Saturday, August 13, 2011

SONIDOS TRUNCOS DE RECAMARA. (24)._

El martes doce de Junio bajé la guardia en el penúltimo round de mi pelea contra las charras. Ojazos Michoacanos me había dado una lección sin posibilidades de "examen extraordinario"  y evidentemente ya no vendría por sus regalos ni por mi humilde persona. Chica Astro seguía haciendo el silencio de los corderos y calculé que mi pensamiento en relación con ella debía ser "una cosa es darte una mano con tu recámara y otra muy distinta es contactarte en mi ciudad". Me dolía sospechar que estaba pecando de iluso.  De modo que acepté mi derrota y de hecho consideré adelantar mi viaje a la Frontera. El gringo charro de los Mil Sindicatos era una persona excelente, un anfitrión de alcurnia y harto cumplidor pero sabía que no podría soportar la falta del inexistente y extrañamente agradable olor de mis ex chicas altiplánicas mientras vagaba en sus dos mil metros sobre el nivel del mar. Con Fedex vería y conocería la capital de México: con ellas la deglutiría a la altura de la lucha de contrarios.
Teníamos agua y luz de nuevo y cuando no me lastimaba el hambre veía documentales en la televisión y algunos extractos del Mundial de Fútbol. Esperaba la segunda llamada  de Fedex para el Tour del Sol.  El amigo de Fort Myers me había asegurado que llamaría "con tiempo" a una hora indicadaLlevaba mas de quince años en Estados Unidos y se jactaba de conocer todos los entramados de las entradas por la Frontera. Incluso había ayudado a ciertos cubanos durante sus esperas en territorio mexicano  y decía que muchas veces, durante sus viajes en el Gran Camión por la amplia Geografía norteamericana, los destinos incluían ciudades tejanas. Así que me pidió mucho cuidado durante el largo periplo hasta Reynosa, Tamaulipas,  y expresó que se pondría en contacto con una abogada de Inmigración en Miami para que le asesorara por si  había novedades de último minuto en relación con la entrada de cubanos acogidos a la Ley de Ajuste. Disciplinado y agradecido le dije que "estaba bien" y repitió que "dejara a esas mujeres y que saliera enseguida para el Río". Me eché a reír porque en verdad nunca había perdido las esperanzas de verlas. Rita Pavonne estaba equivocada: con las mujeres "siempre se sabe".
Sin embargo esta charla allende las fronteras me produjo cierto escozor. Tal vez la cosa práctica fuera muy diferente a la praxis teórica. Ahora estaba en Tierra Firme y era la hora de la verdad. Quizás una visa seismesina estampada en el Consulado Mexicano en Santiago de Chile no fuera un ábrete sésamo tan infalible y algo se les habría ocurrido a las autoridades migratorias charras para entorpecer el camino "seguro" de los cubanos hacia los Estados Unidos. Incluso llegué a pensar si no era preferible ponerme en contacto con la Señora Invitante para que hablara con el Mago de las Visas y aceptar el Plan de su "mujer" en Ciudad Juárez. En un final mil dólares y algo a cambio de un paso sin contratiempos era mas razonable que dejar la suerte al albur del futuro inmediato. No es que se tratara de que el miedo me hubiera asaltado. Mis planes elaborados con calma medida en Santiago de Chile no habían variado un ápice. Incluso la manera de trasladarme desde la ciudad americana en donde fuera "papeleado" hasta Fort Myers. Pero a veces una conversación extemporánea te puede poner a pensar, sobre todo cuando se está a punto de dar un paso irreversible. Una vienesa de estuche, un pedazo de pechuga de pollo "oloroso" y un refresco de guayaba que sabía a maguey tierno me curaron de espantos. Y si no adelanté mi viaje al Norte "franco" no fue por la posibilidad de perderme el Tour del Sol con Fedex sino porque decidí esperar esa conversación del amigo con la abogada en Miami. Como sería una plática "directa" tal vez ella tuviera variantes "favorables". Quedamos de nuevo en hablar a una hora determinada el miércoles trece de Junio.
Cecy estaba encantada de prestarme su teléfono de recámara para mis llamadas nacionales e internacionales. Me moría por escuchar el acento híperconocido de Ojazos y el ni siquiera imaginado de la Hembra del Espacio. Solo que hay antidichas signadas por el no absoluto. Cuando Cecy me dijo que el matrimonio que ocuparía mi recámara inicial posiblemente ya no llegaría le dije que estaba pensando adelantar mi viaje a la Frontera. Entonces te irás tan deprisa, expresó. Eso parece, chica. Pero su pronunciación de la palabra "entonces" fue exhalada como mismo lo hacía la Profesora Universitaria: sin la sílaba "en". Tengo que profundizar en ese aspecto linguístico de algunos mexicanos, me prometí. Tonces. Cómo lo diría la Mujer de los Congresos. Quien "debía" estar metida en los vericuetos del Tour conveniado a la Riviera.
Cuando fui a correr las cortinas de la ventana para desnudarme Cecy me tocó en la puerta. Teléfono, Luis. Caminé hacia su voz, sin ropa, pero recordé que tenía que ponerme, al menos, un short. Mientras ella tecleaba en su Laptop Fedex me participó que mañana pasaría temprano para seguir conociendo Ciudad de México. Ok, hermano, concedí.
Soy como el agua del río.




Agosto 13 del 2011.
Miami, North West, USA.
Luis Eme Glez.

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