Durante casi ocho años la Señora Invitante y su hija - desde la capital de Chile y desde la capital del Sol - habían tratado de encontrar alguna manera de sacarme de Chile. No fue posible jamás. Por un solo motivo: no había plata. Incluso la Contacto Latina había sugerido la posibilidad de resolver mi problema por menos dinero si yo me comprometía a pagar el resto mas adelante. Como esta idea me fue informada vía la Señora Invitante y como no quería contraer deudas futuras pues no le hice caso. No tenía mas alternativa que seguir ahorrando para poder pagar los costos de una vez y partir limpio de inquietudes financieras.
La hija había salido con visa de turista en el año 2004 como acompañante de algún familiar pero las cosas le habían ido demasiado complicadas y atrapada entre el desespero por la soledad y la indiferencia de quienes prometieron encaminarla optó por regresar a los pocos meses. Recuerdo que me enojé mucho ante tal decisión pero me aseguró que lo intentaría de nuevo muy pronto y que esta vez el destino no sería Nueva York sino Miami. Así que una mañana del 2005 la despedí en una cafetería de los altos de Alameda con Santa Rosa en Santiago Centro con la promesa de mantener el contacto y seguir oteando maneras de "expulsarme" del Cono Sur. Envié unas pocas cartas a familiares y amigos no sin antes pedirle que por nada del mundo hablara con nadie de mi "caso" y mucho menos "opinara" de sus comportamientos pasados. Además, le di los teléfonos de mis primos que estaban trabajando en una Empresa Importadora, Distribuidora y Exportadora de Flores para que los llamara y vieran que posibilidades había de conseguirle un trabajo de apertura. La chilena me desobedeció. Después que le dijeron que por ahora no había nada pero que le prometían estar al tanto de alguna plaza disponible en el futuro, realizó una buena cantidad de llamadas con el fin de retar a mi "gente" por no haber hecho nada "jamás" por sacarme de los Estados Unidos. Entre otras cosas mi "gente" le respondió que hacer eso no era "así como así". Finalmente se encontró con dos compatriotas hombres, arrendaron un apartamento en el Noreste de Miami y comenzó a trabajar en una parrillada argentina tan lejos de su casa que tenía que coger dos ómnibus para poder llegar.
La variante novedosa que se barajaba para sacarme de Chile ahora tenía ribetes comerciales. Era un negocio. La chica austral había ahorrado 5000 dólares a sangre y fuego y fuera de eso apenas tenía nada material en los Estados Unidos. Los ponía a mi disposición si yo podía pagar el pasaje y la estancia en México y prometía "casarme" con ella para poder legalizarse después. Yo podía hacer eso y además, conocía muy bien los tejemanejes del asunto. Se trataba de una ganancia doble. Ella estaba condenada a la indocumentación eterna y yo al exilio sin términos en un país donde no quería estar. Ocurría que muchos cubanos de Miami pedían cifras desorbitantes por hacer "el favor", para no hablar de ciudadanos norteamericanos. Aclaraban que el negocio era "peligroso" desde el punto de vista legal pues las autoridades sabían de qué se trataba y sometían a las "parejas" a interrogatorios tan exhaustivos que podían incluir las intimidades más comprometedoras y un solo fallo en los careos podía provocar desde multas descomunales hasta deportaciones y pérdidas de derechos legales. Las cifras rondaban los 12 000 us por "boda" conveniada. Y ella esperaba que yo, el gran "amigo" de su familia, aceptara estas condiciones "especiales".
No tuve que pensarlo. Además, para los momentos del careo no tendríamos dificultades. La conocía desde el 2001, la había visto madurar, había montones de fotos de "prueba", conocíamos perfectamente a nuestras familias, los discos duros de nuestras PC estaban compactos de imágenes, mails, adorables PPS y hasta podíamos "mostrar" hermosas charlas íntimas guardadas en las memoria fabulosas de nuestras computadoras. En Noviembre del año 2008 comenzamos a preparar mi salida.
El Gobierno norteamericano considera que todos los cubanos, por vivir en un país comunista enemigo de los Estados Unidos, tienen derechos únicos sobre los ciudadanos del resto del mundo. Es así que existe una pujante comunidad cubana en el Sur de la Florida y que muchos llaman a Miami no solo la Pequeña Habana sino la "segunda" ciudad de Cuba. Incluso dicen de la Florida que es la "séptima provincia". Durante mas de cincuenta años cada cubano que arribó a las costas estadounidenses fue recibibo como "escapado" del "comunismo castrista", como alguien que ha ganado la "libertad" y fue documentado con toda premura para que pudiera insertarse en la vida norteamericana en el plazo mas breve posible. No es menos cierto que eventos migratorios han desplazado algunos acápites de tal prioridad para cubanos emigrantes. Hoy mismo los cubanos solo son aceptados si pueden "tocar" suelo americano y demuestran que sus pies están "secos". De lo contrario son deportados a la isla con un manojo de información para que apliquen a través de los tantos programas que tiene el Gobierno norteamericano para los que aspiran a vivir en la nación. Este handicap se viene solventando con la Lotería de Visas y el mayor flujo de reclamaciones a familiares cubanos desde los Estados Unidos. Pasar las fronteras de Canadá y México es también una de las aceptaciones de la Ley de Ajuste Cubano. Es una acción ilegal "legalizada" y se sabe que poder "demostrar" que se es cubano en los pasos fronterizos significa la presentación de un visado "especial". Traspasar fronteras internacionales, a pesar de las leyes salvadoras, y casarse con una persona indocumentada es un acto detestable para los ciudadanos cubanos bien nacidos. Pero a veces no queda mas remedio que aplicar la "ley" kafkiana que dice "estoy condenado a muerte, eso quiere decir que estoy condenado a luchar hasta la muerte". Por eso algunos cubanos pedimos perdón en ciertas geografías añoradas.
