Thursday, March 24, 2011

Sonata digital._



                                      … y el Club de Londres dice que…


Mientras bajaba por la escalerilla el piloto lo vio. Caminaba con pasos largos hacia la gran puerta trasera del avión de carga. Pasó sin detenerse a saludarlo y se paró con porte marcial al fondo de la nave. El piloto lo siguió y cuando estaba a tres metros el hombre dijo “hola”.
_ Abrela- pidió.
El piloto pulsó un botón del Remoto y la puerta gris se levantó. Sobre el soporte con ruedas parecía un raro ataúd de metal bajando hacia el asfalto de Cerrillos.
_ La cadena de remolque estará en Pichilemo cuando llegues.
_ Bien.
_ Tendrás que reabastecerte en Bahía Inglesa.
_ Lo sé.
La camioneta Ford maniobró hasta ponerse en el lugar justo. El hombre le entregó un cheque.
_ Sobran doscientos cuarenta mil. Son para el Hogar de Cristo. Está estipulado.
_Correcto.
_ Espero te acompañe la suerte con el Sunami.
_ El Quino y un Sunami tienen la rara virtud de la sorpresa.
_ Serás un héroe.
_ Ojalá.
_ Confío proveerte con combustible nuclear para la próxima aventura.
_ Me gusta esta nave capaz de camalonear su estilo.
_ Eso esperaba. Nuestros hombres de Talcahuano no tienen nada que envidiar a los mejores astilleros del mundo.
_ No es una aventura. Se trata de un trabajo más.
_ Es una manera de decir. Indiana Jones hacía trabajos.
_ Hasta después. Nos fuimos- le dijo al chofer.
A la altura de Talagante el avión de carga les planeó como si fuera a aterrizar en algún potrero de ladera. Bajó en picada hasta doscientos metros y les tiró una bengala verde. Vía libre- gritó.
_ No creas que está loco. He oído decir que fue el piloto que entrenó a las dos mujeres que dieron la vuelta al mundo en avioneta.
_ No creo que los acróbatas aéreos sean unos tarados.
_ Qué son?.
_ Acróbatas.
El chofer desenvolvió un chíclet de mango. Le extendió otro.
_ No- dijo.
_ Es de tabaco cubano.
_ Dame. Ese no se me pega en el cielo de la boca. Cuál es el misterio con los  Diessel?.
_ Qué misterio?.
_ Los cambios en la Ruta.
_ Solo los imbéciles afirman que no son supersticiosos.
_ Nunca me sentí tan orgulloso de serlo.
_ Sé que dudas.
_ Dime.
_ Petróleo Texaco hasta Bahía Inglesa, Brent Special hasta Iquique, Indonesio hasta Arica. Nada más.
_ Y ese gas boliviano?.
_ Un capricho.
_ Entonces dime quién fue el proveedor.
_ No me cobres favores.
_ No lo hago.
_ Un originario de Araucanía. Te sirve?.
_ Lo dudo.
_ Ves?.
_ Si el Indio apenas acaba de tomar el Poder.
_ Evo tiene el Poder desde que lo decidió hace años.
_ A ese paso contribuirás a que cambie su Orden de Marcha Militar.
_ Para nada. Espero que siga ordenando “de frente tierra”, pero tengo un ápice de tolerancia.
_ Son palabras demasiado técnicas para un pobre cazador de sunamis oníricos.
_ Tengo mis secretos profesionales. Ahora, bájate.
Estacionó en la grama derecha y pasó la mano por delante para abrir la puerta.
_ Qué haces?.
_ Bájate.
Recogió la cadena de remolque en la caleta norte de la playa y por la noche el barco cisterna le repletó de combustible Texaco. Zarpó en la madrugada del Pacífico. A media mañana se comunicó con el Centro Independiente de Detección de Desastres en un glaciar de Islandia.
_ Llegarás a tiempo.
_ Desconozco que pasó ayer con el Chelsea.
_ Ganó.
_ Mis saludos a Abramovich.
_ No creo te ceda algunos de sus yates. Hay sol por ahí?.
_ Lobos marinos.
_ Okey.
El Ejecutivo de Marketing le contestó por la tarde.
_ Decidimos interrumpir la primera transmisión para anunciarte en vivo en medio del Apocalipsis.
_ Me parece bien. Cómo va el Candidato?.
_ Insiste en que la Intervención Oficial le escamoteará el triunfo.
_ Hablando de “insistencias”, insiste con el nombre del Nuevo Canal?.
_ Correcto. Sensacionalismo Humanista.
_ Dios mío.
_ Algún lobo marino por ahí.
_ No, mucho sol.
_ Qué bueno.
Cansado de las cápsulas que fabricaba la sucursal de la NASA en el Valle de la Luna escupió la última por estribor y vio al objeto flotando. “No soy cosmonauta”, decidió. La Cosa oscura se dirigía hacia el barco haciendo pequeñas y alargadas ondas que le ocultaban a medias. Cuando la gran ola la estrelló contra la proa y observó el vientre blanco y la cola sin aleta supo de qué se trataba.
_ Es un delfín muerto camino de la playa- dijeron desde la sección Biología del Valle de la Luna.
_ Pínchalo con algunos arponazos para que no se infle demasiado y llegue estudiable a la costa_-agregaron desde el Glaciar Islandés.
El delfín se volteó sospechosamente y nadó paralelo al barco sin hacer ondas. El hombre se dio cuenta que tenía una diminuta aleta en la cola como si fuera un minisubmarino. Lo informó al Glaciar.
_ Le diste los arponazos?
_ No le entraron.
_ Espera que de vuelta al barco y se ponga por el otro lado. Insiste con los pinchazos.
_ No pueden decir “babor” y “estribor”?.
_ Harto complicado en ruso. Llamaremos nosotros ahora.
El gran pez se adelantó y dobló en la proa. Nadó en arco y él pudo leer los grafemas en el dorso de la piel.
_ Qué dicen?- preguntó la voz desde Islandia.
_ San Diego Vladivostok Century XXI.
_ Deja que se aleje ahora. Arponéalo.
Los arpones no horadaron la caparazón del pez.
_ Se trata de un ONSI.
_ Buena denominación, muchacho. Así se quedará. Tradúcelo para la posteridad.
_ No soy tan presumido pero aquí lo tienen. Objeto Nadador Sí Identificado.
_ Mira la punta del arpón.
El lo hizo.
_ Qué te parece?.
_ Desconozco. Quizás algún tipo de cristal?.
_ Cristal de Plutón.
_ Me siento como un extraño conejillo de Indias. Un placebo a la deriva.
_ De eso nada. Eres un Gran Huemul de la Patagonia y estamos orgullosos de ti.
