Wednesday, November 30, 2011

ESTADO DE BIENESTAR.-

De una u otra manera cada país de este mundo ha sido tocado con la falsa varita mágica de la Crisis Económica. Muchos Gobiernos han caído o se han erigido a la vera de sus consecuencias. Durante las extensas y archirepetidas campañas electorales los candidatos se han escudado en la Crisis para saturar al electorado de culpas y de malos manejos de quienes han de dejarle paso a como de lugar. La Crisis perdió su apellido para permitirnos que le apodáramos Crisis Global. Quienes han aspirado al Poder siempre aseguraron que bajo sus mandatos se podría salir de la Crisis porque los estancamientos nacionales estaban dados por el pésimo manejo de la Crisis. Pero la Crisis Económica Global es lo que distingue al Siglo XXI y no solo es como un cáncer. Es un cáncer en sí misma y solo algunas pocas economías han podido darle un medio esquinazo sin que ello quiera decir que no estén siendo sometidas a recias quimioterapias capaces de dejarlas tan calvas como a las mas afectadas. Tal vez se salga de la Crisis, como tantas veces en la Historia de la Humanidad. Pero el mundo seguirá enfermo. Porque cuando el cáncer no te mata de urgencias se hace crónico y la vida socioeconómima no es otra cosa, entonces, que un continuo viaje a las Unidades de Cuidados Intensivos. Hace mucho rato que el Planeta viene siendo comandado por vectores cancerígenos. Y ya se sabe que todavía ni en los muy bien ranqueados laboratorios de Houston tienen siquiera una inyección reguladora.
El color político de los candidatos no importa a nadie cuando se trata de salvar y mantener el Estado de Bienestar. Este concepto o esta categoría o este slogan es muy típico de los países industrializados, desarrollados y cultos de la Vieja Europa. Nada mas pensar en que el Estado de Bienestar puede sufrir el más pequeño retroceso les pone la carne de gallina porque perder prebendas históricas significa desandar escalones de seguridad y cada flecha sacada del mapa con la gran lista de Cosas Conseguidas es como si Hítler avanzara destrozando la Línea Maginot o Tehran amenazara con la bomba atómica renovada. De todas las naciones de Europa Occidental que han esgrimido la necesidad imperiosa de salvar al Estado de Bienestar por sobre la filosofía de los candidatos presidenciales es España en la que el concepto o la categoría o el slogan más se pronuncia y se venera. Y no porque lo levantaran sobre el cadáver del Hombre de Melilla o sobre su poltrona semitapiada del Valle de los Caídos. Es que resguardar el Estado de Bienestar es cosa seria. Aunque se trate del un Estado de Bienestar Mediterráneo.
Qué es, en esencia, el Estado de Bienestar.
Técnicamente podría ser la consecuencia directa de las garantías y servicios sociales otorgados por el Estado a los ciudadanos. No por Empresas u Organismos Privados. El Arca Fiscal al servicio del pueblo. El colimador del Gobierno de turno centrado en el Estado de Bienestar de sus ciudadanos. Las palabras Prioridad Humana llevadas a su máxima expresión social. Vivir bien en un Estado de Cosas equitativo. Distribuir- si no compartir- la riqueza creada. Solo que, obviamente, el Estado de Bienestar no puede ser absoluto y está marcado por aspectos históricos que tocan cada una de las aristas que hacen funcionar a un país.
Solo ahora, tras ser bombardeado cada día por los medios de comunicación que hablan de la necesidad imperiosa de resguardar el Estado de Bienestar, es que pude colegir con autoridad el significado que tenían aquellas dos palabras tan pronunciadas en el Miami de los sesenta en relación con la diáspora cubana. Welfare State. Tal vez el Padre Superior de otras palabras del calibre de Medicare o Madicaid. Estados Unidos no es Europa. Pero los cubanos de aquellos años salían hacia el sur de la Florida y eran depositarios de los royalties del Estado de Bienestar Americano. Cincuenta años después eso no ha cambiado. Para mí significaba solo una ayuda a los compatriotas arribados y jamás lo asocié con el concepto amplio que Europa trata de salvaguardar a toda costa.
Sin embargo, pese a que el término es relativamente joven, el interés de gobiernos del pasado- dueños de los más variopintos motivos- por asegurar la tranquilidad de sus gobernados les hizo aplicar medidas progresistas en los campos económicos y sociales. Los Déspotas Ilustrados del siglo XVIII se jactaban de ello. Cuando el Movimiento Obrero se disparó en el siglo XIX aupado por los pensadores alemanes Carlos Marx y Federico Engels, gran parte del pensamiento político de la época se aunó para consolidar un Estado de Bienestar que si bien podía considerarse en pañales era visto con aceptación por quiénes representaban los intereses del pueblo. Así fue como las reformas socialdemócratas mas el socialismo cristiano mas las élites conservadoras mas los sindicatos mejor equipados procreaeron lo que años después el revanchismo alemán intentaría hacer añicos con su proclamado Estado Permanente de Guerra. Berlín estaba haciendo colapsar el Estado de Bienestar moderno. La Segunda Guerra Mundial acabó con los cabecillas nazis sentados en el banquillo de los acusados en Nuremberg y Europa entró en un período indetenible e increíble de crecimiento sostenido asentada sobre la bala que segó la vida de Adolfo Hítler. Era la hora de cimentar para siempre el Estado de Bienestar ciudadano. Europa siempre habría de recordar al Obispo de Canterbury, William Temple, el hombre que antepuso las políticas keynesianas de post guerra al "estado de guerra nazy".
