A media tarde del día siguiente todavía estaba cavilando acerca del tema Visa México. Me dominaba el temor de perder la única gran oportunidad aparecida en casi una década. Estaba considerando mentir "impiadosamente" al Hombre solo para ganar un poco de tiempo y pensarlo mejor. En pocas palabras, no estaba seguro ahora de decir "no" al Plan. La Señora me telefoneó sobre las cuatro de la tarde, medio enojada porque yo no había llevado la plata como había prometido. Le detallé mis temores y me aseguró que estaba equivocado pues se trataba de un antiguo amigo de su ex esposo que solo le estaba pagando un favor. Dijo que el tipo estaba por llamarme pues le había dado mi teléfono y no me hizo caso cuando le pregunté que con qué permiso lo había hecho. Respondí que inventaría una excusa para poder analizarlo mejor.
El Agente de Viajes me llamó cuando estaba a punto de terminar mi turno de trabajo. No me explicaba este apuro suyo ni el de la Señora cuando se suponía que era yo quien debía estar mas interesado. Así que le expliqué que, desafortunadamente, se me había extraviado la billetera con la plata y el pasaporte y que vería si se me había quedado en la casa y en ese caso se la llevaba esa misma tarde. Dijo que me olvidara del pasaporte por ahora, que lo clave era el dinero para costear los trámites. Entonces le pregunté "qué pasa si se malogra la gestión". Respondió que no había ninguna posibilidad de que eso ocurriera y que de pasar siempre existía la oportunidad de insistir e incluso de tratar con la Vía Norteamericana. Dije que mi pregunta no buscaba esa respuesta. Comprendió. Por supuesto que te será devuelta la plata, aseguró. En realidad eso era lo que quería escuchar.
El ex esposo de la Señora le pidió "por favor no insistas si él no quiere" cuando hablabamos por teléfono. Esa noche tomé la decisión. Me la iba a jugar. El Hombre tenía una oficina legal, acreditada y siempre habría la posibilidad de no perderlo de vista. Además, me estaba tratando "bien" al no pedirme toda la plata de un tirón. Parecía un acuerdo profesional y no podía pasarme la vida sospechando de que en todas partes había pirañas en celo tratando de dejarme en los puros huesos. De modo que al otro día cuando me llamó para conocer si "habían aparecido mis documentos" le dije que "afortunadamente" estaban en el forro de la manga de mi parca y que esa misma tarde pasaría por su búnker de Santiago Centro. "Qué bueno", expresó. Le entregué una bolsa de nylon con la cantidad exacta en moneda nacional. No quiso contarla y se echó a reír cuando se lo pedí. "Eres de confianza", pensó. Me di cuenta que trabajaba con unos files que decían Canadá y recordé a la gran Colonia Chilena que reside allí desde los acontecimientos de Septiembre del 1973. Me dijo que trataría de agilizar los trámites y que me llamaría ante cualquier novedad y que era necesario que nos mantuviéramos en contacto. Pensé que estaría en el Distrito Federal para la Navidad del año 2009. "Capaz", calculó. Charlamos un poco acerca de mis odisea santiaguina, de su ayudante que era su hermano, de la otra Oficina en donde trabajaba una chica que estaba embarazada de casi nueve meses, de su ex esposa cubana a la que tramitaba también vía México y de la posibilidad de que su Contacto en la ciudad de la Frontera me esperara para ayudarme a pasar. No creía necesitar tal ayuda pues yo era un cubano listo para acogerme a la Ley de Ajuste, además de que viajaría con un pasaporte visado.
Le dije a mi Jefe y a los dos peruanos que trabajaban en la Fábrica en lo que me había metido y todos se contentaron pues sabían de mi lucha por conseguir un visado norteamericano. "Deseo que te vayas mañana mismo pero te voy a extrañar mucho y si alguna vez quieres regresar aquí estará tu plaza esperando por ti", dijo mi Jefe. Fuera del cubano del Condominio y mis dos amigos de Miami nadie sabía lo que estábamos planeando. Eliminé al 95 por ciento de mis contactos de Internet por sugerencias del Hombre sin dar explicaciones pues calculaba que en el futuro las iba a recuperar cuando aclarara los motivos que me habían llevado a ello. Dentro del cinco por ciento restante estaba mi amiga michoacana residente en el DF y otra charra con la que había tenido montones de diatribas valóricas y que vivía en una ciudad conurbada con la capital en otro Estado y por la que sentía especial predilección pese a su negativa a aparecer en cámara ni a dejar escuchar su voz. Se trataba de chicas inteligentes y maduras, sobre los cuarenta años, a las que deseaba conocer alguna vez y que sabían que mi proyecto supremo estaba por encima de cualquier otro a estas alturas de mi vida. Evidentemente si necesitaba de sus opiniones o de alguna ayuda que no incluyera plata o refugio temporal las pensaba ocupar.