“Encargo” de la NASA o del Complejo Militar Industrial, se preguntó.
El aditamento de las marinas  rusoricanas nadó unos trescientos metros al norte y enrumbó mar adentro con un salto descomunal que produjo una ola presunámica. Miró la paleta de surfing pero ajustó la travesía. En hora de horizonte no había sol ni lobos marinos.
La próxima tarde arribaría al paralelo de Bahia Inglesa, de modo que puso el piloto automático y se tendió en el piso de la popa. La tentación de la empanada con pino especial le destrozó las vísceras. Debía de cenar pastillas cosmonáuticas tras consumir mas de cinco empanadas. La dieta que se había comprometido llevar no podía ser violada y él lo sabía. Sabía más incluso. No podía engañar a los patrocinadores. Las cápsulas le producían una hartera artificial aún mas deprimente que los efectos  en el organismo de Amstrong. Pero él era chileno y en un mundo de reglas no sería el primero en violarlas. Ni con arpones con puntas de Plutón. Se dijo que no debía soñar esa noche en el Pacífico porque estaba siendo un hombre diferente y solo los hombres ordinarios soñaban en cualquier latitud. Además, no tenía padres ni hermanos conocidos y la gente buena de los tiempos del Orfelinato habían tomado derroteros independientes dejando posibles reencuentros en los portafolios del azar. Tampoco tenía polola porque compremeterse con una mujer a la altura de una vida entregada al experimento y a la aventura motivada extrema no estaba en su agenda. Solo se compremetía con su flujo hormonal y ellas lo sabían. La mujer comprometida también con los flujos de su praxis que habitaba en alguna  ignota geografía de las Islas no era capaz de vencerlo todavía en el ring de las energías conveniadas. Sin embargo los misterios insondables del cerebro le hacían inclinarse a medias ante la posibilidad del sueño.
Contra estribor los golpes tambaleaban al barco. Abrió los ojos. Una lluvia de sol inundaba la mañana. Se paró. Miró al agua esmeralda y al oleaje tranquilo. El y su barco eran solo un punto sin valor a la altura de Bahía Inglesa. Se imaginó en una pantalla de cine viéndose desde una toma aérea. Como esas casi perfectas de Travels and Living sobre Curazao. Otro pez gigante, parecido al delfín mecánico, contorcionaba abajo. Tenía ojos con brillo amanecido y tenía cola inerme en delta y por algún lugar de su lomo emergía una  línea moribunda de líquido postrero. Sabía que ahora no tenía que pedir opinión a ninguna de las Bases que controlaban su viaje. Pero llamó a Santiago.
_ La remolco hasta Bahía?.
_ No lo creemos. Déjala bogar para que termine el viaje sola. Estaremos allí.
_ Podría estar herida por los japoneses?.
_ Está muriendo. Además, Fujimori está detenido y Green Peace muy activa.
De todas formas esperó por cada vuelta y por cada movimiento de la ballena gigante. No tenía letreros en su piel. No tenía que arponearla con puntas de cristal de Plutón. Una ballena desorientada en alta mar. Un gran cetáceo anciano buscando la costa como destino final. La otra cara de la vida. Aceleró y la dejó atrás, muriendo en cada golpe  de ola camino de la playa. Faltaban pocas horas para entrar a la caleta por el Brent de alto octanaje y volvió al piloto automático. Entonces soñó vencido ante la tiranía del cerebro. Con alguien descomprometida en los páramos de las Islas. Se vio machihembrando hormonas verdes.
Desde el embarcadero vio a la gente de Green Peace esperando a la ballena. Lanzaron una bengala roja para agradecerle el aviso. Ripostó con un prolongado silbido cetácico mientras le llenaban su nave con Diessel Brent.
_ Acaso no mancharás estas aguas sagradas con tu piel humana?- el viejo bencinero señaló la larga quietud de las aguas con el mentón-. Tan cálidas como las del Caribe, tan azules, tan femeninas, tan tranquilas.
_ Al regreso, Viejo.
_ Yo violaría alguna regla.
_ Entonces hazlo, amigo.
El paparazzi de posibles sunamis se mordió la boca y se pasó la mano por la frente alisando el cabello. “La Serena y Bahía Inglesa, hermano, si pudiera acompañarte, coño, violaríamos las reglas", decía la voz del amigo desde el apartamento en Providencia. “Ahí estaríamos como Allá”, agregaba desde la piscina de Lavín. “Cojones, acere, cómo extraño el agua mi madre, soy un hombre de los hielos cálidos y serenos”, repetía desde algún balcón de Costanera mirando al Mapocho. “Por qué no le darían la visa”, se preguntó.
_ Ni tan siquiera vas a dormir en tierra, hombre?- el viejo habló sin esperanzas de ser oído por alguien que hacía del ensimismamiento casi una coartada.
_ No.
_ Te cruzaste con Mobystar?.
El hombre no se volvió. Parecía que el amigo isleño no era el único rey del juego de palabras.
_ Ella se cruzó?.
_ Viejo, voy para alta mar. Como el Capitán Melville.
_ Good Boy_ dijo el Viejo.
_ Bad Old.
Navegó paralelo a las playas y cuando supo que estaba sobre aguas profundas miró hacia atrás. Apenas quedaba luz pero aún pudo ver a la gente saliendo del agua. Sabía que otros entrarían al filo de la noche y que él no podía violar las reglas. Las reglas del trabajo que no las del juego. En el camino de Asia el sol era una media naranja incendiada en la ruta de América Occidental y se dispuso para ver una puesta auténtica. La insultante limpidez del cielo allá no impidió la irrupción de la nube improvisa y cuando pasó ya no había sol ni horizonte. Solo el incendio apagado del crepúsculo real. “Igual le pasó en la colina de Papudo, una nube inoportuna cuando se desvirgaba del Océano Pacífico”, recordó.
Desde el Departamento Alimenticio del Valle de la Luna le dijeron que esta noche podía obviar las cápsulas espaciales y cenar pescado frito con aceite de soja. Pero no tenía hambre. Ni sueño. Así que navegó timón en mano hasta el amanecer cuando pescó dos caballas criollas y las desayunó con galletas de soda Mac Kay y un par de cervezas Austral. En la ruta de Iquique solo dos mercantes con bandera panameña y matrícula de Vancouver alteraron la monotonía de su bitácora. Ahora la caseta del bencinero estaba sola y debió despacharse. “Dice que en Estados Unidos todo el mundo paga y se despacha solo”, pensó. En la pared sur había un afiche almanaque con una mujer desnuda de espaldas y al palpar los bellos tenues del fondo de su columna vertebral pensó en la chica descomprometida de las Islas. “Así es mejor, porque estoy pensando solo en el caribeño del Proyecto South Bay Jr. y no quiero oír después acere que volá con mikey”. Despegó el póster con mucho cuidado, lo enrolló y partió con él. Le dejó un rublo, un euro y un dólar al bencinero ausente. Enseguida regresó para dejar quinientos cincuenta y tres pesos nacionales. Y una nota. “Por lo bellos del fondo de la espalda”.
