marea de los fanáticos del equipo de béisbol. Para ellos Ozzie jamás estuvo equivocado. Están convencidos de que el hombre es comunista y parte del eje Habana Caracas. Un Agente.
Aceptemos que de aquel cincuenta por ciento de los cubanos que llegaron primero quede un cuarenta vivo y con capacidad de confrontar. Aceptemos que muchos de sus hijos hayan continuado el Camino. Admitamos que de la segunda camada una pequeña parte defienda postulados ( que llaman democráticos) y que de los del Término Medio algunos se sientan, honestamente, con capacidad contestataria. Todavía son suficientes. Y por supuesto saben que pueden decidir. O intentarlo.
Desde que las Agencias de Prensa difundieron la noticia aparecida en Time una notable cantidad de residentes de Miami se conmocionó. No había otra cosa mas parecida a un balde de agua helada cayendo sobre los cuerpos desnudos de quienes acababan de inaugurar un gran Stadium y presentado, con bombos y platillos, al fulgurante Técnico que llegaba para poner orden en casa y regresar al equipo a los lugares que se merecía en la tabla de posiciones. Ozzie estaba en Filadelfia. Se enteró muy rápido de la revolución que sus palabras habían provocado en Miami. Llamó a sus Asesores. A los especialistas en Disculpas. A quienes han estudiado para demostrar que las traducciones al inglés siempre están mal. A los que han de probar que lo que se dijo no es lo que se quiso decir. A los Sanadores de Entuertos.
Dicen que Guillén se haló los pelos canosos del candado y se preguntó "pero en qué quedamos, no había oído decir que la comunidad mas numerosa de Miami era la venezolana". Y que un amigo le espetó "Ozzie, recuerda, no eres Ozzie siendo Ozzie, eso es para Manny Ramírez". Y que Ibis murmuró, mientras le arreglaba un botón de la camisa playera a uno de sus niños " caramba, que hombre tan integral, pero qué tengo que hacer para que escarmiente". Cuando Miami ardía aupada por las llamas del "lo amo", alguien le dijo a Ozzie que bajara a Miami y que dejara a Los Marlins jugando solos en Filadelfia, si de todas formas Los Phillies, sin Chasse Hutley y sin Ryan Howar, no le ganaban ni a Healeah. Ozzie aceptó el consejo y se vino al Sur. "Es como si el Marlins Park estuviera en La Pequeña Haití de Miami y hubieras dicho que amabas a Duvalier", dicen que le explicó uno de los asesores estrella. Quién es ese, compadre. El asesor le miró y pensando "de esta si que no se escapa", dijo "un chico haitiano que promete mucho en el fútbol".
Las altas esferas de Marlins de Miami habían elaborado un esquema para tratar de controlar a las masas enardecidas. Es verdad que en Estados Unidos había libertad de expresión y ese era uno de los motivos por los que afirmaban estaban aquí. Pero esa misma libertad de expresión les daba derecho a expresarse sin tapujos contra alguien que había pisoteado las concepciones mas dignas de un pueblo que se sentía esquilmado por quien esa persona había idolatrado. Miami era una ciudad especial, no olvidarlo.
Cuando el avión que traía a Ozzie Guillén aterrizó en el Miami International Airport había sol hermoso y las ardillas jugaban con las palomas en los jardines. En el restaurant Versalles un grupo de cubanos de la Diáspora preparaba los próximos movimientos estratégicos.
El único pelotero con sangre cubana en el equipo de béisbol de Miami era el Inicialista Gaby Sánchez. Primera generación.
Abril 22 del 2012.
Miami, USA.
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