En Marzo del 2009 tenía mas de treinta "amigas" de todo el mundo a través de la magia de Internet. Dos de ellas habían venido a Santiago para conocerme. Tenía acceso a casi todas mediante la cámara web, había escuchado sus voces y hasta fui presentado a sus familias. Algunas sabían de mis deseos de emigrar a los Estados Unidos vía México. Mis cuatro amigas mexicanas conocían de este plan y hasta donde les fue posible "platicaron" conmigo acerca de rutas de ómnibus, taxis de "sitio", costos de alojamientos en el DF o Monterrey e incluso de la idiosincracia del mexicano promedio. Recuerdo que inmediatamente después que se cayó mi salida por falta de casch en Miami le pedí a una de las charras que vivía en una ciudad importante de la costa del Golfo que me "invitara" a México y yo corría con cada uno de los gastos incluido el de la Carta de Invitación (1). La chica se fue al Departamento de Extranjería solo para escuchar que enviar una Carta de Invitación costaba una pequeña fortuna e incluía depositar una fianza de 30 000 pesos mexicanos para el caso de que el invitado se quedara a residir en el país. Además, durante la estancia, la Policía controlaría muy bien la fecha de regreso. Todas estas condiciones podían pasar y tener solución pero la mujer me dijo que lo sentía ya que temía enfrentar cualquier problema legal sobre todo porque yo no solo me quedaría en el país después de vencida la visa sino que continuaría a la frontera norte. Entendí su postura, agradecí la gestión y claudiqué.
Una de las chicas mexicanas vivía en el Df, era Profesora Universitaria, estaba separada y tenía dos chicos que vivían con ella. Profesional de las Humanidades había hecho, además, algunas cosas para la Televisión Educativa. Nos considerábamos colegas y pasábamos horas enteras en web cam hablando de todo, compartiendo poemas, leyendo textos, debatiendo la situación sociopolítica mexicana y universal e intercambiando PPS de marca registrada. Para Marzo del 2009 estaba convaleciendo de una operación en la planta del pie y calculaba visitar España el próximo verano. Habíamos fastidiado mucho con la posibilidad de conocernos y la "manera" en que "tenían" que ocurrir ciertas cosas para ese instante. Recuerdo que tenía una casa de verano en las afueras del DF - Tecamac - y que yo hacía increibles juegos de palabras con el nombre de la localidad. Era una mujer hermosa, inteligente y evidentemente de vuelta de todo. El factor Humanidades nos había vinculado mucho. Le dije que pensaba estar en México en la segunda semana de Abril y aunque usábamos palabras en clave al estilo de "y como marcha el affaire" me dijo "aquí nos veremos".
Nuestro Contacto era la Señora Latinoamericana. Como en la otra ocasión nos aseguró que en cuatro días tendría mi pasaporte visado tras el arribo del dinero. Mis propiedades no tenían mucho valor pero realicé un catastro de ellas y conseguimos hasta un comprador que se quedaría con todo. La fecha de la salida estaba calculada para la segunda semana de Abril y un amigo de mi futura "esposa" me esperaría en el Df para ayudarme a conseguir una "recámara" barata e indicarme como seguir a la frontera. En realidad disponía de algún efectivo que me iba a permitir estar unos días en la capital de México recorriendo algunos de sus lugares emblemáticos en compañía de mi colega michoacana, así como asistiendo a alguna de sus presentaciones corales.
Pero dos días antes de la llegada del dinero mi "pre esposa" me dice, desde su Cam, que tiene una "mala noticia " para mí. Su abogado le había contado que los cubanos recién llegados necesitaban un año y un día de carreras legales antes de poder aplicar para su Residencia Definitiva aún cuando desde el primer minuto de su arribo estuvieran legales y con permiso de trabajo. Le dije que eso era un tema descartado porque todo el mundo lo sabía y siempre pensé estuviera en su agenda para conmigo. Dijo algo incoherente para dejar sentado que "lo lamentaba pero que no estaba en condiciones de esperar tanto tiempo". Wao, pensé. Agregó que vería cómo conseguir el resto del dinero y tratar de encontrar "otro" esposo que cobrara menos de la regla y me prometió que con su madre seguirían insistiendo por todos los medios acerca de mi caso. Finalizó expresando que se moría de verguenza por sus promesas fallidas y repitió que lo lamentaba tanto que no podía expresarlo con palabras. Solo atiné a decir "tranquila" y "colgué" la sesión de web cam.
