El Bosque de Chapultepec era una postal preciosa a nuestra izquierda y Fedex me fue adornando los conocimientos acerca de un sitio que se remontaba a la época de los mexicas. Se trataba de un súper pulmón verde dentro de la megalópolis, una especie de otra ciudad forestal dividida en secciones capaces de recoger en sus laberintos al aire libre gran parte de la historia capitalina y por ende de la historia de la nación.
Pero ya no había tiempo para adentrarse allí, de modo que me quedé sin ver el Monumento a José Martí, el Obelisco de los Niños Héroes ni las tantas edificaciones dedicadas al vasto Universo cultural de la ciudad. Solo fui un viajero periférico del Gran Bosque que estaba detenido al Este por la Avenida de los Insurgentes. Conocía que el Bosque se extiende por 800 hectáreas y que constituye el parque urbano mas grande de América Latina. A su lado el Parque Forestal de la capital de Chile no es mas que un sendero turístico a la vera del Mapocho copiado de las forestas de París. También es inmensamente superior al Central Park de Nueva York con sus poco mas de trescientas hectáreas. Pero tal parece que no es dable comparar "bosques" federales con "parques" metropolitanos.
Muchos minutos después el Bosque dio paso a chalets de lujo edificados entre vegetación profusa y comenzaron a verse espacios desurbanizados hasta que doblamos a lo que supuse era el puro Occidente del Df. Ahora había otra arquitectura y los espacios verdes estaban situados en aras del ornato como faldas incrustadas en la selva. Me daba la impresión de que la Gran Avenida no tenía fin y le pregunté a Fedex si nuestro destino era Antigua, Guatemala o si su residencia estaba en los suburbios de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Se echó a reír. Estamos en Reforma Prolongación, respondió. Realizó una breve finta y a nuestro frente apareció una enorme mole que me recordó a una construcción griega post Partenón. Ese es el Stadium Azteca, Luis, señaló. A través del parabrisas tiré dos o tres fotos con mi Vivitar Canon a la instalación deportiva que tantas veces había visto por televisión, siempre asombrado de su gigantomaquia desbordante. El bosque que le rodeaba apenas dejaba ver un tercio de su estructura y lamenté no poder quedarme un poco mas y tratar de disfrutar algún espectáculo deportivo aunque no tuviera que ser necesariamente de fútbol.
Unas cuadras al Norte Fedex frenó delante de una cerca de hierro y madera como de metro y medio detrás de la cual había un espacio breve con un árbol y una especie de jardín pequeño. Le precedí cuando traspasamos la puerta de entrada, vencida por control remoto. Me percaté de la gran cantidad de cámaras dispuestas por doquier. Se trataba de un Condominio, evidentemente. Comprobé lo que imaginaba. Fedex era un clase media con rango. El muro frontal tenía dos niveles, así que estaba entrando a una casa con piso superior.
Fui presentado a la señora del charro. Muy joven y claramente recuperada de sus dolencias pasadas, a su hija morena con tintes castaños, hermosa y muy sana, y saludé al aspirante a Diplomático. Me senté en un gran sofá, a la izquierda de un aparato de tevé con pantalla plana de 64 pulgadas. Estaba en una sala promedio, compacta, de mobiliario sport clásico y mucha plástica dominando paredes y pedestales. A mi Poniente había una especie de medio punto de madera fina y detrás un bar exquisito. En esta sección de la sala se había instalado un saleta con mesa comedor y al Norte una escalera de madera llevaba a un nivel medio desde donde se subía a las recámaras. Hablamos de mi viaje y estancia en el país y la señora me brindó aguacates muy pequeños que se comían con su cáscara. Temeroso de que mi paladar los rechazara vertí una porción del menos morado en mi boca. Me quedé maravillado pues la "piel" - como dicen los chilenos- pasaba todo el trámite del estrangulamiento dental como si no existiera. Parecía que la piel era solo una ligera prolongación de la "carne", como también le dicen los chilenos a la pulpa. Son de la mata que viste a la entrada, me dijo Fedex. Tan pequeña como los árboles de aguacate de la Precordillera chilena y de los valles intramontanos que se desplazan al Oeste de Los Andes y de San Felipe y que por supuesto paren aguacates muy chicos aunque excelentes, pensé. Recuerdo que acepté algún dulce y por bromear le dije a Fedex - que me preguntó qué quería tomar - que deseaba un "Havana Club añejo". El gringo extrajo de su bar una botella de estilo, de esas estrechas y pequeñas y me preguntó "lo quieres añejo blanco". Sonriendo dije "ok". "Lee", ordenó. Era un Havana añejo, blanco. Una rareza adorable en un bar extremadamente surtido y admití que no recordaba haber tomado jamás un añejo de ese color. Me la dio en un vaso diminuto y degusté el trago con placer de sediento de los páramos.
Una breve plática con la chica me confirmó que insistía en estudiar Veterinaria y la señora también se asombró de mi partida precoz sin tocar el tema de los peligros en la Frontera ni las sorpresas del paso sobre el puente del Río Grande.