El barco navegaba bien en alta mar pero hacía un ruido similar al que haría un Ford T prendido con un cranque. Y a veces saltaba como si alguna ola agregada lo lanzara hacia arriba. No podía comunicarse con la Base de Islandia porque no había turno de satélite hasta medio día. Desayunó una cápsula, puso el piloto automático y se subió al techo. Nada le decían los prismáticos de alta fidelidad. Una mar intensamente azul, apenas viento, poco oleaje y quizás la sombra difusa bien arriba de alguna bandada de aves migratorias. Solo él y el piélago infinito a la espera del tiempo y de la predicción del sunami norteño. Bajó y hojeó la revista española Muy Interesante y leyó algo acerca de clonaciones sudcoreanas.
El reloj sonó para advertirle que era hora de satélite.
_ Tranquilo grumete, ni el petróleo del Oriente Medio es puro.
_ No me importa el sonido sino los cabezazos.
_ Siempre estarás bajo la línea del Ecuador. Puede estarse formando ya.
_ Creo que perdí un nudo.
_ Ilusiones "núdicas", amigo. Navegas igual. Quieres que te hable de la Globalización?.
_ Deja eso para el mulato de Barinas, para el gallego del Caimán y para el aymara del Poncho. Para los que no pueden globalizarse.
_ Ese carburante indonesio llegó al país como agregado a pago de vinos de Elqui por una empresa de la India. Casi fue una promoción.
_ Mejor háblame de los Acuerdos de Libre Comercio. Con quién nos falta “acordar”?.
_ Es lo que hago, hombre. Estaba en el Puerto, lo obtuvimos de regalo y está bautizado. Además……
_ …es una superstición sunámica.
_ Tú lo has dicho, hermano. Buen viaje.
“Así habla Lachy Cornejo, caramba, será que se pega”. “Así no habla la mujer de las Islas”."No es un pensamiento espontáneo pero tengo que pensar en ambos".
Escaló otra vez el techo y se llevó el póster de la mujer de los bellos oro al fondo de la espalda. Se sentó contra uno de los mástiles y puso los pies en las esquinas delanteras del afiche. Con las manos sujetaba las otras. Los prismáticos noruegos estaban al lado y la mujer era una verdadera ensoñación al centro del Océano. Los bellos tenues comenzaban en la antepenúltima vértebra y bajaban abriéndose sobre la parte alta de las nalgas y se detenían en el medio de la carne rosa. Parecían las alas de un albatro joven planeando en un abismo. Bajó con sus dedos del medio por el centro de la espalda perfecta y los abrió donde se bifurcaban las alas del albatros dorado. Sus dedos no podían abrirse lo suficiente y se ayudó con los de la otra mano. De pronto abrió las palmas y se vio acariciando los glúteos con su carne transpirada. La mujer posaba de cuerpo entero sobre nada, rodeada de nadas.Solo la figura escultural de espaldas y una madeja de hilo color peluza de choclo acariciando sus homóplatos. “Diría que es la misma si pudiera voltearla”, pensó._ “Lástima que no exista la menor marca más allá de esos vellos”. Entonces se llevó la mano a los genitales porque estaba erecto y comenzó el masaje de preliminares. Pero levantó la cabeza. La cabeza donde había un par de ojos almendrados. Y vio algo que sobresalía de las aguas y algo que sobresalía de lo que sobresalía de las aguas. El Capitán de barco y el Conejillo mataron al ser varón y tomaron los prismáticos. Aceleró con carburante indonesio y esta vez el barco no cabeceó. Lo que salía del agua tenía algo levantado que ondeaba y parecía rojo. El último acelerón al Evinrude Volga casi le aplasta. El no podía creerlo. Le lanzó la escalerilla. No decía nada. Solo miraba, embelezada, el horrible levantamiento a la izquierda de su short.
_ Siéntate- dijo él, señalando una estera en la popa.
_ Te ibas a masturbar?- respondió la muchacha, sin sentarse.
El sabía que estaba erecto pero ocultar erecciones y desnudeces en cualquier escenario no era parte de su estilo.
_ Me iba a “pasturbar”. No tengo preguntas, así que habla.
Ella se sentó.
_ Hasta que no pierdas la erección.
_ Lo que será difícil. Miraba un póster desnudo de espaldas y lo manoseaba. Ahora “miroseo” un póster vestido, de frente.
_ A lo mejor no es un pene.
El se bajó el short de un tironazo y el instrumento saludó al  espacio vital.
_ A lo mejor tiene un lunar en la base.
Se vistió y miró el reloj. Había tiempo de satélite. Pidió novedades a las tres Bases. La respuesta fue negativa.
_ Déjame tocarte de todas formas.
_ Solo soy una mujer haciendo dedo en el mar con rumbo a Arica.
Le tocó la nariz. Cuando ella se dio cuenta ya él la había pellizcado.
_ El sol me lastimó la piel- dijo.
_ Demasiado fina para ser piel humana…Oye…
La mujer se frotaba la punta de la nariz con la yema del dedo.
_ Que?.
_ No serás una mujer delfina, una mujer ballena, una chicaroide?.
La chica se rió. Se estiró el buzo rojo y se quitó las zapatillas. Cuando le dio la espalda él vio que la pequeña polera se metía debajo del buzo y no se salió cuano ella se inclinó sobre la borda para vomitar. Estaba padeciendo el Síndrome de la Espalda Bella.
_ Nada especial- dijo, cuando terminó-. Es el cambio de ambiente.
_ Eso pasa. Quieres comer algo?.
_ Le preguntas al perro que si quiere amo. Qué tienes?.
_ Nada a estas alturas. Solo cápsulas de cosmonauta.
_ Dame dos o tres.
_ Lo dices como si las hubieras probado.
_ Lo digo como si eso.
_ Dónde fue?.
_ Ese el problema de los exhibicionistas. Hablan mucho.
El hombre subió al techo mientras se iba bajando el short. Sin volverse le lanzó dos cápsulas.
“Lindo trasero”, se dijo la mujer al recogerlas. Subió tras él.
_ No me dijiste que tenía que hablar?.
_ Eres una mujer náufraga y debo cumplir el protocolo. Te quedas en el primer pueblo de mi mapa.