A partir de entonces mi vida no varió para nada. Trabajo, trabajo y trabajo. Ahorro, ahorro y ahorro. Hambre, hambre y hambre. Soledad, soledad y soledad. Porque los sacrificios extremos se realizan o se detienen. Me preguntaba cómo andarían mis defensas en un cuerpo rematadamente mal alimentado y con una historia macabra de limitaciones de estómago aumentadas por una extraña predisposición al paladar frugal y selectivo. Sin embargo no creí que el destino me fuera a jugar una mala pasada después de tanto nadar en una mar embravecida.
Una semana después el Hombre Agencia me llamó. Necesitaba un poco mas de efectivo pues se le había presentado una variante que no siempre se exigía en la Embajada mexicana. Le pedí la cifra. "Te la llevo esta tarde". Tenía todo el dinero en casa, distribuido en diferentes lugares, de modo que no había necesidad de ir al Banco. Cuando llegué estaba para "la Embajada canadiense" y lo esperé. Ocurre que entre la documentación exigida para visar un pasaporte estaba la reservación de un Hotel en el DF y un pre pasaje de vuelo. Y eso había que pagarlo cash aunque se tratara de por cientos mínimos como garantía y veracidad. Esta vez tampoco quiso contar la bolsa de nylon que le entregué. Le había dado poco más de dos tercios del costo total. Para ese entonces estaba relajado y en verdad no pensaba en malas acciones de su parte. Algo me mantenía ready y vegetaba en una especie sublime de espera incorpórea. Sonreí al pensar que ya podía competir con éxito en la Marathon de lo Jamasllegado en cualquiera Olimpiada de la Calma Medida. Mi vida había transcurrido siempre entre esperas prolongadísimas. Por qué iba a ser la excepción ahora. En un final los grandes hombres chilenos del pasado tambien habían tenido que bregar mucho para lograr la independencia de España y hasta necesitaron de una paleteada de San Martín en los pastizales de Chacabuco para redondear su propósito.Yo necesitaba la independencia de Chile y deseaba pensar que el ex esposo de la Señora Invitante era mi clon de José de San Martín y que el Gurú de las Visas era mi O' Higgings criollo.
Tuve que aceptar que en Diciembre no fue posible tener listos los papeles. Tampoco los de la Señora. A finales de Enero cada contacto telefónico se limitaba a "estamos casi listos, es cuestión de días Luchito, te llamaré más ratito, no tengo turno para la entrevista en la Embajada". Mi calma y la espera "incorpórea" se fueron finiquitando. Estaba cansado de repetirle que en las Embajadas no se sacan turnos para solicitar una visa de turista, que uno llega, pregunta, hace la cola y lo atienden. El no le creía así. Cada vez que iba a explotar me callaba. La Señora, su ex esposo, la hija de Miami y el hermano en Santiago estaban que echaban chispas con el amigo del padre y comenzaron a exigirle rapidez o de lo contrario que me devolviera la plata como se había quedado. El solo ripostaba conque tuviéramos paciencia que eso llevaba tiempo y gestiones y que estaba seguro volaría cuando menos lo pensara. Dije a la Señora que trataran de resolver el affaire ellos que eran sus amigos y los que me habían metido en las patas de tal caballo, que si perdía mi dinero muchas cabezas iban a caer en el asfalto de la Alameda porque ya estaba tan cansado que no me importaba ni siquiera morir. Estaba al borde de cometer una locura y a un ápice de sentirme estafado. Mi actitud no agradó mucho a la Señora y antes de comunicar a su hija en Miami mi estado de desespero me llamó "alaraco" y casi le mando al carajo y hasta le corté el teléfono. Cuando reanudamos la comunicación le expliqué que no tenía nada contra ellos sino que quería que su familia me recuperara la plata y asunto concluido. Por qué soy un "alaraco", le pregunté. La escuché sonreír. Porque te desesperas muy pronto y pierdes las esperanzas, dijo. Algo así como "nuestro" pájaro de mal aguero, pensé. Entonces envió a su hijo a la Oficina. Y luego me aseguraría que el muchacho lo amenazó con represalias si no devolvía el dinero "del cubano". Pero el Hombre de la Agencia no hacía caso y solo insistía en que estaba "trabajando" y que esperáramos "noticias" muy pronto. La hija me imelió desde Miami para decirme "que no tratara mal a su mamá y que si era tan guapo que lo demostrara".Respondí con una sarta de ironías entre las cuales aseguraba que tenía lo "que hay" que tener para sacarle la cresta al amigo de su papá.