Cuando Fedex prendió la tele me pareció que la pelota me golpearía la cabeza. Tuve que alejarme de la gran pantalla hasta el otro lado de la butaca. La imagen estaba tan gigantescamente distorcionada que era como si la mirara desde detrás de un cristal con megaaumento. Miré al patio por si la magia del plasma gigante era capaz de traer a los animales del Parque Kruger sudafricano hasta la sala de mi amigo mexicano. Jugaban Paraguay e Italia y pensé que era uno de los buenos partidos del Mundial, de modo que entre pedazos de charla podría mirar el tope y enterarme de cómo andaban Toti, Cannavaro, Insagui y Buffón por la parte azurri y Santa Cruz y Aedo Valdés por la guaraní. Pero tocaron a la puerta. Entró un hombre que bordeaba los cuarenta, con camisa por fuera y una cabeza canosa en la que el pelo comenzaba a escacear. Como esstán chavaless, saludó. Mientras estrechaba su mano volví a pensar en que después de visitar Cuba, y dos o tres lugares selectos de los Estados Unidos trataría de realizar ese viaje soñado de una semana extrema a Sevilla para navegar el Guadalquivir en una maqueta de caravela, ver una corrida de toros en la Gran Plaza, extasiarme ante la Catedral y la Giralda y pasarme 72 horas mirando tocar rumba y bailar flamenco. Y tarareé para mis adentros "quise cortar la flor mas bella del jardín...y cuando me pinchó....me recordó que una rosa es una rosa es una rosa es una rooosaaaaaaaaaa". Oh, madre mía, Rapahel Martos y Pastora Soler interpretando la rumba más hermosa que oídos humanos disfrutaron jamás.
Así que el tiempo se fugó como lo hace el maldito implacable detrás de las buenas tertulias y tuve que recordar que mi guagua salía a las nueve de la noche y que la tarde iba en picada. Fedex miró su reloj y expresó "aún tenemos tiempo aunque en verdad está bastante lejos la Terminal Norte". A través de la ventana vi que había nubes y que la tarde se oscurecía con prontitud. El andaluz "acharricado" se autoinvitó para acompañarnos. Por la manera en que hablaba con la familia aprecié que la confianza era óptima. Al fin me despedí con deseos de muy buen viaje y pensando en que si en verdad valdría la pena quedarse una semana más. Vencí la tentación. Cedí el asiento delantero al "gallego" y me senté al fondo. Cuando partimos comenzó la lluvia.
Viajábamos por una amplísima Avenida custodiada por edificaciones de arquitectura mixta. Fedex me fue indicando el nombre de instituciones, industrias y sedes político - sociales. Cuando el agua caía con ínfulas macondianas y el Jeep parecía el Arca en espera de la paloma y el limpiaparabrisas hacía overtime en tiempo real aparecieron una serie de edificios en la bruma, a la derecha de la ruta. Es la sede de la UNAM, dijo Fedex. Me hubiera encantado mirar a la famosa Universidad con sol premium. Tal vez alguien saliera de sus aulas gloriosas y nos hablara con acento chileno y yo pudiera descubrir que se trataba del hijo de aquel hombre "duro" de la Editorial santiaguina que me había prometido un trabajo en su Empresa dado mi "enorme talento y capacidad intelectual" y que me había contado, con orgullo de padre, que su hijo estaba haciendo clases en la renombrada Universidad mexicana.
De pronto el andaluz nos dijo que deseaba contarnos algo relacionado con su futuro. Nos dispusimos a escucharlo. Lo haría por curiosidad y por banquetearme con el seseo del hombre que había llegado a México una madrugada, se había enamorado para quedarse y al que las cosas no acababan de irle bien en ninguno de los ramos a los que se había dedicado. Admitió que creía en Dios pero también en la santería, sobre todo la practicada por los cubanos y cubanas en Cuba y en el resto del mundo. Alguien le había recomendado a una santera cubana de fama internacional radicada en el Df. Así que cogió su turno en la sala repleta de aspirantes a ser tratados por el Oráculo y fue consultado. La Dama había visto maravillas mediáticas para su vida. Especialmente había observado una gran herencia que le caería del cielo relacionada con antepasados que se dedicaron a la producción de vinos y cuyos descendientes mantenían todavía suculentos viñedos. Pero lo mas importante y curioso era que buscando en su árbol genealógico había encontrado ascendientes dedicados al rubro vinícola. Tenía muchas esperanzas en la Agorera compatriota y nada mas anhelaba que el tiempo se esfumara como las aguas del Guadalquivir en las cascadas. Fedex, que ya se sabe tenía sus creencias y como cada creyente es abanderado de toda la fe del Universo, le deseó suerte pero no sé por qué me pareció sentir en su deseo cierto dejo de "sana" ironía. Admití el Gran Poder que tenían algunas santeras - con mas respeto por su devoción que ironía - y dije que era posible que sus perendeques de "trabajo" le hubieran ayudado a descubrir regalías excelentes que le pudieran sorprender muy pronto. No pude dejar de verlo delante de una mujer de bata larga, negra como alas de totí, moño