La mujer estaba detrás y él miraba otra vez al norte con sus prismáticos. No había volteado el póster. La mujer se desnudó y pasó a su lado caminando de espaldas. Se recostó en la veranda.
_ No te enojes. La diferencia es que yo hablo poco.
El hombre enfocó los prismáticos al oeste y al moverse se sentó sobre el trasero del afiche. La mujer se vistió.
_ Seré muy breve- dijo.
El hombre se volteó porque no pudo evitar la tentación de ver la piel inhumana de aquel cuerpo. Además, pensaba pedirle que se diera vuelta aunque solo fuera para deleitarse en la comparación. Pero la tropezó como mismo se había subido al barco. Las Bases no daban importancia, al parecer, al nuevo pasajero.
_ Qué sabes del par de Concursos en las puntas de Chile?. Te pregunto para no perder tiempo.
_ Qué tengo que saber?. Y dispongo de todo el tiempo del mundo si el tiempo mundial se midiera por lo que necesito para llegar a Arica.
Cuando ella le contó él supo que habían conseguido el patrocinio y lo que parecía un sueño imposible se había convertido en farándula cara. Por tanto la Empresa croata había completado las platas. Las Candidatas estarían en ambos extremos del país listas para competir por las categorías de Mujer de Sol y Mujer de Hielo. La Empresa corría con todos los gastos si las postulantes podían llegar por su cuenta a las sedes. Se trataba de una variante de Miss Chile que no andaría en las pasarelas de la gran ciudad. Ganar el Concurso equivalía a posar desnuda sobre el témpano mas alto de la Antártida chilena y sobre el histórico Morro de Arica. Para demostrar dos cosas. Que la próxima glaciación no rebasaría el tumulo helado ni el próximo sunami desbordaría el montículo pétreo.
_ Todos los transportes están sobre aviso. Tenemos que llegar haciendo dedo.
_ Por qué elegiste el Sol?.
_ Mi madre es puertorriqueña.
El hombre lamentó que su amigo caribeño no comandara alguna expedición antártica para reportar la Glaciación. Tal vez alguien con piel extraterrestre hiciera dedo en las inmediaciones de Puerto Month. Todos esperaban el gran sunami pero solo la Base del Glaciar dominaba la fecha exacta. Ahora bien, la noticia de la Ultima Glaciación sí lo había dejado botado en la altiplanicie de la duda. Para los más avezados científicos esa posibilidad estaba tan lejana que las cifras eran megadesconocidas. Y la capa de ozono apenas comenzaba a lastimarse. Por lo demás, que siguiera viviendo la competencia.
_ Dicen que es una ilusión de Tonka y sus intereses en los Balcanes. Seremos gobernados por personeros democráticos pero estamos bajo la garra del Rey Dólar.
Era una frase demasiado bella para ser pronunciada por alguien con piel indefinida.
_ No creo que el cobre vaya a bajar de improviso.
_ Ni yo.
_ Por qué crees que llegarás a tiempo?.
_ No lo creo. Solo que lo espero. Eres el único que me tendió la mano sin tratar de cobrar favores.
“El único que le dio botella”. El cazador de sunamis posibles sabía que no solo no llegaría a tiempo sino que no llegaría a ninguna parte fuera de las aguas. Y si estaba tan empeñada tenía que ser sincero.
_ Antes pensé dejarte en el próximo pueblo por rabia. Ahora lo haré porque admiro tu vocación y por tu bien.
_ No dices que vas para Arica?.
_ Voy para el mar que está frente a Arica. Que no es lo mismo.
_ No me interesa cual es tu misterio. Pero allí, en ese “frente,” sabré que hacer.
_ Cuando diga “hasta aquí” no puedes importunarme ni molestarme porque estoy trabajando. Okey?.
_ Sea, Capitán.
Entonces escuchó como viajó con toda la suerte del mundo hasta donde la dejó una carreta cargada de estiércol tirada por llamas a la orden de un anciano aymara que la despidió como si fuera un japonés del período Meiji. Con la mochila llena de alimentos a la espalda no paró y siguió caminando sobre la infinita sinfonía de los dedos. Un camión del Ejército la recogió en la insolación del desierto pero cuando el chofer casi se desbarranca tratando de mirar sus pechos dijo que se quedaba ahí mismo porque no podía pasar de cierta cantidad de kilómetros si viajaba en vehículos militares. Le enseñó una agenda y le dijo que era su programa hoja de ruta y el hombre dijo que la única hoja de ruta que conocía era la inventada por los poderosos de la Tierra para tratar de organizar a los palestinos e israelíes y le preguntó si era judía o musulmana. Ella respondió que era cristiana y empezó a llorar. El militar le permitió bajar pero le dijo que lo hacía en memoria de los Héroes de Antuco y por la Vieja Guardia de los Héroes Antárticos pero que esperaba no llegara a donde iba y si lo hacía que fuera con más trabajo y esfuerzo que en un parto de trillizos, sin matrona y con espasmo vaginal. Fue una maldición vespertina y a partir de ese instante no pasó un solo vehículo o persona hacia el norte como no fuera un anciano y una mujer joven en un sidecar despavorido y nada mas eran espejismos y sombras chinescas bajo un sol endemoniado de interperie y una carretera relampagueando como si soportara un corto circuito interminable. Al amanecer, tras el sueño involuntario de la noche, tres serpientes altiplánicas se comían los restos de la mochila y amenazaban con devorarla desde sus fauces abiertas. Expandió la boca para gritar y aunque no salió grito alguno los bichos se fueron con la cola entre la arena haciendo un ruido de silbido en cementerio y ella bajó a la costa para que el agua la limpiara de tantas impurezas y de tanto sudor irresistible. A media tarde llegó exhausta a una colina de rala vegetación y espinos enanos y vio el mar en el abismo sin ruta.No había camino de bajada y en el triángulo de arena que nacía en el vórtice de sus pies solo habitaba un fantasmagórico imperio de soledad blanca cubierta por intermitentes microbios como libélulas borrachas. Caminó al norte buscando un plano inclinado para la suerte de sus pies. La noche la sorprendió muerta de sed y juguete del cansancio, con la boca reseca y sin orine en la vejiga. Solo supo que se dejó caer sobre algo duro donde cabía perfectamente y que el sueño la venció. Amaneció en el límite exacto donde las aguas llegaban a la arena y se retiraban con ímpetus milenarios. El límite exacto era su cintura y al momento del despertar el agua se marchaba dejando en su vagina toda la arena del empuje y sobre el ombligo la espuma del esfuerzo. Intentó desarenarse mientras regresaba el oleaje y solo consiguió un extraño éxtasis granulado que mató el próximo relincho del mar. Cuando se paró miró al objeto en el que habia resbalado. Se trataba de una puerta de cabaña que halaba a un salvavidas y a una pequeña bandera con asta de cacho de karibú. Mientras chupaba sus labios secos en la añoranza del agua por entre el martirio de la sed sintió deslizarse un hilo cálido entre sus muslos y se abrió para recoger en sus manos calcinadas el resto del orine y tomarlo con pasión de semita castigada en los espejismos del Sahara. El orine sabía a piel de serpiente y no se fue de su paladar hasta que pudo capturar los dos cangrejos y descuartizarlos bajo la insoportable inclemencia de un sol que amenazaba con duplicar su furia. Cuando avistó el barco se había recuperado y acababa de comerse una gaviota insomne que intentó descansar sobre el mástil de la bandera.