La madre - que esta vez fue quien "explicó" a la Contacto - me diría semanas después que lo que había pasado en realidad fue que su hija no había podido completar la plata y que, además, un grave problema familiar le había obligado a desviar parte de ella para solucionarlo. Les conozco muy bien y preferí quedarme con la primera versión. De modo que informé a la intelectual del Df el resto de la verdad y me dejó entrever que yo era un mentiroso al que difícilmente se podía tomar en serio. A partir de entonces nuestras charlas fueron menos intimistas y se hicieron metafísicas y barrocas y caímos en algunas discusiones sin sentido. Solo juré que se trataba de la verdad y que sin dudas alguna vez llegaría a la capital de México para seguir rumbo a la frontera. Qué obseción con "la verdad", reconocí.
Me sentí como si un mazazo neandertálico acabara de aplastarme. Me preguntaba qué mal había hecho yo en el pasado o en mi anterior reencarnación para ser castigado con tanta crueldad. De todas los cubanos que había conocido solamente quedábamos dos en Santiago de Chile y todos se habían ido por vías similares a las que tendría que utilizar yo cuando la plata se completara.
A mediados de ese año eché un vistazo a mis cuentas y a mi pobre cuerpo lastimado y tan diferente de aquel manojo de fibras sin grasa que ostentaba en el ayer reciente. Era un tipo con vientre flácido y a punto de mostarse prominente, de hombros casi caídos y con la frente amplia tras la pérdida del cabello. Cuando percibí que la caspa apenas me dejaba peinarme no me quedó otra solución que volver a usar el maravilloso champú anticaspa Head and Shoulder so pena de parecer un luchador de sumo japonés en cualquier instante. Mis dientes inferiores perfectos comenzaron a aflojarse y cuando logré mirar su reverso estaban agujereados y con un fondo tan negro como ala de cuervo y una diminuta bolita que se había quedado en el sector derecho de mi frente tras un golpe con uno de los laterales de la puerta de entrada de mi pieza se había convertido en una especie de quiste del tamaño de un chícharo. Era un verdadero etcétera en el alero del medio siglo. Sin embargo mis cuentas casi que me "daban". Otro empujón y podría volar por mis propios medios. Tendría que pedirle un poco mas de sacrificio a mi cuerpo derrotado pero no vencido y prolongar algunos estadios más la huelga de hambre que no había podido matarme a pesar de todas sus calaveras, tantáculos y guadañas. Una mañana me levanté dispuesto a no dejarme morir. Adquirí tres tarros más del champú genial, jabones anticaspa, dentríficos anticaries y me llegué al dentista para que me hiciera una prótesis parcial inferior de urgencia y cuando trató de convencerme de que le permitiera atacar a mis muelas le dije que el tema de mi boca era cuestión del Gobierno Americano y sus políticas de Madicaid.
En Octubre le dije al amigo de la "Colecta" que me faltaba muy poco para completar el dinero necesario para salir de Chile. Se quedó maravillado y aseguró que hablaría con el ex preso político y entre los dos verían cómo me ayudaban a cerrar el caso para que no tuviera que esperar más. Este ex preso era la única persona que siempre le había dicho que podía contar con él para cuando necesitara su parte. Le pedí esperar unos días porque tenía que contactar al otro amigo de Fort Myers para recordarle su promesa de usar su dinero quedado y guardado para mí a raíz del asunto Cáncer Terminal. De nuevo estaba en la senda de la esperanza y me parecía que esta vez sí llegaría al final del camino si no moría antes por inanición, desespero, dolor y cuanta cosa mala cubre al hombre cuando se queda sin alternativas.
Cuando me despedí del amigo de Miami la chilena se conectó desde su MSN. Me pidió Cam. Era muy tarde pero siempre me acostaba casi en la madrugada. No digas nada a mi mamá, pero te tenemos la última y ahora sí que te vienes a los Estados Unidos, me dijo sin saludarme. Cómo así, inquirí. Tranquilo, webón, ella te llamará.
Nunca supe por qué me levanté con otros bríos y me fui a trabajar como si este día marcara el inicio de la cuenta regresiva definitiva. A la entrada del Metro había dos palomas desocasionales y sonreí porque Paloma es 24 en la Charada Nuestra y 24 es mi número favorito. Una de ellas levantó el vuelo y alcancé a rozarle el ala izquierda. Buen augurio, me pregunté.
Residencia en la Tierra.
(1). Wea Castillo.
Residencia en la Tierra.
(1). Wea Castillo.
Abril 9 del 2011.
Miami, EE.UU..
Luis Eme Glez.
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