recogido, sentada en un taburete de pobre, delante de sus tabacos, sus rones y sus yerbas prodigiosas entre piedras sagradas recogidas de los lugares santos. Le miré "montada", hablando con sus muertos y con los muertos del andaluz, hablando en lenguas, asegurando y preguntando con los ojos cerrados y al sevillano asintiendo o dudando, preguntándose "será posible". Liberal al fin - yo había estudiado profusamente el tema sincrético en Cuba y también alguna vez tuve que ver con mas de un santero - no pude dejar de pensar en que si hubiera sido Fedex el consultado la Maga Cubana le hubiera dicho, tal vez, que sus ascendientes le dejarían una gran fortuna relacionada con riquezas obtenidas en el cultivo del maíz desde tiempos ancestrales o en el ramo de las Impresoras. Aunque el charro, posiblemente, la miraría asombrado y se preguntaría "con el maíz?". De toda suerte la santería caribeña es otra arista mas de la Gran Duda, esta ocasión importada del Africa Subsahariana. Y la Fe es demasiado ecuménica. Todo vale, pues. Literalmente destruido ante la imagen de mi padre postrado en un canapé porque el cáncer de pulmón había hecho metástasis a una de sus vértebras me fui con mi Tío en busca de una de las más famosas Curanderas de Villa Clara. En verdad solo aspiraba a que la mujer lograra levantarlo, sentarlo quizás y que pudiera morir de pie. Pero, quién sabía?. La casa de campo de la Pitonisa estaba llena al amanecer y tuvimos que hacer una cola para poder acceder a la poltrona de la Maga de Placetas Sur. Antes de consultarnos tuvimos que depositar una cantidad discreta de dinero porque "sus santos necesitaban comprar las cosas con las que trabajaba". Nos recetó muchísimos remedios basados en plantas naturales y tras un reguero terminal de caracoles y de piedras sagradas sobre la mesa de trabajo me aseguró que mi padre no tenía cáncer. Conseguimos todo lo que recetó pocas horas después del regreso. La rebeldía sin concesiones de mi papá claudicó ante los dolores que casi lo mataban y obedeció como un niño impedido de jugar en el patio de su infancia, abriendo su boca y disponiendo su cuerpo para lo que fuera menester. No obstante el seguimiento del plan curandérico me fui a la ciudad de Morón en donde aseguraban una Curandera negra era diez veces más poderosa que la otra. También esta ocasión buscaba que alguien pudiera levantar a mi papá de la cama. La señora pensó que yo iba por un asunto de amores lastimados pero a pesar de la equivocación me dejé consultar y como en el otro caso seguimos al pie de la letra sus recomendaciones. Mi padre murió pocos días después. No se trata de un problema de fe: se trata de la Duda. Si todo "fue" posible pues todo "puede" ser posible. Ya lo he redicho, soy agnóstico y es verdad que existen personas con una rara capacidad para enjaular las cosas de la naturaleza y ponerlas al servicio del hombre. De dónde salió acaso la medicina moderna sino de los primeros yerberos del bosque y la sabana?. El andaluz estaba por la magia. Yo andaba por los jugos de la naturaleza. Los dos perdimos. El cáncer, todavía, no anda vestido de maromero. Y la santera de Placetas, oí decir, ahora consulta en una mansión de dos pisos en la ciudad. Porque parece que el dinero que necesitan los santos sobra.
Cuando estaba mirando la magnificiencia de la Sala de la Terminal Norte nos dimos cuenta de que estaba en hora. Así que nos despedimos con un apretón apresurado de manos, deseos de buen viaje y promesas de mantener el contacto. Fedex me recordó que no me asustara con los registros en ciertas paradas de la carretera a Reynosa pues se trataba de rondas de rutina que solo buscaban drogas y armas contrabandeadas y tenidas por los miembros de los varios Carteles que estaban operando en todo el territorio nacional. No tenía miedo pero estaba ciertamente preocupado.
Mientras esperaba la orden para subir al bus, recostado contra una pared encristalada, se me acercó un muchacho bajito y muy joven, aindiado, que parecía el Jefe de Turno. Me pidió quitarme la gorra. Caramba, pensé, parece que en este país olvidan que tienen peloteros en Grandes Ligas, qué diría Adrián González. Era la tercera ocasión y por cierto en locaciones muy diferentes. Obedecí sin chistar y solo dije "muy bien, hermano".
Era un bus Volvo de lujo, muy parecido a los que circulan por todas las carreteras de Chile. Como los asientos no estaban numerados opté por uno individual en la ventanilla Poniente. Coloqué mi bolso entre las rodillas y el espaldar del asiento -tambien personal - delantero y miré de soslayo a los pasajeros que viajaban al Norte este 14 de Junio del 2010 en tanto pensaba en las casi 15 horas que nos esperaban por delante, mas de la mitad de las cuales transcurrirían de noche.
Si es por mar en un buque de guerra. Si es por tierra en un tren militar.
Septiembre 3 del 2011.
Miami., North West, USA.
Luis Eme Glez.
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