Saturday, June 11, 2011

LEVANTANDO VUELO. (18)._

La Red estaba repleta de ofertas con recámaras "económicas" en el gran DF. Me comuniqué muy fácil con los anunciantes. Solo que algunas piezas estaban demasiado caras, otras acababan de rentarse, muchas se ubicaban lejos del Centro y en otros casos los dueños no podían esperar ni un minuto por alguien que estaba a miles de millas de sus residencias y cuya llegada era tan imprevista como la resurrección de Moctezuma.
Hasta que di con una mujer llamada Cecilia Domínguez. Le conté mi "caso" entre lloriqueos por el desespero y la necesidad suprema de que me diera una "manito", esperándome en caso de una posible tardanza. Respondió siempre como  si fuera una auténtica cubana. Directa, sin ambajes, amable y solidaria. Ven cuando quieras, te espero, tienes mi palabra, toca a mi puerta cuando llegues. Recuerdo que el us estaba a doce pesos mexicanos y fracción. El costo de su recámara andaba por los 250 us mes más 50 us de Depósito. Acequible para mi Presupuesto. Pago, le escribí. Te espero, respondió.
Entonces debí romper la magia de mi viaje sorpresa. Me comuniqué con la Chica de los Astros en el Estado Conurbado y le dije que volaba en dos días. Creo que no lo esperaba tan rápido e incluso supongo que ya no lo esperaba. De todas maneras ocultó cualquier estado emocional como si mi partida fuera una cosa tan rutinaria como asistir al smog matutino de la megalópolis. Le platiqué que necesitaba de ella con la premura de Pancho Villa en la Frontera. Dijo que estaba a mi disposición. Así que en las próximas veinticuatro horas telefoneó a Cecy Domínguez en mas de una ocasión, me dio la "paleteada" de que urgía  con la Dueña y me participó las características de la recámara en la Colonia Presidente Ejidares, al Sur medio del Centro Histórico. Agradecí su trabajo de Relacionadora Pública y quedamos en llamarnos para mi arribo. Saboreé sus platos con vegetales, compartí sus flores y sus perros de la calle y evoqué su compañía por los sitios capitalinos de que habíamos hablado en nuestras charlas MSN.
Sin embargo fueron horas muy ocupadas y no pude despedirme de algunas personas cuyos nombres estaban priorizados en mi Agenda. Digamos Míster Holguín, el Conserje del Condominio, que acababa de regresar de Cuba y tenía un hermano en Louisville, Kentucky. De Panchodrilo, un compañero de pega y uno de los buenos chilenos que tuve la suerte de conocer allí. De la "casi" periodista nortina, con la que tantas horas compartí entre broncas, requiebros, soles desbordados y bromas edulcoradas.  De la morena del  Sur profundo, de poto soberano y apellido de arrabal, que me decía "solo amigos" mientras sus dedos me quemaban los pectorales. De la chica especial con apellidos de pechos y colores, cuyos ojos casi se dislocan pidiéndome  una explicación "diferente" en tanto yo dejaba pasar el tiempo sin pagar mi deuda iconoclasta con la mujer "necesaria". Y algunos otros y tantas otras. Recuerdo que tampoco pude ir por casa de mi amigo Gallego y que cuando me telefoneó me dijo "caramba, Luiz, no puedo darte ni un duro, hoztiaz". Respondí diciendo "no jggjodaz, oombre, te llamaré al año y unos días de llegar a USA".
En la casa que estaba pegada al Oriente de la Fábrica vivía un matrimonio  con el que a veces compartíamos algunas charlas e incluso la señora me había guardado alimentos cuando mi Jefe estaba para su ciudad y me había quedado con ellos fuera de su refrigerador. Recuerdo que tenían un niño que lloraba con la furia de Mesalina cuando no había gente que matar y que alojaban a una parienta con sangre peruana de una belleza deslumbrante y primaveral. El marido tenía más de 230 libras y manejaba un taxi. Le pedí si podía llevarme al Aeropuerto poco después de la cinco de la tarde. Claro, poh, dijo.
Repleté mi gusano con las cosas necesarias. Pensaba pasar la Frontera con ellas y usarlas en Estados Unidos los primeros meses. Sin embargo todo podía perderse excepto las cartas de mi hermana y de mi madre, alguna música especial y dos o tres detallitos personales. Olvidaba decir que mi título universitario, mis Expedientes cubanos, los cuentos y los  poemas, así como algunas cosas personalísimas se habían quedado en casa de Piel de Angel para que me fueran enviados mas tarde. Porque eso sí que tampoco se podía extraviar. Piel me los enviaría poco después con la Señora Invitante.
Sobre las dos de la tarde abrí la computadora que "ya era" del hijo de mi Jefe. Mi amigo de Florida Central estaba conectado desde el camión en alguna autopista de USA. Le dije que volaba "ahorita". También lo estaba mi amigo de Miami. Le dije lo mismo. Creo que le pasé un mail a mi chica de Camuy en el que le decía "pasará algo importante en mi vida en las próximas horas, te mantendré informada" o algo similar. Con suerte deseada me despedí de mi Jefe y señora que tenían que salir al médico pues en los últimos días la nueva presión arterial disparada de él le estaba sorprendiendo con una extraña falta de aire casi permanente que no lo había sacado del trabajo pero que sí lo había puesto a usar el aparatico de oxigenación. Los despedí con dolor. Mi Jefe era un tipo supersano y ya saben el miedo que le tengo a esas enfermedades aparecidas de sopetón, sobre todo si involucran crisis pulmonares y cardíacas. El pequeño inca me despidió triste y salí a la Avenida Callejón Ovalle. Cuando toqué en la casa del Choferdonte estaba detrás de la puerta. Andando, dijo.