El Capitán la miró. Le parecía que ella acababa de leerle algún capítulo extraído de las mejores páginas del Boom latinoamericano. Le tendió la mano.
_ Vamos- le pidió a manera de orden.
_ A dónde?.
_ A la cama.
_ Tengo la vagina en carne viva y llena de caracoles y de conchas.
_ Aparte de que no eres fácil.
_ Aparte de eso, por supuesto.
_ Tienes un hombre en pelotas detrás de tu frente.
_ Y tú tienes a una mujer desnuda mucho más cerca.
_ Vamos a la cama.
_ Tienes agua dulce?.
_ Buena pregunta, Dios mío. Dónde diablos crees que estás, mujer?. De todas formas la endulzarías con tu estancia.
Ella le alcanzó el buzo y la polera por la rendija de la puerta del camarote.
_ No los exprimas y tiéndelos con caderas y mangas hacia abajo.
_ Dame el colalé y el sostén y no fastidies.
_ No uso sostén y el colalé está adherido a los labios menores.
_ Sujetados a las conchas y a los caracoles, no?.
_ Correcto. No ironices, por favor.
_ Hay mas toallas en la tercera gaveta.
_ Bien.
La puerta del camarote cerraba  herméticamente y no dejaba pasar el sonido del agua desprendida de la ducha. Comenzó a conformarse con la música salada de la mar mientras era rota por la quilla. Recordaba la belleza de la imagen en el cine cuando la toma era frontal. El Titanic avanzando contra la pesadilla de los témpanos. Las nuevas fragatas del Ejército Patrio estrangulando la rada de Valpo. La Esmeralda contoneando su gloria en las olas templadas. Miró desde la veranda sin apoyarse sobre la ropa de la mujer. Aún el póster descansaba la magia de su encanto en el piso de formaica.
Entonces le llamó la Base del Glaciar. Al amanecer tenía que bajar el ancla sperelástica y técnicamente infinita en el paralelo que le dieron y convertir el yate en una nave cerrada. En el compartimento secreto estaba la megacámara con el superobjetivo dispuesto para que filmara todo el entramado del sunami y no perdiera de vista a una mujer desnuda que estaría sobre el Morro desafiando a los cuatro jinetes del apocalipsis a que llegaran a su altura. En caso de que conociera la noticia sensacionalista y absurda divulgada por un grupúsculo irresponsable de Katmandú relacionada con un deshielo escatológico en la Antártida con ínfulas de glaciación agorera que lo olvidara porque solo se trataba de un contrabando de hielo saudita para congelar carne de camellos muertos en las travesías de la Ruta del Dátil. Y un detalle final. Esperar la orden definitiva manteniendo una vigilia permanente desde la media noche.
La Central del Valle de la Luna le informó que de momento no habían percibido ningún cambio telúrico en la zona colimada pero esperaban se produjera con exactitud cronométrica. El Nuevo canal del Candidato abriría diez minutos antes y calculaba transmitir el ruido inicial del quebrantamiento de la tierra submarina y el oleaje siguiente bajo un slogan que diría “la naturaleza puede más que la soberbia de los hombres y de la MUJER”.
Siempre que fue a decir algo sobre la mujer que traía a bordo del otro lado ordenaban “cambio y fuera”. Pensaba era una orden muda para que nada lo distrajera.
La muchacha salió enredada en una gran toalla con motivos tahitianos que le cubría la mitad de los pechos y se barría en el piso. Traía el colalé en una de sus manos y el pelo recogido en un moño al estilo de las walkirias del nieto de Picasso.
_ Te vas a ahogar_-dijo el Capitán, alcanzando el colalé.
_ No. Usé una crema que decía “refrescante” y la felpa es bien suave. Exprímelo si quieres.
Cuando retornó del cordel veranda fue a decir algo pero ella le interrumpió para entregarle una bolsita plástica y retener otra.
_ Esta es para ti y espero no tener que decirte de qué se trata.
_ Acaso es tu manera de decirme que has compartido tu concha o que la compartirás luego?.
_ Pensé que te importaría"compartir" ese recuerdo.
_ Bueno, está bien. “Ironiza”, por favor.
_ No estaré lista hasta después del sunami, lo sé. Verás como la tengo.
_ Escucha muy bien ahora.
_ No puedo apretar nada con las manos, mi boca hiede a pellejo de serpiente y tengo algo encajado en el hollo. Haz de verlo.
_ A qué hora debes estar para la competencia?.
_ A cualquier hora siempre que no haya nadie sobre el Morro.
_ Mira, estamos a la altura de la ciudad y me queda poco tiempo. Así que intentaré ponerte allí en dos horas, cuando estés aliviada. Partiremos en una…a menos que haya alguien sobre el Morro y en ese caso veré qué hago.
_ Admito que me asombraste con tu lindo instrumento pero no me digas que tus ojos llegarán hasta allá.
_ En una hora.
El hombre bajó y ella le siguió caminando con las piernas abiertas. El entró al camarote y ella se sentó, desnuda, en una de las sillas plegables de la banda de babor. Levantó las rodillas y apoyó los pies en las barras laterales de las silla. El traía un teleobjetivo negro y se quedó pasmado.
_ Agáchate- dijo la mujer- y mira.
El óvalo de las ingles estaba amoratado como si una marca de res acabara de estigmatizarla y a punto de sangrar en la zona del perineo.
_ Toca los labios mayores suavemente para que sientas.
Apenas había dermis y siempre ella se quejaba con el contacto de sus yemas en las llagas.
_ No me frotes los menores porque no podría soportarlo. Están en carne viva, tanto como el corazón de Rapahel. Creo que el botón está intacto pero mete el dedo con cuidado porque algo me molesta en la base de mi rosa. Con cuidado, porfa.
_ Soy camarógrafo.
_ Solo quiero que veas por qué no puedo y que me ayudes.
El dedo del medio alcanzó algo nacarado bien al fondo y pudo extraerlo entre los quejidos de dolor. Era una pequeña perla quebrada con vetas café.
