Saturday, April 9, 2011

UN PEDAZO DE LUZ EN EL CAMINO.(12)._

Poco después de las dos de la tarde de un sábado de Noviembre del año 2009 sonó mi teléfono celular. La Señora Invitante me pidió que me acomodara muy bien en el lugar donde estuviera porque me daría la mejor noticia que hubiera recibido jamás en mis casi diez años de residencia en Chile  y no deseaba me cayera y me golpeara por tanta alegría. Imaginaba de lo que se trataba pero como había quedado con la hija simulé desconocimiento.
Su ex esposo había regresado de Argentina hacía unos meses y se había encontrado casualmente con un antiguo amigo de los tiempos en que él era un empresario exitoso. El amigo comandaba una Agencia de Viajes en el Centro de Santiago con sucursal en el Poniente de la ciudad. Le comentó que le iba muy bien e incluso agregó que era capaz de conseguir pasajes de avión de manera sui géneris. Al ex esposo se le abrieron las entendederas maltrechas por su autoexilio mendocino. Le dijo que tenía dos problemas urgentes que resolver y que le parecía él era su hombre. "Su hombre" recordó que le debía algunos favores desde los buenos tiempos y expresó que estaba dispuesto a pagárselos si la solución pasaba por sus manos. "Está en tus manos", le dijo. De modo que se enteró de que la esposa del amigo necesitaba una visa americana para ir a visitar a su hija en Miami  y otra para un amigo cubano que llevaba diez años tratando de salir del Chile sin éxito. "Hecho, amigo. Para tu esposa no cuesta nada". "Necesito que me le hagas un precio al amigo cubano"."Puedes contar con eso".
A pesar de las magníficas relaciones chileno -norteamericanas que incluyen un publicitado Tratado de Libre Comercio todavía los chilenos pobres no pueden visitar Estados Unidos  y los que sí pueden hacerlo tienen que viajar con Visa. La Señora estaba viviendo la última fase de su caída económica y ahora no era en una Torre donde residía sino en una casa muy stándar de clase media baja en la Comuna de Nuñoa cuya propiedad era herencia familiar del ex esposo. Por tanto necesitaba "incrementar" sus récords para que la Embajada americana estampara el cuño en su Visa de turista. Hacía casi cuatro años que no veía a su hija porque para ella las sesiones de web cam eran una "falta de respeto humano" y un pésimo sucedáneo para tratar de suplir con voz e imagen la magia de la atmósfera corporal.
El precio para mí estaba en el rango de los 1250 us pagaderos en dos plazos sin incluir el boleto de avión. La Señora consideraba que el papeleo quedaría resuelto en un mes y fracción. "Cuándo puedo verlo", pregunté. "Altiro, si te está esperando en su oficina". Le dije que estaba saliendo ya y que le informaría al regreso. Como casi siempre que debía ir al Centro de Santiago me fui a pie por la Alameda. El invierno se marchaba y los árboles estaban verdes y flameaban con la brisa de fin de año. Caminaba contento. 1250 us era una bicoca. Suponiendo que el boleto costara 1000 us todavía me quedaba bastante dinero para todos los agregados pertinentes e incluso para llegar a los Estados Unidos con la billetera rebosante.
Subí los diez pisos por la escalera. Jamás tomo un elevador si tengo que hacerlo solo a menos que la distancia pase de quince plantas. En la sobria oficina había dos hombres de mediana edad, muy parecidos físicamente  y una chica que fungía de secretaria. Había dos puertas de doble batiente y detrás un espacio con herrería ligera que separaba al local del abismo sobre la calle. Me senté en una butaca gris en la sección del Jefe. La Señora le había ilustrado sobre mi vida excepto que yo no deseaba ir directamente a los Estados Unidos. "Por qué", me preguntó. Le expliqué que la Embajada estadounidense tenía mis récords en sus computadoras desde la época de mi entrevista en La Habana en el año 2000 más las cartas recientes a la sede de Santiago de Chile y que con solo mirarlos me negarían un visado de turista por muy solvente que me hicieran sus documentos. Los cubanos no regresan de Estados Unidos, le recordé, y ellos lo saben. Parece que la persona que le ayudaba a conseguir la Visa en la Embajada estaría unos o dos meses más antes de partir y él quería aprovechar la ocasión. Recalqué que lo sentía pero que tenía que resolverme la salida por México, de lo contrario no había nada que conversar. Finalmente me dijo que le "daba lo mismo" pues cada día hacía ese "trabajo" para muchas personas y que incluso su ex esposa cubana estaba en trámites y que, además, tenía una contacto chilena en alguna ciudad de la frontera que por un precio módico pasaba a sus enviados al otro lado.
Me pareció que se molestó cuando le dije que no andaba con la plata encima porque solo había venido para precisar detalles. Después de eso se explayó haciendo una apología de sus capacidades y posibilidades en relación con lo que era capaz de lograr en mas de una Embajada. Sin embargo no me dio la impresión de ser una persona bien informada sobre temas cubanos y me llevé la sensación de que había claudicado a favor de México por la promesa dada al amigo y quizás por explorar otro "mercado de visas". Me fui triste porque la historia no pintaba como me la había imaginado detrás de las palabras de la Señora Invitante. Tantas anécdotas de estafas y engaños en este Santiago nuestro de cada día. Una decisión apresurada podría echar por la borda casi cinco años de sacrificios sobrehumanos para conseguir ahorrar una plata que era mítica.  Caminaba entre la dicotomía del "lo tomo y me la juego" o  el "sigo esperando por el completo de mis dineros". Estaba en presencia del clásico chileno que te promete el Sol si le pides una linterna y que es capaz de asegurarte que tiene una nave espacial para arrendarte si le dices que la necesitas para invitar a una extraterrestre a un restorant famoso de Saturno. En presencia de alguien que puede hacer silencio si le reclamas un promesa incumplida y hacer que pierdas la razón. Solo que este señor era un recomendado de una familia chilena que había demostrado siempre que me estimaba. De modo que le dije que mañana le traería la primera parte que consistía en poco menos de la mitad del costo total. Podía ser en el equivalente de moneda nacional
Cuando regresé conversé con la Señora y pese a que le participé mis dudas y resquemores le dije que mañana cuando saliera del trabajo le llevaría la plata y que fuera lo que Dios quisiera. Me dijo que me estuviera tranquilo, que todo saldría muy bien  y que me deseaba buenas noches. Cuando mi amigo de Miami se conectó le dije que parara su gestión con el ex preso político porque acababa de aparecer una variante que parecía la mas idónea  y que en otra ocasión le pondría al tanto. Casi en la media noche mi amiga michoacana entró a la Red y me pasó dos o tres canciones del nuevo álbum de Juan Manuel Serrat a mi portal MSN así como le dio lectura a uno o dos cuentos  infantiles de un autor argentino. No me atreví a contarle de mi nuevo proyecto migratorio porque aparte de que no me iba a creer se me había pedido mantener secreto el asunto hasta donde me fuera posible.
Apenas dormí esa noche. No tanto por la emoción de tener amarrado algo fiable al fin sino por la duda. Solo de pensar en que podía perder mis esfuerzos de casi un quinquenio  dejaba de respirar. Cuando desperté continué en el mismo estado de incertidumbre. Trabajé como en éxtasis contemplativo  y para la hora del regreso había decidido que no entregaría mi plata y que continuaría con el Proyecto de la Plata Completada. Nadie me llamó hasta la media tarde del día siguiente.
En la alta noche mi alma se tuerce y se destroza.






Abril 9 del 2011.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.

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