Cuando me la pasaba desvelado pensando en la postura que asumiría con respecto a lo que ya consideraba una estafa maestra llegó el 27 de Febrero y su madrugada maldita. El Gran Terremoto iba a parar toda gestión durante algunas semanas y ante tanta destrucción nacional y tanto dolor por tanta pérdida humana y daños materiales decidí hacer silencio y esperar a que las aguas retomaran su nivel. Consideraba que estaba vivo de milagro y que todo lo demás era secundario.
Sin embargo para el Hombre de la Agencia de viajes el nefasto Terremoto solo fue el evento catastrófico que todos los chilenos estaban esperando desde hacía más de diez años. El siguió trabajando en mi Caso como si la Escala de Mercalli fuera otro de los documentos requeridos para conformar mi Expediente. Pero yo sospechaba que no lo hacía. No podía explicarme cómo una persona se "cagaba" por tan poca plata y cometía la locura de arriesgar su vida al burlarse un un extranjero "medio loco".
Un sábado después del almuerzo le telefoneé. "Voy para tu oficina ahora mismo y si no me devuelves el dinero escoge el arma con la que quieres pelear porque te mato o me matas". Antes de que pudiera responder colgué. Pero sabía que me rellamaría. Lo hizo para decirme que me calmara, que su Agencia era una entidad muy seria desde hacía muchos años, que todos confiaban en él y que fuera el lunes para que yo mismo viera lo adelantado que estaba mi Caso y que tenía que hacerme dos fotos nada mas y que yo tenía razón y que podría ir yo mismo a la Embajada sin citas previas. Era lo que esperaba al menos. Prometí ir por su trabajo el lunes después de las seis de la tarde pero le recordé que mi posición se mantenía intacta.
Imaginaba que todo mi dinero estaría "invertido" en los "papeles" o en "otros" papeles que tenían prioridad sobre los míos y que me había colocado en una cola de esperantes y que por eso me daba largas. La Señora me había dicho que su familia había investigado "mejor" al antiguo amigo de su ex y que en verdad era una persona que podía resolver la Visa mexicana pero que trabajaba con mucha calma y no quedaba otra que esperar so pena de arrebatarse y sacarle la chucha. Y que por su parte estaba decidida a buscar otras opciones para viajar a Miami a pesar de que su ex le había asegurado que el Agente de Viajes tenía en su poder plata suya para las gestiones y que tampoco quería devolver porque "resolvería" el asunto. Por lo demás, ya estaban viendo otros contactos.
Una noche la Señora de la casa me llamó a la cocina comedor. Los Dueños le habían pedido la Residencia y teníamos que irnos cuanto antes. Ella estaba comenzando a empacar y a buscar otro lugar para rentar. Después me enteraría que fui el último en saberlo y me maravillé ante la ironía de que se podía repetir el affaire de la Casa de Nuñoa en el año 2005. Sin embargo ahora tenía trabajo y suficiente efectivo como para rentar otra pieza y también tenía la esperanza de que los chilenos y peruanos que vivían con nosotros "protestaran" y demoraran la partida aunque solo fuera para que pasara el tiempo y me llegaran los papeles salvadores.
Solo que las personas que vivían en este Residencial eran disciplinados y me enteré de que muchos ya se habían ido y otros estaban listos para hacerlo. Sin embargo lo mas importante para mí era visitar al Señor de las Visas Extrañas en su oficina el próximo lunes y me preparé para eso.
Aunque una de las chicas chat web cam que había venido a visitarme a Santiago el año anterior me dijo que no podía hacerlo estas vacaciones por motivos personales igual solicité las últimas tres semanas de Marzo a mi Jefe y me dispuse a esperar con calma, descansando, la ruleta de los acontecimientos. Para entonces la casa de la playa de Poetisa Irreverente no estaba disponible. Hacía unos meses me había confirmado la información de Chilentino. Estaba saliendo con alguien porque "eres como el perro del hortelano, y además no tomas nada en serio y estás obsecionado con los gringos". La chica extranjera vendría para ayudarme a pasar en limpio los poemas y cuentos que ojalá hayan leído porque son los que están en este Blogg y por tanto se quedarían de momento en sus carillas amateurs.
El lunes debí esperar al Hombre Agencia porque estaba para "la Embajada del Canadá". Por suerte llegó rápido, antes del oscurecer. Recuerdo que subí en el elevador porque alguien me acompañó y que temblaba ante la posibilidad de una mínima réplica sísmica. Por lo demás las paredes estaban agrietadas y algunos albañiles trataban de repellarlas pero los trabajadores de la Oficina se mofaban de los terremotos como hacíamos los caribeños tras el paso de un huracán grado 10. Eso no me calmó, por supuesto.
Ven para qué veas, dijo el Hombre.
Déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que me calle con el silencio tuyo.
Abril 10 del 2011.
Miami, USA.
Luis Eme Glez.
No comments:
Post a Comment