_ Oh, qué alivio. Quédatela.
Sin decir nada, insensible, él la vertió en “su” bolsa.
_ Me levantaré un poco. Mira a ver qué tengo en la base superior del chico.
Enseguida lo vio. Lo extrajo con relativa facilidad. Como sacar una espina.
_ Un fósil de plancton.
_ Es tuyo también.
_ Búscate un ginearqueólogo. Ponte la toalla.
_ No. Si tuvieras algún atomizador cauterizante.
El sabía que lo tenía y lo buscó.
_ Gracias. Atomízame toda y te prometo que en el tiempo que me diste estaré lista para la travesía.
El hombre se arrodilló a sus pies y comenzó a rociarla hasta que ella se tapó los ojos.
_ Es inocuo. Deben estar dañados igual.
_ Por qué sabes tanto?.
_ No adjetives el saber. Sé lo necesario y a veces me quedo corto.
_ Déjame aquí y espera.
_ Date vuelta.
_ No, en Arica solo piden modelar de frente porque así hay que enfrentar al cataclismo.
_ Cincuenta minutos.
Sin nada que hacer como vigía hasta recibir la orden de la Base bajó al compartimiento de tevé. Todos los canales públicos y privados tenían sus enviados especiales en la Antártida pero, como siempre, interrumpían para pasar sus comerciales. Los canales de Cable, el Universo de los 500 Canales y emisoras de bajo costo se contactaban con la zona de los hielos cada media hora y solo citaban la posible hecatombre helada como noticia de tercer orden. Pero los canales católicos trabajaban a tiempo completo con sus especialistas apocalípticos que advertían de sus muchos mensajes históricos y de las tantas señales recibidas en los tiempos del Fin. La interferencia para las plantas emisoras de otras congregaciones era total pero él tenía un acceso especial para captar Al Jassira. No poseía radio porque la radio en los tiempos de hoy era un artefacto  de categoría zeta, algo así como las pelucas de la Corte Francesa  en el Siglo de las Verdaderas Luces. En el sur remoto la calma era insultante a la espera del fin del mundo. Las tomas presentaban a los pinguinos besándose en los fiordos , a los albatros planeando en la espera de la próxima picada perfecta y las cámaras del fondo marino mostraban a las grandes migraciones de krills desesperadas delante de los depredadores. Todos ignorantes de lo que aseguraban algunos hombres se les vendría encima en las próximas horas. Y mucho hielo y mucha luz falsa y demasiado iceberg gigante y la calma oprimente desde el imperio de la nada. Las estaciones internacionales antárticas- según Al Jassira- hacían su vida de rutina buscando los enigmas del hielo.
Dejó la sintonía de la planta de Qatar y de EWTM porque faltaban siete minutos. Subió .
_ Cómo va eso- preguntó.
_ Búscame las cosas.
La ropa estaba seca y él no se atrevió a ofrecerle nada de hombre.
_ Quedan seis minutos, miraré al Morro.
Ella lo miró, en ascuas, incrédula, mientras se vestía.
_ Con una cámara de alta fidelidad.
La gran cámara parecía un catalejo de pirata pero era mas corta. La enfocó como si fuera a tocar una flauta mágica con un ojo. Y hasta jugó con sus dedos pulsando los huecos de las notas. Dorremi cielo. Fasola mar. Si Morro. Dorremifasolasi sunami.
_ Sube- llamó.
Pero ella estaba detrás. Vestida y con el pelo suelto.
_ Voltéate- pidió.
_ A veces pienso que eres instructor de baile- respondió, haciéndolo.
_ Mi madre no es boricua.
La polera estaba metida bajo el buzo.
_ Observa.
Había una mujer desnuda enfrentando Occidente sobre el Morro de Arica.
_ La conoces?- dijo.
_ Me tocó perder.
_ Y ahora?.
_ Si apenas puedo caminar o hablar, igual llévame contigo.
_ No puedo moverme de aquí por nada del mundo.
_ Por qué no acabas de compartirme tus misterios?.
_ Ven.
La obligó a tenderse en la silla plegable, la atomizó de nuevo y la besó en las rótulas.
_ Si te mueves o dices algo te anestecio hasta que acabe.
_ Me consideras un simple vegetal sin cubierta, eh?. Hasta que “termines” qué?.
_ El trabajo.
_ No vuelvas a besarme nada.
_ Estás hablando y moviéndote.
_ Sabes que te odio?.
_ Te dije que no adjetivaras el saber- se puso un dedo sobre la boca y bajó a la sala técnica.
En la Base del Glaciar esperaban su contacto de urgencia. Así que no dijeron “cambio”. Dijeron que era inofensiva pero que tenía cierta experiencia artística nacida de su participación en un Reality con guanacos y tortugas pascuenses, que además era muy bonita y garbosa y que la Empresa del Candidato, habida cuenta de que no había podido llegar a Arica con tiempo, aceptaba que le hiciera pareja en pantalla para el momento en que se abriera la transmisión. Podía contarle la verdad y que si querían reírse un poco que sintonizaran Al Jassira. Que si lo estimaba podía tratar de seducirla. “Si supieran como tiene las entrepiernas y  toda esa parte del cuello hacia arriba tan parecida a una jalea rosa translúcida”.
Cuando ella escuchó la historia dijo que aceptaba, encantada, el cambio de mujer desnuda sobre Morro a conductora vestida desde Yate, qué era una variante del Concurso que no le desmerecía. Agregó que la última lluvia atomizante la aliviaba con sanación casi mágica y que solo tenía una rara antisensación en la cúspide del clítoris.
_ Tus últimas frases parecen más “humanas”.
_ Estás diciendo la verdad cierta.
_ Veamos la cadena de Ozama.
_ Bueno.
 Pero ella se quedó en medio de la escalera de bajada al camarote y tenía la mano metida entre las piernas. Buscaba algo con mucho cuidado. Siguió bajando sin extraer la mano. El la dejó atrás para contactar. Ella le tocó el hombro. Le enseñó una esfera de un centímetro, prolongada, tipo gorro de arqueólogo.
_ Una concha- dijo él-. Y agregó: otra más “de ahí”?.
_ Lo que me insensibilzaba el botón. Empotrada justo en la punta.
_ Me la quedo?.
_ Déjame algo para mis Memorias, muchacho.