De ninguna manera acepté el vuelto que trató de darme el Gordo. No podía creer que alguien le estuviera dando veinte lucas por una carrera de unos minutos. Deshecho en agradecimientos me deseó buen viaje y feliz futuro. No recordaba nada del aeropuerto Antonio Merino casi diez años después. Las imágenes de la noticia me decían poco. Sabía que era uno de los Aeropuertos mas bellos del mundo. Entré. Sobre las siete de la noche estaba medianamente lleno. Me senté en una butaca en lo que pensé era el ala Poniente. En verdad todo el mobiliario refulgía y los soportes metálicos del techo parecían Líneas de Nazca reformadas. Las Tiendas de souvenirs eran hermosas y el orden y la disciplina hacían recordar que Chile estaba tratando por todos los medios de entrar a las Grandes Ligas de las Naciones Desarrolladas. Hice algunas preguntas de rutina para sentirme situado y después pasé por las ventanillas para los trámites del equipaje. Me quedé con una bolsa que contenía los regalos para mis amigas mexicanas y que sería mi equipaje de mano. No imaginaba el gran acierto que acababa de protagonizar. Recuerdo que en esa bolsa iban también mis objetos de afeitado porque mas tarde, cuando iba a pasar a las salas de espera, la chicharra sonó en los detectores de metales como si yo fuera a poner alguna bomba en Sausalito. Se trataba de mi tijera de ajustar cabellos y claro que me fue decomisada.
La Señora Invitante llegó una media hora antes del vuelo y pese a su estado conservacional no era la misma que me había esperado casi diez años antes en el mismo lugar. Su sonrisa tenía la melancolía de los almanaques y las comisuras de sus labios se negaban a dilatarse como si la juventud se exiliara definitivamente. Pero estaba regia aún y se movía por los pasillos como la Duquesa de Alba en los salones de la Plaza de Toros de Sevilla. Recordé los años que tuvo que esperar para poder devolverme aquellos dólares casi arrebatados en el aeropuerto en Marzo del 2001. Recordé su cuerpo invicto en la piscina de la Torre de Barrio Alto a donde me invitó a nadar  cuando yo convalecía de desempleo y su inspiración profunda cuando alabé la tersura de sus muslos y la simetría de sus pechos. Recordé aquella madrugada de fin de año en que por primera vez me quedé en su casa y mientras bajábamos Pisco puro no pudo soportar ciertas tentaciones que logré atajar a medias y luego debí tratar de restarles importancia en la mañana. Nos hicimos algunas fotos para el recuerdo y cuando mi bolsa se rompió ante tanto peso y nos fuimos a comprar una a la Tienda de souvenirs se empató con un cubano que trabajaba allí y que había sido su amigo en los buenos tiempos. El compatriota me regaló una bolsa promocional, hermosa y resistente.
Como en el pasado merendamos en un restaurant exquisito y recuerdo que completó el pago porque lo que yo tenía de moneda chilena no alcanzaba. En la mesa el barman nos hizo una foto excelente. Esta vez pude masticar porque mis dientes y molares dañados no andaban con el síndrome de la prótesis nueva. Le regalé mi celular Nokia y me dijo que nos separábamos por corto tiempo pues aunque el Gurú de las Visas no había hecho nada por su caso ya tenía una Carta de Invitación en la Embajada Norteamericana expedida por una amiga de su hija en Miami y que confiaba en obtener la visa de turista. Esperó a que me perdiera en la penúltima Sala antes de llegar a la de Espera de Vuelo y levantándose en la punta de los pies como una colegiala sonrió de limpias comisuras y quebró el aire con su mano derecha. Caramba, Señora.
Era una Sala de Espera ligeramente pequeña pero hermosa y profesional, con sus Tiendas de souvenirs y sus Galerías exclusivas. Me toqué la billetera y me dije "no es posible, chico compulsivo". Conversé de Cuba con un brasileño que viajaba a Buenos Aires y para el momento en que pensábamos atacar al fútbol los altavoces anunciaron la salida del vuelo. Me puse en la fila. No había tanta gente. Me pareció que se trataba de un avión muy pequeño por la inclinación a que nos obligó el paso por la puerta principal. Lo era. Mi asiento estaba en el lado que suponía Norte, pegado al pasillo. Pero una de las bellísimas aeromozas me permitió coger la ventanilla pues viajaría solo. El avión tenía dos hileras de asientos excelentes de dos butacas y un espacio mínimo central para apoyarse y colocar revistas u otros detalles. Era pequeño en verdad. Me parecía que me había metido en una botella con asientos. Lo pensé de Clase Ejecutiva. Debía estar equivocado por pensar que el viaje se daría en un súper Jumbo. Además, era un viaje muy corto.
De pronto comenzó a moverse y supe que tal vez me alejaba de Chile para siempre. Tal vez. No sentía lo mismo que cuando partí de Cuba pero era una sensación rara. De esas sensaciones que nos copan cuando uno no sabe realmente el paso que está dando y levita en una mezcla de alegrías e incertidumbres.
Santiago de Chile se acuesta entre montañas.




Junio 11 del 2011.
Miami North West, Usa.
Luis Eme Glez.

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