Para muchos pensadores el Estado de Bienestar Moderno fue una necesidad de los grandes capitalistas que vieron como la Gran Depresión finiquitaba con el término de la Segunda Guerra Mundial. Necesitaban contraponer al Estado de Malestar reinante un capitalismo expansivo, purificador de la democracia, capaz de ampliar un  bienestar social bajo la égida de un capitalismo democrático. Ese es el Modelo europeo. Pero para una región en donde todavía, pese a la irrupción del euro y a la desaparición de las fronteras, el concepto Paneuropa pende de una cuerda floja, los Modelos no podían ser únicos. Existen, por tanto, cuatro modelos de Estado de Bienestar en Europa, muy bien delimitados por Geografías, tradiciones democráticas y marcadas idiosincracias nacionales.
Dinamarca, Suecia, Finlandia, Noruega, Islandia y Holanda conforman lo que los especialistas llaman el Modelo Nórdico. Se trata del Modelo más avanzado y es posible acceder a él con muchas menos condiciones. Celosos del poder de sus monedas no todos los países están signados por el euro. Austria, Bélgica, Francia, Alemania y Luxemburgo practican el Modelo Continental y las prestaciones están sujetas a requisitos más exigentes. El Modelo Anglozajón es cosa de Irlanda y de Gran Bretaña y está marcado por siglos de Historia. Los ingleses no han querido poner su cotizada Libra Esterlina en la balanza de la moneda única. Grecia, Italia, Portugal y España son los países del sur de Europa y son las naciones que han aplicado un modelo tardío (años setenta y ochenta del siglo XX) llamado Modelo Mediterráneo. No por casualidad sus economías se han visto más enredadas en los vericuetos de la Crisis Mundial y tan citadas en la ruleta de errores y despropósitos que ha puesto a pensar a las directrices de Berlín y París si no es mejor crear un par de motores que rueden a diferentes velocidades en esta Europa suya de cada día en donde el Estado de Bienestar no es, ni por asomo, parecido.
Por su capacidad omnívoda para ejercer control sobre el sector financiero y las grandes empresas, algunos conocedores muy solventes consideran al Estado de Bienestar una especie de quinto poder capaz de agregarse a los tres poderes clásicos de Montesquieu y al Periodismo. En el caso estadounidense dígase American wai of life y se estará hablando de Estado de Bienestar Americano, aseguran otros especialistas del tema. Por lo demás hay que esperar a ver a qué Modelo aspiran los antiguos países del Bloque Comunista que se acaban de integrar a la Europa de los Modelos Clásicos. Hay que definir, además, Estado de Bienestar en las naciones emergentes y en las naciones pobres del Tercer Mundo. Algunos pocos países aferrados al Comunismo romántico nos hablan de que están salvando "las conquistas del socialismo". O sea, su Estado de Bienestar. Pero ya sabemos de que se trata la prestancia social en dichos países: las vitrinas son demasiado angostas pero fabricadas con muy buen cristal.
Traje a colación el concepto o la categoría o el slogan Estado de Bienestar por el constante bombardeo del término en todos los medios informativos españoles. Tanto el Presidente ( PSOE) del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero como el candidato Alfredo Pérez Rubalcaba, como el  eterno aspirante (PP) a la Jefatura del Gobierno, Mariano Rajoy, pusieron énfasis especial en ello. Las aspiraciones de los restantes Partidos ibéricos anduvieron por otros derroteros y para casi todos ellos Estado de Bienestar no es otra cosa que una situación confrontacional más.
Ahora bien, cuando Rajoy - al fin  ganador de las elecciones de este Noviembre, por paliza- se hace eco de las palabras mágicas "el Estado de Bienestar conseguido en España es sagrado", tiene que estar consciente de lo que hereda y no porque haya dicho que no es un milagrero. Se trata de la cola indomable de la Recesión de los años 2008 - 2010, del colapso de la burbuja inmobiliaria, de la gran contención del crédito, del alza imparable de los tipos de interés, del disparo de los precios del petróleo, de una tasa de paro que flirtea con el veinte por ciento ( el doble de la del resto de la Europa de los Modelos Clásicos) y de la retahila de Indignados que es muy difícil dejen de manifestar en las ciudades españoles por muy ajustado que presente su cinturón y por muchas horas de televisión con Angela Merker y demás adláteres  oyendo diatribas veladas contra, caramba, ese sistemas Mediterráneo para enrumbar el Estado de Bienestar.
Que querrá decirnos Mariano Rajoy cuando dice que el Estado de Bienestar es sagrado. Como tantos otros creo que se refiera a salvar lo que va quedando del Estado de Bienestar español. Si es que queda algo puntual. De toda suerte, muchos de los profesionales españoles están emigrando al resto de Europa y a los países en donde se requiere mano de obra cualificada. No sería la primera vez que los emigrantes envían las platas primero y regresan luego para invertir en la Patria esquilmada por las crisis implacables. Los que desean que España crezca de verdad  y solo piensan que la Invasión a Irak, Atocha y la Crisis son apenas detalles para historiadores. Esos son  quienes garantizarán, a mediano plazo, el verdadero Estado de Bienestar Español, ese al que los especialistas llaman Modelo Mediterráneo.

Miami, North West, Noviembre 29 del 2011.
Luis Eme Glez.



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