En la pantalla de Al Jassira había un hombre de espaldas describiendo un lento movimiento de icebergs hacia Oriente. Los grandes témpanos se movían en cámara lenta sin romper la geometría de su octavo fuera de la superficie. Los pájaros nevados resbalaban cuando la velocidad dejaba de ser uniforme y los témpanos chicos se derretían detrás de la caravana. El conductor decía que después de los comerciales presentaría los remolcadores y ellos esperaron el minuto de spónsors jugando con las cápsulas cosmonáuticas. Unos dromedarios sin joroba subían a hermosos cocoteros en Sudán y bajaban cargados de cocos exhuberantes desde palmeras de Yemén y en el suelo desértico de las riberas del Mar Rojo se sentaban sobre alfombras persas con cabezas de hombres rubios y cola satánica y cada vez que tomaban un coco caían dopados en las alfombras persas con una risa embriagadora y engañosa y al final no había alfombras persas sino solo arena roja y todos los camélidos durmiendo un raro sueño entre la pasión y la duda y un mensaje blanco que decía Alá es Big. Para cuando las cámaras regresaban a los hielos una cabeza con turbante y un rostro barbado brotaba de un peristilo a cien metros del témpano. Simultaneada a todos los idiomas la voz decía que sería muy breve porque no podía interrumpir un viaje tan largo ni coartar el trabajo de la televisión que seguramente se ocuparía de lo suyo. Estaban transportando hielo a través de la Antártida, el Atlántico Sur y el Océano Indico hacia el Mar Rojo Oriental con destino a Arabia Saudita, que no utilizaban la vía Mediterránea porque si bien los bloques podían pasar por las Columnas de Hércules era imposible que lo hicieran por el Canal de Suez, qué el hielo era para congelar camellos sacrificados en las largas travesías beduinas y convertirlos en tasajo para los florecientes mercados del Norte de la China cuyos clientes estaban cansados de comer carne de perrros putrefactos y casi todos tenían acceso a los programas de Cocina de Televisión Española, qué el hielo comercializado provenía de las poseciones sudafricanas en disputa y los submarinos eran alquilados a una empresa de Barehin con patente norteamericana. El Jeque dijo gracias, cerró el peristilo y se perdió bajo las aguas congeladas, Un pase de urgencia a la televisión pública norteamericana mostró un aviso a toda pantalla pidiendo a los hijos de la libertad no consumir agua embotellada en ningún caso hasta nueva orden. ETWN estaba pasando una oración que rezaba alguien arrodillado, de espaldas, frente a la Santísima Trinidad. Una voz en off entonaba “no los perdones Señor pues sí saben lo que hacen por qué nos abandonaste”.
_ Espérame arriba- dijo el Capitán.
El contacto de  Excepción de la Base del Glaciar le ordenó esperar su turno de sunami cenando las golosinas nacionales guardadas en la cámara especial del yate. Insistió en los ensayos con la pártner de los Realitys que navegaba con él. Cuando subió ella estaba de espaldas al mar apoyada en la veranda de popa.
_ Si es que seré coanimadora de sunamisposibles por qué no me permites hacerte algunas preguntas y lo tomamos como parte del ensayo?.
_ Me parece bien. Antes de cenar con cápsulas galácticas.
_ Por qué no había ninguna mujer en los hielos?.
_ Supongo que porque no podría llegar o porque el patrocinio para competir con nosotros  se cayó.
_ Por qué tenía tres banderas  el conductor de la Antártida?.
_ Tres banderas dónde?.
_ En la espalda de la camisa.
El se había percatado.
_ De qué países?.
_ Estados Unidos, Qatar y una muy parecida a la del país de mi madre.
_ Qué bandera se parece a la de Puerto Rico?.
_ La cubana, poh.
_ Verdad, pero por qué tres?.
_ Tu pregunta es pura curiosidad sin fuerza. Parece que en un final todos están interesados en cubrir lo que pase en el fondo del mundo aunque se trate de intereses muy diferentes a lo que nos ocupa. Además, no sé.
_ No olvides que “nuestra” aventura tiene sus “efectos colaterales”.
_ No lo olvido. Por qué todo aparece de espaldas?.
_ Todo menos tú. Y no soy profesor de danza.
_ Por qué no te desnudas?.
_ Por qué no te vistes si  te sientes bien?.
_ Estamos en el Yate Azul.
_ Estamos en fase de alarma y en cualquier momento tendremos que salir al aire, amiga mía.
_ No deseo ensayar mas para no perder la espontaneidad.
_ Lo veo bien. Espérame arriba.
_ Si me traes algo deportivo me lo pongo.
_ Te lo llevaré.
El Capitán se detuvo y se volvió.
_ Además, no eres Brokie Shields.
_ Compáranos.
El Capitán siguió descendiendo.
Arriba, la chica intentaba mirar por la cámara de última generación pero solo veía la proa del barco agigantada hasta el dolor. El hombre subió con una Pepsi de dos litros, seis completos, cuatro empanadas y dos duraznos portentosos. Y un jean blanco, una polera con motivos nortinos y unas sandalias de cuero beige.
_ Qué hace la mujer del Morro?.
_ No sé, me estoy viendo yo misma.
_ Vístete y dispón la cena. Dame acá.
La mujer estaba sentada en el Morro y la ciudad desierta despidiéndose de sus últimos moradores que se preparaban pasa subir a los cerros por los caminos de arena en la delantera del sunami. Era una fila interminable y desordenada que no hacía caso a los especialistas de la capital, cansados, desde el maremoto de Indonesia, de explicar que nada pasaría en Arica y que permanecieran en sus casas y que además, en caso de emergencia, estaban listos para paliar la crisis. La ciudad, vacía, esperaba con la calma de lo inevitable, que la gran ola la barriera y los televidentes se morían en el desespero de los próximos mártires. “Porque desconocen que la información proviene de la Base del Glaciar”, se dijo.
_ Imagina una estampida similar en Iquique y Antofagasta. Qué te sugeriría?.
_ Que Umala tomó el Poder y recupera el norte histórico y qué Evo se prepara para apoderarse de la Costa con armamento venezolano y asesoramiento logístico de los hermanos Castro.
_ Por qué obvias el Bizco y al Bailador de zamba social?.
_ No los obvio. Simplemente los veo pescando en aguas  turbias.
_ Qué tal la segunda vuelta?.
_ El máster de Harvard.
_ La Doctora de Berlín amiga de Honeker.
_ Estamos en democracia. Dónde están los barcos de Arica?.
_ En Tacna.
_ No lo digo.
Poco antes de la media noche él comenzó a perder las esperanzas de transmitir en vivo el primer sunami de la historia de la televisión digital y a ganar las esperanzas de asistir a la bancarrota del desastre. A esa hora debía tener dispuesta el ancla y situada la cámara movible en el trípode aéreo. Estaban listos para salir al éter y la mujer desnuda sobre el Morro se moría de frío en la insoportable espera de una ola descomunal que no llegaba. Vieron como, extenuada, se tendía en el piso, bocabajo, tratando de dormir. Entonces llamó la Base del Glaciar. Le pidieron conectar el sistema integral de circuito cerrado. Una cámara recorría la locación ovalada mostrando los rostros sin voz. Abramovich, el hermano de Berlusconni,  Trumph, el Nuevo dueño del Manchester United,  Joe Torres, Bill Gates, la hija del señor Marcos, Keiko Fujimori, la esposa de Bekham, Paul Mac Cartney, Colling Powell, el Príncipe Carlos, Platinni, Schumaker, Buch padre, Leo Farcas y el Negro Piñera. En Segundo plano, otras personalidades del mundo de la Inteligencia Occidental. La cámara enfocó a Oprah y dijo que estaban listos en las oficinas del Chelsea en Londres. Gracias a las exploraciones submarinas chinas buscando cobre en el mismo epicentro del posible sunami la explosión telúrica se había detenido y no solo no habría terremoto ni ola gigante sino que inmediatamente se triplicaría la ayuda para las víctimas indonesias con una gira mundial encabezada por Bono que no tendría fin. Apareció una imagen del chino que juega en la NBA clavando el balón hasta las axilas y otra en la que los tenistas chilenos que ganaron el oro olímpico andaban con pesadas mochilas por el mundo buscando nuevos mercados para ciertas barras rojas que se desprendían de sus espaldas.
La Voz de la Central le dijo que si bien era cierto que ya no habría sunami él se llevaba el mérito indiscutido de haber probado los arpones con punta de Plutón y  de haber utilizado la supercámara y demostrado las bondades de las cápsulas para cosmonautas y que retornara a toda máquina a Santiago porque le esperaba otra misión. “Con qué combustible”, preguntó. Le ordenaron dar tres vueltas al teleobjetivo en favor de las manecillas del reloj y girar el barco hacia el sur. Nada más. Solo maniobrar como si los motores estuvieran encendidos.
_ Puede ser energía nuclear- dijo la mujer.
El Capitán recordó al proveedor de Santiago.  Pero aquel lo había prometido para la “próxima aventura” y no para el regreso. “Será este retorno la próxima aventura”.
_ Qué te dice que no comienzas a vivirla ahora mismo?.- La mujer se levantó y empezó a subir. El le puso una mano abierta en el fondo de la columna vertebral y la empujó suavemente.
_ No me beses incluía no me toques.
­_ Deprisa, vegetal.
En el centro de la madrugada el yate parecía un grano de arroz pigmentado por la mano de Matta sobre una hoja de papel oficio negra. Navegaba a velocidad estable como si la mar fuera una autopista de jalea. Puso el piloto automático y se acercó a la popa donde la muchacha se apoyaba para mirar al norte.
_ Si tú cubrías solo para Chile, dónde estaban los demás?.
_ Era una transmisión satelital. La Casa Matriz de Londres vendería la exclusiva diez minutos después de que la pusieran al aire las emisoras digitales de prueba.
_ Y la Telemisora Digital del Candidato?.
_ Esa y todas las demás que se inaugurarían a la misma hora tendrían que esperar.
_ Quizás hasta que los chinos encuentran cobre en la zona telúrica?.
_ Probablemente.
_ Recuerda que el tiene otro Canal.
_ Abierto.
_ Vamos abajo otra vez.
_ No tengo acceso a la televisión abierta.
_ Yo sí.
El Canal Abierto del Candidato emitía una Mesa Redonda y los panelistas discutían acerca de parques nacionales, dragados de ríos, concepciones humanistas, enfoques sociales y sentimientos de abuelos debutantes. Alguien contactó al Candidato en una cancha de tennis donde jugaba con uno de sus hijos un partido revancha. “A propósito- dijo- quisiera que mi mujer jugara una final nacional con otra mujer con fuerza de sunami…aunque algunos sunamis carezcan de carácter”. Entonces el moderador anunció el Reality Show de las tres treinta de la madrugada.
_ Desde cuándo el Canal transmite a estas  horas?.
Ella se pegó a su trasero y tomó su cara entre sus manos.
_ Desde que fuiste a buscar el yate a Cerrillos.
En la pantalla una mujer besaba a un hombre en el cuello y él le decía que sus labios olían a serpientes y entonces ella se quitaba una máscara inhumana y besaba sus labios con olor a hombre y entonces él decía ahora huelen y saben a las playas de las Islas y a canales y a mariscos y la mujer dejaba de besarlo y se interponía entre el hombre y la pantalla y le daba la espalda y le decía bájame el jean pero no me hales los bellos choclo y no me lastimes porque todavía me duele la herida del plancton fósil y él lo hacía mientras se bajaba el jean suyo y ella le decía no puedo besar el lunar de la base porque la insolación del desierto afectó mi boca de verdad y espero estar lista a la altura de Zapallar y ambos casi desnudos mirándose en la pantalla del Canal Abierto del Candidato, ensimismmados, y la pantalla llevando esa imagen a todos los que no tenían Cable y no podían disfrutar de Sky ni de los canales hot de Metrópolis y de pronto una toma desde la Antártida y un hombre con tres banderas de espalda ahora con una polera de motivos caribeños con palmas y negros danzando en el Malecón de La Habana y el hombre que se voltea en el Reality y él nota el candado en su cara barbuda y sus ojos de ensueño y la gorra de los Yanquis y la cadena plateada barata adquirida en Pío Nono y lo recuerda pensándolo en algún lugar de Calle Suecia simulando una borrachera antológica con chips cosmonáuticos ante dos minas modelos y diciendo las amamos chicas y el hombre dice hasta la próxima hermano y le guiña un ojo estirando sus labios izquierdos y le hace el saludo del pulgar erecto como pene de chino y el puño apretado como vulva de virgen y desaparece y ellos de nuevo, asombrados, en la pantalla del canal abierto del candidato y él volteándose despiadadamente duro, hermético, definitivo y ella riendo y leyendo en la pantalla a partir de ahora solo para megamayores y oyendo como él dice no me importa el estado uno de tus labios dos de tu choro tres de tu culo cuatro de tu botón cinco de todas tus insolaciones porque te voy a dar la clavada mas memorable de todos los tiempos mientras digo a la Base que se olvidaron de agradecerme haber probado también la máscara inhumana y la polera metida bajo el jean y ella viéndose jadeando perdiendo el control y diciendo a mí tampoco a mí tampoco y él agregando voy a depositar mi gran voto en cada una de tus urnas para que asistamos a un interminable orgasmo de cuatro años y ella sí amor sí amor sí amor a mí tampoco….

Enero 28 del 2006.
Providencia.
Santiago de Chile.
Luis Eme Glez.










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